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Martes 16 de Mayo de 2000


CULTURA: EL MUSEO LELEQUE, EN CHUBUT
La historia del sur, en un museo
Está en una estancia de los Benetton · Tiene elementos sobre 13.000 años de historia de la Patagonia · Hay piezas arqueológicas y documentos y objetos relacionados con la inmigración y la Conquista del Desierto

CARLOS GUAJARDO. Leleque. Enviado especial. 



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El hombre que le dio impulso

El sonido del viento envuelve al visitante cuando ingresa al Museo Leleque. Allí conviven 13 mil años de historia patagónica: desde el ingreso de los pueblos originarios, los hallazgos arqueológicos y sus pinturas y grabados rupestres hasta los cambios y conflictos en las sociedades que poblaron este territorio narrados por los descendientes de sus protagonistas.

Esos pequeños objetos que pasaron de generación en generación hasta arribar al museo representan el paso del tiempo en una región con identidad cultural propia.

Aventureros, buscadores de oro y bandoleros norteamericanos también buscaron refugio en "el país del viento". Y su paso parece sentirse en el recorrido por las cuatro salas principales del museo.

Un marco imponente

El Museo Leleque está en el kilómetro 1.440 de la ruta nacional 40, en Chubut. A 20 kilómetros de El Maitén, 90 de Esquel y 80 de Bariloche. Y dentro de la estancia que lleva su nombre, que es de la Companía de Tierras del Sud Argentino, propiedad de los hermanos Carlo y Luciano Benetton. Lo rodea un imponente paisaje cordillerano.

El grupo Benetton fue el principal sponsor del museo: invirtió 800 mil dólares y financiará con 60 mil anuales el funcionamiento del Instituto de Investigaciones del Hombre Patagónico y su Medio.

El museo se dividió en cuatro salas. Una se llama Pueblos originarios, donde hay herramientas de piedra y hueso, restos de fauna y vegetales que permiten reconstruir la historia de los primeros pobladores, desde hace 13.000 años.

Otra sala se llama El contacto. Allí se cuenta la historia de los primeros euro peos que arribaron a la Patagonia en el siglo 16, de las relaciones conflictivas con los indígenas y de la Conquista del Desierto. También está el espacio sobre Inmigración, tierra y capitales, que cuenta el desarrollo económico de la región. Y, por último, La sociedad patagónica, donde se relata el impacto de la llegada de inmigrantes chilenos, libaneses y europeos, de los aventureros y los bandoleros norteamericanos, del ferrocarril y las comunicaciones. En otro edificio se reconstruyó un boliche, que recrea con una impecable ambientación de época un almacén de ramos generales de la década del 20.

El museo se nutrió además de aportes de familias y pobladores patagónicos. Por eso, detrás de las vitrinas, la historia oficial deja paso a la historia doméstica: trajes de novia, cochecitos para pasear bebés, máquinas de coser y libros de viajeros se mezclan con toldos indígenas, quillangos (manta hecha con piel de guanaco), puntas de flechas y boleadoras. Y pueden verse y leerse textos sobre el rechazo de las prostitutas a los soldados de la Campaña del Desierto y el libro de registros donde el bandolero Butch Cassidy aparece como un próspero y respetable ganadero.

El proyecto comenzó a plasmarse en 1994 con el primer contacto entre Carlo Benetton y un coleccionista de Puerto Madryn (ver El hombre...). Y en 1996 se formaron los primeros equipos de trabajo.

La Trochita

La Trochita, el viejo tren patagónico de vapor, pasa a 6 kilómetros del Museo. La estación Leleque es una de las paradas de este tren, que recorre 165 kilómetros sobre una vía de 75 centímetros de ancho. El trayecto, en un paisaje cordillerano paradisíaco, tiene 225 curvas. Las autoridades quieren desviar el recorrido del viejo tren para que deje a los pasajeros en la puerta del museo. La nueva estación se llamará "Museo Leleque"
 

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