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Revisado: viernes, 10 julio 1998.
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We Tripantu

La nueva salida del sol despierta la memoria de un pueblo

Casi al mismo tiempo en que el Presidente de la República decretaba el 24 de junio como el Día nacional de los Pueblos Indígenas, en la comunidad Mañío Manzanal, perteneciente a la comuna de Carahue, se celebraba el We Tripantu o Año Nuevo Mapuche.

Pasaron más de treinta años desde la última vez que se realizó una rogativa mapuche en el sector, y en esa oportunidad la causa no fue precisamente el We Tripantu, sino el terremoto que el año sesenta azotó al país.

Tal como ocurre en diversas comunidades indígenas de la región, la inexistencia de autoridades tradicionales mapuche como machis y lonkos; el accionar de iglesias evangélicas, y fenómenos como la migración forzada derivada de la progresiva pérdida de la tierra, han hecho que las tradiciones mapuches se pierdan. Ejemplo de ello, es que en algunos lugares la celebración onomástica de San Juan ha desplazado la del WeTripantu.

Sin embargo, este año, junto a la nueva salida del sol despertó el interés por recuperar las tradiciones de antaño. La celebración realizada en Mañío Manzanal comenzó alrededor de las diez -debía ser antes del mediodía para que tenga validez- y en ella participaron las comunidades Pichihue, Pidumallín, Cudecahuel, Lincay, Mañío Rucañan, Checura, y Cudico ; en suma, fueron más de treinta los asistentes.

También hubo quienes atraídos por los sonidos del kultrun, trutrucas, pifilcas y cadcawillas, escucharon a la distancia los ruegos de la machi, y vieron cómo todos bailaron purrun y choike purrun, pero no se acercaron ... tal vez el próximo año lo hagan.
 
 

El día se alarga una pata de gallo

De acuerdo a la cosmovisión mapuche, el We Tripantu corresponde al fin de la etapa de Rimugen o tiempo de la caída de las hojas de los árboles, y marca el inicio de las temporadas en que se divide el año mapuche. Representa el comienzo de algo nuevo, la relación con la tierra o ñuke mapu, y la renovación de los ciclos productivos.

El recopilador mapuche Armando Marileo, relata que sus antepasados decían que justo el día del We Tripantu la noche llega a su tope final, y hace su regreso paulatino, haciendo que el día se alargue "una pata de gallo". Agrega que el Año Nuevo estaba determinado por el ciclo lunar y por las grandes lluvias, cuya acción sobre la tierra permite la producción y purificación de la naturaleza, la tierra, el hombre y los animales.

Este es el único día del año en que las aguas de las vertientes y ríos experimentan un proceso de cambio de temperatura, debido a ello, con el canto de los gallos los antiguos se dirigían al estero, río o vertiente más cercana para bañarse y beber las aguas que en ese día estaban "purificadas", fortalecidas. Todos debían bañarse y esperar la nueva salida del sol con el cuerpo y espíritu limpios.

Así, concluía la primera parte de la ceremonia de celebración del año nuevo, después del baño regresaban a la casa tocando Kuj Kuj y haciendo Purrun. Luego, junto a la ruca se realizaba una rogativa para agradecer la finalización del año y el inicio del siguiente.

A partir de la salida del sol, se comienza a festejar el año nuevo durante todo el día, con muday, tortillas, chicharrones, multrun, y desarrollando las actividades como juegos de palín, konkuton, lakutun, mafun. Todas ellas, destinadas a fortalecer el espíritu de la familia, la amistad entre comunidades y la entrega de valores a las nuevas generaciones.