El pasado jueves, tras un nuevo y violento desalojo del GOPE de un fundo forestal en Los Sauces, un anciano lonko de 74 años fue baleado en las piernas y en su cabeza por Carabineros. Su nombre; Emilio Antipán Pichún, miembro de la comunidad Juan Nahuelpi II del sector Tromen y cuyo reclamo territorial se ha estrellado irremediablemente contra el blindaje del gobierno a la industria maderera del sur.
El lonko se encuentra internado en el Hospital Regional de Temuco con una fractura en el cráneo y perdigones en ambas piernas. Otra docena de miembros de la comunidad resultaron heridos en el desalojo y puestos a disposición de la justicia. Mapuche reclamando derechos y dialogando al final del día con piquetes de fuerzas especiales. Una escena que se repite calcada en la Araucanía desde fines de los 90′ y que tras el veranito de San Juan que implicó Huenchumilla, parecieran no tener fin.La imagen del lonko, que me llegó de la comunidad afectada, la publicamos a media tarde en las redes sociales del periódico Azkintuwe y la hice además circular por mi cuenta personal de Twitter esperando despertar -una vez más- la conciencia dormida de muchos. No causó la verdad mayor indignación o impacto. Los de siempre solidarizaron, como siempre. Otros subrayaron que “quizás”, “tal vez”, el lonko “no era una blanca paloma” y la mayoría a decir verdad no dijo ni pio. Nada. Cero comentario.
Horas más tarde nos enteramos del desquiciado ataque terrorista en Paris por parte del Estado Islámico. Y mi TL de Twitter estalló de inmediato en indignación y lamentos. De un momento a otro, cientos de chilenos “eurolatinos” compartieron en la popular red social su tristeza, rabia y consternación por los muertos y los heridos. Fue sorprendente. Esto me hizo reflexionar en algo; en la indiferencia del chileno medio sobre lo que acontece en su propio patio y el esnobismo de solidarizar ipso facto con los parisinos, allá lejos, al otro lado del Atlántico.
Que nadie se confunda. No se trata de justificar el yihadismo -ya con el atentado a Charlie Hebdo escribí suficiente del tema en La Tercera- o pretender que se deba cerrar los ojos frente al dolor ajeno en otras latitudes. Es solo que lo cercano de ambos hechos, violentos y condenables, transparentó para mi como nunca algo que muchas veces me niego a considerar como posible; que al final del día lo que acontezca con los mapuche -o con esos “indios del sur”- poco y nada afecta en verdad el “alma nacional”. Dicho en simple, importa un soberano pepino.
En Quito, donde me encuentro invitado a la Feria Internacional del Libro, comenté esto con el historiador Gabriel Salazar. La indiferencia del chileno medio sobre lo que pasa en Wallmapu y la indignación que les provoca algo que sucede en la lejana Europa. Su respuesta me resultó muy clarificadora. “Los chilenos -me dijo Salazar- han naturalizado nuestros horrores y a las víctimas de nuestro propio terror. Por eso el drama mapuche a la mayoría no les mueve un nervio”. Corto y preciso. Y cuanta razón en sus palabras.
Aun así, créanme que no pierdo del todo las esperanzas. Llegará el bendito día en que nuestros dolores también conmuevan a la sociedad chilena. Y los indignen tanto como las víctimas del terrorismo global en las calles de Paris. Ese abuelo baleado y detenido en Los Sauces el pasado jueves pudo ser el abuelo de cualquier chileno común y corriente, descendiente del negado mestizaje español y mapuche que forjó en el siglo XIX la nación chilena. Tiene, siendo honestos, mucho más en común con los chilenos que cualquier víctima europea de los extremistas islámicos.
El día en que caigamos en cuenta de esto último habremos dado un paso gigantesco en la solución del conflicto.
Por: Pedro Cayuqueo
Fuente: http://voces.latercera.com/2015/11/18/pedro-cayuqueo/el-anciano-lonko-que-no-vive-en-paris/




