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| Un
reclamo secular resuelto en 4 meses por el estado local La petición de las comunidades aborígenes de la zona rural de Tartagal de convertirse en reales propietarios de las tierras que habitan desde tiempo inmemorial reconoce muchos años de gestiones y reclamos. Los pedidos siempre fueron atendidos pero las solución definitiva se concretaron el jueves, cuando el gobernador, Juan Carlos Romero, efectivizó la entrega de las escrituras a las comunidades del ex lote fiscal 4, cumpliendo así un compromiso que había asumido en octubre del año pasado. En el referido mes y en 2002 se dieron los reclamos más fuertes respecto de la posesión de las tierras por parte de los aborígenes tartagalenses, en su gran mayoría de la etnia wichí. En 2002, el reclamo fue incluido dentro de un petitorio de 22 puntos elevado al Poder Ejecutivo provincial con la firma del cacique Indalecio Calermo y otros dirigentes aborígenes. En el documento figuraban otros pedidos que también fueron resueltos el jueves, como la construcción de viviendas para los habitantes de esas comunidades, la integración de mayor número de maestros bilingües, planes sociales y ayudas concretas en herramientas y materiales diversos. Cabe recordar que en aquella ocasión un gran número de aborígenes -alrededor de 500- llegaron a la capital provincial y se instalaron en el río Arenales bajo el puente de avenida Paraguay, donde permanecieron varios días, hasta que sus reclamos más urgentes fueron atendidos. En esa oportunidad Calermo conmocionó a la comunidad salteña con la amenaza de inmolar algún integrante de la comunidad para lograr soluciones, lo que finalmente no ocurrió, gracias a la oportuna intervención de la senadora Sonia Escudero y funcionarios del Ejecutivo provincial. Los partidarios de Calermo reclamaban también la titularidad del Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta (IPPIS) para el cacique wichí de Misión La Mora. Por ese entonces, las autoridades provinciales explicaron que no era posible la entrega inmediata del Lote Fiscal 4, fracción de unas 14.000 hectáreas, porque la mensura no estaba concluida. En octubre del año pasado, la crisis se desató cuando el IPPIS fue intervenido ante las irregularidades cometidas por la conducción del organismo, que fueron detectadas por el Ministerio de Gobierno a través de auditorías. La conducción aborigen quedó dividida en dos bandos: Uno, el del cacique chorote de Rivadavia Banda Norte, Emilio Díaz, entonces presidente del IPPIS y el de Calermo y el resto de la dirigencia tartagalense, que apoyaron la intervención solicitando la titularidad de las tierras del Lote Fiscal 4. En esa fecha, el ministro de Gobierno, Osvaldo Salum, y la senadora nacional, Sonia Escudero, asumieron públicamente el compromiso de la provincia de agilizar al máximo los trámites para concretar la entrega de escrituras, lo que se cumplió. |
En una ceremonia realizada el jueves en Misión La Mora, el gobernador de la Provincia, Juan Carlos Romero, entregó las escrituras de propiedad a los caciques de 21 comunidades indígenas que pueblan lo que hasta hace 48 horas era el "lote fiscal 4" y que ahora tiene como dueños a sus 2.100 habitantes.
Los beneficiarios son 300 familias de las etnias wichí -la más numerosa- chulupí, chiriguana, toba, chorotes y ava guaraníes, en su gran mayoría habitantes ancestrales de la región, aunque hay algunos que se asentaron en el área a fines del siglo 19 y en la tercera década del 20.
Romero, que estuvo acompañado por el vicegobernador, Walter Raúl Wayar, hizo, además, importantes anuncios para las comunidades, como la implementación de un nuevo plan de viviendas -que se construirán en breve- basado en proyectos arquitectónicos elaborados por los propios destinatarios, a objeto de que las unidades no constituyan un cortocircuito para sus costumbres.
El lote 4, se halla a 30 kilómetros al oriente de Tartagal, sobre la ruta nacional 86, que empalma con el punto tripartito donde se unen las fronteras argentina, boliviana y paraguaya. Las escrituras de propiedad entregadas por el mandatario no son individuales, sino comunitarias, por el propio pedido de sus jefes, ya que su cultura no concibe las potestades individuales sino que exige el esfuerzo colectivo para la supervivencia.
Las misiones beneficiadas son Tonono, Kilómetro 6; Cacique Cambai; Lapacho II; Monteveo; Tobas I; La Mora; Curva del Talar; Sacha Pera; Kilómetro 4; El Paraíso; Pacará; El Cruce; Chorote; La Esperanza; Pablo Secretario; Lapacho I, Siwog, Kilómetro 18, Cherenta y 9 de Julio.
Cabe destacar que las dos últimas no están ubicadas en el lote 4, sino en 600 hectáreas linderas. La tenencia de la tierra constituía una lucha centenaria por parte de los aborígenes.
En el área habitan 300 familias, que involucran a 7 miembros por grupo como promedio. La ceremonia efectuada el jueves, cerró la primera parte de un capítulo destinado a mejorar la calidad de vida de los pueblos originarios y certificó una promesa realizada en tal sentido por el jefe del estado en octubre de 2003, en una reunión sostenida en la capital con los caciques de la zona, que llegaron a la ciudad encabezados por el jefe de Misión La Mora, Indalecio Calermo.
La segunda parte, se desarrollará a partir de la impulsión de proyectos para el desarrollo del área, para los que se han previsto apoyos técnicos oficiales vía Ministerio de la Producción e Instituto de Pueblos Indígenas de Salta (IPIS)y para los que existen recursos provinciales estipulados.
Romero anunció, además,
que a fines de año se concluirán las tramitaciones para entregar
en los mismos términos, las tierras a las comunidades aborígenes
asentadas en el lote fiscal 55, en el departamento de Rivadavia, a la ribera
del río Pilcomayo y cuyos moradores son representantes de las etnias
wichí y guaraní.
Las casas
Por otro lado y tras la entrega de las carpetas a los caciques, el mandatario anunció la construcción de 100 viviendas, que se distribuirán en las siguientes misiones: 20 en Lapacho I; 20 en Tranquitas; 20 en Kilómetro 6 y 20 en La Mora, todas en jurisdicción del municipio de Tartagal. Las 20 restantes se edificarán en la Misión San Francisco, de Pichanal.
"Este emprendimiento lo ponemos en
marcha como una reivindicación histórica de los pueblos indígenas",
dijo Romero, al tiempo que agregó que sus diseños "serán
según lo propongan propongan sus propios destinatarios para que
se transformen en un verdadero hogar, al respetarse sus usos y costumbres",
enfatizó.
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