Lunes 19 de Abril de 1999Puntos de vista
Problema mapuchePara la nación chilena el problema mapuche es serio, puede ser grave y aun gravísimo. Los profesores de matemática nos enseñan que los problemas no tienen solución cuando se parte de datos falsos o incompletos y si no se procede con métodos de raciocinio de concatenación lógica.
Una identificación precisa y exhaustiva de los "datos" del problema mapuche exige estudios prolijos de equipos pluridisciplinarios y su validación a través de deliberaciones públicas abiertas. Con el ánimo de provocar el inicio de esos estudios y debates señalemos algunas de las circunstancias que necesitan de análisis crítico en profundidad. 1. Los mapuches tienen una cultura particular diferente de la nuestra. Tienen nociones del espacio, del tiempo, de las relaciones humanas con la naturaleza, de familia, de interrelación personal con su comunidad étnica y con extraños, que no son las nuestras. 2. Las instituciones políticas y de la sociedad civil de Chile nunca han considerado como meritorias de respeto las particularidades culturales mapuches. (Que incluye a la de los pehuenches, hulliches, etc.). Las proclamas públicas, de aparente consenso político, en favor de una sociedad abierta a la diversidad no comprende a las culturas aborígenes, ajenas a las vertientes cristiano-occidentales. Las puertas de curiosa y benevolente acogida que la intelectualidad abre ahora a los ingredientes asiáticos y medio-orientales, no están abiertas para las culturas aborígenes chilenas. (Salvo un sospechoso esnobismo por el ejemplo polinésico de la Isla de Pascua). Para la mentalidad chilena predominante, las culturas aborígenes son meros residuos en extinción que, cuando más, vale la pena preservar para estudios de monografías de sociólogos. 3. Fuera de los antiguos empeños de misioneros de congregaciones católicas, no se ha dado un intento honesto y sostenido por poner en evidencia los principios básicos comunes de nuestra ética con la de los mapuches. Apreciamos por igual la honestidad y el respeto mutuo y aplicamos idénticos criterios para distinguir el bien del mal. 4. Los mapuches no tienen incorporado, en su cultura práctica, la institución de las representaciones colectivas capacitadas para obligar a sus representados más allá de lo que éstos han consentido de modo expreso y claro y tampoco tienen tradición de idolatría de caudillos, monarcas o pontífices. Están más cerca de la democracia directa y su delicado respeto por la voluntad individual motiva la simpatía de quienes somos fieles de la filosofía política liberal. Para los mapuches es una aberración someter a la minoría a los dictados de mayorías. 5. Los mapuches no han sido adiestrados, como nosotros, a obedecer los cánones de sociedades burocratizadas. (Y por ello concitan nuestra envidia). 6. La memoria histórica de sus comunidades les enseña, sin prueba en contrario, que las leyes, los tribunales y el imperio de la fuerza pública resultan, inexorablemente, en perjuicio de los mapuches y en beneficio de los "huincas". 7. En su vida cotidiana de relaciones con los "huincas" son objeto de rudas discriminaciones negativas en los servicios públicos y en las actividades privadas. 8. Están agrupados en comunidades dispersas sobre un extenso territorio o en pequeñas cofradías segregadas de familiares y amigos en las grandes ciudades. 9..., 18... y quizás 30.
En la realidad del mundo es impracticable que el Estado de Chile pueda imponer sus leyes, la jurisdicción de sus tribunales y el imperio de su fuerza pública a un pueblo que ha estado marginado de los procesos nacionales de conformación de las leyes y de las instituciones. En el mundo de la "aldea global", el pueblo mapuche reúne todas las condiciones para ser considerado una minoría étnica oprimida. Los mapuches están demostrando que conocen muy bien esta nueva y ventajosa situación que tienen en el escenario público mundial.
La solución del problema mapuche escapa, y lejos, de las competencias de diagnóstico y de recomendaciones terapéuticas de una comisión de hombres sabios elegidos por el Supremo Jefe del Estado de Chile, aun cuando incluya personas de la más indubitable inteligencia, ilustración y buena fe.
¿Cuántos percances más deberemos sufrir antes de percatarnos que nuestra irreversible inserción en la "aldea global" no devenga puras ventajas y derechos; también conlleva deberes, obligaciones, responsabilidades y riesgos?
Carlos Neely I.
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