Licitación
a Media Luz. El Claroscuro Origen de Nehuenco
En el Chile electrizado vuelven
las dudas acerca de cómo Colbún estatal asignó su
planta a Siemens, proceso cuya limpieza defienden las autoridades de la
época.
POR
PILAR MOLINA A.
QUE duda cabe. A pesar de la falta
de energía, el país está electrizado. Al racionamiento
le atribuyen buena parte de la culpa en la brusca caída de 9 puntos
de adhesión al Gobierno que detectó la encuesta Cerc respecto
de cuatro meses atrás. El tema de la falta de oferta energética
ya no se discute sólo técnicamente - en términos de
costo de falla o de SIC- , sino que se politizó. El Senado le dedicó
una sesión especial y la semana terminó con un fuego cruzado
entre los oficialistas por dirimir las responsabilidades en la crisis y
con La Moneda distribuyéndoles tareas de fin de semana a sus ministros
para anunciar mañana lunes el esperado plan de contingencia.
Una vez más, si no fuera por
la falta de lluvias, muchas cosas no estarían pasando, como que
ha comenzado a cundir el sordo rumor que no fue transparente el proceso
a través del cual Colbún, cuando era aún estatal,
licitó Nehuenco en 1996. Esta planta que no usa agua para funcionar,
sino que gas, se ha convertido en el blanco por razones obvias: si estuviera
operando no habría cortes de electricidad, porque su aporte al Sistema
Interconectado Central (SIC) es superior al déficit que hoy existe.
El cuento partió con los disparos
del presidente de la Sudamericana de Vapores, Ricardo Claro, quien, criticando
ante los accionistas de su compañía el proceso de privatización
de los puertos, señaló que quien está encabezando
ese proceso es precisamente el mismo que tomó parte en las negociaciones
entre Colbún y Siemens para la construcción de la central
termo-eléctrica de Nehuenco, cuyas insuperables fallas lo sacaron
definitivamente del SIC a comienzos de este mes. Se refería al PPD
José Luis Mardones, a la época de esa licitación,
gerente general de Colbún.
Y siguió Andrés Concha,
secretario de Sofofa, que en una columna de "El Diario" escribió
que el primer desacierto en la actual crisis de escasez eléctrica
fue la decisión de la administración estatal de Colbún
de declarar ganadora la oferta de Siemens, "desplazando a la de General
Electric", a la cual le había sido previamente adjudicada la planta.
Agregó que, por un mismo precio, Colbún había asumido
el riesgo de comprar un nuevo prototipo, el de Siemens, que incluía
el derecho a experimentar con el equipo y donde los resultados están
a la vista: "Hoy la central de Gener (con máquinas de General Electric)
es la primera proveedora de energía en el país y la de Colbún
permanece paralizada, causando el déficit de energía existente".
Antes de que terminara la semana, el
otrora presidente del directorio de Colbún, y actual ministro de
Obras Públicas, Jaime Tohá, se defendía ante la prensa
afirmando que "puedo garantizar que todo el proceso de licitación
(de Nehuenco) fue limpio y transparente".
No es fácil reconstruir una
licitación que se realizó tres años atrás.
Pero el río suena, apuntando a que una contribución política,
presumiblemente para el PS-PPD, desvió el destino de una licitación.
Si estuviera cayendo agua no habría pasado nada, pero lo que era
un rumor ha vuelto al tapete, ante el fracaso de Nehuenco, prevista como
"fuente de energía" - como dice su voz indígena- precisamente
para cuando no se puede generar hidroelectricidad en Chile. La planta de
ciclo combinado debió entrar en funciones en mayo pasado. Sin embargo,
a saltos y bajos comenzó a generar coja en junio, y lo hizo regularmente
sólo entre enero y marzo. El 1 de abril una falla fatal la sacó
definitivamente del sistema y si el repuesto que mandó la Siemens
por avión logra volverla operativa en cinco semanas, en vez de en
15, es algo aún no resuelto.
Nueva Renca, mientras tanto, con idéntica
potencia a Nehuenco, es la que más aporta al SIC, seguida por San
Isidro, que, como las dos anteriores, es también de ciclo combinado.
El ascenso de Siemens
En septiembre de 1995 Colbún
llamó a una propuesta internacional pública para la construcción
de una nueva planta de ciclo combinado. Estaba en vías de llegar
el gas natural a Chile e iba a ser la tercera planta de este tipo, donde
una turbina a gas genera electricidad, pero los gases producto de la combustión
se aprovechan también para producir en un calentador vapor, el que
ingresa a una segunda turbina, para producir a través de un segundo
generador también electricidad.
Cuando en Colbún se produjo
la apertura pública de las ofertas, Nueva Renca (de Gener) ya había
optado por General Electric (GE) y San Isidro (de Endesa) por las máquinas
de Mitsubishi. Ambas compañías presentaron propuestas también
por Nehuenco, junto a otros siete consorcios, donde muchos participaron
con más de una alternativa, hasta tres. Estaban además ABB,
la francesa GEC Alsthom, un consorcio de Westinghouse, Marubeni y Stone
& Webstern, además de la ítala Ansaldo, la norteamericana
Bechtel y la española Abengoa.
Como las propuestas son públicas,
cada proveedor entrega su presupuesto, anota los precios, firma y se lleva
una copia. A partir del precio, cada compañía trata de reconstruir
las ofertas de la competencia tomando en cuenta los equipos que usan y
lo que piden las bases. Análisis de algunas de las postulantes coinciden
en que la oferta de GE quedó primera con la de Mitsubishi y que
Siemens quedó a la cola. Existen documentos de la época internos
de Colbún que advierten incluso que las peores alternativas planteadas
eran las de Bechtel y Siemens.
Después, sin embargo, se hizo
una lista corta que encabezó Mitsubishi, seguida por General Electric
y Siemens. ¿Cómo ascendió el gigante alemán
a los primeros puestos?
En las compañías aseguran
que no es difícil que un proveedor suba rápidamente, porque
un cliente puede fácilmente favorecer a una determinada empresa.
Basta con que le pase toda la información esencial de la competencia,
que debe igualar, la que cabe en una página: potencia (cuántos
megawatts produce), eficiencia (cuánto gas requiere para producir
un megawatt), disponibilidad (para entrar a operar cuando lo requiera el
SIC), plazo de entrega, costos de mantención, etcétera. Y
como después se inicia una ronda de consultas entre los preseleccionados,
es aún más fácil ajustar las respuestas a lo que tiene
la competencia. Se puede acortar el plazo indicando, por ejemplo, que es
a partir de la "orden para proceder" y no del contrato, que es posterior,
o que la eficiencia ofrecida es neta y no bruta.
Como contraparte de los proveedores
actuaban por Colbún el jefe del proyecto Nehuenco, Pablo Botteselle,
y su asesor, Patricio Araya, quien al poco tiempo, cuentan, se fue a trabajar
a Siemens, donde se desempeña como product manager del proyecto
San Isidro.
Bottaselle, de quien existe óptima
impresión entre las eléctricas involucradas, hizo una evaluación
a partir de la cual el directorio aprobó adjudicar la nueva central
a GE. Esa instancia, presidida por Jaime Tohá, contaba también
con un informe de la experta británica Merz & Mclellan, que
asesoró el proceso desde su inicio, que indicaba que tanto la propuesta
de GE, como la de Siemens eran igualmente competitivas. Mitsubishi había
sido excluida por razones de precio, dice la versión oficial, pero
otra, que la compañía decidió retirarse porque consideró
como una falta de transparencia que a las tres de la "short list" se les
pidiera reconsiderar sus propuestas, interpretándolo como un intento
de darles una nueva oportunidad a sus competidores.
Y llegamos al 5 de febrero del '96
cuando la prensa anunció que el directorio de la estatal Colbún
resolvió asignar a GE la construcción de su planta de Nehuenco,
bajo la modalidad llave en mano. Se señaló que el proceso
de licitación había permitido bajar la inversión estimada
de 250 a menos de 200 millones de dólares y su presidente, Jaime
Tohá, destacando el alto nivel tecnológico de los equipos
de GE, agregaba: "Luego de la selección de una lista corta con los
tres presupuestos que mejor respondían a las expectativas de Colbún,
iniciamos un proceso de consultas y aclaraciones técnicas para determinar
un orden de precedencia el que fue liderado por GE".
Coincidía esa decisión
del directorio de Colbún con lo que sostenían estudios internos
de la época. En la "Evaluación Económica de las Propuestas
de Siemens y GE", con fecha del 8 de febrero de 1996, bajo el título
"resultados" se señala que en todos los escenarios, sin excepción,
el mejor resultado es la propuesta de GE por un margen significativo. Y
bajo el título "conclusiones": que "la mejor propuesta desde el
punto de vista económico corresponde a la de GE por un margen del
orden de 10 a 12 millones de dólares actualizados".
Respecto del cómo Siemens llegó
a la lista corta, Tohá aclara hoy que el gigante alemán no
estuvo nunca en quinto o sexto lugar entre los consorcios, lo cual no pasa
de ser una especulación, porque lo cierto es que de acuerdo a la
evaluación técnica económica que se hizo, la compañía
quedó en tercer o segundo lugar en la lista corta y ese fue el único
ranking que se hizo. Agrega que la consultora inglesa no sólo señaló
que las ofertas de GE y Siemens eran igualmente competitivas, sino que
además hizo un informe donde pormenorizaba las fallas que las turbinas
de estas compañías habían tenido en los dos años
anteriores, concluyendo que ambas fallaban, pero que los problemas estaban
en vías de solucionarse o ya resueltos.
"El directorio, tomando en cuenta la
información de la administración y de la firma inglesa, determinó
que se negociaba primero con GE, por razones de precio, y si no resultaba,
con Siemens", agrega el actual ministro de Obras Públicas.
Fuera General Electric
Lo cierto es que a partir del 5 de
febrero de 1996 GE estaba sentada en la mesa de negociaciones con el equipo
de Colbún. Mientras transcurrían las negociaciones, diversas
fuentes destacan dos hechos: que el 1 de mayo llegó en visita oficial
el ministro de relaciones exteriores de Alemania (haciendo notar que Siemens
Alemania actuó directamente con Colbún) y que apareció
en la prensa que las turbinas a gas de GE en distintas partes del mundo
estaban fallando. Efectivamente, estas máquinas presentaron al unísono
en distintas partes un problema de vibración que fue superado cambiando
los ejes.
Es un hecho que estas turbinas, por
ser tecnología nueva, presentan dificultades y Siemens también
las estaba teniendo en la central argentina Costanera (filial de Endesa),
donde en 1994 se había adjudicado la conversión a ciclo combinado
de una central a vapor, a través de una turbina a gas, cuyas fallas
derivaron en el pago de fuertes multas. Igualmente, este gigante alemán
de la electricidad y las telecomunicaciones - con ventas anuales superiores
a los 60 mil millones de dólares- tuvo problemas serios en 1995
para operar su turbina a gas, similar a la de Nehuenco, en la primera planta
de ciclo combinado nueva que se hizo en Argentina, Genelba, lo que la obligó
también a pagar multas.
Pero GE tenía ya el contrato
a la mano, a punto de firmarlo. Elegida como la empresa más admirada
del mundo, en todos los rubros, por la última encuesta de la revista
de negocios "Fortune", y con ventas anuales superiores a los 100 mil millones
de dólares, contaba con la seguridad de ser el mayor fabricante
del mundo de turbinas de gas para fines eléctricos o de aviación
(de esta marca es la turbina del avión presidencial de Frei). El
gerente general de Colbún había pedido incluso una mano a
Gener para comprar esta planta con la nueva tecnología termoeléctrica,
ya que la generadora acababa de licitar Nueva Renca, y la respuesta había
sido que, de acuerdo a su experiencia, la turbina que se evidenciaba como
la mejor y más barata era la de GE.
Pero el 8 de mayo de ese año
Colbún dio por terminadas las negociaciones con esta compañía
norteamericana, indicándosele que se iba a iniciar conversaciones
con Siemens.
El hecho no es nada de habitual, afirman
las empresas eléctricas, porque lo cierto es que el proveedor que
se sienta a la mesa no se para más hasta salir con el contrato.
No admite la posibilidad de ser echado de la mesa, aseguran, y negocian
hasta lograr el contrato.
Pero desde el otro lado, José
Luis Mardones asegura que "la central nunca estuvo adjudicada previamente
a GE. Cuando tienes una lista corta negocias con el primero y no hay contrato
mientras no esté adjudicado. Lo normal es que se adjudique al con
que se conversa primero, pero en este caso no fue posible porque GE no
quería firmar ocho o diez puntos que ahora no recuerdo bien, pero
que según nuestros asesores jurídicos externos (Philippi,
Yrarrázaval, Pulido y Brunner) consideraban que, al ser esenciales,
dejaban el contrato fuera de base". Mardones llegó a la gerencia
general de Colbún por búsqueda de ejecutivos y abandonó
la empresa estatal para seguir a Tohá a enfrentar el cierre de las
minas del carbón y hoy encabeza la licitación de los puertos.
Dudas del contrato
Pero otros actores de esta comedia
que mueve miles de millones de pesos, vencedores y vencidos, tienen la
convicción de que ocurrió algo raro. No hay pruebas, por
supuesto, porque en estas operaciones no quedan rastros y no se hacen tampoco
alterando un número en un informe. Son decisiones complejas, sujetas
a miles de consideraciones, pero que hicieron a las proveedoras pensar
en "influencias" cuando GE fue rechazada de plano por su cliente Colbún.
Y se muestran incrédulas frente a la versión oficial, que
la norteamericana exigió a la generadora estatal modificaciones
contractuales que la dejaban fuera de base.
Es más, varias compañías
están seguras de que Siemens no puede haber aceptado las condiciones
que Colbún trató de imponerle a GE. Si ello hubiera ocurrido
- señalan- , la actual administración privada de la generadora
no estaría negociando nada con los alemanes, porque los tendría
por el cuello. De acuerdo a esta versión, en el contrato tipo había
cláusulas inaceptables para una compañía que opera
habitualmente con utilidades del diez o quince por ciento de la inversión
total, como tener que responder por aproximadamente la mitad de ese monto.
Eso significaría que Siemens hoy tendría no sólo que
asumir la reparación de la turbina, sino que poner sobre la mesa
unos 75 millones de dólares y Colbún, en cambio, está
hablando la posibilidad de cobrarle 16 millones de dólares a la
proveedora y no 75.
Otra cláusula que no habría
aceptado la proveedora norteamericana es que se exigía una disponibilidad
del 95 por ciento, estableciéndose una multa de 3,7 millones de
dólares por cada punto porcentual de falla medido en 18 meses. En
otras palabras, si Nehuenco a octubre próximo no ha estado disponible
para generar electricidad para el SIC el 95 por ciento de las veces que
se lo han solicitado, tendría que pagarle una cifra enorme a Colbún
por daños y perjuicios.
Igualmente, se habría considerado
inaceptable que se planteara un seguro por 80 millones de dólares
para responder por pérdidas de utilidad, lo cual resulta más
relevante aún hoy, cuando a falta de hidroelectricidad el costo
de la energía térmica, que no está produciendo Nehuenco,
es mayor. Considerando además que Nehuenco no ha tenido la eficiencia
récord que prometió (del 56 por ciento), ni ha funcionado
a la potencia ofrecida (370 megawatts), ni dentro del plazo pactado, la
competencia piensa que si Siemens hubiera aceptado las cláusulas
contractuales que objetó GE , se encontraría en una situación
insostenible frente a Colbún.
La nueva administración de esta
generadora - del consorcio belga Tractebel-Powerfin y del grupo Matte-
no está en momento de contestar hasta qué punto el contrato
que heredó en Colbún proveyó a la empresa de garantías
adicionales suficientes para hacer responder a Siemens ante el mayor riesgo
que significaba una turbina experimental. Está en pleno período
de negociaciones y lo más lejos que llegan sus personeros es a que
por supuesto que les hubieran gustado mayores garantías, pero que
de ninguna manera han quedado al descubierto en forma escandalosa frente
al incumplimiento de la transnacional alemana.
De hecho, Siemens trajo el rotor en
el avión ruso a su costo, lo que había sido resuelto - con
Colbún y las compañías de seguros- días antes
que Frei hiciera pública la decisión, con mucho bombo, en
la feria industrial de Hannover. Estando claro que la reparación
o reemplazo de la turbina caída es responsabilidad de la compañía
alemana, lo que se negocia es quién responderá - seguros
por ambos lados de por medio- por la no producción de electricidad,
que en la actual coyuntura de sequía se convirtió en un drama...
caro.
En abril de 1997, en todo caso, al
cabo de cinco meses de haber asumido la administración de Colbún
- luego que en octubre del año anterior el fisco licitara el 37,5
por ciento de su propiedad- los nuevos controladores privados reformularon
el proyecto de Nehuenco, cambiando al equipo que estaba a su cargo. Según
explicaba su nuevo gerente general, Emilio Pellegrini, la decisión
de traer un grupo belga a Chile, paracoordinarse con los especialistas
de Siemens y Ansaldo, se debía a que "el proyecto estaba muy atrasado
y la gente a cargo no tenía la experiencia adecuada".
Pero así como los porfiados
hechos les han demostrado a los nuevos controladores de Colbún que
las turbinas de GE ofrecían mayor confiabilidad, no tienen ninguna
prueba, aseguran, que la licitación de Nehuenco haya sido mal hecha.
Tohá, quien después de dejar la presidencia de Colbún
se mantuvo en el directorio hasta que asumió la cartera de Obras
Públicas, en julio pasado, añade que "mientras estuve en
el cargo siempre escuché de los actuales controladores que la decisión
del directorio había sido la adecuada. Y si no lo ha sido, tienen
que aplicar las garantías y multas contractuales".
Lo que la administración de
Colbún estatal rechaza categóricamente es la versión
de que se negoció con Siemens un contrato distinto al que se intentó
obligar a GE. "Mi única hacienda es la honorabilidad y la honestidad"
- explica Tohá- "y sólo sugerir que se le exigió a
una empresa algo que no a otra es un agravio". Añade que es falso
que a GE se le haya limitado la responsabilidad a la mitad del valor total
de la inversión y que todo lo obrado por la anterior administración
en lo que era una sociedad anónima controlada por el Estado está
reflejado en los informes jurídicos y técnicos, internos
y externos, y las actas del directorio. "Nos fuimos por el libro", corrobora
el ex gerente general, Luis Mardones.
La carta al Gobierno
El 2 de junio del '96, casi un mes
después que GE fuera desplazada de la mesa de negociaciones de Colbún,
el gerente Mardones confirmaba que se había dado la orden de proceder
con Nehuenco al consorcio Siemens-Ansaldo (ésta se hizo cargo del
montaje de la planta).
En la época ya había
llegado a oídos de algunas de las proveedoras que podían
haber habido contribuciones políticas mediando en la adjudicación.
Es algo habitual que estas grandes compañías tengan para
cada proyecto un gestor, persona normalmente con contactos políticos,
que se ofrece como nexo ante quienes toman las decisiones. De hecho, algo
que insistentemente denuncian las autoridades norteamericanas es que en
países como Alemania el ítem que sus empresas asignan a pagar
influencias para obtener contratos en el extranjero pueda imputarse a gastos.
Ello merma la posición competitiva de las compañías
norteamericanas que están obligadas a hacer negocios en el extranjero
con el mismo patrón ético que los hacen en Estados Unidos.
Empresas como GE exigen a cada uno de sus empleados firmar anualmente mandatos
de probidad e integridad, que excluyen cualquier atisbo de pago por influencias
para definir contratos o hacer negocios.
Es en este contexto en que las distintas
versiones coinciden en que apareció Pedro Pablo Errázuriz,
ingeniero, actual representante de Kvaerner Turbin en Chile. Según
una corriente, él trabajaba para Siemens, pero Tohá y Mardones
dicen no tenerlo claro. Recuerdan que el directorio de la época
de Colbún había acordado que cualquiera que fuera contactado
a propósito de un proyecto debía hacerlo público y
que uno reveló haber sido abordado. "El acuerdo del directorio fue
preguntarles a ambas empresas (Siemens y GE) si tenían algún
nexo con él y ambas respondieron que ninguno, y nos quedamos con
la impresión de que era un 'free lance' que negociaba por lado y
lado, ofreciendo sus servicios a cualquier empresa", explica Mardones.
Pero en el círculo de proveedores
se recuerda a Errázuriz actuando por Siemens, aunque no descartan
que antes ofreciera sus servicios a otras compa-ñías. De
hecho, después que Colbún iniciara las negociaciones con
GE llegó a La Moneda el rumor de que había sido mal asignada,
y temiéndose gato encerrado, el entonces ministro Secretario General
de la Presidencia, Genaro Arriagada, recabó los antecedentes del
caso y terminó informando al Presidente que la propuesta había
sido correctamente otorgada a la mejor oferta. En la oportunidad se advirtió
incluso que la información favorable a Siemens venía de un
gestor de esa compañía, Pedro Pablo Errázuriz, que,
salvo su parentesco filial, era completamente diferente a su hermano Juan
Eduardo Errázuriz, amigo cercano de Frei.
Arriagada no supo más del caso
y no recibió nunca una carta que le envió el segundo de GE
en el mundo, Paolo Fresco, actual presidente de la FIAT. La misiva, sin
embargo, tiene un timbre de recepción de La Moneda, correspondiente
a días después al 8 de mayo del '96, cuando el equipo de
Colbún dio por terminadas las conversaciones con la empresa. En
ella, el alto ejecutivo le hace ver lo raro que fue el cambio de actitud
de Colbún, que estaban dispuestos a entregar los antecedentes que
decían que faltaban a fin de continuar las negociaciones e insinuaba
la ocurrencia de algo raro, sin mencionar directamente la palabra corrupción.
El ejecutivo no recibió nunca
alguna respuesta. Su afán había sido demandar a Colbún.
General Electric ya lo había hecho en Colombia, donde presentó
un recurso contra el gobierno por una licitación "chueca" y gastó
enormes recursos para un resultado magro porque llegó a un acuerdo
compensatorio con el gobierno, pero no consiguió que fuera reasignada
la licitación cuestionada. Además, en la última reunión
del equipo de GE con el gerente general de Colbún, Mardones les
había advertido que si demandaban a la generadora, como ésta
iba a ser privatizada en cuestión de meses, la iba a heredar Corfo
y la multinacional iba a quedar finalmente demandando al Gobierno de Chile...
un pésimo negocio.
Fue por eso que la compañía
habría optado por la carta y pensó en Arriagada, dada su
condición de DC y tener fama de hombre probo, con la esperanza que
iniciara una investigación y pusiera las cosas en su lugar. Arriagada
dejó La Moneda en agosto de ese año, sin embargo, sin haber
recibido la misiva.
Lo cierto es que, entre dudas y rumores,
todos los actores de esta comedia están dispuestos a abrirse a una
comisión investigadora. General Electric está dispuesta a
abrir sus "files" y Tohá y Mardones aseguran que no podría
pasarles nada mejor que se aclarara bien el cuento, porque los incomoda
que les tiren pintura al barrido, sobre todo cuando resulta muy ingrato
tener que andar dando explicaciones cuando las cosas con Nehuenco no han
funcionado.
El diputado DC Ricardo Rincón,
de la Comisión de Energía y Minería, está dispuesto
a estudiar el tema de la licitación de Nehuenco por las responsabilidades
públicas que se derivarían del hecho de que era una compañía
estatal y frente a la actual crisis energética.
Lo cierto es que mientras no se ponga
sobre la mesa el financiamiento de las campañas políticas,
con sequía o con lluvia, con comisiones investigadoras o sin ellas,
la duda acerca de cuánto de los grandes contratos públicos
va a parar a los bolsillos de políticos continuará siempre
vigente. |