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Elicura Chihuailaf
Andrés Figueroa Cornejo
Arauco
Ahora estoy en Suecia junto a Juanito Cameron
y a Lasse Söderberg
Ahora estoy en Alemania, junto a mi querido
Santos Chávez y a Doris
Ahora estoy en Holanda, junto a Marga
a Gonzalo Millán y a Jimena, Jan y Aafke,
Juan y Kata
Llueve, llovizna, amarillea el viento en
Amsterdam
Brillan los canales en las antiguas lámparas
de hierro y en los puentes levadizos
Creo ver un tulipán azul, un molino cuyas
aspas giran y despegan
Tenemos deseos de volar: Vamos, que nada
turbe mis sueños —me digo
Y me dejo llevar por las nubes hacia lugares
desconocidos por mi corazón.
E.CH.
Mapuche y poeta. Poeta y comunicador. Vehículo escritural
del conocimiento oral de sus mayores. Obstetra de profesión,
Elicura Chihuailaf (“piedra transparente” y “lago
extendido”), es un ángulo principal, sino el más
notable, intelectual del pueblo mapuche. Sus expedientes lo prestigian
como ensayista, hombre de palabra primera, valiente y clara. Su voz,
y la voz de todo un pueblo, vibran a través de Elicura en el
ensayo imprescindible Recado Confidencial a los chilenos.
Nació en Quechurehue, a 75 kilómetros de Temuco, en el territorio
azulado y profundo de los originarios que durante 500 años secretos
y terrestres luchan por su geografía y su libertad. Primero contra
los conquistadores españoles y luego contra el Estado chileno.
Elicura habla pausadamente en un café del centro de Santiago vacío
los domingos.
¿Cuáles son las demandas centrales que gatillan
en la actualidad las grandes movilizaciones en territorio mapuche?
La tierra, el derecho al territorio y derechos sobre los recursos naturales.
Participación y, en algunos casos, control autonómico mapuche
de los procesos económicos sociales y culturales que suceden en
nuestro territorio, que nos permitan además recomponernos como pueblo.
El derecho al autogobierno y a la autodeterminación, consagrada
por lo demás en la Declaración Universal de Derechos de los
Pueblos Indígenas de la Organización de Naciones Unidas (septiembre
del 2007). Demandas promovidas en la actualidad por nuestras diversas organizaciones:
Coordinadora Arauko-Malleko, Aukiñ Wallmapu Ngulam / Consejo de
Todas las Tierras, la Identidad Mapuche Lafkenche, etc., y sostenidas de
modo diverso por todas nuestras comunidades.
En la inmediatez de la agenda política, dicen: la territorialidad
(la tierra en posesión de las forestales y de algunos particulares);
la ratificación sin modificaciones del Convenio 169 de la OIT; reconocimiento
de la Declaración de la ONU; reconocimiento constitucional con consulta
y participación de los pueblos indígenas.
Capitalismo y lucha mapuche
¿Qué impacto tiene la imposición de
relaciones capitalistas de vida en la cultura mapuche?
“Hay concordancia, y en términos similares, que el paso de
la propiedad comunitaria colectiva a la propiedad privada, la aberración
de la tierra como un capital (Mapuche significa Gente de la Tierra), como
objeto negociable en el mercado neoliberal ha dañado de manera importante
nuestras estructuras económicas, sociales y culturales fundamentales.
Ha incidido en el menoscabo de nuestra identidad cultural y con ello ha
afectado nuestra existencia como pueblo, pues ha provocado un significativo
y creciente proceso de emigración de nuestra gente hacia las ciudades
y la consiguiente pérdida de parte de nuestro territorio que ha
pasado a manos de particulares chilenos y especialmente de empresas forestales.
Ello redundó en el aumento del empobrecimiento de nuestra gente
y en la contaminación y deterioro de nuestras tierras próximas
a las plantaciones de pinos y eucaliptos (desaparición paulatina
de las aguas, plantas medicinales e insectos).
Y qué hablar de los megaproyectos que el Estado neoliberalista chileno
ha instalado, sin consulta por supuesto y contra nuestra voluntad, en nuestro
territorio. Los megaproyectos para los mapuche constituyen las nuevas y
modernas formas de usurpación de nuestros derechos y la ocupación
material de nuestro territorio. Por lo mismo, estamos frente a una disyuntiva
trascendental, en donde se ponen a prueba si prevalecerán los derechos,
la identidad y el futuro mapuche o se impone el propagandizado modernismo
y el progreso avasallante y depredador, declaró el Consejo de Todas
las Tierras en mayo de 1997.
Nosotros queremos un desarrollo integral y no únicamente tecnológico.
¿Es posible una alianza entre las luchas mapuche
y las luchas de los trabajadores y el pueblo chileno?
Suele decirse que “Todo pueblo que resiste tiene derecho a defenderse”,
me parece es la situación en la que nos encontramos los pueblos
mapuche y chileno. Estamos en lucha en contra del sistema capitalista,
nos oponemos al sistema neoliberal y a la colusión de su “libre
mercado”. La salvedad es que nuestro pueblo ha estado permanentemente
involucrado en esa lucha en la que al pueblo chileno le ha faltado energía.
Pero, no somos solos, no estamos solos. Me parece que una alianza (no partidista)
en tal sentido –claramente delimitada- para avanzar hacia el fin
del neoliberalismo negador a ultranza de la diversidad cultural (y de las
autonomías), es necesaria, más, es –me parece- imprescindible.
Se trata de un problema político y cultural, pero también
un problema de pobreza, de desigualdad, de participación, de libertad,
de derechos humanos amenazados y violentados.
Más aún, si no olvidamos la positiva alianza en los años
de la Unidad Popular, en el establecimiento de los Consejos Comunales Campesinos,
por ejemplo. Juntos, pero sin perder de vista, ni interferir nuestros particulares
objetivos y nuestras visiones de mundo.
Puede convertirse también en un avance hacia el urgente reconocimiento
de la hasta ahora obnubilada identidad de los chilenos (su hermosa morenidad).
¿Cuál es el camino entre la autonomía
y la autodeterminación del pueblo nación mapuche?
Hasta la invasión del Estado chileno a nuestro país fuimos
un pueblo que vivía en autonomía y autodeterminación.
El Estado chileno trasgredió esa condición y nos impuso su
nacionalidad y todo lo que conlleva. Es un Estado en cuya formación,
como bien se ha dicho, ninguno de nuestros pueblos fue partícipe,
y que hasta hoy no consulta ni permite participación a ninguno de
ellos. De ahí el claro desencuentro entre la legitimidad que
avala las aspiraciones de nuestros pueblos y la legalidad (la usurpación)
que el Estado chileno impuso a sangre y fuego.
El camino hacia la reinstalación de la autonomía y autodeterminación
se extiende ya por más de cien años. Desde el punto de vista
de lo explícito va desde el planteamiento de la Federación
Araucana (1930), en la voz de su líder –Manuel Aburto Panguilef-
que propuso una “República Indígena” federada
al Estado chileno, hasta la autodeterminación (desde los 90) y autogobierno
que ha propuesto en estos días el Consejo de Todas las Tierras a
través de su líder Aucan Huilcaman. Entre ambos transitaron
las propuestas de autonomía y autodeterminación planteadas
por los Centros Culturales Mapuche, la Asociación Gremial de Pequeños
Agricultores y Artesanos Mapuche Ad Mapu, el Centro de Estudios y Documentación
Mapuche Liwen, la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauko-Malleko,
la Identidad Mapuche Lafkenche.
La estrategia del poder contra el mapuche
¿Dónde se encuentra el epicentro del conflicto,
el lugar en el cual se resume y condensa la lucha mapuche de manera más
consecuente?
El epicentro del conflicto el Estado chileno lo puso antes en las comunidades
de Lonquimay y Alto Bío Bío, en Lumako (comunidades de Temulemu,
Didaico, El Pantano), en la zona costera (en Mehuín, Budi, Tirúa),
y ahora principalmente en la zona de Ercilla (la comunidad de Temukuikui).
Me parece que cada vez el conflicto se ha resumido en cada uno de esos
lugares, pero la diversificación de la respuesta de nuestro pueblo
en estos días ha demostrado que la lucha nuestra es absolutamente
consecuente en todo nuestro territorio.
¿Cuál es la estrategia del Estado chileno
respecto de las demandas mapuche?
Un raro “diálogo” unilateral, eufemismo del monólogo,
que han ejercido todos los gobiernos que lo han representado (con excepción
del gobierno del doctor Salvador Allende). “Están aquí todos
lo que aceptaron integrarse a la reunión”, dicen. Un diálogo
que nunca han ejercido, porque no quieren entender el protocolo del diálogo,
porque no les interesa acceder a su profundidad, porque su voluntad es
la exclusión o la integración (su hegemonismo) / la represión
/ la criminalización / la cárcel / la muerte.
El Estado chileno irrumpió en nuestro país y ésa ha
seguido siendo su estrategia: la permanente exclusión y violencia.
Con leyes que terminan favoreciendo siempre los intereses del Estado y
los de sus mercaderes, y que en estos años se ha traducido en
la criminalización y judicialización de las demandas de nuestro
pueblo, con la recurrente aplicación de la ley antiterrorista legada
por la dictadura militar (una extraña forma de terrorismo mapuche
que sólo ha venido sumando asesinados, heridos, torturados, perseguidos,
y presos políticos mapuche).
Además de los constantes intentos de división de nuestro
movimiento y su estigmatización a través de sus medios de
comunicación y las vergonzosas pretensiones de modificación
de convenios internacionales que favorecen a nuestros pueblos, como el
169 de la OIT.
Los desaciertos de la izquierda
Desde tu punto de vista, ¿Cuáles han sido
los principales problemas y errores de la izquierda chilena a la hora de
intentar incorporar las luchas mapuche a su estrategia de redención
social?
El no haber asumido que se trata de un asunto político,
pero cultural (simbólico) también. Como suele afirmarse, “no
es lo mismo ser proletario y chileno que ser proletario y mapuche”.
Y no considerar las diversidades territoriales que están implicadas
en nuestra visión de mundo, que determinan propuestas y soluciones
generales a los problemas que nos afectan como pueblo, pero también
soluciones específicas que, valga la redundancia, surgen de los
espacios diversos que se habitan y que están subrayadas en la consideración
de la totalidad en dicha visión de mundo. Es decir, el ignorar que
nuestro pensamiento contiene un centro que es el Itro Fill Mogen: la totalidad
sin exclusión, la integridad sin fragmentación de todo lo
viviente, de la vida.