Centro de Documentación Mapuche Documentation Center
Viedma, 16 de mayo de 2004.

Una mina de sal atesora el misterio de pueblos prehispánicos
"Río Negro" visitó las cavernas de Truquico. Su explotación fue clave para los pehuenches.



La presencia humana se remonta a unos mil años. Las cavernas de sal gema por primera vez se abrieron a un medio de prensa.



La explotación de la sal de Truquico fue clave para la economía pehuenche.

A Valentín Albarral (77) la mina le dio salud. "Nunca un resfrío ni otra enfermedad", dice.

CHOS MALAL (enviado especial).- La primitiva entrada a la caverna de Truquico baja en picada con forma de espiral desde el techo de un cerro sin nombre cuyas entrañas atesoran una parte de la historia arqueológica de la Patagonia.

Esa boca, a través de la cual se lanzaban los indígenas, perfora el cerro de alma salina y fallece en enormes galerías de techo cóncavo donde ligeras gotas de agua lloran mineral y alimentan las estalactitas, delicadas columnas cristalinas que punzan el aire.

En el interior, las luces se opacan, el silencio engorda y -a cada paso- los brillos de la paredes se hacen más nítidos. Los colores de la sal gema brotan desde los laterales: van del rosa al negro y, desde allí, a un blanco inmaculado, perfecto, producto de alguna filtración que chorrea lenta e incesantemente.

Un equipo periodístico de "Río Negro" llegó al corazón de la mina de sal de roca de Truquico, a unos 70 metros de profundidad, siete kilómetros de la ciudad de Chos Malal y a unos pocos pasos del río Neuquén.

La recorrida fue a través de túneles y galerías, y por encima de precarios pasadizos sepultados por el tiempo.

En ese lugar, mientras fugan los murciélagos, se palpa el misterio de un extraño mundo tallado por el hombre o, más bien, por muchos de ellos.

Hace cientos de años, pueblos prehispánicos, premapuches y preincaicos -asegura una publicación del arqueólogo Jorge Fernández- comenzaron con la explotación minera de este sitio que, más tarde, con el desembarco colonizador español en Chile, fue clave para la economía los los pehuenches.

Es que, comercialmente, la sal gema llegó a ser tan importante como hoy lo es el petróleo. Una bolsa de sal por una de trigo, trocaban los aborígenes a los españoles.

"Esta sal es buenísima para l carne, de acá sacamos cuando hacemos los asados", afirma Antonio Espinoza, de 60 años, y con más de cuatro décadas viviendo en la mina de sal.

El hombre termina la frase y arranca un pequeño terrón cuyo blanco sería la envidia de la más lograda propaganda de jabones en polvo.

"Mire lo que es", remarca, y entrega el mineral al visitante.

Espinosa sigue caminando y desvía la lámpara a kerosén hasta una oquedad leve y en pendiente. Baja hacia ella con agilidad felina e invita al forastero; agacha la cabeza y desaparece. También se va la luz.

"Venga, venga, no se asuste", convida.

Antonio está recostado contra los escombros de tierra y sal. Sonríe con gesto de hombre que conoce el paño y señala rectángulos que son huellas de los bloques de sal que, durante varios cientos de años, arrancaron de la mina los primitivos habitantes de la región.

"Por acá se metían los indios" dice Espinoza y muestra un camino imposible, devorado por las sombras que, aquí abajo, son mucho más que oscuras.

Antonio sabe de asados pero no supone hasta dónde se remonta la relación entre la carne y la sal d Truquico: entre 800 y los mil años. Es decir mucho antes de que el hombre blanco llegara a esta parte del planeta.

La presencia aborigen está avalada por el hallazgo de impresionantes hachas salineras de piedra, enmangadas con madera. Y también en las valvas de río, trozos de tejido, puntas de flecha, semillas de araucaria y otros elementos tales como una suerte de tinaja en la que transportaban la sal.

"Truquico es una formación natural muy interesante. Y un espectacular sitio arqueológico, hay allí sal de roca de gran pureza; es un gran grano natural de sal cuyo dominio le dio a los pehuenches la posibilidad de negociar en pie de igualdad con los españoles", afirma Luz Font, especialista en geografía histórica y patrimonio cultural. La sal, está claro, era un bien estratégico.

En el siglo XVII, cuentan las crónicas de la época, para los españoles que ocupaban Chile la sal trasandina eran más peligrosa y dolorosa que las mismísimas lanzas araucanas. Y los problemas intestinales menguaban su poderío conquistador.

Por eso, la mina de sal de Truquico fortaleció un amable y conveniente intercambio con los habitantes del norte neuquino.

Dentro de la cueva, flota la magia de las viejas historias y descansan los fierros que fueron parte del apogeo de la explotación huinca durante el siglo pasado. La sal gema es vital para fortalecer al ganado y -por su condición de mineral soluble- su uso era ampliamente divulgado en la explotación petrolera. Esqueletos de camionetas, de carretas y otras chatarras testimonian la prosperidad que tuvo el yacimiento cuando Bertoldo Weinmann era el dueño de la mina. Ahora, la explotación está prácticamente paralizada.

Espinoza cuenta que, a los 16, sólo lo dejaban trabajar afuera, en la molienda. "Había que tener 18 para poder entrar", recuerda.

Piel curtida y mucha maña es el máximo experto activo de la vieja mina.

Antonio da un dato: "nunca tuvimos accidentes adentro, afuera sí" y también revela que el aire cargado de yodo y sodio espanta microbios y fortalece la salud.

Fue, precisamente, la acción mineral la que permitió la fantástica conservación de las hachas, entregadas una a una por Weinmann al museo local.

Dentro de las cavernas se distinguen un par de orificios bloqueados donde permanecen encriptados algunos secretos del accionar aborigen. El sitio, profundo y misterioso, merecería ser patrimonio cultural de la provincia. Pero es poco lo que se conoce puertas afuera de los círculos científicos. Protegida por el mineral, dentro de la cueva, llegaron a encontrarse cabellos humanos adheridos a la sal y hasta una aguja de hueso enhebrada con un cordón tejido.

Una hora después del viaje subterráneo, la luz exterior es cegadora y los rumores de nieve cercana se traducen en frío concreto. Las lenguas no pueden evitarlo y van al contacto de la sal. La mente decodifica mensajes conocidos, y enseguida se pierde en un exquisito laberinto de enigmas y sombras.
 

Unos 200 metros de galerías

CHOS MALAL (enviado especial).- La mina de sal de Truquico tiene tres enormes galerías que, en total, suman más de 200 metros de excavación. En algunos lugares el techo está apenas a dos metros de la base y en otros supera los 15. Las galerías se sostienen con vigorosas columnas de mucha sal y de poca roca. Adentro, hay pequeños huecos que comunican una galería con la otra y muchos agujeros bloqueados por tierra o material de descarte de la misma explotación. El cerro donde está el yacimiento es conocido como mina Don Carmelo, tiene unos cien metros de altura y está perforado como un queso gruyere. Se cree que los indígenas tomaron como base una oquedad natural y avanzaron con la excavación a la que le dieron forma de espiral. Aunque no hay indicios concretos, se estima que la sal se usó para secar la carne de guanaco y de otros animales para hacer charque o charqui.

Si bien la datación más antigua de la mina Truquico (cuya traducción es "agua o arroyo del chimango) se fecha en los mil años, los poblamientos aledaños habrían estado en los cuatro mil o cinco mil.
 

"Se hablaba de ánimas"

CHOS MALAL (enviado especial).- Valentín Albarral, de 77 años y jubilado, cuenta que algunas veces "se hablaba de ánimas que andaban penando, yo nunca escuché nada y hasta de noche trabajé", se pone ancho. La relación con la mina le secó la piel pero le dio salud.

"Nunca un resfrío ni otra enfermedad, anda en bicicleta, trabaja la chacra y atiende la casa", agrega su esposa y deja entrever presuntos dones purificadores de la sal gema. Valentín vive en el barrio Don Bosco de Chos Malal, tiene siete hijos y más de treinta nietos. Habla con emoción de los tiempos en que Bertoldo Weinmann explotaba la mina y se pregunta dónde fueron a parar las hachas que encontraron en los túneles, ahora tapados, que cavaron los indígenas. El anciano es delgadísimo y habla bajo. Sentado a la mesa de su casa recuerda que "nunca nos faltó nada" y nunca hubo nada extraño en la mina de sal. Cuenta que desde todas las estancias de la zona llegaban a buscar sal de Truquico y garantiza que "muy buena para todo el ganado". Valentín espera que alguna vez se pueda restablecer la explotación minera y tiene muchas palabras de agradecimiento para Weinmann (ya fallecido) y para quien lo sucedió a cargo de la administración.

Para Valentín no hay otro cerro con tanta sal como el de la mina. "En los otros, la hebra se corta enseguida, éste es como si fuera un bolsón de sal de roca", cierra con una precisa metáfora.
 

La fabricación de hachas

CHOS MALAL (enviado especial).- "Las hachas neolíticas carecen de cuello u hombros, lo que las diferencia de otros tipos presentes tanto en la región andina más boreal, como en las llanuras y florestas chaco amazónicas", afirmó el desaparecido arqueólogo argentino Jorge Fernández.

El investigador, en su trabajo Cronología y Tecnología de la Hachas Salineras de Truquico, explica que el "rasgo del hacha lítica chileno-neuquina trasunta una diferente modalidad de enmangamiento". Fernández da cuenta que en "sólo en la antigua mina de sal gema de Truquico han sido encontrados ejemplares conservando todavía el mango de madera", gracias a la protección del mineral que impidió que se degradara.

El científico desconoce "qué pueblo o pueblos indígenas del pasado neuquino, fueron poseedores de los recursos necesarios para el desarrollo de la minería subterránea" y apunta un detalle sobre la técnica de enmangamiento.

La misma se le reconoce a los indios guaraníes o guayakíes y consiste en "la inserción de un lito (piedra) en árboles vivos. "El indígena habría excavado el alvéolo apropiado en la rama de un árbol viviente, insertando el lito en la oquedad y aguardando a que el crecimiento vegetal completara la tarea. Los tejidos retorcidos o mal formados que siempre se observan en el extremo del portahachas, habrían resultado de los procesos de cicatrización del vegetal, y serían la comprobación del método empleado, similar a la técnica guayakí pero no totalmente igual a la misma", señala el investigador.
 

El sodio de un mar sepultado

CHOS MALAL (enviado especial).- La formación del cerro con alma de sal gema en el que se ubica la mina Truquico obedece a acontecimientos geológicos que confluyeron en el período Cretáceo inferior, hace unos 130 millones de años.

La mina de sal de Truquico (así como otros yacimientos de menores proporciones y otros a cielo abierto) se ubica en lo que se denomina formación continental Rayoso que, a su vez, está posada sobre un añejo mar del Jurásico Superior (con una antigüedad de más de 130 millones de años).
 
 

Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
Copyright 2003