Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
URL:http://www.soc.uu.se/mapuche



 
lunes 8 de mayo de 2000
Puntos de vista
Mestizajes en Chile

Nos proponemos desvirtuar una de las falacias esgrimidas con frecuencia en la contienda verbal pública sobre el problema mapuche.

En su libro de 1971, centrado en el estudio comparativo de las relaciones interraciales de Brasil con las de EE.UU., el profesor Carl N. Degler, antropólogo de la U. de Stanford, suministra claves útiles para examinar el fenómeno de la historia de los mestizajes interraciales en Chile.

Entre los varios enfoques valiosos que emplea Degler, en esta ocasión recurrimos a su llamado de atención sobre las fuertes diferencias en normas y costumbres de las relaciones sexuales interraciales entre el caudal mayor de los colonizadores de los EE.UU. con las de los colonizadores ibéricos de Latinoamérica.

La corriente mayor de los colonos de los EE.UU. comenzó a llegar a América en la tercera década del siglo XVII, más de un siglo después del despliegue de la conquista española del Caribe y de Centro América. La colonización de los EE.UU. estuvo a cargo de familias de labradores, artesanos, comerciantes y gentes modestas de profesiones liberales. Tenían el propósito de trabajar la tierra, manufacturar y comerciar sus productos y fundar pueblos con personas de su misma raza y religión. No tenían interés en hacer de señores, de siervos ni en capturar indígenas para someterlos a trabajo forzado. En sus primeras oleadas eran, casi sin excepción, observantes fieles de ramas puritanas del cristianismo protestante.

Tres factores se opusieron a un mestizaje masivo de los colonos europeos de Norteamérica con los aborígenes: la inmigración en familias hacía que la proporción entre hombres y mujeres tendiese al equilibrio; las corrientes puritanas del protestantismo no toleran el libertinaje sexual de los varones y sus feligresías practican una atenta vigilancia y drásticas condenas sociales a los infractores. Por último, lo más importante: gracias al glorioso reinado de Isabel I (gobernó desde 1558 hasta 1603) las mujeres inglesas gozaban de una posición social muy superior a la que tenían las mujeres coetáneas de Portugal o España. Las mujeres de los pioneros puritanos de Norteamérica, tanto o más trabajadoras que sus maridos, disponían de medios eficaces de coerción social para impedir la profusión procreadora masculina en mujeres aborígenes.

Examinemos la historia de Chile bajo el prisma que nos presta Degler. La expedición de Pedro de Valdivia la componían 60 hombres y 2 mujeres europeos, siendo una de ellas la amante reconocida del jefe y varios centenares de servidores indígenas, hombres y mujeres. Si somos sinceros en reconocer la fuerza de la impulsividad masculina debemos confesar que es plausible el relato novelesco de Jorge Guzmán, en su libro "¡Ay Mamá Inés!". Cada varón español se hacía servir para sus necesidades personales y apetitos sexuales por varias mujeres aborígenes, elegidas o desechadas a su más soberano arbitrio. Sostener lo contrario sería suponer que los violentos conquistadores eran de una castidad sobrehumana, todos homosexuales o masturbadores incontinentes.

La condición de Chile como colonia de España duró poco más de dos siglos y medio. Chile no tenía ventajas en comparación con las opulentas ciudades de Centroamérica, del Caribe o del Perú para atraer una corriente continua y numerosa de mujeres europeas.

Es razonable postular que en Chile, en el curso de unas quince generaciones sucesivas de colonización española, se produjo un equilibrio de composición demográfica por sexos por la vía de la práctica generalizada de fecundación varonil, primero con mujeres aborígenes y después con sus sucesoras mestizas. Pero, ¡atención!, en Chile regían poderosos y en plenitud, lo mismo que en todo otro lugar de la tierra, los prejuicios de raza y de clase social. Los hijos extramaritales de los encomenderos o hacendados y de sus parientes varones engrosaban la fuerza de trabajo servil de campos y ciudades. La clase social "superior" hacía y hace alarde de la "pureza" de su raza y de la intachable corrección matrimonial de su linaje.

Debemos tener en debida consideración que el repudio de los prejuicios raciales es algo muy reciente en el mundo entero. Chile no es excepción en la abundancia de panegíricos a sus orígenes raciales predominantemente europeos.

Carlos Neely I.


©1999 todos los derechos reservados para Diario del Sur S.A.