El Siglo Digital, Nº 186 - Año 2002
Acuerdo comercial entre UE y Chile

Nuevo colonialismo europeo en territorio mapuche


Una campaña contra la ratificación del Acuerdo de Asociación entre la UE y Chile, iniciaron organizaciones de mapuches residentes en Europa, distribuyendo cartas y documentos informativos entre los integrantes de los parlamentos nacionales de los países miembros, así como del Parlamento de la UE.

El texto fue elaborado por la agrupación mapuche de técnicos y profesionales Konapewman de Temuco. (La edición es nuestra.)

A principios del siglo XX, con posterioridad a la invasión bélica del Estado chileno a territorio mapuche, varios Estados europeos y el de Chile acuerdan una nueva política colonialista para esta zona, la que se concreta con la llegada de cientos de 'colonos' traídos principalmente de Alemania, Italia, Suiza y Holanda.
A los Estados del occidente no les importó que esas tierras fueran usurpadas a los mapuches. Por el contrario, guardaron silencio y fueron cómplices en una de las acciones más atroces y voraces que se conozca en la historia de estos territorios desde la llegada de los españoles, lo que sirvió para descongestionar sus superficies demográficas a costa del empobrecimiento y la reducción mapuche, con la pérdida del 95 % del territorio independiente, a base de sangre y fuego.

Tratado de libre comercio con la UE

Hoy, al igual que ayer, Europa consolidaría su complicidad en los atentados contra el pueblo mapuche, esta vez con el tratado de libre comercio entre Chile y la Unión Europea, específicamente en lo que se refiere a la comercialización de la madera chilena.
Uno de los principales conflictos de las comunidades mapuches rurales de las regiones VIII, IX y X es con las empresas madereras transnacionales, ante su invasión de plantaciones exóticas con especies de pino y eucaliptus, que colindan mayoritariamente con ellas y han provocado graves daños ambientales, sociales, culturales y económicos.
Europa es el tercer mercado para Chile en sus exportaciones forestales, luego de Asia y Norte América, con un 23% del total. El acuerdo de libre comercio incrementaría en un 5% las exportaciones a corto plazo. Asimismo, se especula que el aumento de la demanda europea en la adquisición de productos primarios para abastecer su industria, conllevará a más largo plazo el incremento de la industrialización del sector forestal chileno, especialmente por las inversiones de origen europeo, según fuentes oficiales del gobierno de Chile.
Dicho beneficio para las empresas significará un mayor aumento en su producción y, por ende, una mayor necesidad de patrimonio forestal. Pero cabe preguntarse: ¿a costa de qué y de quiénes se desarrollará esta expansión?
Las zonas donde existe mayor concentración de plantaciones forestales son lugares colapsados, con los mayores índices de empobrecimiento, emigración, deterioro ambiental, y con una alta demografía mapuche. Entonces, ¿es preciso seguir destruyendo estos territorios a costa de este seudo desarrollo, para saciar las necesidades de los europeos?
Lo que está en juego no es solamente un negocio redondo para los grupos económicos, sino más bien los derechos fundamentales de personas que sufren los embates de una actividad dañina por sí misma, en desmedro de comunidades obligadas a convivir con estos "monocultivos industriales", en regiones que forman parte de su territorio histórico.
Lo insólito del caso es que la evolución internacional de los derechos humanos, los derechos indígenas y los acuerdos internacionales sobre medioambiente, no sean para nada considerados por los Estados europeos al momento de poner en marcha acuerdos económicos de libre comercio, en especial cuando es justamente en ese continente donde están las principales sedes mundiales de promoción y defensa de esos derechos y donde se han suscrito los más importantes acuerdos universales en este sentido.
Los Estados europeos, al consolidar un mercado de libre comercio, avalando a las empresas forestales chilenas que sustraen sus maderas de monocultivos en tierras históricas del pueblo mapuche, consolidan y adquieren para sí mismos, en absoluta complicidad, lamentables condiciones en estos territorios: un promedio de casi el 40% de pobreza e indigencia en lugares donde existe una mayor concentración de plantas monocultivos de especies exóticas, quedando en evidencia las condiciones de desequilibrio y desigualdad social que provoca dicha actividad económica.
Zonas con alta concentración de plantaciones -como Lumaco, Ercilla , Traiguén, Angol, Galvarino, Tirúa, Lebu, entre muchos otras-, se han convertido en verdaderos desiertos en temporada estival, en que esteros, manantiales y ríos disminuyen notablemente su caudal e incluso algunos se han secado por la succión de las plantaciones de pino y eucalipto, que requieren de una explosiva cantidad de agua para su crecimiento. Más aun, son varias las empresas que tienen inscritos en su patrimonio los derechos de aguas en diversas microcuencas hídricas de la VIII, IX y X regiones, lo que impide que las comunidades hagan uso de aguas superficiales para programas de regadío, microregadío o recuperación de suelo, lo que refleja la absoluta desprotección e indefensión en recursos naturales que les pertenecen por derecho propio.

Disputas territoriales con las forestales

Numerosas comunidades mapuches mantienen latentes conflictos territoriales en predios actualmente poseídos por empresas forestales, los que se extienden entre la Octava y Décima regiones en el sur de Chile. Sólo en estas regiones, las empresas mantienen un patrimonio que supera largamente el 1.500.000 hectáreas de superficie sobreexplotadas, siendo las principales controladoras de estos terrenos la Forestal Mininco y Bosques Arauco. Otras empresas, que funcionan con menor patrimonio, son las forestales Volterra, Millalemu y Valdivia, entre otras, varias de las cuales son transnacionales con una importante inversión extranjera.
En estos últimos años, se han identificado públicamente cerca de 50 conflictos que involucran predios de empresas forestales en estas zonas, lo que ha producido la aplicación de leyes represivas que han militarizado vastos sectores rurales, con serias violaciones a los derechos humanos
En este sentido, en Europa aún no se exige el cumplimiento de requisitos básicos para que productos chilenos como la madera entren a su mercado. Es de esperar que las actuales condiciones se puedan revertir y que los Estados europeos sean consecuentes con las políticas internacionales de derecho, y remedien sus actitudes históricas de colonialismo.
Hoy son las propias comunidades las que levantan su voz para una nueva propuesta de relación y de avance, para frenar estas políticas económicas depredadoras, en pro de una sociedad humana más justa y equilibrada, para dar esperanza de un futuro digno y equilibrado.


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