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2018-09-24 | Documentos de Trabajo | Indoamericano

Sobre los Derechos de la Naturaleza

Alberto Acosta es economista y pol铆tico ecuatoriano. Fue investigador en el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales y profesor/investigador en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Fue ex ministro de Energ铆a y Minas, y como su presidente tuvo un papel crucial en la Asamblea Constituyente que redact贸 una nueva Constituci贸n en el Ecuador, abogando para la formulaci贸n de los Derechos de la Naturaleza.




聳 Podr铆as explicarnos el marco conceptual de los derechos de la naturaleza.
Desde los albores de la Humanidad el miedo a la impredecible Naturaleza estuvo presente. Casi como en respuesta a ese miedo, de a poco la ancestral y dif铆cil lucha por sobrevivir se fue transformando en un desesperado esfuerzo por dominar la Naturaleza. Paulatinamente el ser humano, con su organizaci贸n social antropoc茅ntrica, se puso 聳figurativamente hablando聳 por fuera de la Naturaleza, incluso defini茅ndola sin considerar a la Humanidad como parte integral de 茅sta. Paulatinamente, se fue consolidando una suerte de tajo al nudo gordiano de la vida, que ata a todos los seres vivos en uno solo: la Madre Tierra. Y as铆 qued贸 expedita la v铆a para dominarla y manipularla.

Investigar la Naturaleza, como lo han hecho los humanos desde un inicio, usando cada vez m谩s los m茅todos de la ciencia, es inevitable e indispensable. El problema radica en que, con diversas ideolog铆as, ciencias y t茅cnicas, se intent贸 separar brutalmente al ser humano de la Naturaleza. Incluso se propuso torturarla para extraer todos sus secretos y recursos. Sin negar los valiosos aportes de la ciencia, la voracidad de la acumulaci贸n capitalista forz贸 a煤n m谩s a las sociedades humanas a subordinar a la Naturaleza. El capitalismo transform贸 a la Naturaleza en una fuente de recursos 聯inagotable聰; lo cual, como bien sabemos, no es sostenible.

El uso de la ciencia de forma desfavorable a la vida no debe hacernos olvidar que la curiosidad por el funcionamiento de la Naturaleza est谩 presente desde los inicios de la Humanidad. Basta recordar la investigaci贸n de los eclipses y de los movimientos de los astros en las antiguas civilizaciones de Egipto y de Asia, e inclusive en Am茅rica: Tihuanacu en el altiplano boliviano o el caracol en Chichen Itz谩 en la pen铆nsula mexicana de Yucat谩n. El descubrimiento de la agricultura en diversos lugares del mundo data de hace ocho o diez mil a帽os, con complejos sistemas de cultivo que combinaban especies y variedades de plantas. Otro ejemplo -andino- son los m茅todos prehisp谩nicos para averiguar, con meses de anticipaci贸n, el fen贸meno de El Ni帽o por la observaci贸n del firmamento nocturno.

En este empe帽o, para mencionar apenas un punto de una lista muy larga, podemos agregar la qu铆mica agraria vinculada al estudio de las propiedades del guano enviado a Europa que llev贸 a entender la ciencia de los nutrientes de la agricultura. Claro que el guano era ya conocido como fertilizante desde antes de los Incas (estos datos muestran, adem谩s, que la ciencia no es solo europea ni solo occidental).

Lo cierto es que cualquier 聯separaci贸n聰 o 聯puesto privilegiado聰 que la Humanidad aspire sobre la Naturaleza termina siendo hasta dogm谩tica. Lo que cuenta ahora es que hay una comprensi贸n cient铆fica de la Naturaleza y al mismo tiempo una admiraci贸n, una reverencia, una identidad con la Naturaleza, muy lejos de sentimientos de posesi贸n y dominaci贸n, muy cerca de la curiosidad y del amor. Una realidad existente desde tiempos inmemoriales en muchas comunidades ind铆genas que viven en estrecha armon铆a con su Pacha Mama, la Madre Tierra, la que no representa una suerte de met谩fora para explicar esas relaciones de equilibro y respeto con la Naturaleza: en el mundo ind铆gena no existe la Naturaleza como algo fuera de lo humano.

Actualmente cada vez m谩s personas en el mundo empiezan a entender que la acumulaci贸n material 聳mecanicista e interminable de bienes聳, asumida como progreso, no tiene futuro. Si a esto agregamos que el principal objetivo del 聯desarrollo聰 en el capitalismo es garantizar la acumulaci贸n de capital, que de una u otra forma implica la acumulaci贸n de poder sin importar los costos sociales o ambientales que esto demande, entonces definitivamente dentro de esta l贸gica la devastaci贸n es solo cuesti贸n de tiempo. En el mundo crece la preocupaci贸n porque la vida est谩 severamente amenazada por una visi贸n ideol贸gica del progreso antropoc茅ntrico, que en realidad resulta devastadora.

Frente a esta a帽eja visi贸n de dominaci贸n y explotaci贸n, sostenida en el divorcio profundo de la econom铆a y la Naturaleza, causante de crecientes problemas globales, han surgido varias voces de alerta. Ante estos retos, aflora con fuerza la necesidad de repensar la sustentabilidad seg煤n la capacidad de carga y resiliencia de la Naturaleza. Es decir, la tarea radica en conocer las verdaderas dimensiones de la sustentabilidad y capacidad de la Naturaleza de soportar perturbaciones, que no pueden subordinarse a demandas antropoc茅ntricas. Esta tarea exige una nueva 茅tica para organizar la vida misma. Se precisa reconocer que el 聯desarrollo聰 y el progreso convencional nos llevan a un barranco. Los l铆mites de la Naturaleza, aceleradamente desbordados por los estilos de vida antropoc茅ntricos, particularmente exacerbados por las demandas de acumulaci贸n del capital, son cada vez m谩s notables e insostenibles.

Por eso, si queremos que la absorci贸n y capacidad de recuperaci贸n de la Tierra no colapsen, debemos dejar de ver a los recursos naturales como una condici贸n para el crecimiento econ贸mico o como simples objetos 煤tiles para las pol铆ticas de 聯desarrollo聰. Y, por cierto, debemos aceptar 聳si leemos el mensaje profundo del Buen Vivir andino o amaz贸nico聳 que lo humano se realiza en comunidad, con y en funci贸n de otros seres humanos, comprendiendo que los seres humanos somos Naturaleza, por lo que no tiene sentido pretender dominarla.

Por cierto, en este punto se debe relievar, una vez m谩s, todos los aportes y las luchas desde el mundo ind铆gena, en donde la Pacha Mama es parte consustancial de sus vidas. Pero igualmente, y esto tambi茅n es importante, hay otras razones cient铆ficas que consideran a la Tierra como un organismo con vida. Hay que entender que estos derechos no provienen de una matriz exclusivamente ind铆gena. En este sentido todo esfuerzo por plasmar los Derechos de la Naturaleza se inscribe en una reiteraci贸n del mestizaje, en tanto plantea recuperar elementos propios de todas aquellas culturas ind铆genas y 聳por cierto聳 de las culturas occidentales emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pacha Mama el 谩mbito de interpretaci贸n de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual.

Esto nos conduce a aceptar que la Naturaleza, en tanto construcci贸n social, es decir en tanto t茅rmino conceptualizado por los seres humanos, debe reinterpretarse y revisarse 铆ntegramente si no queremos arriesgar la propia vida humana. Para empezar, cualquier reflexi贸n aceptemos que la Humanidad no est谩 fuera de la Naturaleza y que la acci贸n humana 聴econ贸mica, pol铆tica, tecnol贸gica, etc.聴 siempre tiene l铆mites biof铆sicos.

Entonces, al plantear los Derechos de la Naturaleza, no se busca renunciar al amplio y rico legado cient铆fico ni a la raz贸n para refugiarnos 聳en nuestra angustia o perplejidad por la marcha del mundo聳 en misticismos antiguos o de nuevo cu帽o, o en irracionalismos pol铆ticos.

La econom铆a debe asegurar la calidad en la vida de las personas, siempre en armon铆a con la Naturaleza. La econom铆a debe subordinarse a la ecolog铆a y al humanismo.

La tarea parece simple, pero es en extremo compleja. En lugar de mantener el divorcio entre la Naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro, algo as铆 como intentar atar el nudo gordiano roto por la fuerza de una concepci贸n de vida depredadora y por cierto intolerable. Dicho esto, para lograr una transformaci贸n civilizatoria y un reencuentro consciente con la Naturaleza, una tarea b谩sica es des-mercantilizar la Pacha Mama o Madre Tierra. Igual de urgente es que los objetivos econ贸micos deben subordinarse a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, sin olvidar el respeto a la dignidad humana. La econom铆a debe asegurar la calidad en la vida de las personas, siempre en armon铆a con la Naturaleza. La econom铆a debe subordinarse a la ecolog铆a y al humanismo. Esto conmina a evitar la eliminaci贸n de la diversidad, reemplaz谩ndola por la uniformidad que provoca, por ejemplo, la megaminer铆a, los monocultivos o los transg茅nicos. Actividades que rompen los equilibrios, produci茅ndo desequilibrios cada vez mayores.

Escribir ese cambio hist贸rico, es decir dar el paso desde una concepci贸n antropoc茅ntrica al menos a una socio-bioc茅ntrica 聴en realidad en ning煤n centro que no sea la vida misma聴, es el mayor reto de la Humanidad si no se quiere arriesgar la existencia misma del ser humano sobre la tierra. Y eso demanda la vigencia de los Derechos de la Naturaleza estrechamente imbricados con los Derechos Humanos.

En concreto, en los Derechos de la Naturaleza el centro est谩 puesto en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por s铆 misma, sin importar los usos que le d茅 el ser humano. Esto es lo que implica una visi贸n bioc茅ntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada, que nos lleve, por ejemplo, a dejar de tener cultivos, pesca o ganader铆a. Estos derechos defienden el mantenimiento de los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atenci贸n se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras se asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas.

La representaci贸n de estos derechos corresponde a las personas, comunidades, pueblos o nacionalidades. A despecho de quienes recusan esta propuesta vanguardista, la Constituci贸n del Ecuador es categ贸rica al respecto en su art铆culo 71:

聯La Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneraci贸n de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo, o nacionalidad podr谩 exigir a la autoridad p煤blica el cumplimiento de los derechos de la Naturaleza. Para aplicar e interpretar estos derechos se observar谩n los principios establecidos en la Constituci贸n, en lo que proceda聰.

Destaquemos que los Derechos de la Naturaleza fueron consagrados en la Constituci贸n de Ecuador rompiendo con visiones tradicionales. All铆 聴sobre todo en los art铆culos 71, 72, 73 y 74聴 se cristaliz贸 un reclamo que surge de lo m谩s profundo del mundo ind铆gena y que recogi贸 elementos presentes en las luchas del ecologismo popular, y que son trabajados desde la ecolog铆a, y sobre todo desde la ecolog铆a pol铆tica. En un proceso de mestizajes m煤ltiples, esta visi贸n ind铆gena de la vida se complement贸 con el creciente reclamo de amplios segmentos de la poblaci贸n en contra de la acelerada destrucci贸n de la Naturaleza, sobre todo provocada por el extractivismo.

Ser铆a un error pensar que los Derechos de la Naturaleza solamente se refieren a los ya enumerados de la Constituci贸n ecuatoriana. Los Derechos de la Naturaleza deben ser le铆dos de cara a las obligaciones que se imponen a lo largo de toda la Constituci贸n, destacando que no se pueden confundir con los derechos ambientales, tambi茅n abordados y ampliados en dicha carta magna.

A los Derechos de la Naturaleza, declarados por el pueblo ecuatoriano que 聴en definitiva- redact贸 la Constituci贸n a trav茅s de sus asamble铆stas y que la aprob贸 con una ampl铆sima mayor铆a en el refer茅ndum del 28 de septiembre de 2008, se los considera como derechos ecol贸gicos para diferenciarlos de los derechos ambientales. La Constituci贸n ecuatoriana 聳no as铆 la boliviana聴 presenta estos derechos en forma expl铆cita como Derechos de la Naturaleza, orientados a proteger ciclos vitales y los diversos procesos evolutivos, no solo las especies amenazadas y las 谩reas naturales.

Los Derechos de la Naturaleza necesitan y originan otra definici贸n de ciudadan铆a, que se construye en lo social pero tambi茅n en lo ambiental (a la que cabe a帽adir la ciudadan铆a colectiva o comunitaria, si recordamos los derechos colectivos plasmados en la Constituci贸n de Ecuador). Ese tipo de ciudadan铆as son plurales, pues dependen de las historias y de los ambientes, adem谩s acogen criterios de justicia ecol贸gica que superan la visi贸n tradicional de justicia.

Tengamos presente que, seg煤n el art铆culo 11 de la Constituci贸n ecuatoriana, todos los derechos se podr谩n ejercer, promover y exigir de forma individual y colectiva ante las autoridades competentes; y, que 茅stas garantizar谩n su cumplimiento. Asumir el cumplimiento de esta disposici贸n constitucional es, a no dudarlo, un reto en la construcci贸n de la ciudadan铆a ecol贸gica. En el art铆culo 395 de la Constituci贸n, adem谩s, se establece que los principios ambientales se aplicar谩n en forma transversal y ser谩n de obligatorio cumplimiento por parte del Estado en todos sus niveles y por todas las personas naturales o jur铆dicas en el territorio nacional; y que, en caso de duda, se aplicar谩n en el sentido m谩s favorable en proteger la Naturaleza. De hecho, hay que caminar hacia lo que podr铆a considerarse como una 聯comunidad natural聰, en tanto los Derechos de la Naturaleza ampl铆an la comunidad humana hacia otra que incorpore a todos los seres vivos.

聴 驴C贸mo ves el impacto de los derechos de la Naturaleza en la Constituci贸n del Ecuador a nivel mundial?
La recepci贸n de los Derechos de la Naturaleza, plasmados constitucionalmente, m谩s all谩 de su incumplimiento en Ecuador, ha sido una suerte de campanazo de advertencia y simult谩neamente un mensaje que abre la puerta a respuestas de alcance civilizatorio.

Los pasos vanguardistas dados en la Asamblea Constituyente de Montecristi nos indican por d贸nde debemos empezar a construir una nueva organizaci贸n de la sociedad, si realmente esta pretende ser una opci贸n de vida, en tanto respeta y convive dentro de la Naturaleza, garantizando una existencia digna a todos los seres vivos.

En la Constituci贸n ecuatoriana de 2008, al reconocer los Derechos de la Naturaleza, es decir entender a la Naturaleza como sujeto de derechos, y sumarle el derecho a ser restaurada de manera integral cuando ha sido destruida, se estableci贸 un hito en la Humanidad. Igual de trascendente fue incorporar el t茅rmino Pacha Mama, visto como sin贸nimo de Naturaleza, en tanto reconocimiento de plurinacionalidad e interculturalidad.

A lo largo de la historia, cada ampliaci贸n de derechos fue anteriormente impensable. La emancipaci贸n de los esclavos o la extensi贸n de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los ni帽os y ni帽as fueron una vez rechazadas por considerarse un absurdo. Se ha requerido que a lo largo de la historia se reconozca 聯el derecho de tener derechos聰 y esto se ha conseguido siempre con un esfuerzo pol铆tico para cambiar aquellas visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos. Es curioso que muchas personas, opuestas a ampliar estos derechos, no tienen empacho alguno en entregar derechos casi humanos a las personas jur铆dicas聟 esta s铆, una de las mayores aberraciones del derecho.

Este proceso de aceptaci贸n de los Derechos de la Naturaleza es una fuente pedag贸gica potente, que supera el solo cumplimiento de las normas constitucionales. Aunque, la compleja judicializaci贸n de dichas normas provocar谩, a no dudarlo, mayores espacios de apertura para producir conocimientos a partir de nuevos marcos conceptuales.

La liberaci贸n de la Naturaleza de esta condici贸n de sujeto sin derechos o de simple objeto de propiedad, exigi贸 y exige, entonces, un esfuerzo pol铆tico que le reconozca como sujeto de derechos. Este aspecto es crucial si aceptamos que todos los seres vivos tienen el mismo valor ontol贸gico, lo que no implica que todos sean id茅nticos. Dotar de Derechos a la Naturaleza significa, entonces, alentar pol铆ticamente su paso de objeto a sujeto, dentro de un proceso centenario de ampliaci贸n de los sujetos del derecho. En s铆ntesis, visto inclusive desde un simple ego铆smo ilustrado, es rescatar el 聯derecho a la existencia聰 de los propios seres humanos. Aqu铆 cabe la c茅lebre frase de un gran fil贸sofo racionalista del siglo XVII, el holand茅s Baruch de Spinoza (1632-1677), quien en oposici贸n con la actual postura te贸rica sobre la racionalidad, reclamaba que

聯cualquier cosa que sea contraria a la Naturaleza lo es tambi茅n a la raz贸n, y cualquier cosa que sea contraria a la raz贸n es absurda聰.

Lo que hacemos por la Naturaleza lo hacemos por nosotros mismos. Este es quiz谩 un punto medular de los Derechos de la Naturaleza. Insistamos hasta el cansancio que el ser humano no puede vivir al margen de la Naturaleza, menos a煤n si la destruye. Somos Naturaleza, no podemos separarnos de ella. El Papa Francisco en su Enc铆clica Laudato Si es categ贸rico:

聯Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo est谩 constituido por los elementos del planeta (聟) Cuando se habla de 芦medio ambiente禄, se indica particularmente una relaci贸n, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados.聰

Por lo tanto, garantizar la vida de la Naturaleza es indispensable para asegurar la vida humana. Esta lucha de liberaci贸n, en tanto esfuerzo pol铆tico, empieza reconociendo que el capitalismo destruye sus propias condiciones biof铆sicas de existencia en su desesperada b煤squeda por acumular bienes materiales, capital y poder.

Considerando que en 2008 Ecuador reconoci贸 los derechos de la Naturaleza en su Constituci贸n, en 2010 Bolivia se aprob贸 una Ley de los Derechos de la Madre Tierra. Este ejemplo se expande por el mundo.

En noviembre 2016 el rio Atrato en Colombia fue reconocido con similares derechos por la Corte Constitucional; lo mismo sucedi贸 poco m谩s tarde en el a帽o 2018 con la Amazonia colombiana. En el 2016 la Corte Suprema de Uttarakhand en Naintal, al norte de la India, sentenci贸 declarando que los r铆os Ganges y Yumana son entidades vivientes. En marzo de 2017 el r铆o Whanganui en Nueva Zelanda fue reconocido representaci贸n en corte para que pueda presentarse en los estrados judiciales a trav茅s de sus dos representantes, uno de la tribu Whanganui iwi y otro de la comunidad Crown. En 2013, el Parque Nacional Te Urewera fue reconocido como una entidad legal con los derechos de una persona. Si bien la tierra no tiene due帽o, es manejada en conjunto por los Crown y los Tuhoe.

Las luchas inspiradas en los Derechos de la Naturaleza, sobre todo luego de su adopci贸n constitucional en Ecuador, se multiplican. La lista es larga. Mencionemos un ejemplo, los Derechos de la Naturaleza act煤an como un elemento para defender territorios ind铆genas fuera de Ecuador, es el caso de la acci贸n p煤blica para impedir la construcci贸n de la Hidroel茅ctrica en Bello Monte, Brasil. En la demanda se se帽al贸 que, teniendo como referente la Constituci贸n de Ecuador, 聯pod铆a ser m谩s did谩ctico claro y oportuno aplicar los Derechos de la Naturaleza por la destrucci贸n del territorio de Xingu聰.

A nivel subnacional, el condado de Tamaqua, Pennsylvania fue el primer municipio de EUA en aprobar una ordenanza local reconociendo los derechos de la naturaleza de existir, prosperar y evolucionar en 2006. Desde entonces m谩s de 36 comunidades en siete estados de los Estados Unidos de Am茅rica, Pennsylvania, Ohio, New Mexico, New York, Maryland, New Hampshire y Maine aprobaron ordenanzas similares que codifican los derechos de la naturaleza.

En Nepal est谩 en proceso una iniciativa para reconocer los derechos de la Naturaleza a trav茅s de una enmienda constitucional. De otro lado un grupo de ciudadanos norteamericanos present贸 una demanda para que las Monta帽as Rocosas o el desierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones o gobiernos en EEUU.

Hay muchas propuestas emparentadas con este objetivo. Por ejemplo, est谩n la Carta de la Tierra como un intento de carta magna o constituci贸n del planeta, promovida en el entorno de las Naciones Unidas y de sus organizaciones desde el a帽o 2000; o la Declaraci贸n Universal de los Derechos de la Tierra, impulsada por EnAct International: organizaci贸n impulsada por Comac Cullinam, que ha trabajado mucho tiempo sobre esta materia y que tiene varios aportes al respecto. Tambi茅n la UICN reconoce la importancia de los Derechos de la Naturaleza en su resoluci贸n 聯La incorporaci贸n de los Derechos de la Naturaleza como punto focal de organizaci贸n en la toma de decisiones de la UICN聰 adoptada en el Congreso Mundial de la Naturaleza 2012 de la UICN en Jeju. La Resoluci贸n invita a la UICN y a sus Miembros a promover una Declaraci贸n Universal de los Derechos de la Naturaleza a fin de reconciliarnos como seres humanos con la Tierra.

Con ese mismo empe帽o se conform贸 desde la sociedad civil de los cinco continentes, en el a帽o 2014 el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, que constituye un espacio 茅tico que trabaja por hacer realidad dichos derechos.

聳驴Cu谩l es el siguiente paso en la evoluci贸n de los derechos de la Naturaleza?

Bolivia 聳en cuya Constituci贸n no constan los Derechos de la Naturaleza聳 asumi贸 un importante liderazgo, al menos en el discurso internacional. A ra铆z del fracaso de la Cumbre (COP) de Copenhague en diciembre de 2009, el presidente Evo Morales convoc贸 a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Clim谩tico y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Tikipaya, cerca de Cochabamba, en abril de 2010.

All铆, a m谩s de adoptar la Declaraci贸n Universal de los Derechos de la Madre Tierra, se plante贸 crear un tribunal internacional que sancione los delitos ambientales. M谩s adelante, en julio del mismo a帽o, Bolivia consigui贸 otro logro sustantivo al declararse al agua como derecho humano fundamental en Naciones Unidas; algo ya conseguido en la Asamblea Constituyente ecuatoriana de 2007-2008. Como se ve, tal declaraci贸n universal sobre el agua, aunque no es de obligatorio cumplimiento, puede servir como otro punto de referencia.

Aprendiendo de esta acci贸n diplom谩tica boliviana, para impulsar la Declaraci贸n de los Derechos de la Naturaleza se deber铆a constituir un bloque de pa铆ses comprometidos con el tema, que planteen estas luchas desde una estrategia de colaboraci贸n y complementaci贸n internacional, considerando que tales acciones tomar谩n tiempo en cristalizarse. Y que, por lo tanto, estas acciones, con una gesti贸n diplom谩tica profundamente renovada y renovadora, deber铆an ser m煤ltiples y plurales para sumar adeptos para la causa. Aunque, tambi茅n es necesario que el compromiso de dicho bloque de pa铆ses rebase los discursos y sea consistente con sus pr谩cticas locales, incluso para que motive a la acci贸n internacional. Basta ver que uno es el discurso del gobierno boliviano y otra muy diferente la pr谩ctica de un r茅gimen extractivista que arrasa con la Pacha Mama y las comunidades.

Es evidente que no se trata solo de acciones gubernamentales. Sabemos que en no pocas ocasiones los cambios de gobierno desv铆an el rumbo trazado inicialmente o inclusive en los pa铆ses proponentes puede declinar el inter茅s por los proyectos iniciados. Eso exige que la sociedad civil, al liderar esta acci贸n, proponga e incluso dirija actividades y campa帽as a nivel nacional e internacional. Este es un punto medular: la sociedad civil 聳en concreto los movimientos sociales y ciudadanos- debe mantener siempre la presi贸n y no perder nunca la iniciativa.

Es preciso estudiar todas las opciones internacionales, conscientes de que no es posible esperar que una Declaraci贸n como la aqu铆 propuesta d茅 resultados inmediatos. Los Derechos Humanos no surgieron como conceptos plenamente desarrollados. Desde la Revoluci贸n Francesa en 1789 hasta su Declaraci贸n Universal en diciembre de 1948 fueron muchas las luchas y frustraciones acumuladas. Su dise帽o y aplicaci贸n implicaron e implican un esfuerzo sostenido. Y desde ah铆 cada nuevo derecho exige una compleja acci贸n pol铆tica y redoblados pasos diplom谩ticos y una permanente lucha pol铆tica. As铆, el Derecho Humano a la educaci贸n y al trabajo, incorporado en la Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos, exigi贸 un largo debate y construcci贸n. Algo similar aconteci贸 con el Pacto Internacional sobre Derechos Econ贸micos, Sociales y Culturales o con la Declaraci贸n sobre los Derechos de los Pueblos Ind铆genas.

En consecuencia, t茅ngase presente lo dif铆cil que es la aceptaci贸n 聳en la pr谩ctica聳 de los Derechos Humanos, asumidos formalmente como un mandato universal ya en 1948. Esto, sin embargo, no condujo ni debe conducir al desaliento cuando aspiramos a nuevas ampliaciones de derechos.

La tarea pendiente es compleja. Se debe vencer resistencias conservadoras y posiciones prepotentes que esconden m煤ltiples intereses y privilegios.

La tarea pendiente es compleja. Se debe vencer resistencias conservadoras y posiciones prepotentes que esconden m煤ltiples intereses y privilegios. Se debe superar tradiciones que consideran como sujetos de derechos solo a quienes pueden reconocer qu茅 es un derecho y ejercerlo directamente (desconociendo que hay incluso personas incapacitadas por diversas razones de asumir directamente esos derechos, pero que no est谩n desprovistos de 茅stos).

Para avanzar en este campo hay que dar paso a diversas y plurales propuestas estrat茅gicas de acci贸n para traducir los avances constitucionales, por ejemplo, en leyes, normas, indicadores y pol铆ticas. Se precisan 聴a nivel local, nacional, regional, global聴 respuestas espec铆ficas sobre agua, biodiversidad, patrimonio natural, ecosistemas, recursos naturales renovables y no renovables, as铆 como sobre aspectos conceptuales de responsabilidad jur铆dica ambiental, tanto individual como colectiva.

En el 谩mbito internacional la tarea es m谩s compleja a煤n. La estricta vigencia de los Derechos de la Naturaleza exige crear marcos jur铆dicos e instancias internacionales adecuadas, como el ya mencionado tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales. Los problemas ecol贸gicos ata帽en a la Humanidad en su conjunto.

Es mucho lo que se puede hacer desde la sociedad civil. Aqu铆 cabe mencionar las acciones desplegadas por diversas organizaciones y personas de todos los continentes para constituir el mencionado Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza y de la Madre Tierra, cuyo empe帽o es profundizar la discusi贸n de esta cuesti贸n vital al tiempo que se prepara el terreno para la construcci贸n de un tribunal que haga realidad la sanci贸n a las violaciones de estos derechos, seguramente afincado en el seno de Naciones Unidas.

Los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez m谩s con los Derechos Humanos, nos conminan a construir democr谩ticamente sociedades sustentables, a partir de ciudadan铆as plurales pensadas tambi茅n desde lo ecol贸gico

En 煤ltima instancia reconozcamos que, si la Naturaleza incluye a la Humanidad, sus derechos no pueden verse aislados de los derechos del ser humano, aunque tampoco deben reducirse a estos. Inversamente, los Derechos Humanos como el derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud deben entenderse tambi茅n en t茅rminos ecol贸gicos. Esto nos exige elaborar una reconceptualizaci贸n ecol贸gica profunda y transversal de los Derechos Humanos, pues al final la destrucci贸n de la Naturaleza niega la existencia humana y, por tanto, todos los Derechos Humanos ser铆an imposibles de cumplir. Y as铆, la justicia ecol贸gica y la justicia social se complementan mutuamente, la una no es posible sin la otra.

Los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, que articulan una 聯igualdad bioc茅ntrica聰, aun siendo anal铆ticamente diferenciables, se perfeccionan y conforman una suerte de 聯derechos de y a la vida聰. Por eso, los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez m谩s con los Derechos Humanos, nos conminan a construir democr谩ticamente sociedades sustentables, a partir de ciudadan铆as plurales pensadas tambi茅n desde lo ecol贸gico.

En suma, requerimos un mundo re-encantado alrededor de la vida, abriendo di谩logos y reencuentros entre los seres humanos, en tanto individuos y comunidades, y de todos con la Naturaleza, entendiendo que todos formamos parte de la misma: en definitiva, hablar de Naturaleza es hablar de nosotros mismos.

聴 驴Que avances concretos se han dado en el respeto y garant铆a de estos derechos en Ecuador?
Una primera lectura, realizada desde la aplicaci贸n real de esos derechos en la vida jur铆dica cotidiana, podr铆a resultar muy desalentadora. Sin embargo, hay elementos para el optimismo. M谩s a煤n si tenemos en mente que la vigencia constitucional es reciente y que est谩n rompiendo con las visiones conservadoras tradicionales, al tiempo que estos derechos proponen salidas de alcance civilizatorio. Solo tengamos presente, como ya lo dijimos, cu谩nto tiempo ha tomado hasta que se acepten los Derechos Humanos, cuyo cumplimiento en muchas partes es m谩s que deficitario.

Los Derechos de la Naturaleza han permeado r谩pidamente los procesos sociales, han irrumpido en las agendas de muchos movimientos, en algunos an谩lisis desde la academia y en general han provocado sensibilidad social.

A nivel de la sociedad ecuatoriana, la propuesta de consulta promovida desde el colectivo Yasunidos, puso en evidencia cu谩n importantes son para la sociedad los temas relacionados con la Naturaleza, en el contexto de la propuesta de una consulta popular para dejar el crudo del Yasun铆 ITT en el subsuelo, luego de que esta iniciativa fallar谩 en manos del gobierno ecuatoriano. Es evidente, entonces, que para muchas organizaciones de la sociedad civil, los Derechos de la Naturaleza representan un cambio de visi贸n importante, son una herramienta de trabajo, adem谩s de un hecho simb贸lico important铆simo para la transformaci贸n.

Esto no sorprende pues ciertos movimientos sociales, sobre todo de origen ind铆gena y campesino, desde mucho antes de la expedici贸n constitucional de estos derechos, han asumido la defensa de la Naturaleza en las luchas por los territorios o en contra de las diferentes formas de despojo. Sus luchas por los territorios, en contextos de presi贸n por nuevos proyectos extractivos (petroleros, mineros, agronegocios, forestales, etc.), est谩n alcanzando niveles m谩ximos de expresi贸n. En la actualidad los Derechos de la Naturaleza son clave, no s贸lo por la defensa de los territorios, sino sobre todo porque destaca el papel de los defensores y defensoras que est谩n siendo criminalizados por sus luchas. Hablar de los Derechos de la Naturaleza es hablar al mismo tiempo de los derechos de sus defensores, es decir de Derechos Humanos.

El proceso de aprendizaje y desarrollo de mecanismos de exigibilidad de los Derechos de la Naturaleza se observa tambi茅n en las denuncias legales presentadas por los movimientos sociales. En muchos casos se exige su respeto y se desarrollan argumentos sobre las relaciones de interdependencia y las amenazas a los ecosistemas, la destrucci贸n la biodiversidad y la ruptura de los ciclos de la Naturaleza sobre todo en los casos de varios megaproyectos, as铆 como la falta de garant铆as para la restauraci贸n de los ecosistemas.

Dentro del 谩mbito de la justicia ecuatoriana, el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza no resolvi贸 el conflicto entre la naturaleza-objeto y la naturaleza-sujeto Eso no es una novedad. Con una Constituci贸n no se cambia la realidad, pero una Constituci贸n, m谩s a煤n una como la de los Derechos de la Naturaleza, expedida en Montecristi en el a帽o 2009 y refrendada en las urnas por el pueblo ecuatoriano, abre el camino para dar paso a los cambios indispensables siempre que la sociedad se empodere de ella.

A pesar del avance constitucional, los conceptos de recursos naturales, bienes naturales o servicios ambientales, utilizados en diferentes leyes, mantienen el sello de naturaleza-objeto. Basta ver lo que sucede en cuerpos legales expedidos luego de la aprobaci贸n de la Constituci贸n en el a帽o 2008: la Ley de Miner铆a, la Ley de Soberan铆a Alimentaria, la Ley Org谩nica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales, la Ley Org谩nica de Recursos H铆dricos Usos y Aprovechamiento de Agua, la Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento Agroecol贸gico. Inclusive en el C贸digo Org谩nico Ambiental hay retrocesos en temas relacionados al sujeto Naturaleza, pues se afecta la integridad de ecosistemas considerados de extrema fragilidad como son las 谩reas protegidas.

Veamos simplemente c贸mo se finaliz贸 jur铆dicamente la Iniciativa-Yasuni-ITT. El Decreto Ejecutivo No. 74, de fecha 15 de agosto de 2013, firmado por el presidente Rafael Correa, al que le qued贸 muy grande dicha Iniciativa y la Constituci贸n misma, autoriz贸 actividades que afectar谩n territorios de Pueblos en Aislamiento Voluntario, irrespetando ol铆mpicamente los mandatos constitucionales. Como corolario de esta lamentable situaci贸n, el presidente Correa dir铆a 聳demostrando que no entendi贸 lo que significaban los Derechos de la Naturaleza, el 15 de agosto del 2013, cuando reconoci贸 que le qued贸 grande la Iniciativa Yasun铆-ITT, que 聯el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos Derechos de la Naturaleza聰.

Hay situaciones a煤n m谩s aberrantes. Los jueces han sido m谩s abiertos al calificar demandas en contra de detractores del gobierno central que a aceptar demandas en contra del gobierno central. Por ejemplo, no se acepta un caso referente a los Derechos de la Naturaleza para proteger el Yasun铆, uno de los 煤ltimos espacios, refugio del jaguar; pero si se acepta y se condena a un campesino que mat贸 a un jaguar. No se acepta el caso de miner铆a a gran escala en la Cordillera de El C贸ndor (Proyecto Mirador), pero si un caso de miner铆a artesanal para abrir la puerta a la gran miner铆a聟 como lo hizo el gobierno del presidente Rafael Correa: en clara manipulaci贸n de los Derechos de la Naturaleza.

Superar el pasado de dominaci贸n y opresi贸n a la Naturaleza es una tarea compleja. La Naturaleza ha sido hist贸ricamente discriminada, y sigue siendo en la actualidad, a pesar de ser sujeto de derechos, pues se los subordina a la econom铆a y el desarrollo desde las visiones cl谩sicas de dominaci贸n de la Naturaleza.

Veamos la otra cara de la medalla. De la misma manera como ha sido discriminada la Naturaleza hay causas hist贸ricas de desigualdad que tienen que ver con un orden pol铆tico, econ贸mico y social injusto que ha constituido estereotipos o prejuicios sociales que pretenden castigar a los m谩s pobres, o que ocultan la responsabilidad de empresas o grupos poderosos asumiendo que para ellos existen los permisos.

Un caso emblem谩tico en donde emerge una jurisprudencia sobre Derechos de la Naturaleza es el de Vilcabamba. En este se apel贸 al ejercicio del Principio de Jurisdicci贸n Universal y se present贸 una acci贸n de protecci贸n constitucional a favor de la Naturaleza, particularmente a favor del R铆o Vilcabamba, en la provincia de Loja, Ecuador. Y en la decisi贸n de primera instancia se帽al贸 que 聯dada la indiscutible, elemental e irrenunciable importancia que tiene la Naturaleza, y teniendo en cuenta como hecho notorio o evidente su proceso de degradaci贸n, la acci贸n de protecci贸n resulta la 煤nica v铆a id贸nea y eficaz para poner fin y remediar de manera inmediata un da帽o ambiental focalizado.聰

M谩s all谩 de los resultados de los procesos que demandan ante las cortes Derechos de la Naturaleza, el ejercicio que est谩 haciendo la sociedad es importante, porque plantea nuevos horizontes e inclusive nuevas geograf铆as.

Algo m谩s. Uno de los temas a destacar es la visi贸n de los Derechos de la Naturaleza como derechos universales, as铆 fue la demanda planteada en Ecuador contra la empresa BP (British Petroleum), por la explosi贸n e incendi贸 en la plataforma Macondo y el posterior derrame sobre el Golfo de M茅xico. Una empresa que no opera en el Ecuador y un Golfo que tampoco pertenece a su delimitaci贸n nacional, sin embargo la argumentaci贸n presentada fue que la Naturaleza es una sola, tiene derechos y debe ser protegida. A pesar de que se desech贸 la demanda, el solo hecho de plantearla provoc贸 importantes reflexiones.

Tenemos que entender que las relaciones emancipatorias con la Naturaleza, entre la sociedad, entre los g茅neros y entre las generaciones, se construyen desde las pr谩cticas sociales. Son patrimonio de las sociedades y, en su relaci贸n con el Estado, deben ser fortalecidas, protegidas y reconocidas a fin de que no sean reprimidas. Las relaciones de armon铆a con la Naturaleza son ejercidas por parte de muchos pueblos y personas. Son un proceso en construcci贸n, que marca las pautas para asegurar otras formas de reproducci贸n social, respetuosas de la Naturaleza y de las culturas, destinadas a formular demandas y crear otros imperativos.

El tr谩nsito de la naturaleza-objeto a la naturaleza-sujeto ha empezado. Si en un peque帽o pa铆s andino como Ecuador, se dio un paso hist贸rico de trascendencia planetaria, es motivador ver que en otras latitudes se comienza a debatir sobre el tema. Esta es una cuesti贸n global, a todas luces.

Entonces, si estamos frente a una cuesti贸n global, como ya lo se帽al茅 antes, es hora de impulsar a nivel de Naciones Unidas la Declaraci贸n Universal de los Derechos de la Naturaleza. Igualmente urgente es el establecimiento de un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la Naturaleza.

En s铆ntesis, la tarea pendiente es compleja. Hay que vencer tanto visiones miopes como resistencias conservadoras y posiciones prepotentes que esconden y protegen una serie de privilegios, al tiempo que se construyen diversas y plurales propuestas estrat茅gicas de acci贸n. La vigencia de los Derechos de la Naturaleza y de los inseparables Derechos Humanos exige la existencia de marcos jur铆dicos locales, nacionales e internacionales adecuados, teniendo en consideraci贸n que estos temas ata帽en a la Humanidad en su conjunto.

Por: Carlos Soria.
Fuente: http://polemos.pe/entrevista-acosta-derechos-la-naturaleza/

Fuente: Centro de Documentación Mapuche, Ñuke Mapu

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2022-02-02

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