Comisión para la verdad indígena
12 de Agosto de 2003
El ex Presidente Aylwin
encabeza una comisión que, por encargo del Jefe de Estado, se ocupará
del tema "Verdad y nuevo trato de los pueblos indígenas". Ella se propone
entregar el 5 de octubre próximo - cuando se cumplan 10 años de la promulgación
de la Ley Indígena, dictada bajo la administración Aylwin- un conjunto
de propuestas destinadas a mejorar la condición de las etnias originarias.
Los resultados de su aplicación no han sido satisfactorios: impera un
clima de violencia en las zonas de más población indígena; las abundantes
destinaciones de recursos para la Conadi, creada por dicha ley, se han
prestado para justificadas críticas por los dispendios administrativos,
los pagos de sobreprecios y la asignación poco equitativa de tierras;
cunde entre los pueblos autóctonos el descontento por los problemas
de pobreza y marginación que los afligen.
El presupuesto fiscal destina unos 20 mil millones de pesos anuales
a favor de aquéllos. También son favorecidos con otros cinco mil millones
de pesos por programas especiales de educación, salud y capacitación.
En fin, un programa especial de obras públicas, que durará tres años
y requerirá unos 42 mil millones de pesos adicionales, favorecerá a
la zona que habitan. A todo eso deben sumarse los dineros que las agrupaciones
indígenas reciben del extranjero y de organizaciones no gubernamentales
dedicadas a la causa indígena. Pese a todos estos esfuerzos, la pobreza
imperante está muy lejos de ser superada y ni siquiera parece haberse
encontrado la vía para ello.
Hay agrupaciones mapuches que han elegido la vía violenta, como la Coordinadora
Arauco Malleco, que hace seis años emprendió un camino de subversión
y agresión, provocando daños a personas y bienes. Los gobiernos de la
Concertación, paradójicamente, han favorecido más a los grupos que prefieren
la vía violenta que a los pacíficos y respetuosos de la legalidad. Un
indígena que ha sufrido en carne propia agresiones y recibido graves
heridas por el solo hecho de trabajar en una empresa maderera, y que
encabeza una comunidad pacífica, ha criticado el hecho de que la Conadi
entregara mil 600 hectáreas a 40 familias reconocidas por su participación
en acciones de violencia, mientras ha entregado sólo 214 hectáreas a
72 familias respetuosas de la ley.
El ex Presidente Aylwin ha descrito su labor como "una especie de Informe
Rettig", símil desafortunado porque, como se observa en estos mismos
días, dicho informe no posibilitó un acuerdo interno sobre la verdad
de lo sucedido durante el gobierno militar ni tampoco generó un clima
de reconciliación: durante los 10 años transcurridos desde su publicación
las recriminaciones mutuas no se han suavizado.
La crítica del ex Presidente a la acción pacificadora del Estado chileno
en el siglo XIX y después puede asimilarse a la que formuló, también
ex post, contra los militares que debieron reprimir el intento totalitario
y la guerrilla de izquierda en 1973. Aylwin estima que la pacificación
de la Araucanía "fue claramente una guerra, en la que un Estado poderoso,
con el ejército que había triunfado en (la guerra del) Pacífico, derrotó
y trató de someter totalmente al pueblo araucano". Y criticó a historiadores
prestigiados, como Vicuña Mackenna y Barros Arana. Un historiador actual,
Sergio Villalobos, le ha replicado, refiriéndose a la acción del Ejército:
"Nadie quería matanzas; al contrario, había gran admiración por el pueblo
araucano. Pero, una vez puesto en marcha todo el aparato, naturalmente
surgen la violencia, la lucha y la sangre. Hubo acciones crueles, pero
eran respuestas a otras acciones también crueles".
La acción gubernativa respecto de las etnias originarias no ha sido
exitosa. Habría sido preferible una política de fusión entre todos los
chilenos. Pero los incentivos creados conducen a la marginación y a
su culminación, el separatismo. Hoy hay una violencia que no había antes,
se habla de territorio propio y bandera indígena, y el intento de reescribir
la historia no se dirige a fortalecer la unidad entre los chilenos,
sino a perpetuar artificialmente divisiones entre ellos.
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