Santiago de Chile, Jueves 15 de Febrero de 2001
Concertación y Mapuches

Alfonso Márquez de la Plata Y.

Los pequeños agricultores mapuches han enfrentado por años los mismos problemas que acosan a todo minifundista: poca tierra, poco capital y tecnología, y en la inmensa mayoría de los casos una situación poco clara de dominio del predio que explotan. En el caso de los descendientes de mapuches, ellos habían dividido de hecho las propiedades recibidas en herencia de sus ancestros, las "comunidades", respetando esas divisiones y sus deslindes; las explotaban individualmente, pero no tenían un título de dominio que les garantizara la tenencia de su tierra.

La solución de sus problemas, como se ha podido apreciar en experiencias similares en otros países, no es darles más tierra, sino crear condiciones para que, ojalá viviendo en el campo, puedan desarrollar otras actividades. El caso japonés es un buen ejemplo.

En el gobierno del Presidente Augusto Pinochet se enfrentó esta situación con un plan de saneamiento de la propiedad, logrando entregar 76 mil títulos de dominio individual.

Quienes optaron por esta solución lo hicieron voluntariamente y sin ningún costo para ellos, y sólo se les solicitó que todos los miembros de una "comunidad" estuvieran de acuerdo en los deslindes de sus propiedades.

Sólo el uno por ciento de los posibles beneficiados no se acogió a este plan.

La demostración más clara de que esta política era la adecuada fue el respaldo popular que recibió el Presidente Pinochet en el plebiscito de 1988 en la Región de la Araucanía. El 53 % votó por él y en las comunas mayoritariamente pobladas por descendientes de mapuches las cifras superaron el 60 %.

El Presidente Pinochet tuvo también las presiones de los dirigentes que siempre han pretendido dividir el país en dos y crear las condiciones que hoy estamos viviendo. Con visión se rechazaron esos planteamientos.

El Presidente Aylwin, en un viraje de 180 grados frente a lo que se estaba realizando, propone al inicio de su gobierno una reforma constitucional tendiente a "que exista un reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas". Esta iniciativa fue rechazada por el Senado de la República. Recordemos que nuestra Constitución establece que es un deber del Estado "promover la integración armónica de todos los sectores de la Nación".

Logra sí que le aprueben una "ley indígena", que significó un claro retroceso en todo lo realizado en favor de estos pequeños agricultores en el gobierno militar. Se acogen todas las teorías disparatadas de la minoría agitadora y secesionista, intentando restablecer las "comunidades", y lo que es más grave, deja a los descendientes de la raza araucana en condiciones de ciudadanos de segunda clase. Ellos hoy no pueden disponer libremente de sus bienes y están sometidos a regulaciones que no rigen para el resto de los chilenos.

Es el apartheid a la chilena.

No se enfrentó de verdad el problema de estos pequeños agricultores. Ellos necesitan una mejor educación, más oportunidades para desarrollar sus cualidades innatas, y esto no se arregla aumentando su tierra disponible en unos pocos metros más.

Los descendientes de mapuches son, en su inmensa mayoría, personas serias y trabajadoras, y cuando tienen posibilidades de educación se destacan en las actividades que emprenden. No se merecen esta discriminatoria política instaurada por los gobiernos de la Concertación.

La Concertación, al haber apoyado y estimulado a los pequeños grupos disidentes y separatistas, que no tuvieron ninguna acogida en el gobierno militar, ha transformado al sur de Chile en campo de batalla con robos e incendios y donde prima la ley del más audaz.

¿Qué piensan los descendientes de mapuches de estas medidas que ha emprendido la Concertación y que ha mantenido en forma invariable durante los últimos 10 años?

El más claro indicio es el resultado de la última elección presidencial. En la segunda vuelta, el candidato de la Concertación obtiene el 43 % de los votos en la Región de la Araucanía. Dos puntos porcentuales menos que el "No" de 1988. El candidato de la Alianza, Joaquín Lavín, aumenta del 53 % obtenido por el Presidente Pinochet al 57 %.

¿No es hora de oír de verdad a los descendientes de los mapuches y rectificar a fondo toda esta gestión política equivocada?

Alfonso Márquez de la Plata Y.


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