Opinion

lunes 19 de febrero de 2001

Puntos de vista
Violencia mapuche

En el último tiempo han aumentado los hechos de violencia colectiva cometidos por mapuches en contra de bienes y de propietarios agrícolas de las regiones VIII y IX. Estos hechos son delitos y procede que los Tribunales de Justicia los examinen con objetiva imparcialidad y apliquen las sanciones que corresponda en derecho.

Pero provocan las mayores inquietudes las características racistas del clima de alarma pública que estimulan las declaraciones de dirigentes gremiales de los agricultores y de precandidatos a cargos parlamentarios en ansiosa pesca de notoriedad pública. ''A río revuelto...''. Vamos avanzando con ciega y temeraria imprudencia a configurar un entorno social de histeria social y de cacería de brujas, que esta vez se denominan activistas.

Las antojadizas especulaciones de agentes políticos y sospechosos expertos en inteligencia sobre la existencia de una imaginaria conspiración antipatriótica, con inclusión de extranjeros, es una especie de los infundios que tienen nefastos precedentes históricos en Chile y en el mundo. Vemos cómo los morbosos discípulos de los fabricantes del Plan Zeta se esfuerzan por inventar alguna semejanza con lo de Chiapas. Ya levantaron la ficticia imagen de un comandante Héctor.

Es urgente que nos resistamos, con toda el alma, a dejarnos arrastrar a una psicosis colectiva de odiosidades motivadas por atávicos y muy condenables prejuicios de raza y de clase social. Los peores episodios de crueldad inhumana se dan cuando prenden los odios de raza y de clase social.

Los hechos de violencia mapuche son manifestaciones colectivas de personas que tienen la particular característica de pertenecer a una entidad social, etnia, pueblo o raza, diferente a la mayoritaria de la nación chilena. No son actos cometidos por pandillas de una etnia indeterminable. Sería muy peligroso que la sociedad general chilena, política y civil se encerrase en negar esta característica. Así se comportó Inglaterra respecto de Irlanda durante tres siglos y España respecto de las provincias vascongadas y de Cataluña por tanto o más tiempo. Hay decenas de ejemplos parecidos en otras naciones.

Es útil traer a la memoria los casos de ignición espontánea de violencia multitudinaria que ocurrieron en la década de los sesenta en países de primer rango en prosperidad y con especial virulencia en ciudades de los EE:UU. en Inglaterra. Un acto habitual, aparentemente baladí, de rotunda discriminación racial o de clase social, que había sido practicado con impunidad desde mucho tiempo, protagonizado por un policía, un funcionario o en un comercio de atención pública, provocaba, sorpresivamente, una vertiginosa irrupción de multitudes enfurecidas que se entregaban al vandalismo, al pillaje y a una desatada violencia.

Aquellos fenómenos sociológicos fueron estudiados con apremiante acuciosidad por varios equipos pluridisciplinarios, formados por los mejores profesionales disponibles, cotejaron los resultados de sus investigaciones y llegaron a conclusiones comunes. Los imprevisibles reventones de violencia colectiva incurrían en barriadas en donde funcionaba cotidianamente y a través de una multiplicidad de expresiones orales, de actos, actitudes y maneras, una dura segregación social en menoscabo de los no blancos, y de quienes por su aspecto y conductas reflejaban pertenecer a una clase social inferior. Desde tiempos inmemoriales esa situación no había dado lugar a reventones de ira multitudinaria por dos motivos de reciente aparición. Uno, porque no había una comunicación social que publicitase tanto los goces de los privilegiados del dinero y del poder. El otro motivo de que los pobres y los menospreciados por su raza no tienen oportunidad real y efectiva de participar en la conformación de las decisiones políticas que los afectan, mientras en el presente los no pobres y los blancos sí han ganado esa oportunidad.

Agreguemos de nuestra cosecha y para mayor abundamiento: ¿Por qué no se aplicó una ley de Seguridad Interior del Estado a los camioneros que, en un solo acto, causaron daños al bien común, varias veces superiores a los provocados por la suma de la violencia mapuche? ¿Por qué se concede amplia impunidad a los portuarios, a los pescadores artesanales, a los vándalos encapuchados del Pedagógico de Santiago y a los barristas del fútbol? ¿Porque son huincas? Las autoridades, los políticos y los jueces deben tener presente que la ley pareja no es dura y sobre todo que las discriminaciones raciales odiosas ahora merecen condena universal y existen instancias internacionales para hacerse cargo del caso. No olvidemos que los incidentes de violencia interracial tienen máximo impacto noticioso en el mundo. El tan ansiado tratado de libre comercio con los EE.UU. puede irse por los conductos del alcantarillado si Chile no aprende humanidad para entenderse con sus pueblos originarios. Hay un enjambre de organismos de presencia mundial de muy eficaz activismo, impacientes por manifestarse, a tambor batiente, en favor del pueblo mapuche.

Carlos Neely I.


©2000 todos los derechos reservados para Diario del Sur S.A.