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Año LXXXVI - Nro. 31.009Domingo 16 de diciembre de 2001
 

Parque industrial frente a demandas mapuches

 

El parque industrial será una realidad dentro de poco en este sector ubicado en las afueras de Lautaro. Las esperanzas son muchas, los temores también. 

Días llenos de contrastes vivió esta semana La Araucanía. Porque si la apertura del parque industrial en Lautaro abrió un campo fértil para sueños y esperanzas, la quema de tres casas patronales en menos de una semana y el recrudecimiento de los procesos contra dirigentes indígenas recuerda en forma latente que el conflicto indígena marca un problema de fondo.

La apertura de un parque industrial en Lautaro busca revertir los graves índices de pobreza de la región apuntando a uno de sus problemas más serios: la magra inversión privada en nuestra región. En cuatro años, La Araucanía apenas captó cinco millones de dólares de inversión extranjera materializada... de 23 mil millones que llegaron al país. (Fuente: economista Andrés Tapia).

Los planes son ambiciosos: atraer unas 150 empresas -muchas de ellas extranjeras- en diez años. Hay planes para crear una industria local del software, gracias a un convenio de cooperación con el instituto alemán Fraunhofer de Informática, el Silicon Valley de Europa, según CorpAraucanía. La contraparte sería la Universidad de La Frontera que espera crear un centro de investigación informática. El parque tendrá acceso a la red de información universitaria Galactea, la más importante de España.

Existen acuerdos con Corfo para contar con instrumentos de fomento productivo y se espera lanzar en abril, a más tardar, un centro de negocios en Santiago.

Pero el trasfondo de estos sueños son las movilizaciones mapuches, cuyo desarrollo se proyecta como una sombra que puede perjudicar tales esperanzas, si no se encuentra una solución.

CRUDO CONFLICTO

Para el sector empresarial -y particularmente, la industria forestal- las movilizaciones mapuches que se iniciaron en 1998 con el ataque a un grupo de camiones forestales en Lumaco, significaron un frenazo muy fuerte a la inversión privada. El propio Ricardo Ariztía, presidente de la CPC, afirmó en Temuco que tras un anterior atentado, recibió numerosas llamadas del extranjero preguntandole si era necesario vender todos los predios existentes en nuestra región.

Se sabe que algunas empresas forestales detuvieron la compra de terrenos en Malleco y se concentraron en comunas más apacibles. Corredores de propiedades aseguran que hoy resulta imposible vender cualquier terreno, si está ubicado al lado de una comunidad indígena. "Nadie compra problemas" es la consigna.

La apuesta de CorpAraucanía es que no se puede esperar una década o más a que el problema se resuelva, aunque sus directivos admiten que existe conciencia de este problema. "Estamos conscientes que es el gran manto de duda", declara un ejecutivo de la corporación, quien reconoce que hay cierta división sobre la forma de encarar el tema.

La idea que basta entregar capacitación y empleo a las comunidades como solución de fondo, no convence ni de lejos a los líderes de las movilizaciones, para quienes esto no es un asunto de dinero, sino de respeto y reconocimiento a sus derechos ancestrales como pueblo indígena y que se resume en su consigna: tierra, cultura, justicia y libertad. Las palabras capacitación y empleo parecen no estar entre sus metas.

El sector empresarial no ha captado este trasfondo, aunque sí estén conscientes de él los líderes de la industria forestal a nivel nacional. Existe el convencimiento que los movilizados son sólo un grupo y que la mayoría de los mapuches sólo pide trabajar en paz, una especie de prolongación de lo que pide cualquier chileno medio.

Prueba de ello es que muchos reconocen en privado no tener conocimiento de lo que es el Convenio 169 de la OIT y que entrega un marco regulatorio a los pueblos originarios sobre la base del reconocimiento de sus derechos ancestrales. Pero este convenio afecta de algún modo el derecho de propiedad privada, garantizado por el Estado de Derecho en Chile. Sin un diálogo común, poco es lo que se puede avanzar.

La ecuación no está resuelta y lejos de converger hacia alguna solución, ambas partes acentúan sus caminos divergentes. Prueba de ello fue la incorporación de la industria forestal como elemento central de la estrategia de desarrollo regional, necesidad quizá ineludible dados los índices de pobreza de la región, pero que fue rechazado de plano por las organizaciones indígenas movilizadas (Consejo de Todas las Tierras y Coordinadora Arauco Malleco).

Esta situación sólo puede hacer recrudecer los conflictos, sin importar que se extreme la vigilancia policial en la zona.


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