El 12 de octubre, o el lunes más cercano, es –cada vez más- una importante fecha de manifestación mapuche. Para la ocasión en que expresan su rechazo al “inicio del genocidio colonialista”, se organizan y preparan. Aunque de repudio, es casi una fiesta familiar y por eso, al menos ayer, no estaban dispuestos a aceptar que nadie se las aguara.

Falta poco para las 11 de la mañana de este lunes y la Plaza Italia parece carnaval. Varios miles de personas vestidas como mapuches, con trajes folclóricos o disfraces se tomaron el principal punto de reunión santiaguino y se aprestan a marchar.

Trutrucas, pifilcas, tamborileo y muchos otros sonidos semejan una orquesta afinando, poco antes del concierto. En la punta de diamante de la Alameda y el Parque Forestal (norponiente), carabineros vigilan atentos.

Tras los vehículos policiales, como si fuese camarín, un grupo musical se viste aprisa. Una morena enrojece sus labios ayudada por el retrovisor del zorrillo.

Con casco blanco y credencial tamaño escudo, un Observador de Derechos Humanos mira a la Garra Blanca entonando cánticos futboleros enchulados para la causa mapuche. Un joven empuja un carro de supermercado cargado de nalcas.

PC ACCIÓN PROLETARIA

El frontis del Teatro de la U. de Chile está repleto de jóvenes con atuendos indígenas o vestido de negro. Un ‘esqueleto’ porta un cartel: “Mil veces naciendo, marichihueo”. Hay muchos encuentros, palmoteos, besos y abrazos. Casi un ambiente familiar.

Se acerca Eduardo Artes, líder del PC (AP), me ofrece su diario – Remolino Popular- y se presenta. Le digo: “Me asombra tu persistencia, te veo hace 30 años con el mismo discurso y siempre rodeado de no más que unos 50 jóvenes militantes. Parece que no hubieses envejecido”. Algo ofendido, pero amable, responde: “No te creas, hemos crecido mucho. Tenemos varios centros de alumnos, es cuestión de tiempo…” y culpa al PC de “ocultarnos”.

Me escabullo cuando alguien lo saluda efusivo y voy tras un joven que ofrece un libro sobre “La política Educacional del Imperialismo para América Latina” a $2 mil. Otros ofertan coloridas banderas mapuche a, según el tamaño, 5, 4 y 2 lucas.

CAPITALISMO CONOLIZADOR



Llegó al Parque Bustamante. En sus lienzos el Consejo Mapuche de Peñalolén apela al derecho de una “Educación Intercultural”, y los anarquistas proclaman: “Paz entre los pueblos. Guerra entre las clases”. Y por esta vez, los garreros albos reniegan del clásico Ceachei y cantan: “¡Olé, Olé!, ¡Antifascistas de la GB!”.

Mocetones con cintillos azules y una estrella blanca ordenan a la gente. Al grito de “¡Liberar liberar, al mapuche por luchar!”, la marcha está por empezar. Un lienzo cruza la vía sur de la Alameda: “Contra el capitalismo colonizador avanzamos a la liberación / Basta de testigos sin rostros, fin a la ley antiterrorista”.

Bajo un enjambre de periodistas y curiosos, Isolina Paillal -vocera de la Meli Wixan Mapu, organización convocante a la marcha- explica los motivos: “el modelo económico capitalista (…) mantiene al pueblo mapuche en situación de colonialismo y dominación”; critica “el rol del Estado como garante de los intereses de los ricos”; afirma que están “profundamente comprometidos con la lucha territorial” y con “la expulsión de los intereses capitalistas de nuestro Wallmapu”; repudia “ el uso que hace el Estado de la prisión política (…) para castigar la lucha por la autonomía”; y exige “fin a ley antiterrorista y libertad inmediata de los presos políticos mapuches”.

INICIO DEL GENOCIDIO

La columna avanza al ritmo de la pifilca con pequeños saltitos. Un hombre mayor, megáfono en mano, dice que “no hay nada que celebrar”, el 12 de octubre “es el inicio del genocidio sobre los pueblos indígenas de América”. La marcha es “para decir que, pese a la represión y la sangre derramada, el pueblo mapuche está vivo. Y orgulloso del legado de nuestros grandes waichafes (guerreros)”.

Desde un paradero del Transantiago, a modo de tribuna, observo el desfile. Los lienzos piden parar la represión; exigen educación gratis para los “pichekeche” (niños pequeños); detener “el ducto de Celco en Mehuín”; anuncia “autogestión y educación popular”. Algunos golpean sus lanzas y chivatean. Otros gritan: “¡Tierra, cultura, justicia y libertad!”. Los garreros cambian el himno albo y ponen “siempre su mapuche corazón” y cantan “soy mapuche, mapuche, soy yo”.

Demasiados fotógrafos –profesionales y aficionados- se encaraman en el paradero y la estructura tambalea. Un grupo nortino toca sus instrumentos y avanza en cuclillas. Visten chaqueta, sombrero blanco y morral de lana.

SANTUARIO Y MERCADO

En la Plaza Vicuña Mackenna, a los pies del cerro Santa Lucía, está listo el escenario. Cerca, a modo de santuario, un gran paño rojo sostiene los rostros y circunstancias en que murieron sus últimos mártires: Jaime Mendoza Collío (2009); José A Suárez Marimán (2002); Julio Huentecura (2004); Jhonny Cariqueo (2008); Matías Catrileo (2008); Lorenzo Collihuín (2006), Alex Lemún (2002).

En su entorno hay decenas de puestos que ofertan sopaipillas, empanadas de pino, de queso, de pera, de cochayuyo y de pescado. También hay mote con huesillos, muday, catutos, harina tostada de maíz y nalcas: una ramas de cactus que la vendedora me asegura “se come con sal como ensaladita, es ideal para el metabolismo”, pero apetitosas no se ven. Y por cierto, cientos de chapitas, afiches, poleras, muchos libros y DVD difíciles de encontrar en otra parte.

Hay puestos de artesanía: la pifilca a 3 lucas y un ajedrez tallado con mapuches y conquistadores como piezas a “22 mil pesos, pero deme 18 y estamos”. El shampoo Kumelawen a 3 mil. Por entremedio los ambulantes ofrecen tacos integrales, sándwiches de soya, cervezas y cubos de Terremoto –pipeño y helado en bolsitas- a 300 pesos.

AUTODETERMINACIÓN

El grueso de la marcha llega a la plaza. Las Juventudes Comunistas –JJCC- portan un lienzo en que dicen estar “por la autodeterminación de los pueblos”. Los anarquistas les gritan que “el pueblo unido/ avanza sin partido” y afirman que “se va a acabar, se va a morir/ la burocracia estudiantil”.

A paso decidido y gritando: “¡Balas, balines y perdigones/ son lo que disparan / los pacos maricones!” avanzan hacia Santa Rosa donde hay un fuerte contingente policial.

La mayoría son poco más que adolecentes. Sus poleras son capuchas en instantes. Cubren sus cabezas con habilidad y dejan una ranura para mirar. Entre ellos, hay muchas mocosas, quinceañeras a lo más. Los mocetones del cintillo estrellado cortan el paso palín en mano.

ROMPEN ARRAIGO

En el escenario habla la madre de Matías Catrileo: “Hicimos todo lo que dicen que hay que hacer para tener justicia, pero para nosotros no la hay. Hace un mes y medio que la Corte Suprema posterga la vista de la causa. Pedimos audiencia para decirles que tanta postergación es una crueldad y que, sólo 48 firmas (firma mensual por 4 años) para Walter Ramírez –carabinero que mató a Catrileo- no es una condena”. Los asistentes corean:“¡Matías Catrileo, tu muerte no fue en vano! / ¡Por todo el territorio, se alzan tus hermanos!”.

Es el turno de 2 jóvenes de Temucuicui Autónomo. Ambos estuvieron casi 2 años encarcelados y participaron en largas huelgas de hambre. Su visita a Santiago es un desafío a la autoridad pues tienen orden de arraigo en sus ciudades. “No tenemos miedo. Aunque nos encarcelen mil veces, mil veces nos levantaremos”, concluyen.

CASO BOMBAS

En Santa Rosa, anarquistas y mapuches discuten: “¡El acto no ha terminado! Allá están las familias de los presos, allá está nuestra gente, vayan a escuchar los discursos” argumenta un mocetón.
“¡Nunca te vi en las marchas por el caso bomba!”, lo encara un muchachón.

“No po, si tú soy el famoso, terrible de famoso”, le responde.

“¡Allá están, esos son / los que matan sin razón!” y “¡Paco fascista / tu hijo es anarquista!”, gritan los encapuchados sin animarse a superar la valla de palines.

“Esto no es el pacifismo por el pacifismo, pero allá está mi hijo, mi abuelo…”

“Y pa’ que los trajiste, po…”, le grita un camuflado..

“Mientras esté nuestra gente, no le vamos a hacer la guerra a los pacos. No vamos a exponer todo el trabajo”.

“Entonces me voy, si decís que este no es un espacio de lucha, estoy puro dando jugo”, grita un rubio molesto.

“¡Váyase cumpa, váyase no más!”, le dice el peñi… y agrega “el que quiera decir algo hermano, que venga acá y lo diga, pero que dé la cara”.