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Desde siempre le gustaron los niños y por eso cuando tuvo que elegir qué hacer con su vida, ella optó por los más chicos de su pueblo. Rosa Paillao Antinao vino de la comunidad de Cautinche, cerca de Cholchol, a hacerse cargo de los párvulos del jardín étnico "Chinkowe" en Temuco, para enseñarles su lengua, sus costumbres, canciones y cuentos, todo lo que conforma su cultura y su cosmovisión.
"Llevo cinco años trabajando con los niños del jardín, ellos son todos descendientes mapuches y lo que hacemos es enseñarles el idioma, reforzamos el valor cultural a través de bailes y también con la familia. Nosotros hablamos con mamás y papás para que se comprometan con sus hijos, porque ellos tienen un rol importante en su educación y en el rescate de sus valores y tradiciones".
Como auxiliar de párvulos, Rosa se siente muy satisfecha, y señaló estar agradecida del apoyo de la Junta Nacional de Jardines Infantiles para llevar adelante su tarea en el jardín Chinkowe. "Todas las funcionarias me han asesorado, los equipos técnicos siempre están dispuestos a orientar esta labor pero lo que más valoro es que tengan este tipo de programas con los niños mapuches".
En calle Moreno de Pueblo Nuevo funciona el jardín Chinkowe y hasta allí llegan todos los días 20 niños a dos a cuatro años a aprender, jugar y reír. Saben que allí estará Rosa hablándoles en su idioma, haciéndoles cariño, enseñándoles sus primeros pasos. Y en este espacio ella se siente contenta, pero también inquieta, porque tiene una secreta esperanza.
"Mi sueño es ser algún día supervisora o tener un jardín donde pueda trabajar mucho más y mejor con los niños. Lo ideal sería que una persona mapuche hablante del idioma y con hartos conocimientos pueda enseñarles a otras sobre esta tarea educativa. Por eso estoy empezando a estudiar para poder obtener el título de educadora de párvulos. Ese es mi gran sueño".