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Pro y contra del acuerdo comercial
La lupa sobre el Tratado con la UE
 

RODRIGO Pizarro: se están 
exagerando los beneficios 
para Chile.
El jolgorio con que las autoridades económicas, la Cancillería y en especial el presidente de la República recibieron el reciente acuerdo con la Unión Europea (UE), tiene su explicación en que constituyó un verdadero respiro para el gobierno, luego de dos años en que la economía -contrariando los reiterados pronósticos de reactivación anunciados por el presidente y su ministro de Hacienda- fueron magros. A partir del acuerdo con la UE, el gobierno recuperó su optimismo, proclamando que ahora sí llegó el momento para la expansión económica tan esquiva. "Nunca antes como hoy, Chile está en el primer lugar en la platea de la historia", sentenció el presidente Lagos en su mensaje del 21 de mayo.

Pero, ¿tiene algún sustento tanta certidumbre? Para contestar ésta y otras interrogantes, PF conversó con el economista Rodrigo Pizarro, director de estudios de la Fundación Terram y con el economista y abogado, Héctor Vega, actualmente catedrático de teorías del desarrollo económico en la Universidad Arcis.

ALCANCES DEL ACUERDO

El actual modelo de desarrollo chileno se caracteriza por la sobreexplotación y exportación de recursos naturales, sin valor agregado; por condiciones laborales de gran precariedad, producto de la permisividad del Estado en esta materia, y una economía que muchos consideran excesivamente abierta. En este contexto, los alcances que tendrá el acuerdo de libre comercio con la UE, son una incógnita. Rodrigo Pizarro, sostiene que aunque todavía no se conoce el texto final del tratado, lo que ha trascendido, revela más beneficios que costos para Chile. "Sin embargo, las autoridades claramente han exagerado su conveniencia, para tratar de alterar las expectativas pesimistas y ganar puntos".

Contrariamente, Héctor Vega, piensa que el acuerdo no será beneficioso para Chile por varias razones. La primera es que se trata de dos economías distintas: una exportadora de materias primas y del Tercer Mundo y otra industrializada, exportadora de productos manufacturados. En el año 2000, ejemplifica, las ventas a la UE eran de 1.486 millones de euros, de las cuales los productos agropecuarios chilenos representaban 1.152 millones, un 77,5% del total facturado a ese mercado. Los productos químicos constituían el 18,2%, la maquinaria 3,9% y las textiles un 0,4%. Por su parte, Chile importaba maquinarias por 1.061 millones de euros, material de transporte por 776 millones, productos químicos por 498 millones, que en su totalidad representaban un 89,6% del total de las exportaciones de la UE a Chile. Sin embargo, para Vega, el elemento que determina y establece las ventajas en el intercambio no es el comercio, sino las inversiones. "En un mundo globalizado, son éstas las que fijan el comercio interno y externo de la economía", dice.

Según explica, esto es muy relevante, en una economía abierta como la chilena, porque en la actualidad, existen dos mil tratados bilaterales de inversión en el mundo, que cuentan con mecanismos expropiatorios y desregulatorios. Estos fueron creados en el Acuerdo General sobre el Comercio y los Servicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otorgan derechos a las empresas para solicitar compensaciones por ganancias no obtenidas. Los conflictos son sometidos a arbitraje internacional y vulneran las legislaciones nacionales y la protección del bien público. Un caso emblemático es la demanda interpuesta por la sanitaria Aguas del Tumari, de capitales holandeses, contra el Estado boliviano, que determinó renacionalizarla luego de un desastroso proceso de privatización.

Un caso aparte, señala, es el de la pesca, porque si la actual Ley de Navegación chilena autoriza un 49% de propiedad extranjera en las sociedades chilenas, el TLC con la UE les permitirá contar con la mayoría del capital, sin desgravaciones arancelarias importantes, excepto en los salmones. Además, se autorizará la pesca de barcos europeos dentro de las 200 millas, lo que implicará que las empresas europeas obtendrán un "producto europeo", capturado en Chile con procesos altamente industrializados, los mismos que casi extinguieron las especies marinas en Europa, especialmente en España y Portugal. Lo más paradojal, es que Perú, Colombia y Ecuador, sin contar con un TLC con la UE, tienen un tratamiento arancelario mejor al obtenido por Chile. En consecuencia, plantea Vega, si Chile logra tener éxito en la integración a los mercados europeos y en el desarrollo local, tendrá que cambiar su actual libreto. La inversión local y extranjera directa deberán "inventar" algo más allá de los productos básicos o materias primas. "Si no pasamos esta prueba, repetiremos en el ámbito internacional, nuestra ya tradicional experiencia de intercambios desiguales. No podemos esperar que la inversión extranjera directa solucione problemas que nosotros no hemos sido capaces de resolver".

ACUERDO Y REACTIVACION ECONOMICA

Las autoridades políticas y económicas esperan revertir la situación de desmedro de la economía nacional a través del reciente acuerdo. Sin embargo, un cambio positivo parece depender más de factores internos, de una transformación en la estrategia económica. Para Rodrigo Pizarro el acuerdo con la UE no tendrá un impacto en el corto plazo, aunque tal vez sí mejorará las expectativas. "Pero como, a nuestro juicio, el problema central de la economía chilena es el fin de un ciclo de expansión, alterar las expectativas no cambiará la situación económica. Para lograrlo, se requiere una transformación sustancial de las políticas que impulsa el gobierno".

Héctor Vega, concuerda y piensa que la crisis mundial 1997-98 y sus secuelas persisten en la economía chilena, principalmente debido al modelo seguido por la Concertación. Ha existido un mal manejo económico de la Concertación frente a la crisis. En noviembre de 1998, en plena crisis asiática, el gobierno de Frei Ruiz-Tagle preconizó alzas en las tasas de interés, lo que provocó un ajuste violento del gasto privado, la quiebra de numerosas empresas y desempleo masivo. Posteriormente, se anunciaron innumerables medidas que supuestamente revertirían la situación. Pero la realidad fue otra: a comienzos del 2000 se comprobó que el plan de reactivación sólo benefició a 2.500 Mipyme. Apenas el 5% del total, pudo acceder a los mecanismos de reprogramación de deudas y a líneas de crédito del sistema financiero. Fue este sector, el que cargó con el peso del ajuste económico para enfrentar la crisis internacional. Más del 80% de las empresas que quebraron en ese período, eran Mipyme. En junio de 2000, en el gobierno de Lagos, el desempleo en la construcción llegó a un 24% y la cesantía de todos los sectores un 11,4% (660 mil trabajadores). "Hoy, la Concertación profundiza la lógica de los programas de Pinochet para el empleo (Pem y Pojh) y las razones de la desaceleración de la economía siguen siendo mayormente internas. El modelo actual no es generador de empleo y no será el TLC con la UE, lo que modifique sus características", sentencia.

CAMBIOS NECESARIOS

Para que el acuerdo Chile-UE tenga los efectos que el país necesita, se requiere un cambio en la estrategia económica. En ese sentido, otras experiencias indican que el éxito de los países en un TLC, depende en gran medida del fortalecimiento previo de su industria. Claramente, no es la realidad de Chile. ¿Incidirá el acuerdo en un eventual cambio de estrategia? El economista de Terram, Rodrigo Pizarro, sostiene que dependerá de las restricciones para la política pública, en aspectos como inversión, propiedad intelectual y servicios, ámbitos aún desconocidos del acuerdo. Con el TLC habrá un estímulo a la exportación de productos de mayor valor agregado, debido al mejor acceso que este tipo de productos tiene en la UE. "Sin embargo, para alterar la actual situación hay que implementar cambios internos que confluyan en una nueva estrategia de desarrollo, lo cual todavía no ocurre". Héctor Vega coincide en la necesidad de cambiar la política económica interna. En un mundo globalizado y con la apertura del modelo chileno, no existen ventajas comparativas porque hay una visión estática del comercio internacional. La movilidad de los factores productivos, entre ellos el capital y la tecnología, generan desigualdad en las relaciones entre países industrializados y países productores de materias primas. Se producen procesos de "maquilización", como ocurre con la economía mexicana en su relación con la industria de Estados Unidos.

Las privatizaciones, según sostiene Vega, constituyen otro aspecto de la movilidad de estos factores. Los ítems del capital de operación (stocks y créditos) de las empresas privatizadas, son casi equivalentes al crecimiento de los fondos netos de los mercados financieros de la región. Si a ello se agregan las tarifas abusivas, cobradas por estas compañías, se concluye que los procesos de inversión extranjera provocan un drenaje de los recursos locales, científicamente organizado, y generan el tipo de modelo de desarrollo característico del caso chileno.
 
 

HECTOR Vega: hay que 
exportar más que materias 
primas
Vega piensa que para lograr un cambio real en la economía nacional no bastará con vender concentrados de cobre: será necesario refinar y fundir en Chile. Por ejemplo, Codelco tendría que incursionar en lo que podría denominarse la "cobre química" y asociarse con redes de refinación, elaboración de productos terminados, industria química, infraestructura, transporte, ingeniería, estudios y finanzas internacionales. "Esta estrategia no sólo minimizaría los riesgos de una mayor producción para saldar las deudas operacionales en un mercado a la baja, sino además, permitiría a Chile salir de su situación de exportador de materias primas y llevarlo a una segunda fase exportadora".

Si la crisis del modelo chileno ha sido provocada principalmente por factores endógenos y el gobierno insiste en más de lo mismo, en el contexto del acuerdo con la UE, ello podría significar una profundización del mismo o incluso su consolidación.

Según Rodrigo Pizarro, efectivamente el acuerdo profundiza las condiciones del modelo actual, en la medida que las reglas en cuanto a inversión, propiedad intelectual, etc., dificultan el cambio de la actual estrategia. El mejor acceso de productos con mayor valor agregado ayuda, pero no es suficiente. Se requiere una política doméstica de desarrollo. "Una agenda económica como la actual, fundada en la desregulación y disminución del rol del Estado, sólo dilatará lo que ya es evidente: el agotamiento de la estrategia de desarrollo. Además no se visualizan nuevos negocios que dinamicen la economía". El catedrático de Arcis, coincide con Pizarro y señala que el modelo chileno profundiza el desarrollo de la renta financiera y el Estado ha renunciado a cumplir su papel de orientador de la economía. Las rentas del cobre, de las concesiones y privatizaciones no lograrán aumentar el ahorro necesario para crecer a tasas superiores al 5% o 6% anual. "El modelo neoliberal de apertura de la economía, debilita las políticas contracíclicas, alentando la precarización del empleo. La Concertación ha insistido en aplicar este modelo, golpeando seriamente los derechos de los trabajadores"

MANUEL HOLZAPFEL G.


Pequeñas empresas y el mercado europeo

Las Mipyme (micro, pequeñas y medianas empresas) generan el 90% del empleo pero su aporte al PIB no alcanza al 20%. Esta contradicción es provocada principalmente por falta de apoyo del Estado . ¿Qué implicancias tendrá el acuerdo con la UE para estas empresas, considerando que en Europa cuentan con un fuerte apoyo estatal? ¿Podrán acceder a ese mercado y competir en igualdad de condiciones?

Rodrigo Pizarro sostiene que no podrán pero en la medida que mejore la entrada al mercado europeo, serán beneficiadas por los eslabonamientos con la gran empresa. "El gobierno, debería centrar los esfuerzos en este sector productivo como un agente fundamental del desarrollo a través de políticas de incentivo, capacitación y promoción. En este contexto, el Banco del Estado debería aportar a su desarrollo y no ser sólo prestamista de los grupos económicos".

Por su parte, Héctor Vega, señala que en este modelo las Mipyme son vulnerables. Las políticas del Estado hacia este sector no constituyen garantía suficiente para revertir la realidad de los intercambios tradicionales, donde casi el 80% de los productos exportados por Chile a la UE son productos primarios del sector agropecuario, pesquero y forestal. "Además, mientras, no cambien las restricciones de acceso a créditos y garantías en sus operaciones con la banca o los grandes centros comerciales, el eventual desarrollo de las Mipyme en el mercado europeo, no pasará de ser sólo una buena intención".

TRATADOS DE LIBRE COMERCIO

Además del acuerdo con la UE, Chile está en tratativas con el Mercosur y aspira a lograr un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. ¿Cuáles son las diferencias entre uno y otro y cuál es más conveniente para nuestro país?

Rodrigo Pizarro se inclina por el Mercosur porque considera que una mayor integración con este mercado es fundamental para el desarrollo de Chile. Primero, por los vínculos políticos, culturales, beneficios económicos locales, turismo, integración energética y territorial, entre otros. En segundo término, porque la oferta exportable a estos países son productos de mayor valor agregado.

En el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, indica, está claro que los beneficios comerciales sería mínimos. Los profundos compromisos que implica, en derechos de propiedad intelectual, inversiones, etc., constituyen amarres que alterarían para siempre los márgenes de maniobra de la política económica nacional.

Sin embargo, lo más grave para Pizarro es que Estados Unidos plantea el TLC como un instrumento para profundizar su hegemonía en la región. Un acuerdo con EE.UU. impediría una mayor asociación comercial con los países de la zona. "A mi juicio la integración de Chile al mundo, dado las características del actual proceso de globalización, sólo puede ser eficaz a través de América Latina y no en contraposición con ésta, como plantea el TLC con Estados Unidos".

En ese sentido opina que el acuerdo con la UE es distinto: plantea esta asociación estratégica con el objetivo expreso de fortalecer sus lazos con la región y como un primer paso hacia un acuerdo con el Mercosur. En lo político, permite limitar la hegemonía norteamericana y en lo económico puede facilitar la integración regional. Además, como la UE es un mercado más protegido que el norteamericano, la desgravación arancelaria podría aumentar significativamente el acceso de productos chilenos al mercado europeo. Otro factor positivo es que puede ayudar a diversificar el origen de la inversión extranjera en Chile, señala.

Héctor Vega sostiene que la idea central de los TLC es despojar al Estado de intervención política en el desarrollo del libre comercio. Están dotados de un marco jurídico rígido, mediante el cual la administración jurídica de relaciones queda limitada a los términos del tratado, dejando la jurisdicción de los mecanismos de solución de controversias en manos de la OMC. En la relación entre desiguales este marco jurídico privilegia siempre el acuerdo por sobre cualquier argumento basado en la soberanía nacional de las economías del Tercer Mundo. "En todos los casos el esfuerzo de la integración queda en manos del país más débil que debe acceder a las condiciones impuestas por la economía dominante", señala.

Según el economista de Arcis, Chile ha seguido una política independiente del resto de América Latina, basada en el argumento de que su economía tiene un grado de apertura que el resto no goza. Su opción geopolítica, dependiente de los designios de la política norteamericana, no puede inducir a engaño, ni en el terreno político ni económico. Separar los TLC gerenciados por EE.UU. de su intención geopolítica es ignorar su historia de intervenciones en Latinoamérica.

Vega piensa que el Mercosur está lejos de ser un verdadero mercado común. En virtud de las políticas neoliberales, el Mercosur después de la crisis de la deuda externa de los años 80, dejó en manos de las multinacionales las principales negociaciones destinadas al reparto de áreas de influencia. Con esto, se consagra una visión de la globalidad que restringe notablemente los márgenes de libertad de los Estados.

Según Vega en las sociedades latinoamericanas, la adaptación al mercado mundial ha operado tradicionalmente, a través de un modo de producción predatorio de las riquezas básicas. "La internacionalización de los procesos de acumulación históricamente locales, ha exacerbado la predación mediante la represión de las capas populares y la fuga de capitales a zonas de mayor rentabilidad. Las nuevas formas de colonialismo: los tratados de libre comercio, son parte de la práxis neoliberal mundial, que atizan la explosión social en Latinoamérica", afirma M.H.G.