Santiago de Chile, Miércoles 29 de Noviembre de 2000

Nace el Turismo Indígena

Para los turistas extranjeros es como un sueño vivir con familias mapuches, aimaras o atacameñas. Son felices pastoreando, cortando leña o sacando agua de un río. O escuchando, mate en mano, las leyendas de un anciano. ¡Es el turismo étnico!
 

Por Mauricio Silva

Para un turista europeo o norteamericano que busca aventura dormir en una ruca y convivir con una familia mapuche, aimara o atacameña no tiene precio. Si lo consiguen, sólo piden que todos los miembros de ese núcleo familiar no modifiquen absolutamente nada de lo que hacen a diario. Es más, ruegan que les permitan pastorear, cortar leña, ir a buscar agua al río o encender una fogata.

Eso se llama turismo étnico. Y no lo hemos descubierto nosotros, sino, precisamente, esos visitantes extranjeros ávidos de ver y palpar las raíces de nuestros pueblos originarios y de su naturaleza pura.

Lo más rescatable de este nuevo turismo que se está observando de manera espontánea en Chile es que los extranjeros se comportan - por lo menos hasta ahora- con un total respeto por estos pueblos, sus gentes y tradiciones. Sólo piden contar con un poco más de comodidades básicas.

Eso es digno, encomiable y ejemplar. Y, también, productivo.

Al menos así lo están entendiendo las autoridades chilenas y las mismas etnias. Dicho de otra manera: el turismo podría sacar definitivamente de la pobreza a muchas familias originarias, siempre y cuando, claro, reciban ayuda y asesoría sobre un tema que no dominan y que para ellas es extraño y lejano.

Por estos días, un puñado de emprendedores aimaras, atacameños y mapuches está recibiendo apoyo de organizaciones no gubernamentales y de fundaciones nacionales e internacionales para mostrar su riqueza cultural y ancestral a esos turistas respetuosos de sus tradiciones.

Eva Rochet, experta canadiense en turismo de intereses especiales, viene regresando de un viaje al altiplano chileno y maravillada de su entorno. No se explica cómo todavía no nos hemos organizado para sacarle partido a esta atractiva realidad. Asegura que los turistas buscan ahora estar más en contacto con lo natural y lo rústico, y nuestro país eso lo tiene en abundancia.

HOSTAL PEHUENCHE

Por ahora, una de las iniciativas emblemáticas en esta nueva política de turismo étnico es la que desarrollan los comuneros pehuenches (gente del piñón) de Quinquén, región de la Araucanía, cuyas 27 mil hectáreas de tierras debieron ser compradas por el Gobierno en 1992 para evitar que fueran desalojados.

Se organizaron en una cooperativa, consiguieron donaciones por $ 100 millones y se compraron una casona en Lonquimay que hace un año convirtieron en el hostal restorán Folil Pehuenche.

Administrado por Sergio Meliñir, el lugar se caracteriza por su cocina a leña y su dieta a base del piñón (con el que preparan sopaipillas, pan amasado, sopas, puré y dulce) y por sus asados de chivo al palo. No hay otra manera más agradable que enfrentar los 20 grados bajo cero en invierno.

Mucho más al norte, en Putre, en el altiplano de la región de Tarapacá, Augusto Alave convenció a su familia para construir dos casas de piedra, barro y paja-brava, al más puro estilo aimará. Allí exhiben a los turistas los viejos telares de sus abuelos, los awayos o mantos multicolores ceremoniales, los instrumentos de labranza, ornamentos del ganado y hondas y boleadoras.

Como en su media hectárea existe un sitio ritual, instalaron un mirador donde los visitantes pueden observar las ceremonias con las cuales los putreños piden permiso a la Pachamama (la madre tierra) antes de iniciar sus carnavales, sus siembras y sus cosechas.

Este año más de cien turistas chilenos y extranjeros han conocido las raíces de un pueblo milenario.

Cerca de allí, en el poblado de Parinacota, vecino del lago Chungará, más de cuatro mil turistas europeos y norteamericanos han alojado en casas del lugar. ¿Y qué les da de comer? Asados de llama. Y mientras meriendan, les ofrece clases informales de aimara.

En la actualidad, todas estas familias originarias dedicadas a atender turistas están recibiendo apoyo técnico y financiero de ONGs, del Fondo de las Américas y el FOSIS, entre otros organismos.

A mediados de año, la propia Conadi realizó congresos en Temuco y Arica, donde congregó a representantes de comunidades indígenas de todo el país, desde los aimaras de Parinacota a los kawésqar de Puerto Edén. Se contabilizaron sesenta iniciativas turísticas que están recibiendo asesorías.

El encuentro, además, permitió definir una estrategia institucional a cinco años. La meta es consolidar el turismo indígena como una actividad económica que permita a ese sector de la sociedad salir de su marginalidad y pobreza, así como conservar y valorar rasgos significativos de su cultura.

Eduardo Pérez, director de Conadi-Arica y coordinador del programa sobre etnoturismo en todo el norte de Chile, anticipa que buena parte de los recursos de la entidad se destinarán a apoyar la actividad.

Estas nuevas iniciativas de etnoturismo están dando lugar, además, a un nuevo concepto o tipo de indígena, más audaz en los negocios. De ello da fe Jorge Cheuquel Huenchullán, de 30 años, quien de pobre comerciante en abarrotes de la comunidad mapuche Antonio Quidal, cerca de Lautaro, en la región de la Araucanía, instaló una zona de picnic en su parcela ubicada en la ribera del río Cautín, a 51 km de Temuco. Consiguió incluso un crédito Indap que le permite ahora construir una piscina, una ruca, una cancha de palín, un taller de trutrucas, cultrunes y otros instrumentos musicales. Cheuquel ni siquiera habla el mapudungún, pero ha sabido adaptarse a las expectativas de sus visitantes.

Augusto Alave está consciente, además, de los peligros de comercializar en exceso la cultura étnica. De ahí que exige que en este incipiente turismo nadie puede aceptar, bajo ninguna circunstancia, que se fuerce la realización de ritos o se rompa la necesaria intimidad de algunos de ellos por exigencia de los turistas.

En la Ruca

"En una ruca mapuche hay espacio para todos los integrantes. Tienen allí lo necesario. El fogón es el centro de la vida familiar, que siempre comienza muy temprano", dice Jacqueline Pilquiman.

Lo primero que hace el hombre es salir a mirar los animales, y luego dedicar algunas horas al trabajo de la tierra.

La mujer se ocupa de reavivar el fuego y preparar la primera comida del día, que es una sopa que se repite varias veces durante la jornada. Lo mismo que se come al mediodía y cuando está oscuro. Esta última es la llamada "comida para pasar la noche". En ese caldo las papas son infaltables y si hay medios, un pedazo de charqui de caballo. También se prepara con luche o cochayuyo. Durante el día, y a toda hora, se toma agua con harina tostada.

Las rucas se ubican preferentemente en la cima de una loma y cerca de algún estero, distantes unas de otras. Sus dimensiones, por lo general, son de 15 metros de largo por 7 de ancho, lo que duplica el espacio de una vivienda social. Bancas y troncos sirven de asiento.

De Norte A Sur

Pascuenses Amistosos: No hay rapanui que rechace la visita de un turista. Sin embargo, la Conadi realiza planes de capacitación en gastronomía a pequeños empresarios y dueños de residenciales, y en arqueología.

La Ruta del Pintatani: Los aimaras de la costa de Arica quieren impulsar la ruta del vino pintatani y de la plata, circuito a caballo o mula, que sigue los pasos a las antiguas caravanas provenientes de Potosí, explica el dirigente indígena Javier Albarracín. Partiendo de Codpa, 80 km al sureste de Arica, siguen rutas troperas bordadas de petroglifos y con descansos en los oasis ricos en frutales.

Albergues atacameños: Con apoyo municipal y aportes entregados por el Fondo de Las Américas y el Gobierno Regional, los atacameños construyen albergues en Aiquina, Caspana, Toconce y Ollagüe.

Cabalgatas por el Alto Biobío: Pedro Manquepi, pehuenche de 19 años, ofrece cabalgatas guiadas por las montañas del alto Biobío, con sus termas y bosques de araucarias.

Medicina Tradicional: Camino a Guichagüe, 10 km al suroriente de Temuco, Irene Weche recibe en su propia ruca a los turistas, con quienes comparte secretos de medicina tradicional.

Fiordos Australes: Raúl Naín, presidente de la Comunidad Káwesqar de Punta Arenas, promueve Puerto Edén, donde aún viven cerca de 20 descendientes de los alacalufes y los fiordos y sectores de ocupación de los indígenas canoeros de los canales australes.

En internet

Turismo Indígena en Chile

http://www.encuentroindigena.cl/

ensayos/etnotur.htm

Etnias Indígenas de Chile

http://www.conadi.cl/etnias/inicio.htm

Fondo de Desarrollo Indígena

http://www.conadi.cl/fondos/fondos1.htm

Areas de Desarrollo Indígena

http://www.conadi.cl/aid/aid1.htm


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