Centro de Documentación Mapuche Documentation Center

Córdoba, Argentina, Domingo 15 de julio  de 2001

Los mapuches que pelean contra Repsol-YPF
 

  Sergio Carreras Enviado especial a Neuquén 


Loma de la Lata. Hace pocos meses, en una noche fría, Angel Paynemil, de 64 años, salió a caminar al desierto y se perdió. Anduvo entre las torres gigantes que queman gas, y las cigüeñas metálicas que hunden sus picos cientos de metros bajo tierra para saciarse de petróleo. Cuando lo encontraron, al otro día, Angel Paynemil no recordaba nada de su vida presente. No sabía quién era él ni reconocía a sus hijos. Su mente atrasó y lo devolvió a su época de juventud. Empezó a dar caminatas junto al arroyo que cruza entre las viviendas de su pueblo mapuche, salió al patio a darle de comer a los choiques y a contemplar las verduras de su huerta.

Todos, menos Angel Paynemil, saben que hace más de 20 años que ni el arroyo, ni los ñandúes petisos ni la huerta existen. Las torres petroleras y las plantas de extracción de gas natural desplegaron en las dos últimas décadas una telaraña plateada sobre la región de Loma de la Lata, en el este neuquino, donde dos comunidades mapuches y una multinacional libran una lucha que, hasta ahora, era silenciosa.

Parados sobre un tesoro

Loma de la Lata es el yacimiento gasífero más gigantesco de Sudamérica y una de las más grandes reservas petroleras. Es la cabeza de un pulpo subterráneo que atraviesa ríos, montañas y fronteras con sus tentáculos de caño, para llevar gas a populosas regiones de Chile, Uruguay, Brasil y Argentina.

Sobre ese tesoro valuado en miles de millones de dólares, caminan todos los días los miembros de las 33 familias que integran las comunidades mapuches Paynemil y Kaxipayíñ, convertidas en el principal obstáculo que tiene la empresa Repsol-YPF para continuar explotando el yacimiento,

Hace dos meses, un grupo de esos mapuches marchó 100 kilómetros hasta la sede central de Repsol, en el centro de esta ciudad, enchastró con petróleo la fachada del edificio y la bandera de la multinacional.

“Es sólo una muestra de la contaminación con la que nos envenenan todos los días”, dijo la werkén (vocera) de la comunidad Paynemil, Elba Méndez. “Si las cosas siguen iguales, vamos a continuar con este tipo de medidas”, advirtió Verónica Huilipán, dirigente de la Coordinación de Organizaciones Mapuches.

Hace dos semanas, los mapuches mantuvieron cortado por varios días el ingreso a la sede administrativa y la gerencia de Repsol en Loma de la Lata. Caravanas de repudio, protestas, desplantes, obstrucción de trabajos, ocupación de predios, denuncias judiciales y más cortes de caminos vienen siendo los recursos a que echan mano las dos comunidades para que Repsol acepte negociar los ritmos y los modos en que debe hacerse la explotación gasífera y petrolera sobre tierras que los mapuches consideran propias. ¿Cómo se desarrolló este conflicto?

Sangre pesada

En 1995, la joven pareja de mapuches formada por Elida y Tránsito terminaron de levantar la pequeña habitación de ladrillos que se convertiría en su casa, a unos cientos de metros del lugar donde hoy funciona la sede administrativa de Repsol en Loma de la Lata.

Cuando hicieron funcionar la bomba recién instalada, en lugar de agua la tierra les envió gasolina. La napa estaba altísimamente contaminada. Un simple fósforo hacía arder el líquido que llenaba los vasos.

La segunda noticia tremenda no tardó en llegar. Al año siguiente, un estudio de la Subsecretaría de Salud de Neuquén detectó que los mapuches de Loma de la Lata, especialmente los niños y los viejos, tenían una alta concentración de metales pesados, principalmente plomo, en sangre y orina.

La intoxicación se habría producido por el consumo de agua, vegetales y animales contaminados, y por contacto con el agua usada para tareas de higiene. La primera explicación fue que los desechos hidrocarburíferos de los trabajos de YPF (todavía no era Repsol) contaminaron las napas freáticas y el río Neuquén, a cuya orilla están asentadas las dos comunidades.

Las chivas y vacas, que antes se contaban por miles, se fueron muriendo. Los sembrados fueron reduciendo sus extensiones mientras brotaban las extrañas formas de las torres, plantas, oleoductos y gasoductos.

El gobierno de Neuquén fue obligado por la Justicia a proporcionar diariamente 250 litros de agua no contaminada, por cada habitante de las comunidades. A los seis meses de empezar a tomar agua mineral, el nivel de plomo en la sangre de los mapuches descendió un 25 por ciento.

Hoy, la acumulación de numerosos bidones de 25 litros con agua mineral sigue siendo una postal habitual en las casas de los mapuches. Pero los envíos del gobierno nunca llegan a los 250 litros, y el lavado de la ropa o el riego de las huertas se continúa haciendo con el agua que da la tierra y el río.

Enemigos íntimos

A diferencia de lo que sucede en otros lugares del mundo, las petroleras no pagaron al Estado por los daños ecológicos. Luego de recibir un estudio de Naciones Unidas que estimó el daño ecológico en 925 millones de dólares (ver Un daño...) , la anterior administración neuquina redactó una demanda judicial que nunca presentó. Luego, el actual gobierno de Jorge Sobisch (Movimiento Popular Neuquino) relevó a Repsol de la responsabilidad, al reconocerle que había cumplido con las obligaciones de la concesión.

El pasado enero fue la última vez que se tomaron muestras de la sangre de los mapuches pero, hasta ahora, los resultados no fueron informados.

Los dirigentes de la Coordinación de Organizaciones Mapuches denuncian que los niños, por efecto de la contaminación de sus organismos, sufren de poca capacidad de concentración, pérdida gradual de la vista, dolores en las articulaciones y problemas renales. Y que los más viejos empiezan a sufrir de manera anticipada la pérdida de memoria, como la que afecta a Angel Paynemil, quien lleva meses viviendo en un pasado que ya no existe.

En Repsol-YPF reconocen que se cometieron errores, no sólo en el modo de encarar la explotación sino también en el trato con las comunidades mapuches. Pero niegan ser responsables de sus problemas de salud y advierten que no seguirán “cediendo”, especialmente si las protestas de tono violento de los mapuches se intensifican.

Signadas por la desconfianza mutua, las relaciones entre el gigante petrolero y las pequeñas y porfiadas comunidades mapuches no parecen ir hacia el acuerdo sino todo lo contrario.

Repsol dice que el propósito –ilegal– de sus adversarios es correr a la empresa de Loma de la Lata y quedarse con el manejo de la riqueza subterránea. Además, los acusa de sabotaje a sus instalaciones. Los dirigentes mapuches retrucan que la multinacional les tiene intervenidos los teléfonos y que está concretando una gigantesca estafa económica contra el país, porque nadie sabe cuánto petróleo y gas se extrae realmente de Loma de la Lata. En el desierto neuquino, David y Goliat reeditan su bíblico duelo.
 

Contaminación

Agua. En 1996, el gobierno de Neuquén fue obligado por la Justicia a proporcionar diariamente 250 litros de agua no contaminada, por cada habitante de las comunidades. A los seis meses de tomar agua mineral, el nivel de plomo en la sangre de los mapuches descendió un 25 por ciento.

Daños. Los expertos estimaron en 925 millones de dólares el daño que se provocó a la población y a los recursos naturales. Respuesta. La petrolera asegura que la contaminación no se puede comprobar.