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El final de 112 años bien vividos

Murió Rosa Prafil, la "pillankuse" de la comunidad mapuche.
 

SAN CARLOS DE BARILOCHE- La comunidad mapuche de Anekon Grande lloró conmovida ayer la muerte de la abuela Rosa Prafil, de 112 años, quien fue durante décadas la autoridad religiosa responsable de transmitir la lengua y el pensamiento de su pueblo. Numerosos familiares y vecinos participaron del velatorio de la "pillankuse" que se realizó en la casa donde vivía con su hija, en el barrio IPPV de esta ciudad.

Según comentó uno de sus nietos, doña Rosa tenía buena salud pero "sufrió un estado gripal muy fuerte y no le aguantó el corazón". Falleció el martes y fue enterrada en la tarde de ayer en el cementerio local.

La ceremonia fue presidida por el lonko de la comunidad, Juan Sargento Prafil, de 86 años, quien llegó especialmente desde Jacobacci. Nadie había arribado aún desde Anekon, el aislado paraje ubicado en cercanías de Clemente Onelli, que en estos días sufre las consecuencias del crudo invierno.
La abuela Prafil nació allí el 30 de agosto de 1888 y vivió en tres siglos diferentes. Para su comunidad sólo importó tenerla como símbolo de sabiduría y del esfuerzo consecuente por transmitir el pensamiento mapuche.
Tenía esa responsabilidad desde su rol de "pillankuse" y por eso al levantarse cada mañana hacía el "ngellipum", una rogativa mapuche a la naturaleza. Esa potestad la había heredado de su madre, que murió en 1962, también con más de 100 años.
Uno de los nietos que se crió con ella, Marcelino Cabrera, dijo que "la máxima enseñanza de la abuela Rosa fue el valor que encierra el kimun mapuche, la sabiduría ancestral".
Otro nieto, Juan Agustín, también reivindicó su autoridad religiosa. "Ella nos dejó como legado la lucha por la tierra y la transmisión del pensamiento", aseguró.
Rosa Prafil tenía 8 hijos, 15 nietos, 52 bisnietos y 5 tataranietos. Muchos de ellos se juntaron en la fiesta de su cumpleaños 112, realizada en setiembre pasado.
Aquella vez dialogó entusiasmada con un cronista de este diario exhibiendo una salud envidiable y con el único obstáculo de su fuerte sordera. Dijo en esa oportunidad que la preocupación mayor que sentía era que los jóvenes no dejen morir la lengua y las tradiciones mapuches.
Sin embargo, no todo en ella era severidad. En aquel cumpleaños comentó con picardía que su interés principal era "ver bailar a los mozos".
Doña Rosa vivió hasta los 95 años en el campo y luego se mudó a la ciudad muy a su pesar. No le gustaba estar lejos de Anekon, adonde volvía siempre que podía, "en la época de los chivitos".
En Bariloche vivía con su hija Marcelina Curamil (de 76 años) y se ocupaba de tejer y realizar artesanías que luego regalaba a sus nietos.
Sus padres y abuelos llegaron a Río Negro desde Azul, provincia de Buenos Aires entre 1870 y 1875. Se instalaron en Anekon Grande pese a la altura y al clima hostil porque había buenas pasturas. (AB)

Foto: Doña Rosa era la encargada de transmitir la lengua y el pensamiento mapuches.