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Año LXXXV -Nro. 30.701 - Miércoles 7 de febrero de 2001

 
 

Apoyo gubernamental



SANTIAGO.- Bajo el prisma de la cultura y tradiciones mapuches, las dos anteriores administraciones de la Concertación privilegiaron netamente la entrega de tierras, más allá de su calidad y las condiciones para hacerlas productivas.

Por ello casi la mitad del crédito recientemente aprobado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se destinará a paliar el déficit en este ítem. Se trata de US$39 millones en seis años, en el entendido que lo primero es intentar asegurar la autosubsistencia de las comunidades. "Debiéramos tender a dar seguridad alimentaria y después, en un proceso quizás de largo plazo, pensar en la generación de excedentes", manifestó Lienlaf.

Esto revela un segundo problema: la falta de recursos y de programas estatales específicos que ha existido históricamente para afrontar este tópico.
 

 

DEBILIDADES

La titular del Ministerio de Planificación y Cooperación (Mideplan), Alejandra Krauss, reconoce que una de las debilidades que presenta actualmente la institucionalidad relacionada con los pueblos originarios es la debilidad presupuestaria de la Conadi. Ello porque la mayor parte de sus recursos se destina a la compra de tierras, mientras los dineros para el desarrollo productivo se ven absolutamente reducidos.

Descontando lo que se invierte en el traspaso de predios, la corporación anualmente cuenta con cerca de $5 mil millones para destinarlos a todas las otras materias: salud, educación, trabajo institucional y, entre muchas otras cosas, el desarrollo productivo.

Recién a contar del año pasado en el Ministerio de Agricultura comenzó a gestarse una coordinación entre distintos servicios para abordar el tema.

Aquí participan las instituciones que más ligazón tienen con la materia -Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (Indap), Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y Corporación Nacional Forestal (Conaf)-, pero también aquéllas que no tiene una relación inmediata con el tema, como el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y la Fundación de Innovación Agraria (FIA).

Estiman como histórico trasfondo de crisis mapuche

SANTIAGO.- La situación actual de la crisis que vive el pueblo mapuche es fruto de la historia.

Luego de la denominada "Pacificación de la Araucanía", ocurrida a fines del siglo XIX, los mapuches habrían quedado con cerca de 500 mil hectáreas, según explica Oscar Osorio, consejero nacional de la Conadi, y otros especialistas en el tema que piden reserva de su identidad.

En los años siguientes (aproximadamente hasta 1930) los indígenas pierden unas 300 mil hectáreas, las que pasan a manos de colonos respaldados por el Estado, en muchos casos extranjeros.

"Entonces, lo indígena estaba asociado a la barbarie, al retroceso y el subdesarrollo", añadió.

TITULOS DE MERCED

Por o anterior, una vez que se entregan los denominados "Títulos de Merced" los mapuches quedan reducidos no sólo a pocas tierras, sino que malas, sin recursos ni posibilidad de créditos.

"Si a un colono le entregaban 50 hectáreas, aperos y créditos para arados, a una familia mapuche le entregaban 5 hectáreas y nada más", añade Osorio.

Al igual que en la mayor parte de las reparticiones estatales que deben interactuar con los pueblos originarios, el Ministerio de Agricultura no contaba con programas específicos para los indígenas, por lo que éstos eran enfrentados por las distintas instituciones como cualquier productor campesino, obviando la especificidad que tienen.

Otro de los problemas es la escasa capacitación de las miembros de las comunidades.

Esto impide en muchos casos incorporar mejores tecnologías, si bien entre los más jóvenes suele facilitarse esta tarea, pues normalmente cuentan con más conocimientos en estos ámbitos.

Por cierto no se puede culpar de todo al Estado.

Osorio explicó que, en general, quienes son dueños de las tierras las trabajan, si bien reconoció que a veces entre los mayores existe reticencia a incorporar una diversificación productiva, por lo que se requiere de mecanismos para incentivar esta línea de acción.

FUERTE EROSION

También las opiniones concuerdan en que, además de la mala calidad de muchos terrenos, el desarrollo agrícola se ve restringido por la fuerte erosión y degradación de los suelos.

Una de la razones para esto es la existencia de monocultivos intensivos que, en ocasiones, se perpetúan por varias décadas, y también porque en general la agricultura campesina es fuertemente extractiva de leña.

Por ello actualmente el SAG e Indap están implementando entre las regiones del Biobío y La Araucanía un programa de recuperación de suelos degradados que propicia el uso de abonos.

 

Conflicto mapuche: Escaso apoyo técnico limita uso de tierras

 

SANTIAGO.- Aunque a estas alturas es indiscutible que la principal demanda de las comunidades mapuches en conflicto con el Gobierno es la devolución de tierras, en el último tiempo ha crecido la conciencia sobre un problema indisolublemente ligado al anterior: la falta de respaldo para el desarrollo productivo.

Diversos actores ligados al tema coinciden en que la génesis de esta situación es antigua y que obedece a causales muy diversas (históricas, antropológicas y económicas), pero también concuerdan en que actualmente el déficit es significativo y se requiere de medidas para afrontarlo.

El problema central es que, pese a que durante la década pasada el Gobierno logró transferir a las comunidades aproximadamente 140 mil hectáreas (principalmente en las regiones Octava y Novena), menos del 20% ha contado con algún tipo de apoyo productivo real.

FALTA DE RECURSOS

La necesidad de apoyar productivamente a las familias mapuches deriva de la falta de recursos y conocimientos que éstas tienen para sacar el mayor provecho de sus predios.

Estas carencias contribuyen a perpetuar la pobreza que tradicionalmente ha existido en las zonas donde viven, sectores donde actualmente se registran índices muy negativos en una serie de parámetros sociales, entre ellos educación e ingreso.

Las deficiencias asociadas a la productividad de la tierra atraviesan el grueso de las más de 3 mil comunidades mapuches que hay entre las citadas regiones y no sólo a las menos de veinte que actualmente protagonizan movilizaciones.

En el caso de los mapuches, casi la totalidad de sus comunidades rurales (no hay que olvidar que sobre el 40% vive en zonas urbanas) corresponde a pequeños campesinos que operan en lo que se conoce como agricultura familiar.

TIERRAS MALAS

Uno de los principales problemas que enfrentan es que, en general, la calidad de las tierras que poseen es muy mala.

Oscar Osorio, ex consejero presidencial de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y actual asesor del Ministerio de Agricultura en estos temas, explicó que en un alto porcentaje corresponden a suelos calificados clase 5 o 6, lo que implica que solamente pueden "darse vuelta cultivando sus chacras o sus papitas".

Paradojalmente, la industria forestal privada de ambas regiones tiene altos índices de productividad, al punto que representa uno de los principales rubros de exportación del país.

Aunque se podría pensar que carece de sentido entregar tierras que presentan serias dificultades para hacerlas productivas, las autoridades sostienen que en esta materia no se ha operado con una lógica exclusivamente económica.

"Aquí el tema de peso es cultural, porque está el arraigo en el propio hábitat. Si como mapuche quiero tener un terreno, voy a querer que sea cerca de mi comunidad, más allá de si es productivo o no. Si voy a otro lado, me alejo de mi nguillatún y mi cementerio", explicó el director de Conadi, Edgardo Lienlaf.


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