El Siglo Digital, Nº 184 - Año 2002

Alejandro Herrera, director del Instituto de Estudios Indígenas de la UFRO:

Orígenes: "Meter plata para neutralizar los conflictos"

Ana Muga


Si hay una política gubernamental hoy día en el tema indígena, ésta se llama Orígenes. Así lo manifiesta el director del Instituto de Estudios Indígenas de la Universidad de la Frontera, Alejandro Herrera, lo que -dice- traducido es meter plata para neutralizar cualquier conflicto. Pero suma otras críticas, como la poca participación de los indígenas y el que los programas que existían en algunas zonas serán reemplazados por los proyectos "orígenes" o simplemente dejarán de existir.
Pero, en otra de sus críticas a Orígenes, el académico es categórico: "El proyecto no tiene ninguna proyección en el sentido de estimar qué es lo que va a ocurrir después de que termine, en seis años. No hay ninguna propuesta clara de qué va a ocurrir posteriormente, no está implícita la idea de sustentabilidad del proyecto a lo largo del tiempo. En otras palabras, nos parece que el proyecto es esencialmente asistencialista. Significa entregar recursos determinados, en un periodo de tiempo determinado, en un sector de población determinado, y punto".

La cooptación de los dirigentes indígenas

Una crítica que también se le ha hecho, incluso en la prensa, es la cantidad de gente que se está financiando fuera de las comunidades indígenas, o sea que hay como una capa de intermediarios más o menos gruesa, en la que se desperdiciarían recursos ¿Está de acuerdo con esa crítica?
"Dada la magnitud del proyecto, no creo que haya fundamento para criticar el número de funcionarios que trabajan en el programa. No es ése el punto: el punto es, y como segunda crítica importante, cómo el programa a partir de una postura integracionista busca la cooptación de los líderes indígenas. En otras palabras, un buen número de los funcionarios que actualmente laboran en el programa son indígenas -en muchos casos dirigentes de organizaciones indígenas. Eso es evidente en el caso mapuche, lo que no contribuye al fortalecimiento de la organización indígena y, menos, al fortalecimiento de su movimiento. Al contrario, crea mecanismos de división dentro de las comunidades y de conflicto dentro de las organizaciones indígenas, sobre todo considerando el volumen de remuneraciones que se maneja, que sí es un tema importante a discutir".

Se ha hablado de un uso político, tendiente a dividir y neutralizar el conflicto mapuche.
"La política del Estado chileno, particularmente de los tres últimos gobiernos, ha sido la misma. Uno no puede decir que este gobierno en particular, o en este programa en particular, se pensara especialmente en la cooptación de la dirigencia indígena, porque ésa ha sido la política sistemática de todos los gobiernos hasta la fecha, y es la política del Estado chileno en general, si es que se puede hablar de una política indígena.
El primer ejemplo fue la creación de la Conadi, que significó la cooptación de los principales líderes indígenas a través de la vía de la conformación del consejo de la Conadi. Un ejemplo es el caso de Santos Millao y muchos otros que en definitiva eran los líderes fundamentales del movimiento indígena y que de un día a otro pasan a ser funcionarios del Estado.
Creo que un problema de fondo es que, en general, el Estado chileno no sabe cómo enfrentar la relación con los pueblos indígenas y tampoco está interesado en profundizar en ello".

¿La Conadi ya no estaría sirviendo para este mecanismo de cooptación y por eso aparece directamente Mideplán con esta otra instancia?
"Ese es otro punto crítico y donde puede haber, en ese caso en particular, una intencionalidad política, y es que no cabe duda que la ley mandata a la Conadi para los efectos de ejecución de programas como éste. No hay otro organismo, legalmente hablando, que tenga el derecho a arrogarse la posibilidad de ejecutar este tipo de programa. Yo quiero destacar que los mismos personeros del Banco Interamericano así lo plantearon originalmente. Ahora, que no fuera la Conadi quien asumiera el control de este proyecto, que fuera Mideplán y que además se creara un programa especial que se ha caricaturizado como la "Conadi dos", evidentemente sugiere la idea de un manejo político que busca el debilitamiento de la Conadi. Sin embargo, curiosamente es cada vez más notorio que no se puede prescindir de la Conadi al interior del gobierno y que es muy probable que su rol en la ejecución del proyecto vaya aumentando notoriamente, porque ni el Mideplán ni un programa de este tipo tienen la experiencia, los recursos ni los contactos, la trayectoria que, en definitiva, la Conadi, más allá de cualquier crítica, ha logrado establecer en su relación con los pueblos indígenas. Pero también creo que la Conadi no está dispuesta a asumir plenamente la ejecución del proyecto, porque éste arriesga grandes costos políticos y es evidente que la Conadi no está dispuesta a seguir perdiendo imagen ante la sociedad nacional y por lo tanto va a ir asumiendo algunos pasos que son de su interés pero en ningún caso la responsabilidad del proyecto".

También hay una demora en la aplicación del programa…
"Están absolutamente atrasados en la ejecución del programa. Esta primera etapa debió haber estado en funcionamiento pleno, en el desarrollo de la ejecución en terreno, el año pasado. El desfase que hay en los distintos ejes -educación, salud, etc.- es de por lo menos seis meses de retraso. Sólo para mencionar un ejemplo: el mecanismo que se va a utilizar para la ejecución de los proyectos específicos es la licitación pública, porque es el que estipula la ley en el caso de programas gubernamentales. A la fecha, entiendo que sólo algunos programas del área de la educación han sido licitados, y sin resultado porque se han tenido que declarar desiertos fundamentalmente por errores administrativos del mismo programa".

¿A qué atribuye el problema?
"Hay un problema de competencia en general de ciertas autoridades y ciertas estructuras de poder, dentro de la concepción del programa. Para decirlo derechamente, yo creo que hay personas que no tienen idea del tema indígena. El problema es que el equipo de trabajo que toma decisiones en el programa, no tiene idea de la temática indígena y piensa que nadie tiene idea tampoco. El problema es que están dialogando con instituciones y con gente que lleva 20 años trabajando en la zona, independientemente de si lo han hecho bien o lo han hecho mal".
Para el académico, sin embargo, algunos de los objetivos subterráneos del programa se han cumplido, lo que nota en la disminución de las movilizaciones indígenas, principalmente en territorio mapuche. "La preocupación hoy día, es no tanto los derechos indígenas, sino que la discusión es cómo accedemos a las platas de Orígenes. Entonces, de nuevo lo que ha ocurrido es que el Estado ha tenido éxito".

Es decir, ¿se ha logrado frenar el movimiento reivindicativo mapuche?
"En realidad, las situaciones conflictivas han disminuido en los últimos meses en relación a lo que era hace un año. Yo no tengo duda de que hay una clara penetración de la dirigencia indígena. Ahora, eso implica la necesidad de una autocrítica del movimiento indígena, que es necesaria y urgente, pero también evidentemente el Estado ha encontrado una manera más de demorar los procesos, de colonizar de nuevo. Es la vieja técnica que siempre se usa en estos casos: la mejor manera de acabar un conflicto es poner plata en el conflicto. Porque la discusión deja de ser de asuntos fundamentales, una visión de sociedad, de beneficio de grupos sociales, y pasa a ser una discusión casi individual".

Características del programa

El Programa Orígenes se ha implementado con un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, que facilitó 80 millones de dólares para un "Programa de desarrollo integral de comunidades indígenas", los que unidos a la reasignación local de recursos que aportan otros 53,4 millones, dan un fondo de 153,4 millones de dólares, administrado por una instancia creada especialmente y que depende del MIDEPLAN.
El programa, que se quiere concluir en seis años -a través de distintas fases-, se ha fijado como objetivo "mejorar las condiciones de vida y promover el desarrollo con identidad de los pueblos aymara, atacameño y mapuche", financiando cinco componentes: de fortalecimiento de las comunidades indígenas e instituciones públicas (US$6,3 millones), de desarrollo productivo (US$19,7 millones), de educación y cultura (US$11,7 millones), de salud intercultural (US$6,7 millones), y un componente de mercadeo social (US$1,1 millón).
El programa abarca las poblaciones indígenas de las regiones I, II, VIII, IX y X, comprendiendo un total de 44 comunas, esperando llegar a 26.000 familias rurales, 1.300 comunidades y 5 áreas de desarrollo indígena. Como el programa está dividido en fases, en la primera pretenden abarcar a unas 12.000 familias indígenas de cerca de 630 comunidades, de las cuales 406 serán mapuches, por conformar la mayor población étnica del país.

El sucio negocio de dividir

A un año de la puesta en marcha del "Programa de Desarrollo Integral de Comunidades Indígena" -mejor conocido por el nombre de Programa Orígenes-, con dineros facilitados por el BID, son más las críticas que ha generado que los resultados concretos obtenidos. Es así como las denuncias por irregularidades en las remuneraciones de los directivos culminaron con la remoción, a fines de julio, del Coordinador del programa en la Novena Región, Felipe Ortega, quien recibía un sueldo que superaba ampliamente los 3 millones de pesos mensuales. Tras esta destitución, el coordinador de asuntos indígenas, Jaime Andrade, admitió un ajuste en las remuneraciones del programa, pese a que, declaró, éstas son las más bajas en proyectos de estas características -alcanzando el 6,6%, comparado con el 10% que se acostumbra en gastos administrativos. Actualmente, se gastan cerca de 5.000 millones de pesos anuales en estos rubros, lo que dado el tiempo que durarían la ejecución y seguimiento de los proyectos -superior a seis años-, sobrepasaría los 20.000 millones de pesos en sueldos y honorarios de ejecutores y directivos.
Es por eso que al iniciarse una nueva etapa del Programa, se decidió introducir innovaciones entre las que se encuentra un ajuste en las remuneraciones de directivos y funcionarios, como asimismo una revisión de la labor de sus promotores. En este sentido, tras la destitución de Felipe Ortega, Sergio Castillo asumió como coordinador en la Novena Región. El nos recibió con una amable sonrisa en las oficinas del programa en Temuco y se explayó sobre los objetivos que busca la aplicación del programa, y los próximos pasos: "Yo espero que de aquí a un par de meses, las comunidades que tienen sede, que tienen saneado legalmente el terreno, que comiencen a implementar la sede, van a tener la disponibilidad de los recursos para tener un lugar donde reunirse y trabajar; en segundo lugar, en la parte productiva, espero que de aquí a fin de año haya un grupo de por lo menos 40 ó 50 comunidades que tengan los planes productivos aprobados y algunos de esos proyectos se estén comenzando a implementar; y que ojalá el próximo año todas las comunidades, estamos hablando de cerca de 400, puedan ya iniciar un proceso de inversión de recursos en su territorio y entren a un sistema que permita despegar".
Sin embargo, los cuestionamientos se ciernen sobre el programa.
Angélica Catrileo, presidenta de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos Rurales de Temuco, comparte las críticas sobre las irregularidades en las remuneraciones: "Hace un año que se está llevando a cabo este programa y no hay ninguna comunidad que esté ejecutando algún proyecto. O sea, se ha ido gastando un montón de dinero a nivel medio para arriba, que al final lo que va a llegar a las comunidades va a ser prácticamente la nada misma con respecto a la totalidad de las platas destinadas", advirtiendo también sobre la escasa participación de la gente en la asignación de los recursos. En el mismo tenor, a pocos días de hacerse públicas las altas remuneraciones de los directivos, representantes de 34 organizaciones de la sociedad civil de la Décima Región hicieron llegar una carta a la ministra de Mideplán, Cecilia Pérez, manifestando que "el pago excesivo de remuneraciones y retraso en su implementación (del programa), constituyen, a nuestro juicio, sólo la consecuencia de un proceso" que radica, especifican, "en la falta de participación" de la sociedad civil. "La iniciativa ha sido elaborada -le enrostran a la ministra- sin un proceso consultivo efectivo y su implementación ha estado marcada por la falta de transparencia y la discrecionalidad en la toma de decisiones. A nivel local, el proyecto ha iniciado sus acciones desconociendo los procesos de articulación y desarrollo local que ya venían generándose en las distintas zonas. Por su parte, las inversiones del proyecto, canalizadas sin procesos informados y abiertos, han transformado los beneficios para ciertas comunidades en malestar para otras. En breve, el proyecto ha predispuesto a dirigentes contra dirigentes y a comunidades contra comunidades, en un mismo territorio", explica la misiva. Lo que nunca se sabrá es si lo habrá entendido la ministra.


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