El Tribuno (Salta), 12 de octubre de 2002.
La opinión
por Miguel Angel Cáseres
(*)
"Si los opas volaran, Salta viviría
nublado". La frase forma parte de una dulce venganza de nuestros hermanos
los "cotos" jujeños, que nos endilgan injustamente el monopolio
de la opería.
En el mejor de los casos, nosotros
tenemos una raza especial, que son los "opas solemnes", como diría
el Cuchi Leguizamón. A nuestra cosecha propia pertenecieron los
recordados Ataranca, El Marcao, Pan Largo, Ripitipe, Chocolate, Aujero,
Bombilla, Coto Zapallo, Tres Tres y tantos otros que, como buenos opas,
siempre hicieron travesuras y macanas, pero no eran malos de intenciones.
Ricardo Palma hizo famoso a uno
que vivía en Lima allá por 1870, conocido como "Chi Cheñó",
pues a más de pocas palabras era tartamudo y desdentado, y a todo
respondía de esa manera.
A esta altura del partido, todos tenemos algo de Chi Cheñó. De lo contrario, alguien debería explicar por qué los educadores siguen repitiendo que el 12 de octubre de 1492 Colón descubrió América, cuando se sabe que los vikingos, 500 años antes, fueron los primeros que cruzaron el Océano Atlántico. Que Europa salvó a América, cuando fue a la inversa. Que fue un encuentro de culturas, y no se dice que, como resultante de esa "convivencia", se produjo un genocidio.
Como botón de muestra cito
a Rosemblat, quien nos informa que en 1492 el marco antillano poseía
una población de un millón de personas, y en 1501, nueve
años después, sólo quedaban diez mil. El "mundo civilizado"
grita a los cuatro vientos que una muestra de madurez es el respeto a la
justicia, la vida y la convivencia internacional. Y bajo ese paraguas exige
el pago de la deuda externa, que sólo tiene la justificación
de retribuir a sus "empleados americanos", fieles ejecutores de la política
de latrocinio.
¿Por qué no ponen
igual énfasis en atender el reclamo del Colegio de Economistas del
Perú, que solicita la devolución de 647 mil millones de dólares
por todo el oro y la plata expropiados, lo que representa un importe 32
veces mayor que su deuda externa.
El tema es encontrar las vías de una convivencia real y no formal. Revalorizar el concepto de autodeterminación de los pueblos. El Inca Yupanqui fue convocado en 1811 a la Corte de Cádiz para opinar sobre el déspota imperialista Napoleón Bonaparte, que mancillaba la dignidad del pueblo español. Y dijo: "Un pueblo que oprime a otro no merece ser libre".
Mientras tanto, nosotros seguimos
comprando espejitos en la feria del Fondo. La deuda externa llegó
junto a las carabelas. Chi Cheñó.
(*) Poeta, investigador e historiador
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