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Domingo 8 de junio de 2008
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No es el carnaval de Brasil ni una fiesta caribeña. Cada febrero, decenas de jóvenes afrochilenos celebran en Arica la "Bajada de Carnaval", una fiesta tradicional negra que se rescató hace tres años en la Primera Región. |
El Valle de Azapa en Arica alberga aún a los descendientes
de esclavos africanos que llegaron a América durante la Colonia. A
ello se suma la llegada a Santiago de afrodescendientes latinoamericanos
que han decidido asentarse en el país, casarse con chilenos y dar
origen a una nueva raza: los "afromapus".
Moisés Ávila y Felipe Valenzuela
Bemba. Mondongo. Lampa. Rumba, zamba, mambo. La llegada de esclavos negros
a América, trajo consigo también su idioma. El quimbundo, la
lengua más hablada del África Central, influyó en varias
palabras del español virreinal. Alguna vez, se pronunciaron en Arica,
donde, luego de abolida la esclavitud, los "negros libres" echaron raíces
en sus fértiles valles.
Al término de la Guerra del Pacífico, y luego de que empezara
la campaña de chilenización de Arica, se consideró que
todos esos vocablos estaban estrechamente relacionados con Perú. Por
ello, empezaron a eliminarse o reemplazarse. Así, la lampa se convirtió en
pala, y, el mondongo, en guatita.
Arica alguna vez fue uno de los puertos en los que atracaban buques provenientes
del Congo, Angola y Mozambique, cargados de esclavos. Desde allí eran
llevados hasta los hoy inexistentes sembradíos de algodón que
demandaban de su mano de obra, y a las minas de la zona. Incluso llegaban hasta
Potosí, en Bolivia.
Cuenta Cristián Baez Lazcano, líder de la Asociación de
Afrodescendientes "Lumbanga", que el trabajo que este grupo humano proveía
fue tan exitoso, que en el siglo XVI incluso se instalaron criaderos de esclavos
en Azapa. Asegura que un semental, grande y saludable, se encargaba de perpetuar
la especie con mujeres fértiles.
Con el paso de los años, y a pesar del largo período de esclavitud,
muchos negros empezaron a vincularse sentimentalmente con lugareños,
y tuvieron descendencia. Era el apogeo del virreinato, y a la mezcla de indígena
con negro se le conocía despectivamente como "mulato", palabra que deriva
de mula, aquel animal de carga que es mezcla de caballo y borrico.
La fortaleza de la raza originaria de África, los hizo inmunes a las
enfermedades que azotaron tanto a conquistadores como a naturales. Paludismo
y malaria acababan con los "blancos", y los negros eran contratados para cuidarlos
o enterrarlos, ya que no se contagiaban.
El interés por esta poco conocida faceta de la historia de Chile es
de larga data entre los investigadores. De hecho, en 1957 el historiador Gonzalo
Vial presentó como memoria de prueba para optar al grado de Licenciado
un estudio titulado "El africano en el reino de Chile".
¿Cuántos quedan?
De acuerdo con cifras oficiales, antes de la guerra que enfrentara a Chile
y Perú, la población negra en la ciudad de Arica superaba el
57 por ciento, mientras que en el Valle de Azapa llegaban a ser hasta un 95
por ciento. Luego de que ese territorio se convirtiera en chileno, los pobladores
empezaron a "blanquearse", pues ser negro entero no les facilitaba las cosas.
Hoy, no se sabe cuántos son.
Según Cristián Báez, chileno afrodescendiente, sus antepasados,
ya libres de esclavitud, también eran discriminados. "Todo lo negro
tenía que ver con Perú. Incluso a mí, que mis rasgos no
lo son tanto, a veces la gente me pregunta si soy peruano o boliviano", dice.
"Lumbanga", la asociación que lidera Cristián, significa "barrio
de negros", que era cómo se conocía al sector de Arica en el
que habitaba la gente de color. Ese nombre también se eliminó del
habla chilena.
El apellido del patrón
Cuando las grandes haciendas ariqueñas empezaron a otorgar la libertad
a sus esclavos negros, en agradecimiento, los liberados tomaban el apellido
de su "amo". Así, de la parcela de Antonio de los Ríos, surgió la
familia Ríos. También aparecen las familias Baluarte, Albarracín,
Bravo y Zavala.
No obstante, otros eran bautizados con apellidos relativos a lo que fue su
situación. Así, por ejemplo, surgen los Corbacho, que significaba "látigo
de esclavos".
La ex hacienda de los Ríos, subdividida en pequeñas parcelas
entre sus nuevos propietarios, se ubica ahora en el Km. 6 de la carretera a
Azapa. Durante el conflicto bélico chileno-peruano, su dueño,
Juan Ríos -entonces ciudadano de Perú-, la cedió a un
chino amigo suyo para que la administrara, mientras él abandonaba el
territorio. Tiempo después, volvió a Arica, se nacionalizó chileno
y recuperó su tierra.
Francisca Ríos de Sánchez, una de los 11 hijos de Juan, es ahora
la propietaria de este fértil terreno plagado de aceitunos, que son
el sustento de su familia. Sobre su entrecano y ensortijado cabello, lleva
una pañoleta, tiene la piel oscura y los ojos color aceituna. A simple
vista, cualquiera podría pensar que viene del Caribe o de las Antillas.
Pero su hablar no se diferencia mucho del de cualquier santiaguino.
De 76 años, Francisca es parte del denominado Consejo de Abuelos, conformado
por los afrodescendientes más antiguos, quienes se encargan de recopilar
todas las tradiciones de sus antepasados. Sus recuerdos han permitido reconstruir
lugares y mantener celebraciones de siglos pasados.
Así surgió la denominada "ruta del esclavo", paseo turístico
que parte precisamente en la hacienda de los Ríos y termina en San Miguel
de Azapa, mostrando las casitas de barro y los instrumentos que se usaban en
la cosecha de algodón.
El paseo también comprende la casa de los López Baluarte, donde
se guarda la Santísima Cruz de Mayo, antigua adoración de afrochilenos
que es llevada en procesión por sus devotos. Tal como lo hicieron sus
abuelos, a ella le ofrecen las cosechas del año, para que sean buenas.
Recientemente, las asociaciones de afrodescendientes chilenos -como Lumbanga,
Chile Negro y Arica Negro- han iniciado gestiones para tener un mayor reconocimiento
por parte del país. Se prevé la realización de un censo
en 2010, para poder contabilizar a todos los afrodescendientes chilenos, de
modo que el país sepa que no son pocos.
En el siglo XVI incluso se instalaron criaderos de esclavos en Azapa, donde
un semental, grande y saludable, se encargaba de perpetuar la especie con mujeres
fértiles.
A temprana edad, algunos ya son figuras de TV:
Rostro de negrito
María Eugenia es chilena. A los 18 años conoció a un bailarín
nigeriano en una discotheque, se enamoraron y ya llevan juntos 9 años.
Hoy, tienen 3 hijos. Todos con rasgos africanos, todos chilenos, todos niños-rostro
en comerciales televisivos.
Henry, el mayor, con 8 años, participó hace un par de años
en un spot de una multitienda en que cinco niños mostraban "lo mejor
de cinco continentes". Sus otros dos hermanos han seguido su camino, aunque
en comerciales para productos en el extranjero.
María Eugenia, la madre, cuenta que la gente siempre los queda mirando
en la calle y que, aunque son tan chilenos como cualquiera, se nota una diferencia. "De
repente es incómodo porque la gente es poco cuidadosa. Pasa que desconocidos
llegan y los tocan en plena calle y, claro, a veces molesta".
Pese a todo, reconoce que no ha sentido discriminación contra sus hijos,
e intenta comprender un poco la sorpresa de la gente. "Al final uno tiene que
entender que es más que nada curiosidad", recalca.
El "zapateador" de Perú
El rey de los tamales
Forma parte de la gran ola migratoria que ha llegado desde el norte en los últimos
años. Pero, a diferencia de sus compatriotas, no tiene rasgos andinos.
Raúl de la Cruz es peruano, de la ciudad de Chincha, al sur de Lima,
cuna de la raza negra en el país del norte. Si en algo coincide con
sus connacionales, es en su arte para cocinar. Su especialidad son los tamales,
una especie de humita salada hecha en base a una masa de maíz y aliñado
con ajíes peruanos, rellenos con pollo o cerdo, que luego son envueltos
en una hoja de plátano y hervidos en agua. Como es tradicional en su
patria, Raúl sale todos los domingos a vender tamales, principalmente
en las calles del centro de Santiago.
Además, es integrante de la agrupación musical "Los Tres Sabores
del Perú", y tiene a cargo la percusión y el cajón peruano.
También es especialista en "zapateo", una antigua danza negra con influencias
españolas, que consiste en sacar ritmos con el movimiento de los pies,
al son del violín. "Llevamos el sabor en la sangre", dice Raúl.
Los hijos "afromapu":
Más sabor y menos estrés
Salió de Cuba hace siete años, con la trompeta bajo el brazo,
contratado por la discoteca "La Caldera del Sabor" de Iquique, para hacer música.
Entre sus espectadoras estaba Vanessa, una viñamarina de quien se enamoró.
Reinaldo Capote González, de 29 años, es actualmente el hombre
de los vientos en la orquesta La Timba, que todos los miércoles y viernes
hace bailar a los salseros en el "Ilé Habana" de calle Bucarest, en
Providencia.
También dirige la banda "Santo Solar" y es profesor en la Escuela Moderna
de Música, donde lleva más de cuatro años.
Reinaldo y Vanessa tienen tres hijos, todos ellos con rasgos afro: Effio, de
8 años; Sigrid, de 4; y Enzo, de 2.
"Nunca hemos tenido complicaciones con nuestro color de piel. Al contrario,
decimos que nuestros hijos tienen una nueva raza: afromapu, que es la mezcla
del africano con el mapuche", sostiene.
Reinaldo se preocupa de que sus hijos mantengan las costumbres. "Aquí en
casa, un día se come charquicán y, al otro, moros con cristianos",
refiere.
El músico cubano tiene muy claro que la raza negra es un aporte para
Chile: otra cultura, mente más abierta, más sabor y menos estrés.