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La Nación (Buenos Aires),
15 de agosto de 2002.
Integrantes de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA mediaron en el conflicto
entre las comunidades mapuches y el gobierno provincial neuquino. La disputa
gira en torno del problema de la contaminación del medio ambiente
que estaría generando el yacimiento gasífero Loma de la Lata,
el más importante en su especie de nuestro país y cuya explotación
está en manos de la empresa Repsol YPF.
Los mapuches ganaron en 1997 un juicio que obliga al Estado neuquino a proveer regularmente agua potable a cada uno de los habitantes de sus comunidades y a controlar la contaminación ambiental. Ante el incumplimiento del gobierno provincial, los mapuches pidieron la intervención de la CIDH, que envió representantes al lugar y visitó la zona, además de establecer un diálogo con todos los sectores en pugna.
Debe tenerse en cuenta el largo tiempo transcurrido desde las primeras acciones legales acerca de este asunto para comprender que se trata de un pleito más entre los muchos que al poder público le cuesta resolver, por múltiples razones. Cabe destacar, de cualquier manera, la inquietud de los grupos indígenas, que han sabido hacer escuchar sus peticiones y convocar a una entidad internacional para tratar de que se satisfagan.
Nuestros gobiernos nunca se han destacado, por lo menos en términos generales, por la prontitud con que atienden estas reclamaciones. Es auspicioso que estas quejas hayan sido consideradas en un pie de igualdad con otras. Las comunidades indígenas están demostrando una sostenida capacidad para encarar sus problemas por vías que superen las tristes historias del pasado, signadas por el abuso y el maltrato, llevado a veces hasta el exterminio. Que esos grupos humanos puedan integrarse con la sociedad nacional, como cualquier otro sector ciudadano, es una perspectiva que debe ser valorada en forma altamente positiva.
El proceso de integración
se desarrolla según diferentes niveles y con resultados no siempre
iguales. Los mapuches, en particular, vienen probando, desde hace bastante
tiempo, que son capaces de alcanzar una meta ampliamente deseable: incorporarse
a la vida nacional sin abandonar su cultura ni renegar de su rico pasado
ni de sus objetivos comunitarios.
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