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Buenos Aires, 9 de febrero de 2004.
La experiencia -sin precedente- estuvo a cargo de científicos del Conicet

Esquilaron vicuñas silvestres sin dañarlas

La lana cuesta entre 300 y 500 dólares el kilo en el mercado internacional; antes había una alta mortalidad.
    * El proyecto forma parte de un programa de manejo sustentable de camélidos silvestres.
    * Se cuida la seguridad de los animales y luego se los deja libres.
 
 

Científicos y pobladores de Cieneguillas, cerca de La Quiaca, en plena tarea. Foto: Gentileza Bibiana Vilá

Las vicuñas, en la manga de captura. Foto: Gentileza Bibiana Vilá
La localidad de Cieneguillas, en el extremo norte argentino, tiene sólo 150 habitantes. Fue allí donde se realizó una experiencia sin precedentes: el primer arreo, captura y esquila de vicuñas silvestres.

El experimento, cuyo objetivo era demostrar que es posible aprovechar comercialmente el pelo de la vicuña (el más fino del mundo) sin acudir al sacrificio del animal y permitir que se mantenga intacta su condición silvestre, estuvo a cargo de investigadores del Conicet y técnicos de Chile.

Durante muchos años, los métodos para la esquila implicaban un alto índice de mortalidad, lo que llevó a que la vicuña estuviera en peligro de extinción.

En esta oportunidad, el grupo dirigido por la doctora Bibiana Vilá, investigadora del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Luján, esquiló 75 vicuñas, en el marco del Proyecto Manejo Sostenido de Camélidos Silvestres Sudamericanos, con financiación de la Unión Europea.

Pero además participó toda la comunidad del lugar. "Es un proyecto interdisciplinario. La vicuña es el eje, pero también intervienen cuestiones sociales, culturales, educativas -explica Vilá-. Ahora, los chicos que participaron quieren ser veterinarios, y creo que es la primera vez que en la Puna piensan en algo así."
 

Trabajo comunitario
 

 

La vicuña es el camélido silvestre más pequeño de las zonas altoandinas y puneñas de la Argentina, Bolivia, Chile y Perú, y su pelaje tiene un alto valor económico, entre 300 y 500 dólares el kilo.

Cuando Vilá y su equipo llegaron por primera vez a Cieneguillas, ubicado a 36 km de La Quiaca, sabían que los pobladores, criadores de llamas, no querían a las vicuñas porque competían en el pastoreo, pero que las mantenían en sus campos.

Se pusieron en contacto con quienes fueron sus anfitriones, pastores integrantes de la asociación Los Pioneros, para trabajar sobre el conflicto entre fauna y población local, con un proyecto ambiental.

"La asociación ya tenía un asesor en producción de llamas que es Hugo Lamas, y sus integrantes se entusiasmaron con el proyecto -cuenta Vilá-. Trabajamos en conjunto con la comunidad. Ni los técnicos lo podíamos hacer solos, ni ellos sin nosotros. Hay muchas cosas de ciencia pura, pero también se requiere mucha relación con la gente. También trabajamos con la escuela. Y fue hermoso ver cómo los chicos se comprometían y se concentraban en el trabajo."

Después de la capacitación, se realizó un segundo viaje para la esquila que llevó cuatro días. "Empezamos haciendo nosotros el 80% del trabajo, hasta que el último día lo hicieron todo ellos", cuenta Vilá, orgullosa.
 

Aprender a esquilar

La vicuña es un animal chiquito, nervioso, que corre a 40 kilómetros por hora y salta hasta dos metros de altura. Vive en grupos familiares o en tropas de solteros. Las que fueron esquiladas este año, no pueden ser esquiladas el año que viene.

"Había que aprender a esquilar -cuenta la bióloga-. Al principio se tardaba mucho, pero después el tiempo se redujo a diez minutos. Se emplean tijeras y hay que tener mucho cuidado porque la lana de vicuña es una fibra delicada. Se obtienen entre 200 y 300 gramos por animal." En total, esta vez se obtuvieron 16 kilos.

Pero para llegar a ese punto científicos y pobladores debieron trabajar duro. "No empezamos si no hacemos el ritual de la Pachamama -explica Vilá-. Se abre la tierra con un cuchillo, le damos hojas de coca, le damos de fumar, vino y cerveza a la tierra. Y colocamos pedazos de cuarzo blanco que simbolizan a las vicuñas."

Los animales fueron arriados hacia la manga de captura con motos y cuatriciclos de Gendarmería, y camionetas de los lugareños y de los investigadores. Otro grupo de personas sostenía una soga con cintas de colores llamativos y las esperaba cerca de la manga para evitar que se dispersaran.

"El arreo se hace a la manera incaica. Las cintas de colores generan un espíritu muy particular en la Puna. Se pasa de una excitación muy grande al silencio del trabajo en el corral", dice Vilá.

El corral se aisló visualmente para que las vicuñas se calmaran tras la persecución. Esta medida es imprescindible para evitar al máximo el stress de los animales, en los que la vista cumple un papel preponderante. Por eso también se les taparon los ojos durante la esquila.
 

Vacío legal

En todo momento, los expertos trataron de alterar lo menos posible la biología de la vicuña y vuelven a soltarlas después de la esquila. "Una vez que las capturamos, les hacemos una serie de análisis. Eso nos dará la pauta de cómo van a cambiar a partir de esta intervención. Además, no tenemos mortalidad por captura."

Cuando termina la esquila, se comparte una mesa larga donde todos comen, y sólo después se hacen las actas y se pesa la fibra en el galpón municipal.

Según cuenta Vilá, no existe jurisprudencia acerca de la propiedad de la fibra obtenida; es decir, que la fauna silvestre no tiene dueño, sino que las provincias tienen dominio sobre la fauna y la flora.

"Ahora logramos que el 80% de la fibra que se esquiló sea para Los Pioneros y el 20% para la provincia, teóricamente para un fondo de manejo y protección de la vicuña que garantice la continuación de la especie", cuenta la bióloga.

De aquí en más, Los Pioneros van a llamar a una licitación en el ámbito internacional. Saben que trabajaron bien y tienen un nuevo camino comercial por delante.
 

Por Luciana Malamud
De la Redacción de LA NACION

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