| AIPIN,
Prensa India
"Difundiendo presente y sembrando futuro" |
Ivpress, Bariloche, 3 de mayo de 2003.
Argentina
Hoy 3 de mayo Bariloche fue vestida de fiesta por el Estado, se cumplen 101 años de su fundación. Gran fiesta, las "fuerzas vivas" desfilan por sus calles... pero Bariloche, mal que le pese a algunos, es Territorio Mapuche, por eso los mapuche no podían estar ausentes.
Murgas, grupos de danzas, escuelas primarias, bomberos, todos desfilaban por la céntrica calle Mitre y el público se agolpaba en las veredas, a lo largo de unas 5 o 6 cuadras. El aplauso fácil, la risa forzada, caras de alegría. Pero algo no cerraba, un grupo de jóvenes mapuche y de piqueteros encapuchados esperaban su turno para avanzar hacia el palco donde estaban los funcionarios locales. En un punto esa veintena de jóvenes parecían parte del espectáculo, pero...
Cuando los jóvenes iban a empezar a desfilar, un milico que coordinaba los paró y les pidió a los encapuchados que se descubrieran la cara. Como no accedieron el uniformado insistió, hasta que una mujer de la organización del evento le hizo seña para que les permitiera avanzar.
El público no entendía muy bien, algunos aplaudían por compromiso, otros por sorpresa otros por convicción. La pequeña columna era encabezada por una pancarta donde reclamaban "Territorio, Justicia, Autonomía y Libertad". Junto a ellos un grupo de piqueteros apoyaba con sus bombos y banderas donde recordaban un caso de "gatillo fácil".
Algo no cerraba, no podían ser fagocitados por el espectáculo. Esos jóvenes que se habían anotado para desfilar, para estar presentes en el cumpleaños de Bariloche, no pertenecían a un grupo folklórico ni hacían un despliegue de su ropa tradicional como si se tratase de una coreografía. Habían llegado de los barrios altos de la ciudad, donde están los sectores más desposeídos. Llevaban su pancarta con un reclamo específico y las banderas mapuche y mapuche tehuelche.
Se hizo un silencio cuando se acercaron al palco donde estaba el intendente, el secretario de gobierno y uniformados de toda calaña. Frente al palco estaba la banda del ejército, que también dejó de tocar. Y ladeados por éstos, los jóvenes avanzaban gritando Marici Weu (10 veces estamos vivos, 10 veces venceremos). Un gesto duro invadió los rostros de los funcionarios.
Los inesperados "desfilantes" desentonaban, definitivamente desentonaban. Quien hacía las veces de presentador y animaba la fiestita inventaba frases sin sentido para anunciarlos. Los rostros en el palco se veían más tensos. Encima, un joven se desprendió del grupo y se acercó al micrófono para leer un pronunciamiento.
El presentador fue invadido por el pánico. La pelea se trasladó al palco, era un papelón no dejar hablar a los mapuche.¿Qué iba a pasar con la fiesta ficción? No era el momento de mostrar la intolerancia estatal y dar pie para que fuera cuestionada la democracia ficción. No sabían el contenido del pronunciamiento, pero el tono era obvio.
Los mapuche habían llegado hasta ahí y no podían hacerlos desaparecer mediante ningún conjuro. Había que correr el riesgo. En el palco varios funcionarios trataban de disuadir al joven. Los manifestantes habían invadido el lugar con sus gritos y bombos. La banda del ejército estaba paralizada, eran rostros desencajados ataviados con uniformes de alta montaña.
De repente dieron la orden y los músicos volvieron a su faena, pero el reloj corría y con ruido de marcha militar no lograban que los mapuche y piqueteros desaparecieran del lugar. No se esfumaban, estaban ahí. Hacía unos diez minutos que estaban ahí.
Finalmente el intendente accedió a que el joven resumiera en tres renglones un comunicado de una cartilla. Obviamente, micrófono en mano, el pronunciamiento fue leído íntegramente y cuando terminó agregó tres renglones como comentario.
El pronunciamiento se refería a la situación actual del Pueblo Mapuche, al despojo y represión que sufre por parte de los estados argentino y chileno. Fueron recordados los desalojos recientes y los procesamientos, el encarcelamiento de cientos de sus hermanos y hermanas en Chile.
También destacaron la necesidad de hacer de Bariloche - y el Territorio Mapuche todo - un mundo donde quepan todos los mundos, donde la interculturalidad sea una realidad y no una mercancía que se vende en casas de artículos regionales.
Los funcionarios tragaron saliva. La banda se había mantenido en silencio durante la lectura del pronunciamiento. Desde el palco algunos figurones se apresuraban para aplaudir y tapar la voz del joven que leía. El mensaje había llegado a destino. Nuevamente sonaron kulkul, pifilka, ñorkín y a garganta pelada surgían los Marici Weu. Los jóvenes siguieron su marcha a paso lento.
En el palco se veían rostros surcados por la transpiración. La gente ya se había olvidado que antes de los mapuche y piqueteros desfilaron las chicas del salón de belleza Alondra y los miembros de la Asociación Tolkein Argentina Smail Bariloche (las fuerzas vivas), y que detrás de los rostros cubiertos y las ropas derruidas avanzaba la murga Opipoko.
El espectáculo había terminado. Bariloche es Territorio Mapuche. Los fotógrafos y cronistas tomaban nota histéricos, apresurados: en la picadora de la información habría otra noticia para descontextualizar.