Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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  Educación De acuerdo a los resultados de la Casen 96, el promedio de escolaridad de la población indígena es de 7,37 años, inferior en 2,2 años al observado en la población no indígena que alcanza a 9,54 años.

En relación al analfabetismo de las minorías étnicas, se observa una tasa que alcanza al 10%, cifra muy superior a la registrada por la población no indígena, que es de 4,7%. Más aún, si se consideran las tasas de analfabetismo en algunos puntos del país, se descubren situaciones muy extremas. En un documento complementario con este trabajo, referido a cinco comunas seleccionadas por Conadi por su alta representatividad indígena para ser incluidas dentro de la muestra de la Casen 96, se presenta información sobre tasas de analfabetismo: 25,9% en la comuna de Putre, 22,9% en Colchane o 19,4% en Puerto Saavedra.
 

Cuadro nº22

Población indígena y no indígena según analfabetismo

Sabe leer

y

Población Indígena
Población No Indígena
Total País
escribir
%
%
%
89,9
95,3
95,1
No
10,0
4,7
4,9
No sabe / no responde
0,1
0,0
0,0
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Confirmando lo anterior, si se desagrega a la población en dos grandes tramos de edad, la tasa de analfabetismo se reduce a un 2,1% en la población indígena de 15 a 35 años de edad, para subir a una tasa del 19,2% para la población de 36 y más años de edad. Aún así, a pesar de presentar porcentajes bajos de analfabetismo en la población entre 15 y 35 años de edad, aún se mantienen por sobre el promedio nacional (1,6%). Por último, es importante destacar que tratándose de población no indígena de 36 y más años, el porcentaje a nivel nacional llega sólo a un 7,6% respecto del 19,2% en la población indígena.
Cuadro nº23

Población indígena y no indígena de 15 años y más por analfabetismo,
según tramos de edad

Edad

(años)

Población indígena
Población No Indígena
Total

País

 
%
%
%
15 a 35 
2,1
1,6
1,6
36 y más
19,2
7,6
7,6
Total
10,0
4,7
4,9
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


En relación a la asistencia al sistema educacional, se aprecia que en los grupos de edad analizados, la población indígena alcanza tasas inferiores a las logradas por la población no indígena. En jóvenes indígenas menores de 25 años, la tasa llega a 45,1%, cifra superior al promedio de los jóvenes no indígenas en el mismo rango de edad que alcanza al 38,4%:
 
 
 
 
Cuadro nº24

Población indígena y no indígena menor de 25 años,
por asistencia a establecimiento educacional

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
54,9
61,6
61,3
No
45,1
38,4
38,7
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Es oportuno anotar que la deserción escolar de jóvenes indígenas, se comienza a producir a partir de Octavo Básico (más menos en la barrera de los 13 ó 14 años). Se debe recordar que en la Casen 96 la población indígena tiene su mayor representatividad en comunas de alta ruralidad, lo cual, eventualmente, podría explicar el más temprano retiro de jóvenes desde el sistema educacional, como consecuencia de su temprana inserción en labores agrícolas. Se debe recordar que, de hecho, el más alto porcentaje de mano de obra indígena según rama de actividad económica, se concentra en el área agrícola con un 38,5% del total.

A lo anterior, se debe agregar lo referido al nivel de instrucción. La Casen 96 incorpora una pregunta sobre este particular, cuyos resultados se ordenan en la tabla siguiente:

Cuadro nº25

Población indígena y no indígena por nivel de instrucción

Educación
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
Sin estudios
8,4
3,8
4,0
Básica incompleta
36,7
19,2
19,9
Básica completa
13,2
11,9
11,9
Media incompleta
20,2
25,5
25,2
Media completa
12,6
21,8
21,4
Superior incompleta
3,1
7,3
7,1
Superior completa
4,3
9,2
9,0
Sin datos
1,5
1,4
1,4
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996


La información revela, nuevamente, la disparidad entre las columnas referidas a población indígena y no indígena. Un 8,4% de aquellos no tiene estudios, más del doble de éstos. En la educación básica, más de un tercio de los indígenas no la termina, y los que quedan estudiando llegan a su techo en octavo básico. El siguiente gráfico muestra que a partir de la educación media en adelante, los niveles de instrucción son siempre menores para los indígenas:
Gráfico nº9

Población indígena y no indígena por nivel de instrucción

Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996
Al analizar la inserción al sistema educacional según el establecimiento al que asiste, se revela que un elevado porcentaje tanto de la población nacional como de la indígena, está vinculada con establecimientos estatales o que tienen algún tipo de subvención del Estado.
Cuadro nº26

Población indígena y no indígena menor de 25 años por asistencia a
establecimiento educacional y tipo de establecimiento (jornada diurna)

Tipo de establecimiento educacional
Población indígena
Población No Indígena
Total País
Municipal
54,5
 
51,5
Particular Subvencionado
38,9
 
31,1
Particular no Subvencionado
2,6
 
8,7
Educación superior subvencionada
2,6
 
5,0
Educación superior no subvencionada
1,4
 
3,7
Total
100
 
100
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Los indígenas están vinculados al sistema estatal, de manera directa o indirecta, en un 93,4%, casi diez puntos más que los no indígenas (84,6%). Sin embargo, la situación se invierte en tanto se considera la educación particular y/o superior, en donde si bien se trata de cifras poco significativas, en cualquier caso los no indígena tienen una mayor participación en este sistema.

Ahora bien, al interior de los colegios públicos y/o subvencionados, los indígenas son mayores beneficiarios de la asistencialidad alimentaria. Según la información referida al Programa de Alimentación Escolar (Pae), se observa que los niños indígenas tienen una mayor incorporación (especialmente en los niveles de pobreza) que los no indígenas. La cobertura alimentaria para escolares indígenas, es alta, llegando a superar, en promedio, el 80% de asistencialidad.

Cuadro nº27

Población indígena y no indígena que asiste a enseñanza básica y
recibe alimentación según línea de pobreza

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total

País

 
Si recibe
Sí recibe
Si recibe
Indigente
91,8
65,3
67,7
Pobre No Indigente
78,3
51,7
53,6
No Pobre
60,8
29,9
31,2
Total
71,7
38,8
40,5
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Debe tenerse presente que para muchas familias indígenas, especialmente en los sectores rurales, el hecho de enviar a sus hijos a la escuela (situación que normalmente implica recorrer largas distancias diariamente), está estrechamente vinculado con la obtención de alimentación en el establecimiento, lo cual podría estar revelando la situación de carencia o escasez alimentaria al interior de los hogares indígenas.

Es probable que programas como el Pae, se inserten dentro de las estrategias de la economía campesina, como una manera de aliviar la carga alimentaria que ejercen los niños al interior de los hogares pobres, los que presentan un promedio más elevado de personas en el hogar que los hogares no indígenas. Sobre ésto, en un texto anexo se presentan los antecedentes sobre las comunas seleccionadas por Conadi. En promedio, para cinco comunas con alta representatividad de población indígena, los hogares no indígenas pobres tienen cuatro miembros en su interior, los hogares indígenas presentan 5,3 personas.
 

Salud En términos generales y en diversas fuentes, se sostiene que los pueblos indígenas en Chile, en lo referido a la salud, presentan una situación desmejorada en comparación con el resto de la población nacional. Esto que parece cierto desde el punto de vista empírico, sin embargo, no ha podido ser respaldado con antecedentes que permitan cuantificar la brecha de equidad que se produce en éste ámbito. De hecho, hasta ahora, no se han realizado estudios sistemáticos que permitan comparar los perfiles de salud entre los pueblos indígenas y éstos con la población nacional.

La tasa de mortalidad infantil (Tmi) y la esperanza de vida de una población, constituyen, ambos, índices que permiten revelar en parte el nivel de vida de un grupo humano. Una investigación previa sobre el perfil de salud de los pueblos indígenas en Chile, revela que la Tmi entre indígenas, es superior a la tasa nacional, que es de 15/1000 nacidos vivos. En la comuna de Putre, por ejemplo, dicha tasa es de 40/1000 nacidos vivos; en la comuna de San Pedro de Atacama, es de 57,4/1000 nacidos vivos (la más alta registrada por el estudio a nivel nacional). En rapanui, la Tmi se determinó en 32,8/1000 nacidos vivos y en Puerto Saavedra, como una comuna representativa de la realidad mapuche rural, este índice llegó a 34/1000 nacidos vivos(4).

Por otro lado, de acuerdo con resultados de investigaciones hechas por el Centro Latinoamericano de Demografía (Celade), referidos a cálculos sobre esperanza de vida en Chile, se pudo determinar que a nivel nacional dicho índice llega a 75,6 años para las mujeres y a 68,5 años para los hombres. El estudio señala que para población aymará, dicha esperanza llega a 66,9 años de vida en las mujeres y a 60 años para los hombres. En rapanui, por su parte, es de 76,1 años para mujeres y 69,7 años para los hombres. Finalmente, en Cautín (con información imprecisa, según el estudio), el cálculo de la esperanza de vida para ambos sexos, llegó sólo a 67,5 años. Se concluye que tanto aymará como mapuche, presentan una esperanza de vida inferior al promedio nacional y que, respecto de la provincia de Parinacota y comuna de Putre, es la más baja del país, lo que se corresponde con la elevada Tmi que presentan los aymará(5).

En relación con los antecedentes proporcionados por la Casen 96, es posible conocer la cobertura de los diferentes sistemas de salud a los cuales la población tiene acceso. Se constata que del total de la población indígena, el 81% de ella, se incluye como beneficiario del sistema público, a diferencia del 58,7 % referido a población no indígena. En importancia luego aparecen las Isapre, las cuales cubren sólo el 9,3% de la población indígena, cifra muy inferior al 25,3% de población no indígena.

El tercer lugar de importancia, corresponde a individuos que costean en forma particular las prestaciones de salud, los cuales representan el 6,7 % de la población indígena y el 11,2 % de la no indígena. Otros sistema de salud de menor importancia, son presentados en el cuadro siguiente:

Cuadro nº28

Población indígena y no indígena según sistema previsional de salud

Sistema Previsional
Población Indígena
Población No Indígena
Total

País

Sistema Público
81,0
58,7
59,7
FF.AA.
1,2
3,2
3,1
Isapre
9,3
25,3
24,6
Particular
6,7
11,2
11,0
Otro Sistema
0,5
0,5
0,5
No sabe-No responde
1,2
1,0
1,0
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996
Solo considerando las cifras relativas al sistema público de salud, es interesante notar comparativamente la muy elevada participación de indígenas en este ámbito y, concomitantemente, su muy baja inserción en sistemas particulares de salud. El sistema público es segmentado en grupos en consideración a su nivel de ingreso. Para efectos de la aplicación de la Casen 96, se identifican cuatro grupos, según los cuales se distribuyen los encuestados(6).
Cuadro nº29

Población indígena y no indígena según acceso al
sistema público de salud, por segmentos

Sistema Público
Población Indígena
Población No Indígena
Total

País

Grupo A
53,6
22,8
24,1
Grupo B
12,5
13,5
13,5
Grupo C
5,8
9,0
8,8
Grupo D
6,2
10,2
10,1
No sabe-No responde
2,9
3,2
3,2
Total
81,0
58,7
59,7
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Se aprecia que más de la mitad (53,6%) de los indígenas que se atienden en el sistema público se ubica en el Grupo A, es decir, son indigentes, a lo cual se suma un 18,3% quienes estando inscritos en Fonasa, tienen ingresos inferiores a 99 mil pesos de noviembre de 1996. En síntesis, un 72% de los indígenas que llegan hasta el sistema público de salud, presentan precariedad económica, ante lo cual el sistema responde con una alta cobertura, al menos, una cobertura mayor porcentualmente, que el beneficio recibido por la población no indígena.

Otro antecedente que muestra el mayor grado de cobertura del sistema público de salud hacia indígenas, se refiere al retiro de alimentos por parte de menores de 6 años, embarazadas y nodrizas:

Cuadro nº30

Población indígena y no indígena menor de 6 años,
embarazadas y nodrizas, por retiro de alimento

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
Sí retiró
85,3
66,1
67,0
No retiró
8,5
25,7
24,9
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Comparativamente, un muy bajo porcentaje (8,5%) de población indígena, está excluida de este beneficio y sobre lo cual se aducen como causas, principalmente, el no interés, las dificultades que les presenta el consultorio o los horarios en que éste atiende. Esto último, debe entenderse como una limitación física de parte de los beneficiarios indígenas para llegar a los consultorios o puntos de retiro de alimento, debido, frecuentemente, a lo apartado y aislados que se encuentran sus lugares de residencia. En el sur de Chile, por ejemplo, esta es una dificultad permanente a la cual se agregan las inclemencias climáticas en invierno y que obstaculiza la movilidad en éstas y otras situaciones.
Cuadro nº31

Población indígena y no indígena menor de 6 años, por estado nutricional

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total

País

Normal
84,0
84,9
84,9
Riesgo de desnutrir
2,3
2,8
2,8
Desnutrido
1,4
0,8
0,9
Sobrepeso
9,5
8,7
8,7
Obeso
1,4
1,0
1,0
No sabe-No responde
1,4
1,7
1,7
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996
 
 

Cuadro nº32

Población indígena y no indígena menor de 6 años,
embarazadas y nodrizas, según razones de no retiro de alimento

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
Le cuesta llegar
5,8
4,0
4,0
No existe consultorio cercano
3,3
1,0
1,1
Tiene que llevar al niño
3,6
1,9
2,0
Horario de atención
15,6
6,9
7,0
Le ponen problemas en el consultorio
24,6
14,0
14,2
No sabe acceder a este programa
8,9
6,0
6,1
No le interesa
36,7
61,5
61,0
No sabe- No responde
1,5
4,7
4,6
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Uno de los programas de tipo universal que tienen el sistema de salud es el Papanicolau que se aplica a mujeres de 15 y más años. De acuerdo a los antecedentes disponibles, la población indígena femenina presenta un porcentaje menor que el resto de la población femenina: 55,1 % respecto de 63,2%.
Cuadro nº33
Población indígena y no indígena femenina de 15 años y más,
según si se han hecho examen Papanicolau alguna vez
 
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
55,1
63,2
62,9
No
39,3
32,6
32,9
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996


Finalmente, en lo referido con la atención dental, se advierte la existencia de una cobertura pública similar tanto para población indígena como para la no indígena. Sin embargo, para aquellos existe un número mayor de atenciones de urgencia y una cantidad menor de tratamientos que los no indígenas. Incluso en la línea de aquellos que requirieron atención pero no la recibieron o "no se las dieron", también los indígenas muestran una mayor incidencia
Cuadro nº34

Población indígena y no indígena según si han recibido atención dental

 
Población Indígena
Población No Indígena
Total País
Si, de urgencia
3,1
1,9
2,0
Si, control sin tratamiento
2,8
3,6
3,6
Si, con tratamiento
6,0
7,9
7,8
No, solicitó pero no le dieron
1,0
0,6
0,6
Necesitó pero no lo solicitó
8,2
5,7
5,8
No necesitó
78,0
80,0
80,0
No sabe-No responde
0,9
0,2
0,3
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto.de Información Social. Encuesta CASEN 1996
Nota: Se consulta si han recibido atención los últimos 6 meses al momento de aplicar la Encuesta.


Vivienda, salubridad y confort

En el presente capítulo, se analiza la información referida al equipamiento con que cuentan las viviendas habitadas por indígenas en Chile, así como sus características, forma de adquisición y si ésta ha sido obtenida a través de algún programa habitacional público.

Como ya se ha señalado en páginas anteriores, la mayor representatividad de población indígena en la muestra de la Casen 96, se obtuvo de la selección de cinco comunas rurales a lo largo del país, es por ello que la información sobre vivienda aparece principalmente referida a dicha situación de ruralidad. En el caso del equipamiento de la vivienda, tres elementos resultan definitorios para hacer una descripción mínima: agua potable, luz eléctrica y sistema de eliminación de excretas. Sobre estos aspectos, se pueden observar significativas diferencias entre viviendas indígenas y no indígenas. En el caso del agua potable, por ejemplo, a nivel de la población no indígena, un 90,5% de ella cuenta con el recurso proveniente de la red pública a diferencia de sólo el 57,8% para los indígenas. Para éstos últimos, todavía un elevado porcentaje (41,2%) de sus viviendas obtienen el recurso en fuentes naturales, sean éstas, pozo, noria, o simplemente río, vertiente o estero. En este punto, es donde más claramente aparece el sesgo rural de la información recogida por los instrumentos de la Casen 96. El cuadro siguiente, entrega esta información:

Cuadro nº35

Población indígena y no indígena según de donde proviene el agua de su vivienda

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Provenencia del agua potable
%
%
%
Red pública
57,8
90,5
89,1
Pozo o noria
26,5
5,7
6,6
Río, vertiente o estero
14,7
2,7
3,3
Otra
1,0
1,1
1,1
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


Comparativamente, también es reveladora la modalidad mediante la cual se distribuye el recurso agua al interior de la vivienda. Entre viviendas indígenas y no indígenas, las diferencias son sustanciales: todavía un 27,6% de aquellos, la acarrea, y sólo el resto (72,4%) cuenta con agua en el interior de la vivienda o del sitio.

Cuadro nº36

Población indígena y no indígena según sistema de distribución de agua en la vivienda

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Distribución de agua en la vivienda
%
%
%
Con llave dentro de la vivienda
59,8
87,4
86,2
Con llave dentro del sitio
12,6
6,5
6,8
No tiene sistema, la acarrea
27,6
6,1
7,0
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


Respecto de la energía eléctrica, y nuevamente por tratarse de sectores rurales, su disponibilidad es baja. Más de 1/4 de las viviendas indígenas no cuentan con ningún tipo de energía eléctrica, a diferencia de los no indígenas que en esta categoría sólo se incluyó un 3,4% de sus respuestas. En la actualidad, es una práctica corriente por parte de familias mapuche en el sur de Chile, abastecerse de "energía eléctrica" a través de baterías, las que destinan al funcionamiento principalmente de televisores o radios. Es común ver en los caminos rurales, las carretas en dirección al pueblo con dos o tres baterías para asegurar a la familia la posibilidad de contar con este confort.
Cuadro nº37

Población indígena y no indígena según disponibilidad de energía eléctrica

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Disponibilidad de energía eléctrica
%
%
%
Si, de la red pública con medidor
64,9
92,3
91,2
Si, de la red pública sin medidor
7,2
3,7
3,9
Sí, de generador propio o comunitario
1,5
0,4
0,4
Sí, de otra fuente
0,2
0,2
0,2
No dispone de energía
26,2
3,4
4,4
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


Del cuadro anterior, se puede desprender un antecedente interesante que se refiere a viviendas indígenas urbanas: disponer de energía eléctrica de la red pública, pero sin medidor. La Casen 96 agrupa en esta categoría a todos aquellos casos en los que hay abastecimiento eléctrico o bien a aquellos que la obtienen de un vecino o colgándose de la red. Asumiendo que son poco frecuentes los casos en los cuales un vecino entrega energía a otro (por una cuestión de consumo y cobro), se puede pensar que un número importante de estas respuestas se refieren a hurto de energía. Como se puede ver en el cuadro anterior, en relación a viviendas no indígenas, casi el doble de éstas (7,2%, respecto de 3,7%), se encuentran en esta situación. Por último, se debe apuntar que el hurto de energía en las condiciones descritas anteriormente, se vincula directamente con el tema de la pobreza en la ciudad.

De acuerdo a un cálculo simple, el 7,2% de las viviendas indígenas que están colgadas a la red pública, representarían aproximadamente a 224 mil personas, cifra casi equivalente al total de pobres indígenas detectados por la Casen 96.

Otro aspecto que permite referirse a la cuestión de la pobreza indígena (aunque nuevamente sesgado por la información sobre viviendas rurales), se refiere al sistema de eliminación de excretas. La conexión al alcantarillado, en porcentaje, es muy inferior en el caso de viviendas indígenas; predomina, más bien, cajón sobre pozo negro u otros similares o, simplemente la no disponibilidad de sistema alguno. El standard nacional señala que el 74,5% de las viviendas, cuentan con conexión al alcantarillado.

Cuadro nº38

Población indígena y no indígena según sistema de eliminación de excretas

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Sistema de eliminación de excretas
%
%
%
Sí, W.C. conectado al alcantarillado
40,6
76,0
74,5
Sí, W.C. conectado a fosa séptica
4,7
5,2
5,2
Sí, letrina sanitaria
0,6
0,4
0,4
Sí, cajón sobre pozo negro
47,4
14,1
15,5
Sí, cajón sobre acequia o canal
0,5
0,1
0,1
No dispone
6,2
4,0
4,1
Total
100,0
100,0
100,0

Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.

En síntesis, se podría plantear que, en términos de disponibilidad de energía, de agua potable y de sistemas de eliminación de excretas, la población indígena en relación con la no indígena, presenta niveles inferiores de salubridad y confort, situación que probablemente se hace aún más evidente ya que se está comparando antecedentes principalmente rurales con otros que son mayoritariamente urbanos. La disponibilidad de estos servicios siempre es más elevada en la ciudad. Sin embargo, lo anterior es al mismo tiempo relativizable, sobre todo pensando que existe población indígena urbana que tiene acceso, por ejemplo, a la energía eléctrica pero a condición de "colgarse" de la red pública. Es decir, nuevamente el bienestar y confort y la disponibilidad o no de servicios básicos se define en proporción importante por la situación de pobreza que afecta más claramente a la población indígena.

Otro aspecto importante de ser destacado en el presente capítulo, se refiere al tipo de vivienda y a su condición general respecto de calidad habitacional. En el cuadro siguiente, si bien no se observan diferencias sustanciales entre las columnas referidas a indígenas y no indígenas para ninguna de las categorías, la diferencia básica comienza a marcarse en la existencia de un 9,9% de viviendas indígenas del tipo "mediagua" o "mejoras" . La población no indígena en este mismo punto, sólo muestra un 3,7% del total, es decir, algo así como un tercio de los otros. Lo mismo sucede con los ranchos, rucas o chozas, los que en un mayor porcentaje (2,9% respecto de 0,4%) caracterizan más a la población indígena(8):

Cuadro nº39

Población indígena y no indígena según tipo de vivienda


Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Tipo de vivienda
%
%
%
Casa o casa en cité
82,7
86,6
86,4
Casa en condominio
0,3
0,3
0,3
Depto. en edificio
2,7
8,2
8,0
Pieza en casa o depto.
0,1
0,2
0,2
Pieza en casa antigua o conventillo
1,3
0,6
0,6
Mediagua o mejora
9,9
3,7
4,0
Rancho, ruca o choza
2,9
0,4
0,5
Otro tipo
0,1
0,0
0,0
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


La calidad de la habitación desde el punto de vista de los materiales utilizados para su construcción, también es una información que permite diferenciar a viviendas indígenas de las no indígenas. Los cuadros siguientes se refieren a los materiales utilizados en la construcción de la techumbre, del piso interior y de los muros exteriores, todos antecedentes que pueden ser utilizados como índices de bienestar, calidad de vida y confort de una familia.
 
 
Cuadro nº40

Población indígena y no indígena según material predominante en el techo de la vivienda

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Material predominante en el techo
%
%
%
Teja, tejuela, losa con cielo interior
9,3
22,7
22,2
Zinc o pizarreño con cielo interior
61,2
65,9
65,7
Zinc o pizarreño sin cielo interior
21,6
8,9
9,5
Fonolita
6,1
1,9
2,1
Paja, coirón, totora, o caña
1,0
0,2
0,1
Desechos (plástico, lata, saco)
0,6
0,2
0,2
Otro
0,2
0,2
0,2
Total
100,0
100,0
100,0

Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.



 
 
 

Cuadro nº41

Población indígena y no indígena según material predominante en el piso de la vivienda

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Material predominante en el piso
%
%
%
Radier revestido
29,1
55,3
54,2
Radier no revestido
9,0
11,2
11,1
Madera sobre soleras o vigas
52,3
27,9
29,0
Madera, plástico o pastelones
4,9
2,9
2,9
Piso de tierra
4,7
2,7
2,8
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.



 
 
 
 
 
 

Cuadro nº42
Población indígena y no indígena según material predominante
en muros exteriores de la vivienda


Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Material predominante en muros exteriores
%
%
%
Ladrillo, concreto o bloque
22,5
56,1
54,7
Albañilería de piedra
1,2
0,6
0,6
Tabique forrado ambas caras
48,7
28,1
29,0
Adobe
4,0
6,6
6,5
Barro, quincha, pirca
0,5
0,3
0,3
Tabique sin forro
22,5
8,2
8,8
Desecho (cartón, latas, sacos)
0,5
0,1
0,1
Otro
0,1
0
0
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


Para las techumbres, descontando el uso de zinc o pizarreño que no mostraría diferencias tan importantes entre viviendas indígenas y no indígenas, sí se puede hacer una comparación entre la menor disponibilidad de teja, tejuela o losa con cielo interior por parte de los indígenas, todos ellos materiales de mayor durabilidad; a cambio hay un uso más recurrente de fonolita, cuya característica es su baja durabilidad y mala capacidad aislante. En lo que se refiere al piso de la vivienda, los indígenas tienen menos radier revestido que los no indígenas (29,1% respecto de 55,3) y presentan aquellos un mayor uso de pisos de madera sobre soleras y, donde sí existe una diferencia clara entre unos y otros tipos de vivienda, es en la presencia de piso de tierra, bastante más utilizado por la vivienda indígena. Finalmente, sobre el material predominante en los muros exteriores de la casa, el uso de materiales duraderos (ladrillo, concreto, etc.) es menos recurrente entre los indígenas, probablemente debido al sesgo rural de la muestra y, también, a una cuestión de disponibilidad de recursos económicos por parte de las familias indígenas. La categoría "tabique forrado en ambas caras", que en proporción mayor aparece para la vivienda indígena, probablemente se explique por la importante presencia de casas obtenidas a través del subsidio habitacional rural, el que, como se observa en uno de los cuadros siguientes, a beneficiado en promedio a más indígenas que a no indígenas.

Por último, se debe analizar la información atingente al tipo de situación en que las familias indígenas ocupan la vivienda y el sitio en la que está instalada. Tanto para la vivienda como para el sitio, se destacan los más altos porcentajes para indígenas de vivienda y sitio pagados en relación con la población no indígena.
 
 

Cuadro nº43

Población indígena y no indígena según situación en que ocupa la vivienda



 

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Situación en que ocupa la vivienda
%
%
%
Propia pagada
65,0
52,2
52,7
Propia pagándose
8,1
13,4
13,2
Propiedad conjunta
1,7
1,8
1,8
Arrendada
8,3
16,5
16,1
Cedida por servicios
5,8
3,9
4,0
Cedida por familia u otro
9,7
11,0
11,0
Usufructo
1,1
0,7
0,7
Ocupación irregular (de hecho)
0,3
0,4
0,4
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.


Cuadro nº44

Población indígena y no indígena según situación en que ocupa el sitio



 

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Situación en que ocupa el sitio
%
%
%
Propio pagado
49,1
44,7
44,8
Propio pagándose
6,9
11,5
11,3
Propiedad conjunta
2,3
2,2
2,2
Departamento, condominio
4,4
9,3
9,1
Arrendado
7,9
13,4
13,2
Cedido por servicios
5,6
3,9
4,0
Cedido por familia u otro
13,5
12,6
12,7
Usufructo
1,9
1,3
1,3
Ocupación irregular
1,6
0,8
0,9
Comunidad agrícola
0,9
0,0
0,1
Tierras indígenas
5,7
0,0
0,3
Otros
0,4
0,3
0,3
Total
100,0
100,0
100,0

Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.

Estos antecedentes podrían explicarse por la importante ayuda que han recibido los indígenas de parte de los programas de vivienda del gobierno o municipio. De hecho, más de un tercio (34,1%) de las respuestas señalan haber recibido dicha ayuda principalmente a través de subsidio rural, subsidio habitacional o vivienda básica, en el primero de los cuales los indígenas han sido mayores beneficiarios que la población no indígena debido, por cierto, a su ubicación en sectores indígenas rurales.

Cuadro nº45
Población indígena y no indígena según si recibió ayuda
de programa de vivienda del gobierno o municipio



 

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Recibió ayuda
%
%
%
34,1
31,2
31,3
No
65,7
68,4
68,3
No sabe / No responde
0,1
0,4
0,4
Total
100,0
100,0
100,0
Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.



 
 
 
 
 
 

Cuadro nº46

Población indígena y no indígena según
a través de qué beneficio obtuvo la vivienda

Población
Población
Total
Indígena
No Indígena
País
Conductos del beneficio
%
%
%
Subsidio habitacional
22,5
47,9
46,6
Subsidio rural
43,6
6,0
8,0
PEV o PET
2,4
3,5
3,4
Subsidio vivienda progresiva
0,8
0,8
0,8
Subsidio vivienda básica
0,8
0,6
0,6
Vivienda básica
11,3
13,5
13,4
Vivienda progresiva, I etapa
4,2
2,5
2,6
Vivienda progresiva, II etapa
0,1
0,6
0,5
Lote con servicios
4,5
5,1
5,1
Otro beneficio
9,5
18,0
17,7
No sabe / No responde
0,3
1,4
1,3
Total
100,0
100,0
100,0

Fuente: MIDEPLAN, Depto. de Información Social. Encuesta CASEN 1996.

Volviendo al cuadro sobre la situación en que ocupa el sitio, es interesante destacar, a diferencia de la población no indígena, la condición de las tierras en las que viven los indígenas rurales. El cuadro entrega antecedentes sobre aquellas viviendas ubicadas en "tierras indígenas", a las cuales, eventualmente, podría sumárseles las comunidades agrícolas, el usufructo, lo cedido por la familia y lo que se define como propiedad conjunta. En total este conjunto incluye 24,3% del total de viviendas indígenas. De la misma manera, 5,7% de los que dijeron usar suelo para su vivienda en tierras indígenas, representaría en total, a 36.216 indígenas que viven en tierras indígenas. Las personas o comunidades indígenas que actualmente ocupan en propiedad o posesión de sus tierras, provienen de los siguientes títulos:

* Títulos de Comisario de acuerdo a la ley del 10 de junio de 1823;

* Títulos de Merced en conformidad a las leyes del 4 de diciembre de 1866, 4 de agosto de 1874 y 20 de enero de 1883;

* Cesiones gratuitas de dominios efectuadas conforme a las leyes nº4.169 de 1927 y nº4.802 de 1930, decreto supremo nº4.111 de 1931, ley nº14.511 de 1961 y ley nº17.729 de 1972, y sus modificaciones posteriores;

* Otras formas que el Estado ha usado para ceder, regularizar, entregar o asignar tierras indígenas, tales como, la ley nº16.436 de 1966, el decreto ley nº1.930 de 1977 y el decreto ley nº2.695 de 1979;

* Aquellas en que los beneficiarios son indígenas de las leyes nº15.020 de 1962 y 16.640 de 1967, ubicadas en las regiones VIII, IX y X, inscritos en el Registro de Tierras Indígenas, y que constituyen agrupaciones indígenas homogéneas lo que es calificado por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi);

* Aquellas que históricamente han ocupado y poseen las personas o comunidades mapuche, aymará, rapanui, atacameño, quechua, colla, siempre que sus derechos estén inscritos en el Registro de Tierras Indígenas que crea la ley, y a solicitud de las respectivas comunidades indígenas o indígenas titulares de la propiedad;

* Aquellas que, proviniendo de los títulos y modos referidos en los números precedentes, se declaren en el futuro pertenecientes en propiedad a personas o comunidades indígenas por los Tribunales de Justicia;

* Aquellas que los indígenas o sus comunidades reciban a título gratuito del Estado.
 
 

En la actualidad, de acuerdo a la Ley Nº19.253, la propiedad de las tierras indígenas, tiene como titulares a las personas naturales indígenas o a las comunidades indígenas definidas por ésta Ley vigente.
 
 

Conclusiones

La promulgación de la Ley Nº19.253, surgió de un amplio proceso de discusión nacional entre 1990 y 1991, con más de 2 mil encuentros locales y una gran asamblea nacional realizada en la ciudad de Temuco. Se redactó un borrador de ley, que fue recogido por el Ejecutivo y sometido a de consultas intersectoriales en el Estado, antes de su despacho al Congreso Nacional. El texto final fue aprobado en octubre de 1993.

El escenario político en el que se gestó este proceso fue el de un entendimiento creciente entre el Estado chileno, las comunidades y las organizaciones indígenas, en el marco de una sociedad plurinacional y democrática, con las fuerzas políticas y sociales nucleadas en torno al ex Presidente Patricio Aylwin. Al menos así quedó expresado en el llamado "Acuerdo de Nueva Imperial".

Dictada esta Ley de protección y fomento de los pueblos indígenas, se logró el establecimiento de un nuevo tipo de relaciones entre el Estado y los indígenas del país. De hecho, a partir de ese momento, se comenzó a hablar de protección y ampliación de tierras y derechos de aguas, de desarrollo económico y territorial, de reconocimiento jurídico para un conjunto variado de situaciones, de acceso a beneficios legales y de diseño de políticas estatales para las minorías étnicas en Chile. Se crea para ello Conadi, encargada de la implementación y fiscalización de las disposiciones que la ley estipula.

Las expectativas generadas en este proceso fueron elevadas y, con los años, han ido progresivamente creciendo en la población indígena, en la medida que el instrumento legal ha demostrado deficiencias y precariedad en su aplicación práctica.

Paralelo a ello, últimamente, la emergencia de nuevos desafíos impuestos por la acelerada internacionalización de la economía chilena, ha llevado a Conadi a verse involucrada en nuevas y numerosas demandas y conflictos, especialmente en aquellas regiones con alta concentración de indígenas y en sectores en los cuales se ha estado expandiendo la frontera de explotación de recursos naturales. Junto a ellos se ha experimentado un desarrollo creciente de inversiones en vialidad estructurante, urbanizaciones y defensa / protección de recursos y patrimonios culturales de los pueblos originarios. La urbanización acelera la presión sobre el uso de las aguas indígenas, el monocultivo forestal con dominio de especies exóticas entra en contraposición con las comunidades y su posibilidad real de asentamiento rural, las inversiones en turismo en tierras indígenas, la industria salmonera y sus necesidades de agua dulce que prospectan concesiones en ciertos lagos, el desarrollo minero y la no protección del subsuelo vía la ley indígena, los trazados carreteros y la expansión urbana sobre suelos de comunidades, el desarrollo energético vía hidroeléctricas, entre otros, son todos aspectos que generan un marco de conflictividad creciente.

Como síntesis de lo expuesto se puede concluir que no hay relación alguna entre las tareas asignadas a la institucionalidad vigente, los recursos humanos y financieros asignados y la disposición del resto del aparato estatal de adecuar su planificación en función de esta normativa vigente.

Dicho escenario puede ser remontado si se compromete la generación de políticas públicas diferenciadas para los pueblos indígenas; todo lo cual puede verse respaldado por la información y análisis que se desprende de trabajos como el que aquí se presenta. Esta es la importancia directa de haber incorporado la cuestión indígena en el cuestionario de la Casen el año 1996.

La Casen es una encuesta para la totalidad de la población chilena, en base a un muestreo de 52 comunas, que se aplica periódicamente para medir pobreza. Por tanto describe socioeconómicamente a la población, con un alto grado de certeza. Tal como se señaló en la Introducción, la Casen no es un instrumento pensado para describir población ubicada de manera heterogénea a lo largo del país, ni mucho menos hace un tratamiento diferenciado para las etnias que habitan en el territorio. Esto explica que la cantidad de población indígena que se estima no refleje la realidad, toda vez que los indígenas son minoría y no tienen una distribución espacial homogénea.

Sin embargo, la gran validez que tiene la Casen, es la de hacer permitido por primera vez hacer una caracterización socioeconómica de los ocho pueblos indígenas que reconoce la Ley Nº19.253.

En base a la experiencia dejada por la Casen 96, en el futuro se debiera definir una propuesta que contenga las características y condiciones de una muestra especial para pueblos indígenas, vale decir, diferentes pueblos, regiones, pisos ecológicos y comunas urbanas y rurales con alta concentración de población indígena.

La incorporación de la pregunta sobre indígenas en la Casen 96, ha sido importante ya que nos proporciona información sobre un sector que, hasta hoy, no han sido debidamente caracterizado. Ello debe permitir formular políticas asertivas y registrar la evolución de la pobreza en sectores indígenas por períodos. Se debe asumir que la Casen hasta hoy es la única fuente de información socioeconómica sobre pueblos indígenas, por ello se constituye en un instrumento capaz de responder tanto a los requerimientos de políticas públicas sectoriales como también a la necesidad de análisis en organismos nacionales e internacionales.

En síntesis, la Encuesta Casen 96 arroja como elementos conclusivos los que ha continuación se desarrollan sucintamente.

La población que dijo pertenecer a algún grupo indígena corresponde a un 4,5% del total nacional, ponderación que está en función del total encuestado y corresponde a los ocho pueblos indígenas que la ley reconoce.

La población mapuche representaría el 81,39% del total de indígenas; los aymará el 14,25%; atacameños 1,57%; rapanui 1,22%; collas 0,86%, quechuas 0,54%, yagán 0,15% y kawashkar 0.02%.

Del total de población indígena encuestada el 10,6% vive en condiciones de indigencia y el 25% son pobres no indigentes. Es decir, el 35,6% de ellos está bajo la línea de pobreza. Esta cifra difiere enormemente del porcentaje de pobreza general que presenta el país. Lamentablemente no se cuenta con información previa para contar con un patrón comparativo.

La significativa concentración de población indígena en los dos quintiles más pobres (65,2%), viene a reforzar la tesis de su marginación histórica de los procesos de crecimiento económico, lo cual se expresa en la existencia de un núcleo duro de pobreza indigente. Por el contrario, sólo se encuentra a un 6,3% de su población participando en el quinto quintil.

La cuestión de la discriminación, se evidencia claramente en el tipo de inserción que tiene esta población en el mercado del trabajo, en la educación y en la salud. Redunda sobre lo mismo, la cuestión de la vivienda, de los ingresos y de los derechos laborales.

En relación al nivel educacional de la población indígena, se observa una tasa de analfabetismo que llega al 10% de esta población. Esta cifra supera notablemente a la que se presenta a nivel nacional (4,9%). Por otro lado, el promedio de escolaridad de la población indígena es de 7,4 años, inferior al observado en la población no indígena, la que alcanza a 9,5 años.

Para concluir, interesa destacar aquí el estado de vulnerabilidad laboral, social, económica y, por que no, cultural en la que se encuentran los pueblos indígenas en Chile. Los resultados de la Casen 96 imponen la generación de opciones especiales de apoyo material, rescate cultural y protección hacia sus representantes. Este es un desafío para cualquier Estado democrático.
 
 

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Notas