19 de Octubre de 2001

¿Qué lecciones deja la gestión de Adriana Hoffmann en la Conama?
La ecología y los ecologistas


Carlos Martínez F. (*)


La abrupta renuncia de Adriana Hoffman a la dirección de Conama no fue sorpresa para muchos, desde dentro del mismo gobierno. Es más, desde que ella asumió, se dijo al interior de la Concertación que este nombramiento tendría una muerte anunciada cuyos costos caerían sobre el gobierno. Se publicó información de gestiones que se hicieron previas a su nombramiento, que preveían este final, y estas gestiones no vinieron precisamente del empresariado, que quizás tuvo reticencias a este nombramiento.

 En estas mismas columnas escribí el 24 de marzo de 2000, a propósito de este nombramiento, que "la designación de la nueva directora de Conama, la activista ambiental Adriana Hoffmann, no pasó inadvertida para la opinión pública. Se habló de inquietud en el empresariado; se llegó a utilizar el término 'terror', e incluso traslucieron posiciones divergentes desde el interior del gobierno por este nombramiento". Su salida, creo, tendrá los mismo ribetes. Pero señalé también en esa oportunidad que una nominación no puede generar terror. Y menos en los empresarios, quienes tienen el suficiente pragmatismo como para sentimientos de ese tipo. Sencillamente cuando el ambiente no es propicio para inversiones, se van.

 Señalé en esa oportunidad que lo que despertaba preocupación era la incógnita sobre la coherencia que la señora Hoffmann pudiera tener entre sus planteamientos ideológicos y propuestas ambientales y las necesidades de desarrollo que requiere el país. La vinculación de la Sra. Hoffmann con organizaciones ambientalistas radicales, y su adhesión a la ideología de la ecología profunda, ambas cosas legítimas, hacían temer que podía transformarse en un escollo para las necesidades urgentes de desarrollo. No hay que olvidar que dicha ideología rechaza el desarrollo tecnológico-industrial, como intrínsecamente depredador.

 En esa ocasión señalé que, en todo caso, "la presencia de la señora Hoffmann, sin negar las preocupaciones que genera, significa una incorporación al establishment de un sector del ambientalismo, dejando de lado la visión unidimensional que puede dar una legítima acción activista, que necesariamente es de trinchera. Y es posible que el carácter que imprime una función de Estado, la llevará precisamente a incorporar una visión más amplia desde una perspectiva de país, considerando las necesidades de las personas, de los más desposeídos y aplicando una prudente y necesaria racionalidad económica a sueños y utopías". Creo no haberme equivocado en esto.

 Hay que ser justos, y creo que con el tiempo se le reconocerá a la Sra. Hoffmann, más allá de sus constantes traspiés comunicacionales, o cierta inercia que pueda afectar a Conama, algo que escapa a ella, por cierto: el haber asumido su puesto con una visión de Estado y con una sana intención de compatibilizar lo que es su visión ideológica con las necesidades reales que tiene el país. Es posible que ella no comparta -y así lo hizo saber públicamente- afirmaciones como las del ministro de Hacienda de que la protección del medioambiente en nuestro país debía ser compatible con nuestro ingreso per cápita y no con el de países en desarrollo. Su gestión no fue fácil, las contradicciones vitales que la deben haber afectado no deben haber sido menores. Pero no se quedó en su empeño por posibilitar la implementación de proyectos de desarrollo necesarios para el país, y su visión respecto a estos temas y lo que ha sido su vocación como activista medioambiental.

 Hay que decir que los grupos ambientalistas, al parecer, estimaron que no era funcional a sus objetivos de trincheras, legítimos, pero parciales, y que en la práctica en los últimos años se han transformado en un freno para el desarrollo del país y a través de sus documentos, publicaciones y otros, no le dieron tregua y en los últimos días dejaron caer una campaña durísima en contra de ella, donde los calificativos de ingenua fueron los menores.

 Ciertamente, como también lo dijera alguna vez, todo puesto de gobierno es transitorio. Creo que para ella era mucho más oportuno salir como lo hizo, con un cierto carácter de inmolación ante un gobierno que, según ella, no la apoyó como hubiera querido. Sus posibilidades de volver a asumir un rol en el mundo de las Ong ambientalistas son más factibles saliendo de esa manera de un gobierno victimario de sus ideales de protección de la tierra. El temor que despertó no fue tal. Quizás comprendió que las necesidades de protección ambiental deben ser compatibles con la racionalidad económica que la realidad exige.

 Como dijera recientemente el ministro de Economía, Jorge Rodríguez, " tenemos una legislación ambiental acorde con nuestra realidad, la que se debe ir adaptando de acuerdo al tamaño del país y al crecimiento que tiene, e ir permitiendo que el medioambiente sea conquistado". Hoy vemos que ante todo nuevo proyecto de desarrollo se genera una reacción en contra de las organizaciones ecologistas. El crecimiento de la industria salmonera, el proyecto Alumisa en Aysén, la Carretera de la Costa. Ahora, a menos de una semana del anuncio del Presidente Lagos de construir un puente que una Puerto Montt con Chiloé, ya levanta oposición en estos grupos. Proyectos todos necesarios para desarrollar el país y para generar trabajo, los que traerán beneficios a personas concretas. Por cierto que cada uno de ellos debe ir acompañado de una necesaria responsabilidad ambiental. Todos quisiéramos grandes reservas forestales, santuarios de la naturaleza y medioambiente intocado. Pero los recursos de la naturaleza están a disposición del ser humano para su bienestar. El ministro Rodríguez lo expresa muy certeramente: "Yo discrepo con los ecologistas profundos que quieren preservar santuarios, quiero actividad económica para progresar".

 El paso de Adriana Hoffmann por la dirección de Conama, con un final que para muchos no fue más que una profecía autocumplida, confirma lo dicho en su oportunidad por un laborista inglés: "La ecología es un tema demasiado importante para dejarlo en manos de los ecologistas".

 (*) Carlos Martínez F. es subdirector del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Finis Terrae


 
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