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Viernes 13 de marzo de 2009

Por Danilo Monteverde R. / La Nación

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Indígenas en Sudamérica: de la resistencia al poder

Las diversas organizaciones de pueblos originarios, locales y regionales son cada día, y en mayor medida, actores políticos importantes en sus países, conquistando nuevos espacios y derechos para sus comunidades.

Los procesos políticos y sociales han dado un giro en la última década en Sudamérica, con movimientos sociales fuertes, que no sólo apuntan a cambios legales, sino que también de conciencia y cultura.

En esto han sido clave las organizaciones de los pueblos originarios de cada país, desde los amazónicos a los aymaras, de los guaraníes hasta los mapuches, todos han puesto en cuestión las estructuras de los estados y las conciencias de sus ciudadanos. En ese marco y dependiendo de la realidad de cada país, los pueblos indígenas americanos han pasado de la reivindicación y la resistencia, hacia la propuesta y la posibilidad de ser actores políticos gravitantes.

Para Luis Fernando Arias, secretario general de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC), la realidad en su país es doblemente compleja pues, para ellos la situación "raya en una verdadera tragedia humanitaria".

"En Colombia hay 102 pueblos indígenas, de los cuales 32 tienen menos de 500 personas y 18 pueblos están a punto de desaparecer física y culturalmente. Tenemos presencia de megaproyectos, multinacionales y además, de los actores armados en nuestros territorios, hay muchos intereses en juego, ya que gran parte de la riqueza hídrica y biológica del país, afortunada o infortunadamente está también en nuestras tierras", explica el dirigente.

El proceso de las comunidades en Colombia, según Arias, está "en un momento de construcción de nación. Hemos comenzado a generar una conciencia de poder desde las bases, para -en algún momento- ser una alternativa de poder (...) Ya hemos planteado alternativas políticas locales, orientando el manejo de algunas regiones, pero aún seguimos fortaleciendo nuestra capacidad política y organizativa, para generar las condiciones de lo que hemos llamado la ‘construcción de un nuevo país’".

MAPUCHES Y AMAZÓNICOS

En Chile y Argentina, la lucha está marcada por las comunidades mapuches del sur, quienes desde visiones, más o menos radicales, exigen ser reconocidos y la restitución de sus tierras. Gustavo Quilaqueo es presidente del nuevo partido político chileno, Wallmapuwen, que busca "pasar de lo reivindicativo a la conquista del poder político.

Nuestra lectura de la situación que enfrentamos, nos obliga a superar la dinámica de "‘oponerse desde el margen’ a ‘proponer desde adentro’ vías de solución al conflicto histórico existente. De la resistencia al poder".

Desde otro punto del cono sur, se ubican los pueblos de la cuenca amazónica, que abarca países como Bolivia, Brasil, Venezuela, Perú, Ecuador, entre otros. Allí se organizaron en redes a través de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), desde cuya sede en Quito, nos habló su coordinador general, Egberto Tabo Chipunavi. "La Coica nace tras la larga lucha de los pueblos indígenas de la zona. Antes siempre hubo discrepancias entre comunidades, por la tierra principalmente. Eso fue superado, y luego fuimos atacados por agentes externos. Debimos unirnos para defendernos", explica.

Para Tabo "en muchos de los países de la Cuenca Amazónica tenemos pueblos indígenas indocumentados que no son parte de la sociedad, ¡eso aún se ve! (...) En Ecuador se vive hoy una dinámica interesante pero que, por otro lado, también se quiere hacer desaparecer a los grupos que denomina como ‘radicales’.

Reconoce que "en algunos países las legislaciones han avanzado, pero todavía su aplicabilidad no es tal, como en Colombia". A esto se agrega que en Brasil "hay unos 200 pueblos en su Amazonía, de los cuales unos 60 no están contactados por organismo alguno".

DIFÍCIL RELACIÓN CON GOBIERNOS

Los nuevos gobiernos progresistas en América Latina son bien vistos por las organizaciones indígenas, aunque también toman una distancia crítica en algunos puntos.

De acuerdo a Egberto Tabo de la Coica "estamos hablando de legislaciones de más de 500 años y aunque el Presidente boliviano Evo Morales (de origen aymara) esté en el poder, el transformar todo es casi imposible. Es un proceso, ya hay una nueva Constitución. El ‘civilizar’ a este viejo sistema tomará tiempo".

"Los países con gobiernos socialistas, que uno pudiera pensar ‘son mejores para nuestras demandas’, están planteando la desaparición de organismos radicales, entonces ¿hasta adonde avanzamos? Y es que ya no es un tema de voluntad de estos gobiernos, pues las demandas indígenas son algo que ya no se pueden parar", se queja también Tabo.

Para Manuel Calciu, dirigente de la organización mapuche Meli Wixan Mapu de Chile, la figura del Mandatario boliviano es central, "admiramos lo que pasa en Bolivia, y su proceso de reivindicaciones de los pueblos originarios. Estando un hermano en el Gobierno hay muchas más posibilidades de llegar a soluciones".

Para la ONIC colombiana, "las reivindicaciones del movimiento indígena siempre incomodan al régimen que sea, porque reafirmamos y enarbolamos una posición de autonomía, de libre determinación, de control sobre nuestros territorios y recursos; y eso es una amenaza para cualquier Gobierno".

Con todo, y pese a las críticas y problemáticas, lo claro es que los movimientos de pueblos originarios de América han llegado para quedarse y para hacer escuchar un clamor de siglos y que, al parecer, no pretende seguir en las sombras.


ENCUENTRO DE PROYECTOS

Para el analista político argentino de la Universidad de Buenos Aires, Federico Rojas de Galarreta, “se ha manifestado una confluencia de intenciones entre varios actores, como los partidos políticos y los movimientos sociales, en este caso los movimientos indígenas. De los movimientos, hay una intención de canalizar políticamente sus demandas y reivindicaciones, insertándose activamente en los procesos electorales. Por el lado de los partidos políticos, una apertura hacia las bases que les proporcionan los movimientos, sin los cuales carecerían de toda legitimidad”. El Gobierno de Evo Morales en Bolivia es un punto destacable, que “además es acompañado por un fenómeno subterráneo, en el cual las conciencias van modificando algunas creencias antes intocables”.