Santiago de Chile,  Miércoles 5 de Diciembre de 2001
El profesor Manuel Lincoqueo enseña a sus niños, paso a paso, el proceso de fundir la plata para moldear las figuras. 

REGIÓN DE LA ARAUCANÍA:
Niños mapuches fabrican joyas

Iván Fredes

IVÁN FREDES

Ciertos niños aún no saben leer, pero ya son verdaderos joyeros. Funden, cortan, laminan, soldan, pulen y engarzan la plata como si fuera un juego fácil y entretenido. Incluso, manejan el soplete casi mejor que el lápiz.

De sus pequeñas pero prodigiosas manos surgen relucientes y hermosas joyas mapuches: trariloncos (cintillos), trapelakuchas (pectorales), chaway (aros), kulkad (collares), sukull (prendedores) o trarrikuwun (pulseras).

La gracia es que los orfebres son todos niños, de tres a trece años, de la Escuela Municipal Multigrado G-392 Lifko (aguas limpias), del sector Manzanal. Sus diecinueve alumnos (más otros siete oyentes) no sólo estudian en una misma sala de clases, sino también comparten su tiempo en el taller de platería.

La inédita experiencia corresponde al profesor Manuel Lincoqueo, especialista en educación intercultural, quien con una vocación pedagógica envidiable traspasa a sus pequeños alumnos lo aprendido en un programa de platería mapuche de la Universidad Católica de Temuco.

Tanto es el entusiasmo de este profesor del sector rural de Nueva Imperial, que tres veces a la semana y durante un mes y medio llevó a sus alumnos a la universidad para que aprendieran a trabajar la plata con expertos orfebres.

Educación de lujo

El profesor Lincoqueo, un ex alumno del colegio inglés George Chaytor, de Temuco, no sólo imparte la educación tradicional sino también enseña a sus alumnos los idiomas español, inglés y mapungún, les hace clase de computación, música y, como si fuera poco, los adiestra en platería mapuche.

La escuelita está perdida en un recodo del camino, entre Nueva Imperial y Carahue. Tiene tres salas: una para clases, otra para el taller y la otra para el comedor. Es tan entretenida la escuela que otros siete niños, de 3 y 5 años, van de puro gusto a sus clases. Son los "colados". Todavía no pueden ser matriculados, porque no cumplen los seis años exigidos por el Ministerio de Educación. Pese a ello, ya están aprendiendo a leer y también son orfebres.

Paulina Millán Cañulef, de 11 años, cursa el sexto. Es una de las más entusiastas. Con el soplete funde la plata, la lamina y con un micrómetro mide su grosor. Luego, otros continúan con el diseño, el corte y el pulido, hasta dar forma a sus joyas. Cada integrante del grupo hace lo mismo alternadamente. Trabajando en equipo, como si fueran hormigas, pueden fabricar una hermosa trapelakucha en apenas un día.

Pero el taller no sólo sirve para hacer joyas. En su proceso, los niños miden, investigan, escriben y desarrollan sus manualidades y creación artística. En esa tarea involucran, relacionan y aplican conocimientos de matemáticas, historia, castellano, artes plásticas, ciencias naturales. Incluso hasta los padres participan en el taller. Justo lo que promueve la reforma educacional para hacer más entretenido el proceso de enseñanza y aprendizaje.

"Hay que correrlos de la escuela, porque a ellos les gustaría quedarse trabajando todo el día", dice el profesor Lincoqueo, al comentar el entusiasmo de sus pequeños alumnos. Y eso que todos son del campo y algunos caminan diariamente hasta seis kilómetros - ida y regreso- para no faltar ningún día a clases.

En invierno, la asistencia a la escuela es del ciento por ciento.

Escasos recursos

El taller de platería comenzó en 1998 con un aporte de 800 mil pesos del Ministerio de Educación. El dinero alcanzó para comprar tres kilos de plata pura (99,9 %) y algunas herramientas e instrumentos de orfebrería.

Debido a la falta de recursos para comprar plata, los niños al final del año deben fundir parte de sus joyas para volver nuevamente a trabajar el metal, con lo que cada año cuentan con menos cantidad del metal por el desgaste que significa comenzar de nuevo el proceso.

Para evitar que los niños queden cada vez con menos plata, el profesor Manuel Lincoque, con dinero de su sueldo, compra un par de kilos al año (160 mil pesos cada uno), debido a que su iniciativa no cuenta con el respaldo del municipio.

Gran parte de la plata trabajada hasta ahora está transformada en joyas que las niñas y niños usan en sus vestimentas tradicionales cuando participan en actos oficiales o son invitados a otras ciudades. Aunque los niños después de terminar el octavo básico continúan estudiando en otras escuelas de Nueva Imperial o Temuco, el aprendizaje de orfebrería les ha servido a algunos de ellos para trabajar como ayudantes en prestigiadas joyerías locales.

En Temuco, el Taller de Platería Mapuche de la Universidad Católica de Temuco es la única institución que prepara académicamente a los nuevos orfebres y la que posee un completo catálogo de joyas para la venta al público.

El resto de la platería que es vendida en el comercio regional y nacional es confeccionada por orfebres mapuches y huincas que dedican sus esfuerzos a mantener una tradición ancestral.


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