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"Exigimos permanecer en el lugar donde descansan nuestros abuelos y donde nuestros hijos puedan continuar con nuestra milenaria manera de vivir", dijeron con la voz entrecortada por la angustia, frente a la amenaza de perder el lugar en el que viven y en el que, contaron, se prevé construir una cancha de golf.
La Aripuca misionera, a 5 kilómetros del centro de Puerto Iguazú (lugar turístico próximo a las tierras donde viven las comunidades aborígenes) ofrece un paisaje exquisito y en ese contexto, delante de un monumento hecho de troncos de árboles —aclararon que no fueron arrancados, sino que los hallaron ya sacados de la tierra—, se presentaron el martes dos coros aborígenes: el Coral Avá Guaraní, de Foz de Iguazú y el Cantoral Guaraní, de Puerto Iguazú. Tanto el coro brasileño como el argentino estaban integrados por niños y entre ellos, algún futuro cacique. Los varones con sus torsos desnudos y a cargo de la ejecución de los instrumentos (guitarra, violín, maracas), todos (chicos y chicas) con sus vinchas y su vestimenta regional y tomados de las manos, interpretaron canciones en su lengua.
Los jóvenes del coro brasileno entonaron sus canciones. El coordinador expresó que en ellas pedían a su Dios fortaleza, paz y tranquilidad.
La Compañía Foz de Teatro, de Brasil, representó en la Plaza de los Niños, Doroteia, la historia de una mujer a la que, antes de la luna de miel, se le mueren todos sus maridos. En el final hubo malabares con fuego y un muñeco gigante.
Un grupo de Formosa, Litea, puso en escena el unipersonal Dionisia, la menora —en el Paracultural de la Selva, única sala teatral de Puerto Iguazú—, del dramaturgo correntino Mauro Santamaría. Esa pieza, cuando iba a ser estrenada en 1991 en la provincia de la que es oriundo el autor, fue prohibida por resolución de la Subsecretaría de Cultura provincial, según recordó Santamaría a Clarín. El autor contó que actualmente su obra se representa en colegios de la provincia de Buenos Aires, con debate posterior. Trata sobre el drama de una campesina que sufre el abuso de los que especulan con su ignorancia.
También fue el turno de la Compañía Teatral Itaipú Binacional, con la obra San Blas Ara Pe Guaré. Como cierre de la jornada del martes, dos actores uruguayos hicieron en la carpa instalada frente a la Plaza San Martín, Murga madre, la historia de dos personajes que sueñan con la murga. Los protagonistas mostraron en el escenario gran capacidad histriónica y muy buenas voces.
La gente sigue respondiendo masivamente
a la convocatoria del Festival, que ofrece espectáculos con entrada
libre y gratuita en una zona que no cuenta con una infraestructura teatral.
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