Santiago de Chile,  Domingo 29 de Julio de 2001


El llamado a la "liberación nacional" y las acciones violentistas que propugnan algunas organizaciones mapuches radicalizadas sería, según el informe del ILD, parte de la influencia rupturista heredada del movimiento zapatista y la ETA vasca. La fotografí

Mapuches de Armas Tomar

NO sólo movilizaciones callejeras y enfrentamientos con piedras y palos para combatir a la fuerza pública forman parte de las acciones reivindicativas de los mapuches, como la "batalla de Temuco" de la semana que termina.

Al parecer, las protestas en la calle y las tomas de terreno son, para algunas agrupaciones indígenas, nada más que el principio.

Las amenazas de recurrir a las armas por parte de dirigentes radicalizados, las influencias del zapatismo mexicano, las simpatías ideológicas con la ETA vasca y el llamado a la "liberación nacional" mapuche son algunas de las señales que hacen temer la formación de un nuevo Chiapas en el sur de Chile.

Así lo expone el Instituto Libertad y Desarrollo (ILD) en el estudio titulado "Las Conexiones Políticas en el Conflicto Mapuche", de su serie Informe Político (N 71) de julio de 2001, documento realizado por Andrés Benavente, cientista político y académico de la Universidad Diego Portales y Jorge Jaraquemada, abogado e investigador de la misma casa de estudios.

En el informe se aclara el perfil de las organizaciones mapuches más radicalizadas y sus vinculaciones ideológicas con movimientos armados como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y la ETA vasca, así como sus relaciones pasadas con el Frente Manuel Rodríguez y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Entre las organizaciones se cuenta el Consejo de Todas las Tierras, derivación de Ad Mapu, entidad que en los 80 estaba controlada por el Partido Comunista.

El Consejo ha encabezado varias tomas de terreno y en 1999 elaboró una solución para la "cuestión mapuche", en la que exigía el derecho a la autodeterminación de su pueblo así como su reconocimiento constitucional, conformación de un parlamento autónomo mapuche, restitución de tierras ancestrales y retiro de las empresas forestales de ese territorio.

Otra de las organizaciones es la Identidad Territorial Lafquenche, dirigida por el sociólogo Luis Llanquilef, quien ha planteado públicamente que "el pueblo mapuche está cansado de esperar una solución definitiva al caso de las tierras, de tal forma que si el Gobierno no asume una posición al respecto, las movilizaciones se agudizarán".

Según los investigadores, el planteamiento de Lafquenche contiene una advertencia que puede ser considerada una amenaza antisistémica en contra del Estado y de la institucionalidad cuando plantean que "los conflictos no se terminarán" si no se les reconocen territorios autónomos.

Una tercera agrupación es la Coordinadora Arauco-Malleco, cuyo objetivo, expresado por el abogado Aliwen Antileo en el periódico "El Rodriguista", es "crear una correlación de fuerzas tanto políticas como de organización al interior del movimiento mapuche que nos permita avanzar en una Propuesta de Liberación Nacional".

La Coordinadora, a través de una organización de liderazgo colectivo, estaría buscando emular al Zapatismo mexicano, señalan los autores. El objetivo de "liberación nacional" que supone un enfrentamiento con la institucionalidad, el intento de dotar a las comunidades de una organización política y mostrar abiertamente sus afanes rupturistas se asemeja a la estrategia del movimiento liderado por el subcomandante Marcos.

Antileo ha sido explícito al afirmar que " nosotros no respetamos la institucionalidad chilena porque es opresora".

Otros grupos de apoyo

Otra prueba es que el grupo Resistencia Mapuche (conformado por estudiantes universitarios de esa etnia) mantiene una página en internet en apoyo a la Coordinadora, donde indica que el objetivo estratégico es "la liberación de nuestro pueblo oprimido y explotado por el Estado chileno".

A partir de ello, explica el ILD, asumen implícitamente el planteamiento de autonomía en términos de confrontación y ruptura.

Otra de las organizaciones es Net Mapu, que se define como "organización virtual de profesionales mapuches interesados en la problemática de su pueblo" y que apoya sus "legítimas aspiraciones territoriales, su autodeterminación y su derecho a la autonomía cultural, territorial y política"(www.mapuche.cl). Uno de los aspectos que resaltan los investigadores es la aceptación de un componente militar en la estrategia de algunas de las organizaciones. El ideólogo Aiwen Antileo deja en claro que para llevar a cabo "una lucha por la liberación" es necesario " crear una correlación de fuerzas que se exprese en lo social, político, cultural, económico y militar".

En cuanto a los enfrentamientos constantes de mapuches con la fuerza pública, el dirigente reconoce la participación de encapuchados que usan la violencia como "una legítima forma de lucha" (entrevista en "El Rodriguista", 1999).

Finalmente, asume que desarrollan "métodos conspirativos, el trabajo de contrainteligencia y todas aquellas tareas que nos permiten seguir acumulando fuerzas".

Es la Coordinadora, afirman los autores, la que acepta de manera más explícita la violencia como forma de lucha. Un ejemplo son las declaraciones del dirigente Víctor Ancalaf, quien, ante una consulta periodística respecto a la ausencia de armas en las actuales movilizaciones, afirma que "todavía no es necesario".

El modelo

Según Benavente y Jaraquemada, el indigenismo radical se desarrolla con más fuerza en Chile a partir de la rebelión zapatista en Chiapas.

Se destaca como principal característica en estos movimientos su énfasis en las reivindicaciones sociales, pero sin abandonar la opción por las armas, procurando deslegitimar el sistema institucional. A su vez, la apelación a la sociedad civil en busca de apoyo y el constante cuestionamiento al neoliberalismo son característicos.

Respecto de la influencia de otros actores extremistas nacionales, se aclara que el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fue el primer grupo subversivo que se aproximó a la cuestión mapuche para transformarla en una plataforma de rompimiento del sistema institucional.

Otro de los implicados es el Frente Manuel Rodríguez, que también buscó un acercamiento hacia los actores del indigenismo radical chileno.

En el plano internacional exponen la influencia del indigenismo radical ecuatoriano en cuanto a una praxis de movilizaciones rupturistas. Otro de los movimientos violentistas que despierta simpatía en grupos como la Coordinadora Arauco-Malleco es la ETA.

De hecho, en la página web de Resistencia Mapuche hay un link dedicado exclusivamente a ese grupo armado donde se les denomina " nuestros hermanos del pueblo vasco" y sus acciones se emparentan con la lucha por la "liberación nacional" que propugnan algunas de las organizaciones mapuches.


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