Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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Lunes 21 de Junio de 1999

Puntos de vista
Justicia, dignidad, respeto

Continúo en mi defensa de los mapuches.

Es un hecho irrebatible que en Chile existe un conflicto abierto del pueblo mapuche con el resto de la nación. Aún es tiempo para que el conflicto evolucione hacia un buen desenlace. Pero nada se progresa si las contrapartes políticas y civiles de los mapuches se niegan a ponerse, con imaginación, razón y amistad, en el ánimo de los mapuches. Es contraproducente que, los calificados de "huincas", insistamos en sostener que los indígenas de Chile son incapaces de administrar lo suyo y por tanto deben acatar, obedecer y aun agradecer, lo que deciden los representantes formales de la sociedad política y civil de los "huincas".

La lectura de informaciones de prensa y lo escuchado en reuniones formales dedicadas al tema, me llevan a deducir que en el mundo de los "huincas" el problema se aborda desde varios ángulos equivocados y muy denigratorios para los indígenas de Chile. Para la extrema izquierda, momentáneamente pacífica, liderada por el PC, la efervescencia indígena ofrece la oportunidad de instigar su radicalización con el fin de "agudizar las contradicciones intrínsecas al capitalismo". Es de ingenuos descartar que las movilizaciones sociales de los indígenas chilenos no provoquen el interés de los eternos audaces, aventureros de la violencia, aspirantes a replicar las hazañas del Che o del comandante Marcos. Felizmente, todo lo que aparece a la luz pública indica que el movimiento mapuche ha sido, hasta ahora, invulnerable a los intentos de ser instrumentalizado.

La mayoría de los agentes políticos concuerda con las posturas oficiales de las cúpulas empresariales en el sentido de considerar las "movilizaciones" indígenas como algo similar a las otras agitaciones que perturban el orden público. Para estas personas, las vías de solución de todos estos problemas consisten simplemente en una firme y efectiva aplicación de las leyes. Para unos, con expedita energía y para otros con benevolente cautela. Estas personas se niegan a creer que en Chile los indígenas son minorías étnicas oprimidas, que no han tenido una honesta y leal oportunidad de incorporarse en igualdad connacional con los demás chilenos.

Otros sectores más bondadosos de las elites políticas y económicas reducen todo el asunto indígena a un problema de pobreza extrema. Se esfuerzan por imaginar planes, programas y proyectos focalizados en el montaje de un pronto auxilio social de los indígenas. Paradojalmente, esta actitud puede incubar los peores peligros.

Los mapuches exigen, con clara y altiva vehemencia, más tierras, como medio básico de sustento material para conquistar justicia, dignidad y respeto. La filantropía, la misericordia, la compasión y la caridad ponen en evidencia una inflexible posición de superioridad social del que da por sobre el necesitado de recibir. El que recibe siente que se le hace presente su condición de humillante inferioridad y por ello acumula resentimientos callados por el momento.

Las comunidades pehuenches, mapuches y huilliches son numerosas, están dispersas y se hallan en condiciones heterogéneas en número de integrantes y en grados de conservación de su identidad cultural. Pero, todas sufren unos mismos comunes denominadores: notoria mayor pobreza que la de los "huincas" lugareños; son víctimas de segregaciones sociales negativas y tienen un crecimiento acelerado de conciencia por justicia, dignidad y respeto.

La sociedad civil de los "huincas" está capacitada para tender puentes de amistad cívica con los mapuches, para integrarlos a una nacionalidad común, trabajando con ellos, codo a codo, cara a cara, mirándose de los ojos a los ojos, en igual dignidad e igual respeto recíproco en el marco del derecho privado, de poder hacer "todo lo que la ley no prohíbe" y agreguemos todo lo que nos permite la imaginación y una voluntad esforzada y perseverante. De este modo concederemos dignidad y respeto y avanzaremos sinceramente en el logro efectivo de una tan postergada justicia para los indígenas.

Si continuamos en la desinteligencia ostensible de la actualidad, no cabe duda que terminaremos por dar lugar a las circunstancias propias para la intromisión de los extremistas.

Carlos Neely I.


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