Centro de Documentación Mapuche Documentation Center

Año LXXXV -Nro. 30.703 - Viernes 9 de enero de 2001
Conflicto mapuche: visión de mujer

 

Ultimamente he escuchado mucho acerca del conflicto mapuche en cuanto a la reivindicación de la etnias, la deuda histórica, su estilo de percibir y contactarse con la tierra, sus costumbres y sus derechos, a personas que siempre han vivido en la ciudad, unos bien informados y otros no. También he escuchado acerca de las promesas y los compromisos adquiridos por el Gobierno actual con las etnias autóctonas de nuestro país, sus costos, consecuencias económicas, sociales, políticas y culturales.

He apreciado una enorme capacidad para identificarse con los sentimientos de dichas etnias a través de los siglos en los cuales han segregados, compasión y firmes deseos de devolverles las tierras que les fueron usurpadas hace siglos. Pareciera que, paradojalmente, mayor es la vehemencia ciudadana mientras más ajeno se es al conflicto y más lejano es el lugar donde ocurre. Esto sucede en el sur.

Ahora, quisiera mostrar mi visión de mujer, madre y abuela, íntimamente relacionada con los hechos ocurridos recientemente en Collipulli. Mi perspectiva es concreta, vivida, real y personal. He estado cerca de las personas que han vivido y sufrido el conflicto:

Escucho de las tierras que se usurparon al pueblo mapuche y que hay que devolver.

La casa que durante un tiempo fue nuestro hogar está transformada en cuartel de Carabineros. Esta casa está ubicada en el fundo Ginebra. Este fundo se compró al dueño anterior, que también lo había comprado, y después lo vendimos a sus actuales dueños.

¿Quién usurpo las tierras a los mapuches? Nosotros no.

Nos hablan de "los mapuches" y yo me acuerdo de la señora Carmen, don Pedro, la Rosa, la Gladys, Juan, Jorge y muchos más. Ellos han sido mis amigos, trabajadores, vecinos, compañeros de penas y alegrías, nos hemos comprendido y apoyado. No se parecen a los encapuchados que aparecen los diarios y televisión. Son personas de carne y hueso, con la cara descubierta, y no un concepto.

Escucho que estamos en democracia, que existe un Estado Derecho e igualdad.

Tengo miedo. Se lo cuento a mis amigas, guardan silencio y vuelven al asunto de las etnias, la deuda histórica... Siento que es muy pesado, para tan pocos, cargar con la deuda histórica de una nación.

No sé cómo explicarle a mis nietas lo que es una democracia, la igualdad y el Estado de Derecho.

Mi hija mayor se casó con un vecino de Collipulli y tienen dos niñitas. Ellos tienen más miedo que yo, pero deben ocuparse de sus cosas: viven en el campo y hay que cosechar. Pero hay que cosechar el trigo que está cerca de la casa porque si hay incendio, como los que ocurrieron en los fundos vecinos, puede quemarse. Y ellos pueden estar adentro. En esta época el trigo arde rápido. También se pierde la cosecha de un año de trabajo, y hay que pagar tierra y los préstamos de producción del banco.

Me gustaría tener a mi hija y nietas en mi casa, más seguras. Pero ella quiere estar al lado de su marido, acompañarlo, ayudarle y darle ánimo. También quiere estar con sus hijas. Las niñitas tienen miedo de que el papá vaya a trabajar al potrero porque le pueden disparar como al tío Gerardo.

CONDICIONES

Escucho "no a la autodefensa". Es cierto, si un agricultor defiende su propiedad o su vida puede haber una escalada mayor de violencia y se puede decir que los agricultores están armados. Que yo recuerde, siempre ha habido armas en las casas de campo, ya sea para cazar o defenderse de los asaltantes. Hasta hace poco no había celulares y la luz eléctrica llegó en 1990, la única comunicación era a través de la radio. Siempre ha habido armas en el campo, sean dueños de cualquier etnia o nacionalidad, porque no hay vecinos ni retenes cercanos. El campesino suele defenderse solo, en familia, ante los delincuentes.

Me siento sola. Es cierto, somos pocos los que tenemos que saldar la deuda histórica.

Cuando uno cuenta lo que está pasando en busca de comprensión o simplemente para ser escuchado, encuentra por respuesta sólo conceptos, distancia emocional e incredulidad. Pareciera que estamos alucinando. Sólo los agricultores de la zona te pueden comprender o los que ya pasaron la experiencia del despojo, a través de la violencia y el amedrentamiento.

Mi impresión es que si no se paga la deuda histórica de la manera correcta pueden adquirir nuevas deudas.

CORAZON SORDO

Creo que el pago de esta deuda debe buscarse en el corazón de todos los chilenos, pero el corazón está sordo, mientras la mente quiere resolver rápidamente el problema.

Cierto que es difícil que una persona de cuello y corbata, intelectual, artista o profesional que lucha por sobrevivir en la ciudad, entienda la realidad del campo. Ellos suelen funcionar con ideas, estadísticas y números. Muchas veces trasciende lo concreto. El orden macro es importante, y las cifras también. Así se mide el éxito de las naciones, los gobiernos y las organizaciones.

Pareciera que por revivir una historia antigua se está negando la realidad actual.

Es mi modesta opinión de mujer que la historia la viven y la sufren las personas, en el día a día y se escribe años después, en un escritorio, generalmente por observadores lejanos, con perspectiva. La memoria de nuestra historia queda grabada en nuestros hijos, siendo transmitida a sus hijos y nietos, especialmente aquello que impacta. Así ocurre ahora cuando existe comunicación y tiempo entre padres e hijos, y eso suele pasar en las largas tardes de campo.

La historia escrita puede no atenerse estrictamente a la verdad, por eso es bueno que un pueblo mantenga la memoria.

Nací, vivo y trabajo en Chile, pago mis impuestos como todos los chilenos que trabajan honestamente. Sin embargo, me siento distinta, ajena, ocupando un lugar que no me corresponde. Pareciera que no pertenezco a ninguna etnia, como dicen los entendidos, a no ser que ser chileno, aquí y ahora, se considere una etnia. Quisiera que mis nietos sintieran que su país es un lugar seguro y armónico, donde cada cual respeta al otro por el sólo hecho de estar compartiendo un momento histórico, ahora.

SUEÑO

Así como doña Carmen, la Rosa, don Pedro y Juan son distintos a los encapuchados que aparecen en las noticias, hay diversidad de etnias formadoras de nuestro país y diversidad de actuaciones y principios entre los que las conforman. Ojalá llegue un momento en el cual todos nos sintamos parte de él y seamos realmente una nación, tanto campesinos, profesionales, artistas, empresarios, políticos y otros como árabes, mapuches, alemanes, italianos, españoles, aimaras, ya sean de oposición, de gobierno o independientes, reconociendo y aceptando la diversidad, enriqueciéndose con ella, sintiéndonos orgullosos de ser todos chilenos, cuidando nuestra tierra, trabajando y disfrutando de ella...

Si compitiéramos este sueño, tal vez pudiéramos pagar la deuda que todos tenemos, entre todos, asumiendo que los mapuches y otras etnias autóctonas son parte de nuestra historia, en el pasado y el presente, y quizás también parte de nuestra sangre. La honra de tener su sangre dependerá sólo de la forma en que se lleve y se exprese, como cualquier otra.

Por Ivonne Hochstetter H.

Rut: 4.730.307-9.


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