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Sociedad
Martes 13 de octubre de 1998 

FESTEJOS Y PROTESTAS: RECLAMOS EN BUENOS AIRES, VIEDMA Y MISIONES 
Las comunidades indígenas hicieron un contrafestejo 

Hubo un acto en el Congreso, una cabalgata en Río Negro y rezos de chamanes en Misiones · Los indígenas consideran al 12 de octubre un día de duelo 


MARCHA. Las calles de Buenos Aires también fueron escenario de la protesta de los pueblos indígenas. 
A 506 años del descubrimiento de América, las comunidades indígenas de la Argentina hicieron oír su voz. En la Plaza del Congreso, hubo un contrafestejo, porque consideran al 12 de octubre como "día de duelo". En Río Negro, un grupo de mapuches llegó cabalgando a Viedma para reclamar por sus tierras. Y en Misiones, los caciques de las 46 comunidades guaraníes, se reunieron para rezarle a su dios Tupá.

Por la tarde, representantes de los mapuches, tehuelches, ranqueles, mocovíes, tobas, calchaquíes, wichís y huarpes, entre otras comunidades, participaron de un acto frente al Congreso convocado por el Encuentro por los Derechos de los Pueblos Indígenas (EDEPUIN). Hubo una exposición de artesanías, instrumentos y libros, y canciones y mucha música. Los indígenas marcharon por el centro porteño -recorrieron Callao y Corrientes-, para pedir que deje de celebrarse el Día de la Raza como fiesta nacional.

"No se puede estar festejando sobre los cadáveres del genocidio más grande de la humanidad, con ochenta millones de indios muertos", escribieron en un documento, como homenaje a sus héroes y mártires indios.

En Río Negro, luego de cabalgar 120 kilómetros, un grupo de indígenas y paisanos descendientes de vascos, llegaron ayer por primera vez a Viedma. Pidieron que se corran los alambrados y se pueda acceder libremente a sus campos.

Cansados de no obtener respuestas del gobierno provincial, los mapuches planearon esta "movida", que tuvo la adhesión de los centros mapuches urbanos de Carmen de Patagones y Viedma. La idea era llegar el 11 de octubre, "el último día de libertad de los indígenas americanos", pero el viaje llevó más tiempo de lo previsto.

"Lo que pasa es que no nos dan bolilla, por eso venimos", dijo Rogelio Pazos, quien llevaba una bandera negra mapuche. Los Pazos se instalaron hace más de un siglo en Bahía Creeck. Ahora, a los 67 años, el hombre de palabras simples y rostro curtido radicó una denuncia penal, por usurpación, contra un estanciero.

Es el mismo caso de José Mario Diumacún, de 27 años. Apenas sabe firmar. "Si ese comisario me saca el campo, me voy a tener que ir. No tengo más nada".

"Es grande nuestra indignación, porque no es sólo Bahía Creeck sino todo Río Negro, donde nuestros hermanos sufren la marginación. El Gobierno les vendió las mejores tierras a los Benetton, los Stallone y Tinelli, pero no escucha nuestros reclamos", aseguró Hugo Aranea, dirigente del Consejo Asesor Indígena (CAI).

Los mapuches tardaron tres días en cubrir los 120 kilómetros. Entraron a Viedma por el barrio Lavalle, uno de los más castigados por la desocupación. En la plaza San Martín, dos abuelas mapuches de la bonaerense Carmen de Patagones les dieron la bienvenida en su lengua. Y hubo traducción para los "huincas", a quienes se invitó a escribir la otra historia. "Sin rencores, indios y huincas juntémonos para reclamar lo nuestro. El miedo, el olvido y la vergüenza han hecho que nuestra historia la cuenten los que tienen el poder, el Gobierno y la riqueza. Empecemos nosotros a contar la otra historia, hermanos." 

En Misiones

Como todos los años, las comunidades guaraníes festejaron la proximidad del verano. También debatieron sobre sus problemas y compartieron rituales, bailes y canciones con sus chamanes al frente. La cita fue en Káaguy Poty ("flor de la selva", en guaraní), en el paraje Cuña Pirú ("muchacha flaca"), a unos 120 kilómetros al norte de Posadas.

En Misiones quedan unos 3.500 guaraníes de la nación Mbyá. Los antiguos chamanes, al igual que los médicos tribales, "todavía no han podido ser destruidos por la cultura blanca", según dicen.

Lorenzo Ramos, uno de los principales caciques de la región, dijo que se reunieron "para recordar la época en que llegaron los españoles, pero no para festejarlo, sino para decir que aquel 10 u 11 de octubre, uno de nuestros antepasados soñó que vendrían los blancos a invadir nuestra selva".
INFORME AGENCIAS VIEDMA Y POSADAS.

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