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Archivo 1997-2009


2010-03-07 | Antecedentes | -

Completa radiograf铆a de las localidades costeras de las regiones del Maule y del Biob铆o

Tsunami: la historia no contada

En la mayor铆a de los pueblos nadie avis贸 del maremoto. Los lugare帽os corrieron hacia las zonas altas, pero nadie sabe qu茅 ha pasado con los turistas que visitaban cada una de las localidades. Los rescatistas hablan de miles de muertos. Pueblos perdidos de la costa recibieron ayuda bien entrada la semana. Es la historia de horror de las personas que estuvieron en la costa de la S茅ptima y de la Octava Regi贸n la madrugada del 27 de febrero.
IGNACIO BAZ脕N y CARLOS SALDIVIA




Talcahuano Jueves 4 de marzo Foto:REUTERS
Raquel Salas, una due帽a de casa de la peque帽a caleta de Tubul, en la VIII Regi贸n, habla mientras pisa una alfombra de barro. A sus espaldas, un carrobomba destruido como tel贸n. Su voz delata impotencia. La ma帽ana del jueves sale a recolectar los pocos choros que quedaron en la orilla de la playa de su devastado pueblo para comer. Han transcurrido cinco d铆as del tsunami que afect贸 las costas de las regiones s茅ptima y octava, y Tubul est谩 m谩s aislado que nunca. Un camino costero cortado, militares que no se hicieron presentes hasta el mi茅rcoles y v铆veres que reci茅n llegan... son parte del desolador panorama.

Es la historia de Raquel, la de su familia, y la un pueblo de 2.000 personas en la que se perdieron 3 de cada 4 casas para siempre. La inmensa ola que desdibuj贸 el mapa de un Tubul que tanto les cost贸 construir, fue s贸lo el principio de sus problemas.

El hambre, el fr铆o, el miedo y la paranoia se apoderaron del villorrio en el momento en que la primera ola asol贸 sus costas a eso de las 5:45 de la ma帽ana, seg煤n recuerdan los pobladores. Luego vinieron dos m谩s, con 45 minutos de diferencia. Los vecinos escuchaban a lo lejos c贸mo su apacible vida en el verde sur era triturada por el agua. Los botes, los techos de las casas, los pocos autos, sonaban como una juguera infernal.

"Empezaron d铆as de inseguridad y soledad", dice Marta Salazar, presidenta de una de las juntas de vecinos de Tubul. "De todo lo que vivimos, s贸lo nos queda agradecer que estemos todos vivos. Jam谩s son贸 una alarma, pero nosotros arrancamos hacia el cerro de inmediato, apenas fue el terremoto".

A pocos kil贸metros de Tubul, pero separados por una inmensa barrera geogr谩fica de territorios escarpados, casi ind贸mitos, se encontraba en la ciudad de Arauco, Isaac Zenteno, director y locutor de "La m谩quina del tiempo", una radio de esa ciudad. Con su voz cavernosa, Zenteno explica que, en Arauco, el mar se sali贸, provocando una marejada que estuvo lejos de transformarse en un tsunami . Tuvieron suerte.

Pero m谩s all谩 de la naturaleza azarosa del desastre, Zenteno ten铆a la responsabilidad de mantener comunicadas a las ciudades de Lota, Coronel, Arauco, adem谩s de peque帽os pueblos como Tubul y Llico. "Esa noche la alarma de maremoto nunca lleg贸, pese a que pasaron al menos un par de horas para que el mar se saliera", cuenta el locutor. "Ir贸nicamente, las autoridades nos avisaron que di茅ramos alarma de tsunami luego de la r茅plica del mi茅rcoles pasado".

Zenteno toca un punto sensible en el desarrollo de la tragedia del borde costero de la zona centro-sur. En la mayor铆a de los pueblos nunca hubo una alarma. Y en una de las pocas localidades en que la hubo, fue demasiado tarde.

La historia de Dichato pudo ser mucho m谩s tr谩gica. Tan solo siete d铆as antes de que se sellara el destino del pueblo, era la semana de la ciudad, la semana peak del verano en el concurrido balneario de la Octava Regi贸n. "Las calles se colapsan y todas las actividades est谩n en la playa, de noche", cuenta Mirla Osorio, una estudiante de 24 a帽os. "Esto pudo ser una cat谩strofe mucho peor". Osorio lo sabe, porque vive a 14 cuadras de la orilla de playa y fue testigo directo de c贸mo el mar pas贸 a llevar toda la parte baja de su pueblo hasta los propios pies de su casa.

"La primera ola fue a las 7 de la ma帽ana", cuenta Osorio. "Diez minutos antes hab铆a sonado la sirena de bomberos, pero yo creo que fue demasiado tarde. No vimos el agua venir, porque levant贸 una mezcla de bruma y polvo. Cuando se despej贸, fue como que un cohete hubiera llegado al coraz贸n del pueblo".

Las cosas no quedaron ah铆. A las 9 y media de la ma帽ana, cuando ya hab铆a gente recolectando algunas de sus pertenencias, se alz贸 una segunda ola, a煤n mayor que la primera. Osorio ni siquiera puede cuantificar el n煤mero de personas que fueron arrastradas por el mar en el segundo cataclismo.

A diferencia de Dichato, en Constituci贸n el maremoto lleg贸 un d铆a antes de los festejos de la noche maulina. La gente estaba apostada en el puente del r铆o Maule, viendo fuegos artificiales, a la hora del terremoto. Hab铆a cientos de personas y muchos se quedaron ah铆, siguiendo con lo suyo. A pesar de que el puente est谩 a unos 30 metros sobre el nivel del mar, el agua pas贸 por sobre las personas apostadas ah铆 alrededor de las cinco de la ma帽ana.

"Aqu铆 en Constituci贸n hubo un efecto embudo", explica Cristi谩n Silva, profesor de historia de un colegio de la ciudad. "Como el r铆o y el plano de Constituci贸n est谩n rodeados de cerros, la ola se acumul贸 y fue a dar a la desembocadura del Maule. Mi primo y sus hijos estaban en el puente y fueron arrastrados cuatro kil贸metros r铆o adentro. Por suerte, sobrevivieron todos".

Como en muchas zonas, no hubo aviso, menos ayuda presta de las autoridades. "Cuando llegaron los militares se arregl贸 mucho la situaci贸n", dice Silva. "Pero eso fue el lunes. El s谩bado y domingo hubo un estado de total caos. Yo fui a saquear el supermercado, pero estaba toda Constituci贸n ah铆. No hubo clases sociales. Vi hasta gerentes de la Celulosa que ganan 7 millones haciendo lo mismo que yo".

Constituci贸n fue quiz谩s el 煤nico poblado donde los residentes y turistas se perdieron por igual, principalmente porque fue lejos la ola m谩s alta para un lugar reducido en superficie. En otras localidades, como Iloca, Duao, Dichato, Pellehue, fueron los turistas los que se llevaron la peor parte. "Apenas ocurri贸 el terremoto, todos sab铆an por d贸nde escapar", cuenta Miguel 脕ngel Correa, pescador de la caleta de Duao. "Muchos turistas no sab铆an las v铆as de evacuaci贸n y nos toc贸 ver c贸mo el mar se llevaba autos, hasta buses, con las luces encendidas".

"En el Cerro Alto la gente lleva d铆as sin comer", dice Mart铆n Jara, pescador de La Pesca. Relata que se salv贸 de morir, porque conoce el mar desde hace 40 a帽os, mientras espera sus porotos con papas fritas de una olla com煤n que entreg贸 la iglesia evang茅lica. La mitad de su casa fue devorada por el mar. Al asomarse se puede ver un muro colgando, pero con un diploma y un bander铆n de la Cat贸lica pegados a la estructura.

Su sobrino de 24 a帽os, Alexis Jara, se queja del pillaje: "Antes que llegaran los militares a la zona, pasaba una camioneta gris gritando que ven铆a un tsunami . Los pocos que quedaban en la costa se iban a refugiar a los cerros a juntarse con el resto, mientras ellos se encargaban de llevarse lo poco que quedaba. Despu茅s del terremoto hubo gente que qued贸 con m谩s cosas de las que ten铆a antes. Nosotros, en cambio, lo perdimos todo, incluyendo nuestro bote para salir a trabajar".

La situaci贸n es realmente desesperada. A medida que se recorre la l铆nea costera, que une los pueblos de La Pesca, Iloca y Duao, aparecen las s谩banas, los cartones pintados, que apuntan en direcci贸n a los cerros y que piden ayuda, especialmente agua. Algunas personas gritan a los periodistas que dejen sus bloks de notas y sus c谩maras y se dediquen a ayudar. El ambiente se pone tenso y a los conductores que no manejan veh铆culos 4x4 se les dificulta en demas铆a el paso.

Un par de horas hacia el sur, en la Tercera Compa帽铆a de Bomberos de Cauquenes -donde s贸lo el toque de queda de las 21 horas interrumpe la b煤squeda de cuerpos- no hay electricidad, agua, ba帽o ni internet. Fueron los primeros que llegaron a Pelluhue el mismo d铆a de la tragedia, antes que las fuerzas militares y que las raciones de comida. Sus dudas son mucho m谩s grandes que sus certezas, sobre todo, si se trata de las cifras de muertos y desaparecidos entregada oficialmente por las autoridades: "En Pelluhue hay buses enterrados que iban con personas y fueron vistos con las luces encendidas, mientras las olas se los tragaban. Identificamos un bus de un paseo del centro para la tercera edad de Longav铆 y hay otro bus enterrado en la playa que, cuando llegamos, pensamos que era una lancha. Eso, m谩s todos los autos que flotaban en el mar el s谩bado pasado. Ac谩 debe haber m谩s de 2.000 muertos, s贸lo por el maremoto", dice un rescatista que sac贸 fotos a los buses.

Ya en la costanera de Pelluhue el panorama es dif铆cil de creer. A cinco kil贸metros del mar, se puede ver un barco pesquero varado entre 谩rboles quebrados. En su calle principal, no queda nada del estadio ni del centro del adulto mayor, donde cinco socios fueron hallados en la playa junto a una turista adolescente desnuda y de rostro destruido hasta lo irreconocible. S贸lo se ven los restos del internado rural de ni帽os, que es cuidado por tres funcionarias del liceo del lugar. "Aunque las fuerzas militares ya llegaron, ellos no pueden estar en todos lados", dice Jessica Jara. "Todas nos pusimos de acuerdo para hacerle guardia y evitar que se roben lo poco que no se han llevado".

Mauricio Castro, alcalde de la comuna de Arauco, de la que depende Tubul, el lugar donde la se帽ora Raquel Salas tuvo que salir a recoger choros en la costa, mientras vacas y caballos se descompon铆an a su lado, tiene una sola palabra para todo lo ocurrido: "Verg眉enza. Es una verg眉enza que en nuestras regiones no podamos hacer nada sin la venia de Santiago. M谩s all谩 del desastre natural, es verdaderamente indigno que el pueblo de Tubul reci茅n reciba ayuda a cinco d铆as de la tragedia. En Santiago un resfr铆o es una emergencia nacional. Ac谩 la gente puede estar muriendo y no viene nadie. Nadie".

"Nadie sabe de los atrapados en la mina El Chifl贸n"Vecinos de Lota acusan falta de alimentos y ayuda:
En Lota los da帽os por el terremoto son significativos y, seg煤n sus propios habitantes, el maremoto lleg贸 s贸lo a Playa Blanca. Las olas azotaron un par de cuadras desde la costa.

No obstante, eso bast贸 para dejar a la ciudad totalmente desabastecida. Danitza Guti茅rrez es una de las madres adolescentes que hacen dedo en Coronel, ya que no hay ning煤n tipo de locomoci贸n colectiva funcionando. En la mano lleva la manguera que le prest贸 su abuela en una poblaci贸n cercana a Concepci贸n, junto con productos de primera necesidad, como vegetales, aceite y harina. La joven dice que no tiene agua ni leche para su hijo de dos a帽os, Rub茅n. "Por suerte hay una vertiente en el cerro Cantera Dos, a cuatro kil贸metros, pero para Lota y Coronel no hay ayuda. Nadie sabe de los atrapados en la mina El Chifl贸n", acusa Danitza.

"Encontr茅 el cuerpo de mi mam谩, de 90 a帽os, acurrucado como una guagua"El drama de Geofreey Semler en Pelluhue:
Despu茅s del terremoto, las casas de Pelluhue presentaban un da帽o relativo. El horror vino despu茅s. A las 4:20 de la madrugada, el empresario de turismo, basquetbolista y param茅dico ol铆mpico, Geofreey Semler, le dijo a su madre de 90 a帽os, en total lucidez: "Mam谩, salgamos al cerro, porque el mar se recogi贸 y viene un maremoto". "No, hijo, c谩lmate, si ya pas贸", respondi贸 ella. Semler, que ten铆a a su familia en Santiago, sali贸 a ver c贸mo estaba el barrio, pero no alcanz贸 a mirar. Al cruzar el umbral de la puerta, lo tumb贸 una ola de 6 metros. "Pens茅 que me mor铆a, pens茅 en mi madre y que ella siempre me dijo: 'Hijo, lucha hasta el final", recuerda. La ola lo golpe贸 contra autos, botes rotos, rocas y no sabe qu茅 m谩s. A煤n as铆 nad贸 m谩s de 200 metros por calle Costanera hasta un internado de ni帽os, el 煤nico recinto que sobrevivi贸, aunque con da帽os considerables. "Adentro del edificio, el mar me azotaba contra las paredes, hab铆a un tronco y un trozo de barco. Ah铆 me saqu茅 la parte de arriba de la ropa para nadar mejor, pero me fractur茅 el brazo izquierdo en cuatro partes. No se c贸mo segu铆 nadando. El mar me recogi贸 y me lanz贸, despu茅s de algo que se me hizo eterno, contra unas vegas (un pantano) al otro lado de la ciudad. Ah铆 iba totalmente desnudo, llegu茅 al borde y pude salir y decir que soy un sobreviviente", dice y rompe en llanto por primera vez. Pero fue todav铆a m谩s lejos. Caminaba por el pantano cuando vio un auto dado vuelta con un hombre agonizando en su interior. Corri贸 hacia 茅l. "Lanc茅 una patada al vidrio y con la otra mano lo saqu茅, lo apoy茅 en mi hombro y camin茅 con 茅l como 300 metros hasta que una vecina me reconoci贸", relata el deportista. Su cuerpo est谩 lleno de heridas y contusiones. Al llegar al hospital de Chanco, dice que el personal de salud estaba en shock y se neg贸 a limpiarle las heridas, por lo que 茅l mismo dirigi贸 a los param茅dicos y exigi贸 que lo recibiera la m茅dico de turno.

Pero su herida m谩s terrible es la que lleva en el alma: su madre muri贸. "Encontr茅 su cuerpo acurrucado como una guagua". Le doli贸 no conseguir flores para su funeral.

"Se abrieron las puertas del infierno"El mar borr贸 la desembocadura del r铆o en el pueblo de La Pesca:
La g茅nesis de la devastaci贸n est谩 al entrar a La Pesca. Ah铆 viven 200 pescadores artesanales, frente a un bosque de pinos de 30 metros que fue sobrepasado por seis olas entre las 4.10 y las siete de la ma帽ana. En la carretera, una caba帽a dada vuelta, un quiosco sobre un pino junto a un cuaderno, zapatos, paletas de playa y la mitad de un lanch贸n anticipan el horror.

Preparando un olla com煤n de porotos y papas fritas donados por la iglesia evang茅lica est谩n Mart铆n Jara y su esposa Mariana. "Lo perd铆 todo, la casa, dos botes y las redes. Lo peor es que mi hija Jeniffer perder谩 su tercer a帽o de enfermer铆a en la Universidad Santo Tom谩s, no habr谩 dinero ni trabajo para eso", dice Mart铆n. Mariana agrega: "Su mensualidad son 120 mil pesos, nunca le dieron beca, ni por ser de familia mapuche. Un bote cuesta 800 mil y una red 50 mil. Le pedimos al Presidente que llega que se acuerde de la pesca artesanal".

El matrimonio, junto a su vecino y colega Manuel Guerrero, escap贸 de la muerte en el cerro Rancura. "El de arriba nos salv贸, porque esa noche se abrieron las puertas del infierno, amigo", concuerdan. Guerrero dice que se salvaron de morir porque conoce el mar desde hace 30 a帽os. Lo comenta mientras espera sus porotos con las rodillas adoloridas por la rapidez del escape. "Detr谩s de mi patio hab铆a piedras, a cien metros estaba el r铆o Mataquito, una isla de roca y despu茅s ven铆a la playa y la mar. Ahora la mar pasa por la ventana de mi pieza, subi贸 500 metros", dice. Una pobladora lo interrumpe. Corre al encuentro de El Mercurio. "隆Diga que no hay distribuci贸n, debo caminar cinco kil贸metros para el pan!", grita una desesperada sobreviviente de La Pesca.

Cinco cent铆metros entre la vida y la muerteJos茅 Pardo, el sobreviviente de Constituci贸n:
El cami贸n naranjo est谩 en medio de la hecatombe, justo al lado de un vag贸n de tren del hist贸rico ramal Constituci贸n-Cauquenes. Detr谩s de la arruinada estructura aparece un hombre, a paso lento y dificultoso, con la cabeza perdida, ausente del caos total que lo rodea.

Pero el hombre y el cami贸n naranjo tienen una historia en com煤n, que el tsunami sobre Constituci贸n s贸lo logro intensificar. El hombre de 75 a帽os, y que responde al nombre de Jos茅 Pardo, es el due帽o del cami贸n, y el cami贸n, aunque aparentemente inservible, es el due帽o de Jos茅 Pardo.

Ya han pasado 4 d铆as desde que ocurri贸 el maremoto que devast贸 a Constituci贸n, y Pardo hace toda su vida alrededor del cami贸n en el que lo pill贸 la gran ola: "Soy camionero. Este es mi cami贸n", dice apunt谩ndolo, como si apuntara a su novia. "Trabajo para la celulosa y cuando vengo a Constituci贸n, estaciono y me quedo a dormir en este sitio. Siempre lo he hecho. El terremoto me pill贸 durmiendo. No le di importancia y segu铆 durmiendo".

Pasaron un par de horas y Pardo se despert贸 al sentir entrar el agua a su cabina. El ruido de las casas, de los barcos romperse y triturarse no lo dejaba pensar.

"No sab铆a qu茅 pasaba y, a medida que el agua inundaba la cabina, me iba parando. Toqu茅 el techo del cami贸n con mi cabeza y el agua par贸 de subir justo cuando estaba a la altura de mi boca. Cuando el mar se recogi贸, tambi茅n empez贸 a bajar de nivel. Me salv茅 por muy poco. El cami贸n me salv贸".

T茅cnicamente, Pardo estuvo a cinco cent铆metros de morir.

A 50 metros del lugar donde se encuentran cami贸n y camionero, se desarrolla un funeral para una de las v铆ctimas. Est谩n en la orilla del r铆o Maule. Nadie ocupa ternos ni menos trajes caros. Un carabinero y su perro pasan buscando cuerpos. La gente camina buscando familiares, cosas. Pero Pardo ve en todos a posibles saqueadores de su cami贸n. Es todo lo que le preocupa. Ya ha ahuyentado a unos cuantos que quisieron llevarse sus ruedas.

Cuenta que su familia est谩 en Longav铆. Y reza para que algunos de sus hijos lo vaya a buscar. O que alguien de la celulosa se acuerde de 茅l. "S茅 que el motor lo puedo echar a andar", dice convencido. El cami贸n naranjo, que a simple vista parece un pedazo de chatarra m谩s en la cat谩strofe, es todo lo que le queda a Jos茅 Pardo. Y dice que pretende no descuidarlo. Aunque en eso se la vaya la vida. Porque Jos茅 y su cami贸n no s贸lo sobrevivieron el maremoto. Tambi茅n sobrevivieron cuatro d铆as de un verdadero infierno.

"Aqu铆 las pymes perdieron 3.000 millones de pesos"Jorge Saavedra, presidente de la C谩mara de Comercio de Dichato:
En su casa, ubicada a dos cuadras de la playa, Jorge Saavedra, due帽o del supermercado "San Jorge" en Dichato, dorm铆a cuando el terremoto lo hizo despertar con pavor y evacuar en su auto junto a su familia. El comerciante huy贸 hacia los cerros de la costa, alertado s贸lo por su instinto y previendo lo peor. "Fueron tres olas gigantescas, la segunda no dej贸 nada. Fue un ruido ensordecedor (...) Alcanzamos a huir al cerro y a no regresar, porque la tercera ola vino de d铆a, como a las 6.30 o siete de la ma帽ana, cuando la gente hab铆a regresado a sus casas a ver lo que quedaba en pie", relata. Saavedra es el presidente de la C谩mara de Comercio de Dichato, que el viernes estim贸 los da帽os de las pymes en m谩s de tres mil millones de pesos. "En la tarde, como a las dos, vino una nueva ola. Al d铆a siguiente se llen贸 de delincuentes que saquearon todos los locales comerciales que estaban semidestruidos. La polic铆a se vio totalmente sobrepasada", acusa.

Pareja de santiaguinos vive horror en AraucoSaqueos y desabastecimiento provocaron la crisis del pueblo:
"Salt谩bamos por el suelo y pensamos que todo se derrumbaba. En mi trabajo, la Empresa Bosques Arauco, que est谩 en el suelo, murieron doce empleados de la planta, aplastados por troncos apilados y quemados por el derrame de soda c谩ustica y l铆quidos qu铆micos", cuenta con indignaci贸n el operador de maquinaria maderera, Eduardo de la Jara. Junto a su esposa, Pilar Pe帽ailillo, lleg贸 hace seis meses desde Santiago a vivir a Arauco junto a sus dos peque帽os hijos, que juegan frente a la playa con los escombros de la discoteca Casanova.

La familia busca por todos sus medios devolverse a Santiago con lo puesto y con su camioneta intacta, aunque sin saber si tendr谩n combustible para regresar a la capital. Junto a decenas de personas corren frente a la discoteca, porque la poblaci贸n ha "pasado el dato" de que es el 煤nico lugar de la ciudad donde los celulares reciben se帽al.

Se帽alan que ac谩 el maremoto s贸lo entr贸 cuatro cuadras, destruyendo el estadio y el gimnasio municipal, luego que el terremoto derrumbara una serie de edificaciones antiguas. Los dej贸 sin electricidad, agua y comunicaciones por seis d铆as.

"Entre el s谩bado y el lunes el pillaje era una locura. El martes se orden贸 la cosa con la llegada de militares y el toque de queda. La gente de izquierda de la zona por primera vez estaba contenta de ver militares en la calle. Era un lugar sin ley en el caos total, y las radios de Santiago nunca dijeron nada de Arauco. Los ba帽os colapsaron, se acab贸 la comida. El martes la maderera comenz贸 a repartirnos comida, el mi茅rcoles la FACh nos tir贸 comida en la calle al lote, sin ning煤n orden, como si fu茅ramos pollos. Los repart铆an a quienes estaban en la playa y no a una autoridad local organizada. Fue una verg眉enza", relata De la Jara.



Constituci贸n Jueves 4 de marzo


''No vimos el agua venir, porque se levant贸 una mezcla de bruma y polvo. Cuando se despej贸, fue como que un cohete hubiera llegado al coraz贸n del pueblo".
Mirla Osorio
ESTUDIANTE DE DICHATO

''Yo fui a saquear el supermercado, pero estaba toda Constituci贸n ah铆. No hubo clases sociales. Vi hasta gerentes de la Celulosa que ganan siete millones haciendo lo mismo que yo".
Cristi谩n Silva
PROFESOR DE CONSTITUCI脫N

''Muchos turistas no sab铆an las v铆as de evacuaci贸n y nos toc贸 ver como el mar se llevaba autos, hasta buses, con las luces encendidas".
Miguel 脕ngel Correa,
PESCADOR DE DUAO

''Ac谩 debe haber m谩s de 2.000 muertos, s贸lo por el maremoto".
RESCATISTA DE PELLUHUE

''M谩s all谩 del desastre natural, es verdaderamente indigno que el pueblo de Tubul reci茅n reciba ayuda a cinco d铆as de la tragedia. En Santiago, un resfr铆o es una emergencia nacional. Ac谩 la gente puede
estar muriendo y no viene nadie. Nadie".
Mauricio Castro
ALCALDE DE ARAUCO

Fuente: El Mercurio

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2022-02-02

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