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Entrevista a Luis Maira, embajador de Chile en México:
Chiapas no es Chile...pero la duda queda
El embajador de Chile en el país azteca, Luis Maira, recuerda que cuando asumió Lagos le dijo que "México era un gran laboratorio para ver mecanismos de solución a los problemas de comunidades indígenas. Podía ser muy útil como referencia en la situación chilena".

  Marzo de 2001
El embajador no estuvo en el zócalo cuando llegaron los zapatistas, pero le hubiera gustado. A su juicio, el movimiento ha sido fundamental en la duda que hoy se levanta sobre los logros de la globalización. Parece tener una posición personal: "¡La marcha ha tenido un efecto muy espectacular! Ningún mexicano ha dejado de estar conmovido; afianzó mucho la convocatoria del EZLN". No hay que olvidar que antes Maira fue Ministro de Mideplan y responsable de la política generada durante el primer período del mandato de Frei hacia los pueblos indígenas.

Aunque reconoce la inexistencia de una postura oficial de Chile frente a las demandas del Ejército Zapatista, explica que parte de la preocupación internacional chilena es "asumir los desafíos que plantea la integración de los pueblos indígenas y sus nuevas demandas. Que no van ya por la línea de políticas especializadas de tipo agrario, distribución de tierras o apoyos agrícolas, sino un reconocimiento de su cultura, de su autonomía, de sus espacios como un pueblo al interior de las naciones. Un desafío a los estados latinoamericanos en general".

Antes de iniciar la entrevista, se explaya ampliamente sobre el 'zapatismo'. Al despedirse, comenta cómo han cambiado las cosas en México con el nuevo gobierno 'democrático'. Recuerda haber sido seguido en Chiapas por un vehículo extraño. Situación frecuente hasta hace poco. Cualquiera que haya estado por ahí sabe que no es una exageración hablar de 70 mil soldados y 259 retenes. Tanto el gobierno de Salinas de Gortari como el de Zedillo se empecinaron en reducir el conflicto a una dimesión regional. "Los embajadores, que tenemos más acceso a los temas nacionales que a los regionales, teníamos algunas limitaciones. Luego de la ofensiva de febrero de 1995, cuando el Presidente Zedillo decide actuar sobre el alto mando zapatista y sus efectivos, aumenta mucho la presencia del ejército mexicano en Chiapas. Y al gobierno le parecía que no era conveniente que eso fuera observado por diplomáticos. Nunca se nos prohibió, pero se desalentó activamente cualquier presencia".

Después las elecciones trajeron cambios y la política actual es más bien estimular la observación. "En una reunión que tuvimos con el Presidente Fox, le planteé este tema como un interés de los latinoamericanos. Nos invitó al día siguiente a la entrega de uno de los cuatro cuarteles que se han levantado hasta ahora. 16 embajadores latinoamericanos asistimos; fue muy importante para nosotros ver el conflicto en terreno". A mediados de abril, el grupo volverá a la zona a conocer los avances en el esfuerzo por restablecer el diálogo con el EZLN.

En los últimos días el Subcomandante y el diario La Jornada han denunciado nuevos movimientos de tropas en el perímetro de los municipios autónomos. Surge el fantasma de los diálogos de San Andrés, desarrollados entre 1995 y 1996 supuestamente para encontrar la paz. Las señales fueron entonces contradictorias, por un lado el gobierno anunciaba a los cuatro vientos que buscaba el diálogo y por otro, desataba un plan de contrainsurgencia hacia las comunidades indígenas: detenciones arbitrarias, allanamientos sorpresivos, saqueos, persecución, entrenamiento a grupos paramilitares.

A tal punto llegó la situación que el EZLN se retiró de las conversaciones. De ahí salió la ley Cocopa sobre derechos y cultura indígena, propuesta que recogió ambas visiones. Hace cinco años debería haber sido aprobada. Los zapatistas no se han cansado de recordarlo y ante el cambio de escenario decidieron marchar desarmados a pedir tribuna en el Congreso para hacer uso de su arma más poderosa: la palabra.

México lindo y querido

Pero el espacio casi se les niega. Muchos son los temores y reticencias desde los sectores más derechistas. Y aunque el propio Presidente Vicente Fox envió la ley al Parlamento a pocos días de haber asumido, es el partido que lo llevó al gobierno (PAN) el que se muestra más inflexible. Los zapatistas anunciaron que regresarían a Chiapas, que se cansaron de esperar que se decidan a escucharlos. Antes habían dicho que se quedarían hasta que le ley fuera aprobada.

Fue un último intento por presionar, tal vez una estrategia para no desgastar inútilmente al movimiento. El día antes de la partida realizan un acto en el frontis de la sede legislativa. Al mismo tiempo se desarrolla al interior un arduo debate. Resultado: una nueva propuesta que finalmente el EZLN acepta. Hablarán hoy 28 de abril en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados.

Entender a México, su pluralidad y contrastes es ya un desafío. Comprender su política desde la óptica de Chile parece casi imposible.

El embajador Luis Maira se muestra más bien escéptico y cree que será un largo camino hasta la aprobación de la ley de derechos y cultura indígena. "El proyecto no tiene apoyo unánime. Hay quienes dicen que desmembraría a México, que la autonomía es la base de una secesión...Supone varias reformas constitucionales que implican quórum calificado: los dos tercios del Senado y la cámara. ¡Y eso es bien difícil!. El Congreso mexicano tiene una Cámara de Diputados de 500 miembros, donde el PAN y el PRI tienen más de los cuatro quintos de los integrantes. El PRD y pequeños partidos con los que hizo coalición, tiene 65 diputados.

La suerte del proyecto no se juega en la posición de apoyo que el PRD le ha dado, sino en la postura de los dos partidos mayores. El PAN no es propiamente un partido de gobierno; el Presidente Fox no dispone del grupo de legisladores panistas y entre ellos hay gente que está francamente en contra de la iniciativa.

El PRI fue enemigo histórico del EZLN, que se levantó no contra el gobierno mexicano, sino contra sus 70 años de continuidad. Nadie sabe cuántos priístas o cuántos panistas van a apoyar la ley de la Cocopa o cuántos la van a votar en contra".

La ley es el punto número uno en la agenda del Poder Legislativo en el período de sesiones iniciado el 15 de marzo, que se extenderá hasta el 30 de abril. Después están la reforma fiscal y la reforma del Estado. Sin embargo, no significa necesariamente su aprobación.

-De no ser aprobada la ley ¿qué podría pasar?
-Es difícil hacer escenarios, porque los actores son múltiples. Tengo la impresión que si la ley no prospera va a haber una situación de tensión y pueden crecer las demandas de los pueblos indígenas y ya buscar métodos más radicales y agresivos. Tiene mucho que ver con la forma en que la comandancia zapatista presente este impasse. Hemos tenido un rechazo a sentarse a la conversación con 10 diputados y 10 senadores. Bastante incomprensible porque los Acuerdos de San Andrés se lograron precisamente en un formato de esa clase.

-El EZLN dijo que quería hablar con todo el Congreso porque son todos los legisladores los que hacen las leyes.
-Donde se hacen de verdad es en las comisiones; después pasan a la sala. Si ellos hubieran dicho: vamos a conversar con esta comisión y luego, cuando la ley pase a la sala queremos ser oídos; muy probablemente no hubiera existido ningún tipo de impugnación. Plantear un diálogo con todos los legisladores antes que la ley inicie su discusión, aparece como una demanda que facilita el trabajo de presentarlos como gente de mala fe, que no quiere arreglos, que está buscando un pretexto para volver a la selva y dar por terminada la conversación y convertir todo esto sólo en una marcha de impacto publicitario. Cuando otra gente cree que los zapatistas efectivamente están buscando una solución profunda al tema. Por lo demás, es duro para ellos volver con las manos vacías a la selva; es un lugar impenetrable, con muy malas condiciones de vida.

La deuda de Chile

La política internacional es extraña. A veces se pide a un país algo que en el propio no existe. Por ejemplo, Maira aparece junto a los embajadores del Grupo Latinoamericano y el Caribe firmando un documento que plantea que los indígenas deben estar incluidos en un bloque comercial como los dueños originarios de la tierra. En Chile, los mapuches continúan la batalla por recuperar la suya. El del Alto Bío Bío es un problema de ribetes supranacionales, pero se le baja el perfil constantemente. Cuál es la solución considerando el derecho indígena sobre sus cementerios, por ejemplo. Complicadas preguntas que se entroncan con el conflicto que se desarrolla en el otro extremo del continente.

-Hace un tiempo vino Camilo Escalona a estudiar el movimiento indígena para aplicar algunas soluciones en Chile, ¿qué pasó con eso?
-Cuando el Presidente Lagos tomó posición de su cargo, le manifesté que a mi juicio México era un gran laboratorio para ver mecanismos de solución a los problemas de comunidades indígenas. Podía ser muy útil como referencia en la situación chilena, que por fortuna nunca ha llegado al punto que tuvo en México en 1994. Había un conjunto de instituciones, mecanismos, propuestas, estos acuerdos de San Andrés, el trabajo de la Comisión Nacional de Intermediación, el trabajo de la Cocopa, que podían ser interesantes de conocer. No había en América Latina un esfuerzo más sistemático de búsqueda de una solución profunda al tema indígena como se estaba dando en México y en particular en Chiapas. El Presidente le pidió a Camilo Escalona, en ese momento asesor de políticas sociales, que se ocupara de venir. La primera vez que estuve en terreno fui con él, visitamos a todos los actores. Esas conversaciones fueron luminosas para entender la complejidad y las posibles salidas al tema. Pero no tenía por finalidad ninguna propuesta más concreta.

-¿Cree que en Chile se podrían desarrollar experiencias al estilo de los Diálogos de San Andrés?
-Siempre está en redefinición la política sobre pueblos indígenas. Mi sensación es que la ley que hicimos a fines del año 93' es tentativa; era un terreno bastante desconocido. El conflicto ha aumentado bastante su intensidad después, y muy probablemente en algún momento habrá que hacer un balance, ver el sentido de la legislación que sancionamos y la conveniencia de hacer algunos cambios o ponerla al día. Lo mismo la política sobre pueblos indígenas, está permanentemente en examen. Y el tema es muy agudo. En América Latina estamos teniendo experiencias que no son trasplantables de un país a otro; hay que conocerlas porque en su realidad y en su diferenciación nos enseñan. Pero muy pocas veces uno puede encontrar un modelo y no creo que el caso mexicano sea aplicable a la situación chilena.

La cosa es simple. Chiapas y Chile sólo suenan parecido y de no ser porque en ambos territorios se erigen 'zonas de conflicto', casi no existirían puntos en común. Pero la duda queda, sobre todo al revisar la prensa. Enfrentamientos entre indígenas y policías, retenes, sobrevuelos militares, detenciones. Pobreza, olvido. No es Chiapas, es Chile.