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José Pérez de Arce Musicólogo:
Domingo 20 de enero de 2008
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El musicólogo José Pérez de Arce lanza "Música
Mapuche". El primer libro concebido como un estudio del rol del sonido
en esa cultura.
ÓSCAR CONTARDO
En uno de los pasajes del libro "Música Mapuche", de José Pérez
de Arce, el autor cita al investigador Armando Marileo: "La palabra silencio
no existe en mapudungún". Tampoco la palabra música tiene un
equivalente en lengua mapuche. Dos aclaraciones que funcionan como advertencia
de que se trata de una materia en la que hay que despercudirse de las ideas
habituales de música, de quién la hace y cómo y cuándo
se escucha. El libro de Pérez de Arce (musicólogo y dibujante
autodidacta) se mueve en el ámbito inasible del estudio de los sonidos
en una cultura diferente a la occidental : "Uno tiene que sacarse del cuerpo
los estudios de música occidental porque no son aplicables a la música
indígena tal cual", explica el autor.
-Este libro es una investigación de 23 años. ¿Cómo
se inició?
"Comenzamos el 81 a hacer una investigación con el museo a partir
de la primera exposición que hizo el Museo de Arte Precolombino. Esa
muestra la hice yo y fue de instrumentos musicales. Mi intención era
entender el pasado musical de la region. Revisé el museo y me encontré con
flautas de piedra muy diferentes a las que había en otras partes de
América. Luego, en el primer libro que hice en 1986, me di cuenta
de que no podía tomar sólo los instrumentos arqueológicos
(de piedra) porque estaba dejando fuera una cantidad de material organológico
que no existe en la arqueologia, que es todo el fabricado con materiales
perecibles, que no se conserva: Tambores, flautas de madera, y todo el instrumental
que es muy propio de la zona. En ese caso tenemos rastros arqueológicos,
pero sabemos que esos instrumentos no se deben a influencia europea ni a
influencia de pueblos vecinos al mapuche. Lo mas probable es que esos instrumentos
tengan una enorme profundidad local. Eso me llevó a ir más
allá de lo meramente arqueológico y abarcar la música
etnográfica (la que se hace hasta la actualidad). Entonces uno se
da cuenta de que la cultura mapuche no concibe la música del mismo
modo en el que se concibe en occidente".
-¿Cómo investigar algo tan inmaterial como los sonidos en una
cultura que no tiene registro gráfico de la música?
"Este es el primer libro que se hace sobre música mapuche como un
conjunto. Una parte de esa primicia es la dificultad del sonido. Estudiar
música indígena es un tema complejo; primero, uno tiene que
sacarse del cuerpo todos los estudios de música occidental porque
no son aplicables a la música indígena tal cual. Por ejemplo,
para el indígena, lo que para nosotros es ruido para ellos es parte
de su contexto sonoro. En el caso de los mapuches, el ruido tiene significado,
está involucrado en su vida, lo que marca una perspectiva diferente.
En definitiva, hacer un libro sobre música mapuche significa hacer
un largo recorrido, y por eso el libro tiene un preámbulo muy largo.
Pero también está la parte que se dedica a describir y clasificar
los instrumentos, un asunto que es lo más fácil, aunque para
un mapuche la clasificación de los instrumentos en cuerda o viento
no tiene ningun sentido. Tiene significado para nosotros, y creo que es muy
necesario para acercar a la gente de este universo".
-La mirada occidental actual le otorga un ámbito a la música.
Para la mayoría, ese espacio es el de ser receptor: eschuchar música
en lugar de producirla. En ese sentido, cuál es la principal diferencia
con la música mapuche...
"Una de las grandes diferencias es que nosotros, occidentales, consideramos
que la música es un recinto que solamente lo pueden ocupar los especializados
en eso. Si juntas a diez personas y propones cantar, cuatro te van a decir
que no porque tienen mala voz. A la música no sólo se le designa
un espacio en la vida, y no sólo eso, sino que es un espacio en el
que la experiencia es la de ser receptivo gracias a la tecnología.
No se trata de hacer música, sino que de escucharla; para el mapuche
no. Para el mapuche cantar no es un asunto para el especialista, no es necesario
ser cantante, nadie espera que se le apruebe su voz o lo bonito que canta.
No es una actitud, para la cultura mapuche el cantar es tan necesario como
el hablar. Lo tradicional en las culturas, no sólo en la mapuche,
es que el habla y el canto sean dos actividades de igual importancia".
-¿Cuáles son las instancias en dónde se hace música?
"Un guillatún es el ejemplo o la instancia más importante.
Aparte de ser una fiesta religiosa, es una fiesta social, porque es un encuentro
de personas que no se veían. Es una instancia de amistad, se hacen
redes y se establecen nexos. Cada asistente se encarga de algún otro.
Este acto social repercute en la música, cada uno participa de alguna
manera. Todos ellos han participado de eso desde niños, y aunque hay
especialistas, en el ritual no hay un personaje que haga las veces de director.
Musicalmente, se dan situaciones muy complejas que parecieran ensayadas.
Por ejemplo, tienes un momento de caos absoluto y repentinamente quedan en
silencio. Eso significa que la machi ha caído en trance y que hay
que callarse, pero no es que alguien lo ordene. La participación musical
entre los mapuches es muy horizontal. Nadie ordena cuando entra alguien,
cuando alguien debe callarse.
-¿Existe una influencia de la música mapuche en la musica tradicional
chilena, mestiza?
"Es imposible contestar esa pregunta con pruebas, pero, por ejemplo, yo he
conversado con especialistas que hablan de la similitud entre la cueca y
el choique purrún (baile parte de una rogativa) mapuche. Ernesto Hollman,
un músico seguidor de la música mapuche, sostiene que la música
más que pertenecer a alguna corriente o evolucionar de otra pertenece
a un área geográfica. Pensándolo así, pierde
sentido la idea de las influencias bajo la ideas darwinianas. Hay cosas mucho
más profundas que eso, la más profunda de las influencias es
nuestra manera de hablar, que aparte de incorporar palabras mapuches debe
haber incorporado una forma de hablar, el canto particular que nos distingue
de los peruanos o bolivianos".