lunes 30 de abril de 2001

¿Fronteras étnicas?

Positiva y muy alentadora resultó la reciente noticia sobre el premio que recibiera una ciudadana indígena de la comunidad pehuenche de Trapa Trapa, respecto de una beca de Naciones Unidas otorgado en mérito al trabajo social que ha desarrollado con su pueblo en el Alto Biobío.

El estímulo, que fue compartido por otras cinco personas en todo el mundo, es el único que se entregó en la ocasión a una mujer latinoamericana y el primero dado a una representante de origen indígena y por cierto, de la cultura pehuenche. En sí, la distinción consiste en un período de estudio y capacitación en universidades de España y Suiza, donde esta chilena permanecerá por espacio de varios meses terminando su estada en el viejo continente hacia fines del presente año.

Resulta gratificante conocer los altos logros alcanzados por esta representante pehuenche, lo que revela que la postura permanente que asume la autoridad en cuanto al trato paternalista que brinda a las comunidades indígenas, no es más que la visión obnubilada por el desconocimiento y populismo con la que siempre acompaña sus decisiones sobre esta materia. Como muchas otras personas que provienen de los ambientes rurales de diversas regiones de Chile, esta mujer indígena ha logrado sobresalir y destacar gracias a su propio esfuerzo y voluntad de creer en su capacidad para crecer por sí misma, y de paso ayudar con un notable espíritu solidario al crecimiento de sus hermanos de raza.

Bien se sabe la situación de abandono y postración en la que se encuentran muchas de las comunidades campesinas más pobres de nuestro país, no sólo indígenas, las que como verdaderas ''fronteras interiores'' se dispersan a lo largo y ancho del territorio nacional. Es cierto que en esa pobreza están, entre otras, y en distinto grado, las culturas de raíz indígena que corresponden a siete grupos étnicos bien diferenciados como son los aymaras, atacameños, pascuenses, mapuches, pehuenches, huilliches y alacalufes.

Algunas de esas etnias permanecen en un estado de postración y abandono lamentable, debido tanto a las malas políticas oficiales como al bajo esfuerzo, autoestima y dejación que acompaña a muchos de los miembros de esas comunidades. Por esto, la justificación recurrente de falta de oportunidades es minimizada por el loable ejemplo dado por la galardonada pehuenche, la que aún siendo un caso destacado no es extraño ni excepcional si se considera que ya son muchas las personas de cuna indígena que logran llegar a importantes liderazgos intelectuales y empresariales.

No debe, por tanto, el origen humilde, rural o étnico, ser el motivo por el que el Estado trate en forma paternalista y prejuiciosa a los ciudadanos, pues está demostrado que ellos son capaces de progresar si las políticas y los mensajes de sus opciones son claras, oportunas e informadas.
 

Alfredo Palacios Barra


 
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