martes 2 de octubre de 2001

Violencia en Alto Biobío

En dos atentados muy sincronizados, grupos de presuntos activistas mapuches atacaron recientemente a camiones de una empresa contratista de Ralco y luego a un campamento. Después prosiguieron quemando enseres y maquinarias de obra, cuyas pérdidas globalmente han sido avaluadas en cerca de 300 millones de pesos. No obstante, la gravedad de los hechos no viene dada sólo por este aspecto material, sino por la intimidación a los trabajadores, incluso con golpes, y por su frecuencia. La violencia desatada tiene por finalidad impedir las faenas de construcción de la nueva central, siguiendo para ello los métodos que otros grupos extremistas han instaurado en diferentes partes del mundo y cuyos comienzos fueron idénticos.

Pues aunque parezca exagerado, casos como el IRA en Irlanda o la ETA en las provincias vascas, fueron primero objeto de un activismo intelectual y de cierta complacencia en nombre de las minorías que decían representar. Pasado el tiempo y cambiando las circunstancias, especialmente en España donde hoy impera la plena democracia, no cabe duda que ese inicial ambiente de indiferencia ayudó a consolidar una imagen neutra del terror y a dar a sus hechores rasgos heroicos de algo que no se sostenía moralmente.

Con respecto a este asunto cabe preguntarse sobre la coherencia de condenar al terrorismo en el exterior, cuando en Chile todavía se sigue discriminando entre terroristas buenos y malos según la ideología pertinente. No se puede olvidar que la incapacidad de la ideología de percibir aspectos éticos profundos es justamente uno de los alicientes del terrorismo, que como tal busca intimidar y producir efectos políticos por la violencia sistemática tanto dirigida como aleatoria.

Es que los incendios, secuestros y golpizas, por otra parte, no se cometen de un día para otro, sino que obedecen a una suerte de escalada del conflicto, que permite primero aceptar la violencia como instrumento, y luego superar los diversos niveles de ella hasta llegar a la supresión física del enemigo y su minusvaloración como persona.

Cuando la sociedad permanece indiferente respecto de hechos como el comentado, lo que se hace es construir un muro protector de los terroristas ''buenos'', que en el corto o mediano plazo se volverá, igual que en otras partes del mundo, contra los ciudadanos comunes y corrientes y contra la estabilidad del Estado.

No es suficiente acoger posturas duras de condena al terrorismo en lo internacional, si en lo interno se buscan excusas e incluso razones de tipo moral para no tomar como terrorismo lo que es. Por ello, las autoridades deben afinar su política sobre el tema y mediante el recurso de la justicia y del orden prevenir, contener o castigar los delitos propiamente tales, pero también definir una línea doctrinaria insalvable que haga que hechos como los ocurridos recientemente en Ralco no pasen como episodios menores de reivindicaciones legítimas, sino como escalones de una tragedia cuyo libreto ya está escrito.


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