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Los Andes (Mendoza), 2 de junio de 2003.
En su primera versión,
hace ya casi diez años, el Encuentro - de tres días- fue
un gran intento convocado por las provincias que se escalonan en el oeste
argentino. Se trataba de interpelar a los hacedores de cultura de una larga
región, desde los conocidos y oficiales hasta los más o menos
anónimos. Protagonistas todos de la vida que se recuesta sobre la
Cordillera de los Andes y se enhebra en ese espinel geográfico y
humano que es “la ruta 40”.
Intuyendo que algo de común e identificatorio nos une, pero sin saberlo con claridad. Conscientes de que tiene que ver con el paisaje, con el pasado, con la montaña y la estepa, con las raíces; pero sobre todo con el presente y con el futuro. Ilusionados por el fervor de un encuentro fraterno pero advertidos de que entre nuestros oasis median largos desiertos; y no sólo los de la arena y el viento, sino los de la incomunicación de mucho tiempo, el centralismo desmembrador, y los equívocos de un país construido en gran medida contra la naturaleza y la historia.
La experiencia fue rica y deslumbrante. Pero no se pudo repetir, sobre todo por falta de recursos económicos.
El 2º y 3º, ya más modestos en lo abarcativo pero no en los resultados, se centraron en Mendoza y su entorno. Miramos la historia y el paisaje, las tradiciones vivas y las que murieron o están escondidas. Lo que nos dio la naturaleza y construyeron quienes nos precedieron. Escuchamos la historia desconocida de Guanacache, la rebelión de sus laguneros, el enigma de Santos Guayama. Las particularidades de los huarpes, sus bellas artesanías y cantos, como también, aunque en menor medida, las de tehuelches y pehuenches. Nos ilustramos sobre los mitos regionales y en definitiva sobre los mecanismos fundadores de todos los mitos. También discutimos sobre la constitución física y arquitectónica de la ciudad de Mendoza, con todo lo que revela y las preguntas que deja pendientes. Debatimos sobre la Fiesta de la Vendimia, su formato inflexible de gran espectáculo frente a la multiplicidad de cosas que podrían nutrirla.
El 4º Encuentro
Esta vez intentamos algo sumergido en lo contemporáneo, en diálogo con los hacedores musicales hoy. Por lo nuevo pero en íntimo vínculo con la perpetua identidad, “el rostro conocido y desconocido de nosotros mismos, aquello que nos da gusto, alegría y sueños, pero también miedos y rabias. Los misterios que nos hacen elegir a Mendoza y también, a ratos, ganas de olvidarnos de Mendoza”.
Se desarrolló una primera mesa redonda, “Experiencias musicales de renovación”, donde los propios hacedores formularon sus búsquedas y experiencias, el salvar las raíces y la savia perpetua con el vibrar musical y poético de nuestros días, diálogo de la vida y el tiempo. Polo Martí, Sandra Amaya, Nene Ávalos, Valdo Delgado, fueron contando lo que cantan y por qué lo cantan, de dónde les viene la inspiración y la audacia, y también del aprendizaje largo y esforzado, del trabajo intenso y artesano de todos los días, del contacto con la gente de los barrios, del diálogo con los públicos numerosos o íntimos. El problema con la plata, los productores, el equívoco éxito. Y también de las hermosas ojeras del cansancio, de los callos en las manos y a veces en el alma, redimidos por la intimidad con la belleza y el arte, la emoción de la gente, la fidelidad con lo mejor de uno mismo.
Para no aburrir con citas, vayan estas del Nene Avalos: “En este contexto he visto, poco a poco, cómo nuevas formas musicales se han ido sumando a lo que conocí de chico. Es propio de nuestra cultura el hecho de estar en permanente movimiento. Al respecto recuerdo la visión que me transmitía ese sueco amendocinado que es Lars Nilsson, mi ex compañero de Markama, actual decano de la Facultad de Artes. Él suele decir que, mientras la cultura popular europea es algo de museo y de investigadores, la cultura americana está viva, en incesante movilidad.” Y también, más adelante: “Quisiera incursionar finalmente en alguna reflexión que tiene que ver con la globalización y sus indeseados efectos. Tal vez a la altura de las legítimas preocupaciones de índole ecológica que se sostienen en tantos ámbitos. Se trata de llamar la atención sobre algunas especies que están en peligro de extinción, y también sobre cierto tipo de contaminación que parece amenazarnos. La codicia, el afán de riqueza, la rentabilidad como único valor importante, hacen peligrar, efectivamente, la vida de muchísimas especies y del medio ambiente todo en que vivimos. Hacen que en el mundo de la cultura y el pensamiento estén peligrando también los músicos, los poetas, los artistas, los pensadores, los intelectuales. Hay una especie de darwinismo artístico en quienes manejan los medios masivos de difusión, según el cual habrán de sobrevivir los más aptos, en el estrecho y caprichoso concepto que ellos tienen de la aptitud”.
Las murgas entre nosotros
Pese a ser algo impensable pocos años atrás, el Encuentro dio la mitad de su tiempo al fenómeno de las murgas mendocinas. “Fenómeno social y artístico de las murgas” fue el tema de la mesa de la tarde. El padre Jorge Contreras, Pablo Flores, Cristian Yunes, la señora Estela Durán, Quique Oesch, contaron sus experiencias y sus reflexiones. Un fenómeno que crece y se consolida en las barriadas más populares y que interpela también a los músicos exigentes, a los intelectuales sensibles, a los políticos y a multitud de organizaciones no gubernamentales que se desviven por mejorar la calidad de vida de los más sumergidos y olvidados, aportando no sólo bienes materiales sino el combustible esencial de la vida: la alegría, las formas modestas pero decisivas de la alegría y el arte. Las murgas, con raíces en el Carnaval, en las fiestas populares, en el desenfado crítico, en el ritmo y el baile que nos vienen por todas las sangres, pueden no parecer mendocinas a los escépticos y fruncidos, pero se nos revelan nuestras apenas las escuchamos y nos sacuden el cuerpo. Pueblos europeos trasplantados o de herencias indígenas, como también de la multitud de negros que nos habitaron y hoy tendemos a olvidar, además de chilenos y bolivianos, somos un crisol de mestizaje al que la cosmética modernista intenta disimular pero sin poder traicionarnos del todo. El Mediterráneo y el Desaguadero, la danza árabespañola y los ritmos mapuches o huarpes, la ironía italiana, la risa de todos, el verso intencionado y crítico, están más cerca de la piel de lo que imaginábamos. Y tras los disfraces acartonados de los mendocinos hay otros disfraces menos solemnes, otras desnudeces, también placeres sencillos y más veraces. Es bueno que esta revelación venga una vez más desde abajo y no de los colonizados y globalizados estratos superiores. Es bueno que aparezca en momentos de crisis, donde no puede ser que todas las respuestas se reduzcan a desesperación y pálidas. Es bueno por fin que atraiga sobre todo a los jóvenes (también a los mayores), escapando en parte a las tentaciones de la violencia y la droga, vislumbrando horizontes de participación y fiesta, de vida más humana, de esa antigua razón de la especie que es la fraternidad y la dicha.
Ya en el gran concierto final, con Claudio Brachetta -el infatigable e imprescindible coordinador de todo el Encuentro-, nos repetíamos: “Otro mundo es posible, con más amor y alegría”. Otra y la misma identidad, universal y mendocina, con el rostro recuperado y lavado por la magia del arte.
Bien por la Fundación Ecuménica,
que organizó; y a los que colaboraron, muchos y eficaces. / Rolando
Concatti
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