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La Gaceta (San Miguel de Tucumán), 1 de agosto de 2004.
Festejos para pedir por una buena cosecha

Homenaje de indígenas de todo el país a la Pachamama

Los Valles serán sede de un encuentro de aborígenes. Las deidades son duendes y adolescentes.


Todas las comunidades indígenas de los Valles se unirán este fin de semana en un homenaje a la Madre Tierra. En la Fiesta Nacional de la Pachamama, que se realiza en febrero en Amaicha del Valle (distante unos 180 kilómetros de la capital), se agradece por la buena cosecha. Pero para que ella tenga éxito, los indígenas organizan una celebración el 1 de agosto, previo a la siembra.

Ese día, como todos los años, los aborígenes cavarán un agujero en la tierra para alimentarla, en el cierre de lo que será un fin de semana de encuentros y festejos, y que tendrá como escenario a El Mollar, casi a mitad de camino.

“Estamos orgullosos de que este sea el primer acontecimiento de esta magnitud, en el que participarán las comunidades de adentro y de afuera”, señaló el presidente de la Fundación Yuyay, Juan Carlos Yapura.

Los participantes

Paralelamente a esta festividad se celebrará el “Encuentro intercultural y espiritual de comunidades autóctonas”, al que acudirán caciques, chamanes, sanadores, artesanos y musiqueros de estos grupos.

Comprometieron su presencia dirigentes de las comunidades de Tafí del Valle, La Angostura, Potrerillo, El Mollar, El Rincón, Quilmes y Amaicha del Valle. Además estarán presentes delegaciones de Formosa, Neuquén, Salta, Santiago del Estero, y de la comunidad mapuche Mallín.

Cultura y derechos

Durante estos tres días se realizarán rituales ancestrales y fogones; habrá música y danzas y toda clase de espectáculos, que serán llevados a cabo por los asistentes a las jornadas. De igual manera, se debatirá acerca de las culturas antiguas y sobre los derechos indígenas. Precisamente, habrá mesas panel. En la oportunidad, el director de Turismo de la provincia, Marcos Díaz, dictará una conferencia sobre “Cultura y naturaleza en el turismo”.

“En otros congresos se habla mucho de los aborígenes, pero la diferencia es que aquí ellos estarán presentes”, agregó Yapura.
 

Prácticas ancestrales

El sábado, durante el encuentro, la coplera amaicheña Quica Avalos cantará el Himno Nacional en quichua. Por la noche, actuará el conocido aerofonista Julio Palacios, con su conjunto de quenas.

El domingo, a las 8.30, se hará la Apacheta, y luego se colocará un menhir tallado por Yapura en el centro de la plaza de El Mollar. Finalmente habrá un almuerzo de despedida. El objetivo del encuentro es intercambiar experiencias, mostrar a quienes quieran asistir cómo eran las prácticas ancestrales y -sobre todo- honrar a la Madre Tierra, colocarle ofrendas y agradecerle sus dones.

Los interesados en obtener más información pueden requerirla en la Secretaría de Turismo (24 de Septiembre 484) o en las oficinas de 9 de Julio 229.

El Llastay es el dueño de las aves y quiere ser venerado con sacrificios por los cazadores

El imaginario en torno de la Pachamama es pródigo en figuras mitológicas. La Madre Tierra no tiene una localización fija; según los habitantes del cerro puede ser encontrada en la montaña, en los ojos de agua o en las apachetas.

El Llastay es una deidad cuya importancia en el culto corre pareja con la de la Pachamama. Se lo identifica como “el duende” o “delgadín”. Es el dueño de las aves. Por ello, suele ser invocado para que la caza sea fecunda.
Según la tradición, el Llastay debe ser venerado por los cazadores, quienes de lo contrario no acertarán con sus tiros, o no encontrarán aves o se apunarán en los cerros. Los sacrificios consisten en depositar coca, maíz, tabaco o alcohol en apachetas o en hoyos.
 

Personificaciones

En el Pujllay confluyen elementos de la tradición incaica y los que fueron introducidos por los conquistadores occidentales, como consecuencia de lo cual pueden encontrarse en él elementos que recuerdan a Baco, el dios pagano del vino. Aunque no puede afirmarse que sea idéntico, es representado con coloridos harapos como vestido y paseándose de pueblo en pueblo, a lomo de burro.

La Ñusta es otra de las deidades que integran el séquito de la Pachamama. Representa a la tierra virgen. Será fecundada a su debido momento por Huayratata, dios de los vientos y de los huracanes, quien arrebata las aguas de los lagos para dejarla caer sobre la tierra en forma de lluvia. La Ñusta, justamente, es representada por una adolescente de alrededor de 13 años, en contraste a la Pachamama, personificada siempre por una mujer anciana.
 

Protagonistas

En febrero, durante la fiesta nacional, se realiza la elección de la Pachamama y de su séquito. El Llastay, el Pujllay y la Ñusta, según la tradición, son presentados el día central de la fiesta, junto a un desfile de agrupaciones tradicionalistas. La “Madre Tierra” elegida es paseada en un “aipa”, carruaje rudimentario tirado por un burro y adornado con plantas y flores amaicheñas. Ella lleva en su regazo un canasto con frutos.
 

La celebración que llega después de la sequía

Desde antes de la llegada del conquistador español, una vez que pasaba la época seca, los indígenas se dedicaban -durante agosto- a fertilizar y a preparar la tierra para su fecundación. Luego, sahumaban sus hogares y, antes de roturar para la siembra, le pedían permiso a la Pachamama respetuosamente. Y lo hacían dándole de comer los mejores productos, pidiendo buenas cosechas y proyección para la familia y el ganado durante el año.

En febrero, para el carnaval, la fiesta nacional coincide con los tiempos de la cosecha. Y es entonces cuando el agradecimiento cobra forma de celebración fervorosa y alegre. “Pacha Mama, Santa Tierra / Kusiya Kusiya / Vicuñata cuay / Ama-mi-uaicho / Kusiya Kusiya”, son las palabras que conforman la letanía calchaquí que Juan Ambrosetti, en el ensayo “Leyendas y supersticiones”, tradujo como “Madre del Cerro y de la Santa Tierra / Haz tú que nos vaya bien / Danos vicuñas y no nos mezquines / Danos fortuna y no nos hagas enfermar / Haz tú que nos vaya bien”.
 

Orígenes antiquísimos

El culto popular a la “Madre Tierra” carece de cánones específicos y, como tal, es venerada según una tradición oral, que se transmite de generación en generación. Simple, como los hombres que heredaron esa espiritualidad.

La Pachamama es una fuerza femenina y anciana del universo, a la que se los aborígenes del Valle de Yocavil (o de Santa María) rendían un culto primitivo desde antes de la llegada del hombre blanco a América.

Una próspera cacería de vicuñas; la esperanza de una cosecha abundante; la protección de los muertos o el pedido de la llegada de las lluvias cae en el regazo de la Pachamama. La “Madre Tierra” también es causante de enfermedades. Los forúnculos en la piel y algunos dolores en las extremidades pueden estar motivados por una ofensa a la Pachamama. Los lugareños llaman a estos cuadros “Mal de la tierra”.

Muchos viajeros cumplen el ritual de escupir el acullico que mastican sobre las apachetas, o simplemente dejan algunas hojas de coca. Allí se ven vellones de lana teñida, cigarrillos apagados, paquetes con algunos cigarrillos sin encender, latas de gaseosas, chapas patente, billetes, cintas de colores, fotos ya descoloridas y toda clase de homenajes. La Pachamama, frente a ellos, se manifestará agradecida.
 

Las dos acepciones

Según Juan B. Ambrosetti, en su obra “Leyendas y supersticiones”, una primera traducción del término Pachamama es “Madre Tierra”, aunque para los vallistos es más bien “Madre del Cerro”.
 

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