Pregunta: -¿Puedes explicar las causas de tu detención y de lo que se te acusa?
Juan Carlos Reinao: -La primera detención
se produjo el 14 de Octubre, en esa
fecha nosotros realizamos una manifestación.
En esa oportunidad unos 80 policías nos
detuvieron a 27 mapuche, 11 hombres, 6 niños
y 10 mujeres. Después nosotros
continuamos pacíficamente a obstruir
el trabajo de la empresa, la policía intervino en
repetidas ocasiones en contra de nosotros,
no nos quedó otra cosa que defendernos de
esos ataques produciéndose nuevos incidentes
entre policías y mapuche.
Nuestros hermanos que participan en esas manifestaciones
son analfabetos y se dicen;
prefiero morir luchando que morir de hambre,
ya que es esa la situación en que nos
encontramos.
Luego se produjo un enfrentamiento con gente
que trabaja en la Forestal y que son
guardias de seguridad, ellos nos atacaron
y nosotros respondimos.
Pregunta: -¿Dónde ocurre todo esto?
Juan Carlos Reinao: -Cerca de Lumaco en el
fundo Pidenco donde Forestal Arauco
está explotando una plantación
que nosotros mismos sembramos, ellos ya se adueñaron
de todo eso porque tienen mucha plata. Este
campo tiene 1.400 hectáreas y fue aquí
que se produjeron los hechos en el cual se
quemaron tres camiones, fue un acto en el
cual nadie se dio cuenta de la gravedad, todo
el mundo decía prefiero morir luchando
que morir de hambre, fue un acto espontáneo
y del momento. Producto de esto fue que
el gobierno interpuso un requerimiento de
aplicación de la ley de Seguridad Interior del
Estado acusándonos de terroristas,
de violentistas, todo eso ocurrió el 1° de diciembre.
Así, el día 6 procedieron a mi
captura en el campo mientras regresaba a mi casa, unos
25 policías que tenían orden
de dispararme si yo me arrancaba, me apuntaron todos e
interceptaron el bus y amenazaron a toda la
gente que solicitaron que pasaba conmigo,
yo no tenía nada sobre mí, ninguna
arma porque yo nunca he tenido.
Así procedieron a llevarme a unos 80
kilómetros de la zona de Arauco, a la IX Región
donde me pasaron e un retén de carabineros
y luego me trasladaron a otra zona, como
a eso de las diez de la noche, aquí
me dejaron solo en una sala de cemento y con el
suelo medio de agua, aquí pasé
la noche muerto de frío.
Al día siguiente me tocó un interrogatorio,
como a eso de las 9 de la mañana hasta
como eso de la 4 de la tarde, aquí
recibí amenazas y grabaciones de mi madre en las
cuales se escuchaban sus llantos, ya a esa
altura no comencé a entender nada, los
policías me decían que yo era
el hombre clave de todo el atentado que había ocurrido,
yo no tenía ningún antecedente
de lo que había ocurrido, no conocía mayormente el
hecho.
Como a eso de las 11 de la noche me trasladaron
a otra sala, incomunicado en una sala
obscura en la cual uno pierde la noción
del tiempo, no sabe qué día es, ni qué hora es,
lo único que recibe a cada momento
son amenazas. Aquí pasé entonces toda la noche y
como no llevaba ropa me entumí de frío
con los pies en el agua.
Al día siguiente me desperté
ya con sol y me encontré en una camilla botado con
algunos doctores a mi lado, ellos siguieron
interrogándome y diciéndome que dijera la
verdad, que les aportara, entre ellos me acusaban
que era terrorista y que entregara
todo el armamento.
Yo como dirigente social nunca he pensado
en eso, no tenía conocimiento de ningún
grupo armado, yo sólo con mi intelectualidad
llevaba un grupo de gente a recuperar sus
tierras.
Al tercer día me dejaron en un baño
colgado con los brazos atrás, fueron los días más
duros que tuve. Después, creo que fue
como el día miércoles me trasladaron a una sala
donde tendrían que aplicarme corriente,
aquí en este lugar me amarraron los testículos y
brazos con ligas, seguían mientras
tanto solicitándome que aportara a la investigación.
De hecho como yo no era terrorista, ni tampoco
tenía antecedentes mayores, no tenía
nada que aportar, tampoco se me ocurría
nada a inventar. Así pasé también esa etapa
en la cual seguí recibiendo amenazas,
en una de esas me recuerdo que me colocaron un
arma en la cabeza con la bala pasada y dispararon
al lado mío. Yo no tenía temor y me
dije si muero por mi pueblo, por nada más,
eso decía yo y minuto que pasaba era
minuto de vida más que yo tenía.
Al fin nunca sentí temor, y me decía
que si moría por esta causa era un orgullo para mí,
ese era mi pensamiento, y de colaborar nada,
ya que no tenía antecedentes de lo que
ellos me preguntaban. Todo eso fue duro para
mí y la ley chilena establece que uno
puede estar 5 días incomunicado y yo
por ser joven y por tener una capacidad de
estudios mayor que el resto de mis compañeros
me tuvieron 7 días incomunicado y la
ley chilena no dice nada, para uno así
queda en evidencia el racismo que existe contra
nosotros y el acto discriminatorio.
Luego me trasladaron a Temuco frente al ministro,
eso fue el séptimo día y luego de la
entrevista con el ministro me llevaron nuevamente
incomunicado a un calabozo de
cemento con alambres, me mantuve aquí
diciéndome siempre que estaba luchando por
mi causa y que no tenía antecedentes
de lo que se me preguntaba.
Aquí todo el mundo me trataba mal, el
que pasaba se permitía de pegarme, bueno eso
parece que es la realidad que vivimos los
mapuche acá en Chile y eso sin
reconocernos.
Bueno, aparte de eso hay una serie de torturas
más que ellos aplican, a mí me dejaron
entumirme, me esposaron todo el tiempo durante
el régimen de tortura, durante los 7
días de tortura me tuvieron que llevar
tres veces al hospital y los certificados del
hospital cuando los pedí se les perdieron
todos.
Hoy, aunque pasé todo eso, que es duro,
seguiré luchando, soy joven y los hermanos
me reconocen. Finalmente me digo que es un
acto de injusticia más que comete el
Estado. Creo que nuestros antepasados han
sufrido mucho más, y mis padres por el
hecho de vivir en un terreno reducido sufren
y yo no quiero sufrir como sufren ellos, es
por eso que pienso que es necesario luchar
y que es la única forma de decir que somos
autónomos y que nos respeten de una
vez por todas y por eso voy a seguir luchando.