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Una campaña contra
la ratificación del Acuerdo de Asociación entre la UE y Chile,
iniciaron organizaciones de mapuches residentes en Europa, distribuyendo
cartas y documentos informativos entre los integrantes de los parlamentos
nacionales de los países miembros, así como del Parlamento
de la UE.
El texto fue elaborado por la agrupación mapuche de técnicos y profesionales Konapewman de Temuco. (La edición es nuestra.)
A principios del siglo XX, con posterioridad a
la invasión bélica del Estado chileno a territorio mapuche,
varios Estados europeos y el de Chile acuerdan una nueva política
colonialista para esta zona, la que se concreta con la llegada de cientos
de 'colonos' traídos principalmente de Alemania, Italia, Suiza y
Holanda.
A los Estados del occidente no les importó
que esas tierras fueran usurpadas a los mapuches. Por el contrario, guardaron
silencio y fueron cómplices en una de las acciones más atroces
y voraces que se conozca en la historia de estos territorios desde la llegada
de los españoles, lo que sirvió para descongestionar sus
superficies demográficas a costa del empobrecimiento y la reducción
mapuche, con la pérdida del 95 % del territorio independiente, a
base de sangre y fuego.
Tratado de libre comercio con la UE
Hoy, al igual que ayer, Europa consolidaría
su complicidad en los atentados contra el pueblo mapuche, esta vez con
el tratado de libre comercio entre Chile y la Unión Europea, específicamente
en lo que se refiere a la comercialización de la madera chilena.
Uno de los principales conflictos de las comunidades
mapuches rurales de las regiones VIII, IX y X es con las empresas madereras
transnacionales, ante su invasión de plantaciones exóticas
con especies de pino y eucaliptus, que colindan mayoritariamente con ellas
y han provocado graves daños ambientales, sociales, culturales y
económicos.
Europa es el tercer mercado para Chile en sus
exportaciones forestales, luego de Asia y Norte América, con un
23% del total. El acuerdo de libre comercio incrementaría en un
5% las exportaciones a corto plazo. Asimismo, se especula que el aumento
de la demanda europea en la adquisición de productos primarios para
abastecer su industria, conllevará a más largo plazo el incremento
de la industrialización del sector forestal chileno, especialmente
por las inversiones de origen europeo, según fuentes oficiales del
gobierno de Chile.
Dicho beneficio para las empresas significará
un mayor aumento en su producción y, por ende, una mayor necesidad
de patrimonio forestal. Pero cabe preguntarse: ¿a costa de qué
y de quiénes se desarrollará esta expansión?
Las zonas donde existe mayor concentración
de plantaciones forestales son lugares colapsados, con los mayores índices
de empobrecimiento, emigración, deterioro ambiental, y con una alta
demografía mapuche. Entonces, ¿es preciso seguir destruyendo
estos territorios a costa de este seudo desarrollo, para saciar las necesidades
de los europeos?
Lo que está en juego no es solamente un
negocio redondo para los grupos económicos, sino más bien
los derechos fundamentales de personas que sufren los embates de una actividad
dañina por sí misma, en desmedro de comunidades obligadas
a convivir con estos "monocultivos industriales", en regiones que forman
parte de su territorio histórico.
Lo insólito del caso es que la evolución
internacional de los derechos humanos, los derechos indígenas y
los acuerdos internacionales sobre medioambiente, no sean para nada considerados
por los Estados europeos al momento de poner en marcha acuerdos económicos
de libre comercio, en especial cuando es justamente en ese continente donde
están las principales sedes mundiales de promoción y defensa
de esos derechos y donde se han suscrito los más importantes acuerdos
universales en este sentido.
Los Estados europeos, al consolidar un mercado
de libre comercio, avalando a las empresas forestales chilenas que sustraen
sus maderas de monocultivos en tierras históricas del pueblo mapuche,
consolidan y adquieren para sí mismos, en absoluta complicidad,
lamentables condiciones en estos territorios: un promedio de casi el 40%
de pobreza e indigencia en lugares donde existe una mayor concentración
de plantas monocultivos de especies exóticas, quedando en evidencia
las condiciones de desequilibrio y desigualdad social que provoca dicha
actividad económica.
Zonas con alta concentración de plantaciones
-como Lumaco, Ercilla , Traiguén, Angol, Galvarino, Tirúa,
Lebu, entre muchos otras-, se han convertido en verdaderos desiertos en
temporada estival, en que esteros, manantiales y ríos disminuyen
notablemente su caudal e incluso algunos se han secado por la succión
de las plantaciones de pino y eucalipto, que requieren de una explosiva
cantidad de agua para su crecimiento. Más aun, son varias las empresas
que tienen inscritos en su patrimonio los derechos de aguas en diversas
microcuencas hídricas de la VIII, IX y X regiones, lo que impide
que las comunidades hagan uso de aguas superficiales para programas de
regadío, microregadío o recuperación de suelo, lo
que refleja la absoluta desprotección e indefensión en recursos
naturales que les pertenecen por derecho propio.
Disputas territoriales con las forestales
Numerosas comunidades mapuches mantienen latentes
conflictos territoriales en predios actualmente poseídos por empresas
forestales, los que se extienden entre la Octava y Décima regiones
en el sur de Chile. Sólo en estas regiones, las empresas mantienen
un patrimonio que supera largamente el 1.500.000 hectáreas de superficie
sobreexplotadas, siendo las principales controladoras de estos terrenos
la Forestal Mininco y Bosques Arauco. Otras empresas, que funcionan con
menor patrimonio, son las forestales Volterra, Millalemu y Valdivia, entre
otras, varias de las cuales son transnacionales con una importante inversión
extranjera.
En estos últimos años, se han identificado
públicamente cerca de 50 conflictos que involucran predios de empresas
forestales en estas zonas, lo que ha producido la aplicación de
leyes represivas que han militarizado vastos sectores rurales, con serias
violaciones a los derechos humanos
En este sentido, en Europa aún no se exige
el cumplimiento de requisitos básicos para que productos chilenos
como la madera entren a su mercado. Es de esperar que las actuales condiciones
se puedan revertir y que los Estados europeos sean consecuentes con las
políticas internacionales de derecho, y remedien sus actitudes históricas
de colonialismo.
Hoy son las propias comunidades las que levantan
su voz para una nueva propuesta de relación y de avance, para frenar
estas políticas económicas depredadoras, en pro de una sociedad
humana más justa y equilibrada, para dar esperanza de un futuro
digno y equilibrado.