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ETNIAS. ENCUESTA DEL CEP
Mapuches: ¿dónde está la identidad?
Cecilia Valdés Urrutia
CECILIA VALDÉS URRUTIA
Sabía usted que un 84% de aquellos que se autodefinen como mapuches no
habla su propia lengua: el mapudungún. Que uno de cada dos mapuches dice
no saber cuando se le pide que mencione dos ceremonias, costumbres o ritos
mapuches (un 21% menciona sólo una correctamente y un 29% las dos). Y
que al preguntárseles por la frecuencia con que realizan siete actividades,
ceremonias o costumbres mapuches, un 70% de ellos dice que no participa
en ninguna; un 17% lo hace en una, dos o tres, y sólo un 7 por ciento
concurre a las 7 actividades.
Sorprenden estos resultados correspondientes a la parte relativa a las
"Raíces, lengua y costumbres mapuches", como algunos otros de diversos
ámbitos (por ejemplo el que la UDI y el PS ocupan los primeros lugares
entre los partidos políticos escogidos por los mapuches). Se trata de
un conjunto de respuestas provenientes de una encuesta dada a conocer,
hace pocos días, por el Centro de Estudios Públicos. Sin embargo, como
puntualiza la especialista Carla Lehman, "las cifras fueron sacadas de
la muestra nacional que realiza, dos veces al año, el CEP, y los casos
son pocos. Los mapuches representan aquí sólo el 6% del universo de los
encuestados; es decir, son solamente 100 entrevistas. Es, entonces, una
submuestra de aquellos que dicen pertenecer al pueblo mapuche lo que no
permitiría hacer análisis demasiado finos", aclara la experta. No obstante,
reconoce que permite indicar tendencias: "La comparación de este trabajo
del CEP con el censo de 1992 hace pensar que estos encuestados son representativos
de una realidad".
¿Sólo tradiciones?
Los resultados, en todo caso, hablan también de una realidad observada
en el ámbito social y cultural. Y como sugiere la encuesta, entre otras
cosas, se aprecia un franco debilitamiento en la práctica de ceremonias
como el Machitún, el Nguillatún y el Wetripantu. Pero, ¿por qué este pueblo,
según se desprende de la encuesta, aparece en este ámbito tan distinto
a otros de Sudamérica? Se lo planteamos a un especialista en el tema (quien
escribió un comentario a la encuesta del CEP), el antropólogo de la Universidad
de Chile Rolf Foerster.
"Aquí está el tema de la relación entre tradición e identidad. Tradicionalmente
hacemos esta unión, pero no necesariamente es así. La identidad no se
construye sólo a partir de elementos como los tipos de vestimenta y las
ceremonias, según muchos creen, dice Foerster. Porque esa misma gente
puede salir de su lugar de origen y no continuar con esas tradiciones.
Y uno les exigiría a los mapuches que deben tener tradición, pero la realidad
es que ellos comparten nuestras costumbres y se sienten, a la vez, mapuches.
La de ellos es, además, un tipo de identificación muy sui generis, la
tienen en numerosas ocasiones sin conocer su historia y tradición. Por
todo ello, no me extraña en lo mas mínimo el resultado de la encuesta",
señala el antropólogo.
Se introduce, además, ahí, lo que él llama la paradoja Liempe, "que sería
la tónica de hoy" - agrega- . "En el sentido y por ejemplo el caso de
una amiga mapuche que me dijo: mientras más evangélica me siento, más
mapuche soy, en circunstancias que un evangélico se supone que ha abandonado
las tradiciones y la religión mapuche. Porque si existe alguna tradición
en ellos - afirma- es justamente la de no ser tradicionalista, la de no
ser esencialista".
Muchas de las identidades que existen en Latinoamérica, como en México
- según el antropólogo- , son producto del sistema colonial. "Fueron los
españoles quienes impusieron y fomentaron allí esas diferencias. Sucede
también con el tema mapuche que existe, además, una frontera mediada por
una poética compleja, que viene desde Ercilla en adelante".
Sangre, identidad
Otra de las preguntas realizadas, fue la siguiente: "¿Usted diría que
tiene mucho, algo o nada de sangre mapuche?" A lo que respondieron: mucho,
un 8,3%; algo, 43,4%, y nada, un 40,3%. Y entre los que se dijeron mapuches:
un 40% dijo tener mucha sangre mapuche; algo, un 57 %; y nada: un 1,2
%.
Esa alta cifra de un 57% de mapuches que reconoce "tener sólo algo de
sangre mapuche", al menos, causó sorpresa para los encargados de la encuesta.
Frente a lo cual, sin embargo, el antropólogo le resta trascendencia.
"Porque si este tema se relaciona con los apellidos, el mestizaje hizo
desaparecer muchos de ellos. Les daban otros. Entonces, lo que sucede
es al revés: es muy meritorio el hecho de que a pesar de que ellos conocen
uno o ningún apellido mapuche se sientan de este pueblo. Lo interesante
también es que aquí el tema de la sangre no es relevante para la identidad.
Lo que es muy sano. Están muy lejos de una concepción racista, esencialista
de una identidad... Me pregunto, además, ¿existe la sangre chilena? Para
qué molestar, entonces, a los mapuches con el asunto de su sangre", agrega
Foerster.
"El tema de la frontera hizo, además, difícil el mestizaje en nuestro
país, aunque los mapuches adoraban a las mujeres blancas" - agrega- .
En el siglo XVI, durante la rebelión mapuche en el sur, las mujeres blancas
quedaron cautivas, en manos de los caciques. Los hijos de ellos se transformaron
en figuras señeras y muchos de ellos (los hijos de los loncos) van a participar
en los tratados de paz de Baides. "Es que el mestizaje es muy valorado
entre los mapuches. Para ellos no es problemático casarse con una mujer
blanca, al contrario, da prestigio" - agrega el especialista- .
Otro de los temas que surgen de la encuesta es la visión cultural más
conservadora que tendrían los índigenas de las zonas rurales, y los de
la Novena Región versus los que viven en las zonas urbanas y en la Región
Metropolitana. Se desprende de la encuesta que quienes conservan más las
tradiciones y ceremonias son los del sur y los de más edad. Asimismo,
quienes reconocen tener más apellidos de su etnia residen más en las áreas
rurales y en la Novena Región; mientras los mapuches que dicen tener menos
apellidos (o ninguno) están en las áreas urbanas o en la Región Metropolitana.
"El hecho de que los mapuches de la Novena Región sean más conservadores
es normal - agrega el antropólogo- . Porque ahí están las comunidades.
Mientras que en Santiago las posibilidades de conservar y participar en
las tradiciones son bajísimas. En la Región Metropolitana no se han hecho
más de 15 ceremonias en los últimos años, en cambio hay comunidades del
Alto Biobío que hacen hasta cuatro ceremonias religiosas al año. Lo que
sí es increíble es que se hagan Nguillatunes en Santiago, aunque también
se sabe que los mapuches tienden a concentrarse en algunas comunas, como
en Peñalolén, la Florida, Pudahuel y Cerro Navia".
Y en relación con los conflictos suscitados en el sur habría una teoría
de que serían los mapuches de la Región Metropolitana quienes dan apoyo
intelectual a los activistas de sur. Frente a lo cual, una vez más Foerster
rompe creencias: "Lo que ha tenido más peso en la región del conflicto
es la intelectualidad mapuche formada en Concepción, que volvió a sus
comunidades. Ellos siempre regresan".
Lo cierto es que el estudio recién empieza en este sensible ámbito que
investiga el mundo cultural del pueblo mapuche. En torno a los cuales,
como se ve, surgen profundas interrogantes y distintas interpretaciones.
Apreciaciones sobre un grupo que, además, según la encuesta, por sus características
de educación e ingresos aparece más vulnerable que la población no indígena
de Chile, con un nivel promedio de escolaridad de 9 años (en comparación
a 11 años del promedio nacional), con ingresos familiares sustancialmente
menores, con creencias básicamente católicas (en un 60%), y un importante
porcentaje del 26% que se inclina por otras religiones.
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