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Buenos Aires, 7 de diciembre de 2003.
Una provincia que seduce con costumbres y tradiciones

Los aborígenes abren las puertas

Se prepararon circuitos para visitar distintas comunidades en Formosa, e incluso alojamiento para que los huéspedes puedan descansar.



El acceso directo a los nativos permitirá apreciar sus medios de trabajo.

Por su particular geografía, la provicnia puede ser transitada lentamente
FORMOSA.-- El auge que ha alcanzado el turismo rural en las estancias formoseñas será complementado ahora con circuitos que se están organizando en las comunidades aborígenes de distintos puntos del territorio para que los visitantes conozcan las costumbres, tradiciones y el modo de vida de los pueblos indígenas.

El puntapié inicial lo han dado en el departamento Ramón Lista, en las cercanías del límite con Salta y Paraguay, sobre todo en El Quebracho, donde se pretende que criollos y aborígenes se sumen a la acción del Ministerio de Turismo por medio de la Asociación para el Desarrollo Local y Regional.

Uno de los impulsores de esta iniciativa es el docente Juan Carlos Lavaqué, que trabaja en la construcción de los primeros albergues donde se va a alojar la legión de turistas, muchos europeos y orientales, que permanentemente llegan para contagiarse de las bondades de la naturaleza formoseña, casi virginal.

Así, por ejemplo, se han elaborado circuitos en escenarios naturales y con el protagonismo excluyente de los pobladores lugareños, que se van a convertir en anfitriones de los visitantes.

Se aspira a que aquellos que lleguen del Viejo Mundo se alojen en lugares cómodos, de modo tal que puedan descansar en contacto directo con la naturaleza.
 

Viaje al pasado

Los wichis, por ejemplo, ya están listos para mostrar sus artesanías y realizar demostraciones sobre los bailes tradicionales, con dramatizaciones que llegan desde sus antepasados, tanto en la coreografía como en la vestimenta, la música y el ritmo.

Hay en la zona una verdadera belleza que es el bañado La Estrella, un inmenso humedal de 400.000 hectáreas donde todo está intacto, con fauna y flora que pueden ser apreciadas con campamentos montados en su jurisdicción ribereña o navegando en chalanas, botes, cachiveos o lanchas.

Para este caso se está diseñando un modelo especial de deslizador de pantanos, que será operado por guías especializados que llevarán a los turistas a los lugares más atractivos para la contemplación, realización de safaris fotográficos, y hasta la organización de comidas tradicionales con pesca al estilo de los aborígenes, con flechas y lanzas.

"Quienes nos visiten podrán tener acceso directo a las comunidades nativas y hasta contarán con traductores para que puedan conversar con ellos, sobre todo con los caciques ancianos, que saben mucho sobre leyendas y hasta sobre las virtudes curativas de los chamanes", reveló Lavaque.

Es que si bien en Formosa mucho han progresado los indígenas, hay un respeto a rajatabla por sus costumbres y modos de vida. Pero las que causan furor son las estancias formoseños que se van abriendo al turismo. Tal es el caso de La Victoria, a 250 kilómetros de esta ciudad, en las cercanías de Comandante Fontana.

Quienes la visitaron coinciden en calificarla como "un verdadero paraíso en medio del monte".

Los turistas se integran a la peonada y comparten con ella sus actividades, horarios y menesteres domésticos, como cocinar platos que luego comparten en una misma mesa.

Habitualmente la jornada se inicia a las 5 de la mañana con el mate amargo que se disfruta debajo de un árbol.

Otros optan por salir a cazar y, ya de regreso, disfrutan de lo capturado.

Están los que tienen predilección por los guisados con carne de pato, charata, cotorra y chancho moro, que cocinan en grandes ollas de hierro.
 

Justo Urbieta
 
 

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