domingo 18 de febrero de 2001


Propuesta lafquenche
Para el bicentenario, el año 2001, Chile
debe proclamar autonomía de mapuches

Por Sonia Mendoza Gómez

Con su título bajo el brazo, el sociólogo Luis Llanquilef Rerequeo decidió que era más útil en Tirúa que en París. Y se vino en 1996 con Aurelie Volle, su pareja, una profesora universitaria que está encantada en Arauco. Una provincia que, más de una sorpresa, deparará a fines de febrero cuando el pueblo lafquenche elabore su nueva propuesta.

Por su pelo ensortijado es de ''los mapuches trintre'' y no hay que asombrarse, dice, porque no tenga el pelo chuzo ni los pómulos sobresalientes. ''Hay mapuches rubios y de ojos azules'' como en Boroa y Mehuin, en Valdivia. Con becas y apoyo de la Iglesia, pudo ir de Pueblo Nuevo, en Temuco a la Universidad de la Sorbonne. En seis meses ya hablaba francés, cuenta.

Ideas bien claras plantea este profesional (42) que se gana la vida vendiendo conferencias por el mundo. Y dice que el movimiento lafquenche está donde está por el aporte de muchos - más jóvenes pero bien preparados como él- capaces de entender y aportar al movimiento social que está emergiendo en el mundo del tercer milenio.

''Los políticos chilenos son los únicos que no han captado para donde camina la rueda de la historia'', dice, y anuncia que los lafquenches se volverán a juntar -después de la exitosa cabalgata de octubre de 1999- en una gran Nguillatún. Así lo exige la coyuntura actual.

Será el 24 de febrero en Cerro Negro, donde la comunidad de Cumillahue (Tirúa Sur) tiene ''encerradas'' 2 mil hectáreas que eran de Mininco. Necesitan, como en tiempos antiguos, regular, nivelar, orientar y concordar las diferentes estrategias que sustentan 120 comunidades y asociaciones. De este encuentro, podrían salir ''acuerdos de gran magnitud para el movimiento lafquenche''.

Al Consejo de Todas las Tierras y Coordinadora Arauco Malleco los une la lucha por la tierra, el medioambiente y la amenaza de un etnocidio, elementos comunes al pueblo mapuche. Pero, cada uno tiene estrategias propias y no requieren de un líder común ni de una unidad férrea, porque los tres grandes referentes creen en ''identidades territoriales, con líderes locales en cada una''.

Los lafquenches no están fomentando un estado dentro de otro estado ni haciendo del Biobío una frontera, asegura. Han optado luchar por la tierra propia -''deberíamos controlar entre 120 mil y 150 mil hectáreas en Arauco''- pero, también, por promover instancias de reflexión para conseguir la unidad en diversidad de nuestra sociedad.

''No estamos exigiendo ni más derechos ni estamos atentando contra la unidad nacional. Por el contrario, estamos dando armonía interior a Chile. Si los dirigentes lafquenches no están adhiriendo a la postura más confrontacional de la Coordinadora es, precisamente, porque tienen claro que se debe caminar en el eje de la presión y también de la propuesta''.

La Conadi sólo corre
a apagar incendios

''Si Chile quiere estar realmente tranquilo con su conciencia y con su historia, en el año del bicentenario (2010) debe proclamar que los pueblos originarios son capaces de administrarse por sí solos'', dice.

Y para ese propósito, no sirve ni la Conadi ni Mideplan. Sí, una secretaría indígena capaz de ajustarse a la realidad que las comunidades viven y promueven: abrir el proceso de autonomía de los mapuches -desde un espacio territorial igualmente autónomo- para organizarse, planificar su propio desarrollo y tener sus propias autoridades.

''Entre la política indígena del gobierno y las realidades lafquenches hay un foso: improvisan soluciones ya desfasadas o comunes a los tres gobiernos: plata y más plata''. Por eso, es un convencido que el aporte del BID -133 millones de dólares- sólo fortalecerá áreas de desarrollo indígena. Pero, ''lo primero para alcanzar paz en la zona del Lleu Lleu, es solucionar los conflictos de tierra que está, en un 80%, en manos de Mininco, Volterra y Forestal Arauco''.

Salvo el artículo 13, que permite permutar tierras -sacar a las comunidades de lugares ancestrales y reubicarlos lo que produce, de nuevo, una desestructuración y una ruptura de la comunidad- asegura que la Ley indígena está sobrepasada y también la Conadi.

''La Conadi trabaja a destiempo e impulsa medidas ya sobrepasadas por el movimiento indígena. O sea, estamos frente a una Conadi que corre a apagar incendios; a entregar soluciones inmediatas y a ofrecer lo que el gobierno -desde Santiago- les está diciendo que ofrezca'', dice.

En el mismo escenario sitúa el accionar de Mideplan y de su ministra, Alejandra Krauss, que deja en manos de sus asesores muchas decisiones sin venir a terreno. O, cuando lo hacen, sólo es para reunirse con adeptos a su política, dice.

Y reclama porque ninguno de los organismos, comprenda el concepto de interculturalidad: ''Para nosotros, la palabra mapuche se dio, se empeñó y se cumple. Para la ministra, en cambio, la palabra no sirve y se enreda en papeles, timbres y firmas''.

Gobierno debe seguir la senda
fijada por el presidente Fox

La actitud del presidente Vicente Fox en Chiapas en busca de canales de participación con los indígenas en conflicto, le parece acertadísima. ''Ese gesto debería seguirlo el gobierno'', dice.

Pero aquí, como el objetivo final es integrarlos al sistema económico por diferentes vías, cuando el gobierno encuentra rechazo o conflicto abierto, saca del cajón la artillería apropiada: Ley de Seguridad Interior del Estado. ''Solo consigue echarle más aceite al fuego y, sicológicamente, no tiene el efecto buscado. El mapuche se frustra, se repliega, se ordena y sale a dar la batalla con más fuerza'', dice.

Tampoco espera mucho de la Comisión Verdad y Nuevo Trato Indígena. A última hora, dice, invitaron al alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur -''otro improvisación más''-, pero en la jornada de reflexión insistirán en que debe crearse la ''Comisión Verdad y Deuda Histórica Mapuche''.

La propuesta lafquenche propone un análisis completo de la pérdida de sus mejores tierras -de 11 millones de hectáreas a menos de 250 mil hectáreas- y las indemnizaciones que correspondan. ''Dilucidados esos puntos, podríamos avanzar en una mejor coexistencia'', que no será tal mientras se mantenga, en Arauco, dos polos económicos antagónicos y contradictorios: uno forestal y marítimo empresarial y otro solidario-comunitario en el borde costero y en torno al LLeu Lleu.

''Mientras no se busquen y se hagan compatibles, imposible que haya tranquilidad para que los dos sectores convivan. Generan riquezas, pero no se quedan y la gente sólo ve pasar los problemas que crean'', al punto que Tirúa es la comuna más pobre de la región y la quinta en Chile.


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