30 de julio de 2009
Juan Luis Ysern de Arce
Obispo Emérito de Ancud, Presidente de Caritas
Chile
En primer lugar expreso mi gratitud a la Comisión
de Agricultura, Silvicultura y Desarrollo Rural de la Cámara
de Diputados por su invitación a exponer mis puntos
de vista respecto del proyecto de ley que regula derechos sobre obtenciones
vegetales y deroga la ley Nº 19.342.
Soy obispo de la Iglesia católica que por muchos
años he acompañado procesos de desarrollo local sustentable,
principalmente en la diócesis que serví por más
de 30 años, en Chiloé. Desde esa posición es que
presentaré mis puntos de vista. Lo esencial de lo que plantearé es
que, al centro de cualquier decisión, consideremos a la persona
humana en toda su integridad, allí está el eje de la sociedad
que queremos construir. Permítanme citar al Papa en su reciente
encíclica: “Quisiera recordar a todos, en especial a los
gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico
y social del mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar
y valorar es el hombre, la persona en su integridad: «Pues
el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social»” (Caritas
in Veritate, nº 25).
Me referiré a tres aspectos que considero
esenciales tener en cuenta: el modelo de desarrollo que se está aplicando,
el resguardo del medioambiente, la identidad cultural de quienes vivimos
en cada región del planeta y la aplicación de justicia.
El modelo de desarrollo que
impulsa el Proyecto de Ley no es auténtico desarrollo, en la
medida que parcializa lo que debe ser considerado en su integridad.
Se requiere aportar a un desarrollo integral de cada persona y de todas
las personas y, por tanto, humano y humanizante, en el encuentro con
los demás haciendo uso racional de los recursos que, por lo
demás, pertenecen a toda la humanidad.
Justicia y bien común no pueden estar ausentes
como pilares fundantes de la sociedad que estamos construyendo y que,
con las leyes se ha de procurar siempre impulsar y reforzar.
Se requiere que cada persona junto con las demás
pueda actuar como protagonista de su propio desarrollo en una convivencia
solidaria. La persona puede y debe hacer uso de la técnica pero,
si reduce el desarrollo al simple progreso de la técnica, se
producirá un resultado deshumanizado que, por interesante que
sea, de ninguna manera se puede llamar desarrollo integral y auténtico.
“El desarrollo humano integral supone
la libertad de la persona y de los pueblos: ninguna estructura puede
garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad
humana…Sólo si se es libre, el desarrollo puede ser
integralmente humano; sólo en un régimen de libertad
responsable puede crecer de manera adecuada” (C en V.
17)
“El subdesarrollo tiene una fuerte causa
en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos” (C
en V, 19).
En el proyecto de Ley al que nos referimos, no sólo
no existe una real preocupación por las personas, ni por el
diálogo, sino que además, se abre la posibilidad para
despojar a los campesinos e indígenas del derecho a
seleccionar, mejorar, y guardar la semilla de su cosecha (Artículo
48) y para la apropiación indebida de los recursos biológicos
del país, la privatización de los conocimientos y la
protección de la propiedad privada de las empresas transnacionales
sobre el patrimonio colectivo de las comunidades campesinas e indígenas.
Se abre el paso a la expropiación la biodiversidad agrícola
y silvestre de Chile al extender los llamados derechos de obtentor
a todas las especies vegetales (Artículos 2, 6, 7, 8,9).
Según este proyecto nos mantenemos en el modelo
de desarrollo que con tanta fuerza viene criticándose hoy día
y que nos ha llevado a la crisis de todos conocida. Todo redunda en
provecho de la concentración de grandes empresas que se enriquecen
sin medida.
La biotecnología favorecida por este proyecto
conduce hacia la uniformidad genética con pérdida de
la biodiversidad en los campos, donde se imponen monocultivos extensivos.
Con los cultivos transgénicos se produce daño a la fauna
y los insectos benéficos, con negativas consecuencias para el
medio ambiente.
Cuando una persona cambia siguiendo este camino no
pierde su identidad. La identidad no consiste en mantenerse haciendo
siempre lo mismo, sino en ser el mismo. La identidad es un proceso
de crecimiento como protagonista responsable de su propio camino. En
el momento que alguien se masifica y, simplemente, se deja llevar del
ambiente dominante, pierde su identidad.
Los campesinos e indígenas que de pronto son
impedidos para seguir de acuerdo a sus normas de cultivo, sin haber
participado en mesas de trabajo para buscar formas nuevas y poder tomar
decisiones personales, son atropellados en su identidad. Es un atropello
a la dignidad de esas personas humanas.
A pesar de los atropellos que se hacen a los campesinos
e indígenas, cuyos derechos prescritos por la convivencia social
desde siempre no se reconocen, no obstante, el proyecto de ley sale
en defensa del “obtentor” cuando los campesinos actúan
según sus costumbres, produciéndose con ello un nuevo
atropello. Así puede deducirse de lo establecido para quienes
sean acusados de no cumplir con la ley (artículos 53, 54, 55).
Los efectos pueden ser demoledores para los campesinos e indígenas.
No es mi intención negar lo obvio: que todos
debemos abrirnos al cambio para participar en el desarrollo. Como ya
dije, en un diálogo crítico e informado todos hemos de
saber asumir aquello que nos permite ser más humanos, más
comprensivos, más solidarios, para crecer como personas en la
convivencia solidaria. Sin embargo, para eso es necesario el diálogo,
el proceso que permita a todos asumir, aportar e incorporarse en esta
dinámica de cambio. No se puede forzar a nadie a entrar en esos
procesos sin dar posibilidad al discernimiento y sin dejar que use
su libertad. Quienes entran en esa situación son personas que
así pierden su identidad, no han sido partícipes protagónicos
de este proceso que les incumbe y les afectará la calidad de
sus vidas y la de sus descendientes. Esto clama justicia y respeto
a la dignidad de esas personas.
Estas son las ideas que, con toda sencillez, expongo
a ustedes y dejo como aporte desde nuestra experiencia. A veces sin querer,
incluso con buenas intenciones, cometemos errores y atropellos que nos
afectan a todos. He venido hasta aquí, aceptando la cordial
invitación que me han hecho, para aportar desde mi punto de vida
en la búsqueda de que se legisle mirando a las personas en toda
su integridad y plenitud.
Muchas gracias.