Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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PUNTO FINAL
septiembre 1999
Suena el rock mapuche
Música
 

MELI Weichafe en Villarrica. Los integrantes de esta banda realizan obras sociales.
El sábado 17 de julio, mientras en Paraguay la selección de fútbol de Chile perdía 2-1 con México, un lienzo en el que se leía "Arauco resiste" se desplegaba en el sector donde estaba ubicada la barra chilena, la banda Meli Weichafe cantaba en Villarrica: "Cinco siglos sometidos, cinco siglos nos han mentido, cinco siglos oprimidos, confundidos/ Hermano, abre bien los oídos, atento al sonido que viene con fuerza desde el corazón, desde el fondo del alma viene mi voz".

Aunque en mapudungun Meli Weichafe significa "Cuatro Guerreros" los integrantes de la banda son seis: Cristián Huenuvil (22), Isaías "Chino" Miranda (23), Osvaldo González (23), Alex Pérez (28), Adrián Chicahual (32) y Alvaro Véjar (20). También es considerado parte de la banda Rodrigo Parada, quien se encarga de la escenografía de cada tocata. Cristián Huenuvil, vocalista, explica que la razón de ser de la banda "es levantar y motivar la expresión de la cultura mapuche y el arte marginal de las poblaciones". Además de la banda, estos jóvenes forman parte de la brigada muralista "Territorio pa'l Arte" con la cual realizan actividades de ayuda social dentro de Temuco y de pequeños poblados, desmitificando y haciendo trizas la frase "no estoy ni ahí", con la cual se tiende a rotular equivocadamente a toda la juventud.

Si siglos atrás los antepasados de algunos integrantes de Meli Weichafe empuñaban distintas armas para luchar contra el huinca invasor, hoy sus descendientes empuñan instrumentos musicales para cantar su frustración pero también para cantar su esperanza. Si ayer el mapuche incorporó el caballo para resistir la llegada del español, hoy los Meli Weichafe incluyen en su arsenal musical el bajo eléctrico. Es que esta analogía caballo-bajo eléctrico es sintomática: cambian las generaciones de mapuches pero el objetivo que los une sigue siendo el mismo: luchar por el respeto a su cultura, por su territorio y por asumir su condición de mapuche con la frente en alto.

COCTEL DE INSTRUMENTOS

Cuando Meli Weichafe sube al escenario con todos los instrumentos que posee, uno se pregunta qué podrá salir de todo eso y los signos de interrogación se convierten en halos de duda. Sin embargo, cuando la trutruca empieza a emitir su característico sonido forzado y quejumbroso, y el bajo se pega en una misma nota durante largo tiempo mientras se incorporan los demás instrumentos, la duda se desvanece y uno se encuentra, de pronto, moviendo la cabeza acompasada e inconscientemente, sumido en una especie de trance cuyos recovecos la machi conoce de memoria. Definir la música que crea la banda resulta un tanto complicado aunque se podría decir que es música mapuche (pifilca, trompe, cultrún y trutruca) con la incorporación de instrumentos del folclore andino (charango y zampoña), africanos (cascahuillas, clava, sonajas, tumbadoras y bongó), del rock (bajo) y de la calle (tambor marginal). Junto a estos instrumentos aparece la voz de Cristián Huenuvil con pasajes hip-hop, lo que convierte a esta incipiente banda en una de las más eclécticas e interesantes en materia de combinación de instrumentos. No obstante, ellos recalcan que lo que más les interesa es el mensaje que pueden hacer llegar a la comunidad mapuche y a los sectores marginales. Se resisten a ser encasillados dentro de un movimiento o estilo musical. "No queremos que nos encasillen: los thrushers, los punkies, los hiphoperos. Están todos divididos y eso es lo que quiere el sistema: dividirnos. Eso es lo que no queremos porque al final todos andan agarrándose a patadas en las poblaciones". En cuanto a la posibilidad de grabar un álbum, considerando que ya tienen siete temas propios, no lo ven como una meta: "Todos los grupos quieren grabar antes de afiatarse y al final compiten entre ellos. Nuestro objetivo es movernos en las poblaciones y demostrarles a nuestros pares que se pueden hacer cosas. Después, si se da la posibilidad, podemos grabar algo".

SERGIO Caniuqueo, bajista de Pirulonko. Cree que el rock es un medio eficaz para que los mapuches urbanos redescubran su cultura.
Otra banda que usa la música como vehículo para dar a conocer la cultura mapuche es Pirulonko, nombre que traducido al español vendría a ser "cabeza agusanada". Esta banda -cuyas canciones se cantan en mapudungun y en español- incluso ya tiene una producción, "Wayontu Mapu" ("Regreso a la tierra'). A diferencia de Meli Weichafe cultivan un estilo rockero. Predomina el punk aunque incluyen sutiles pasajes atmosféricos que matizan la furia de las guitarras y la típica batería machacante de este estilo musical.

Sergio Caniuqueo, bajista de la banda y estudiante de pedagogía en Historia de la UFRO, explica la razón de la predominancia del punk en la música de Pirulonko. "El punk siempre ha sido una música que ha incorporado letras sobre la resistencia y por eso la identificación". Temáticamente, la mayoría de las canciones son alusivas al pueblo mapuche y retoman -en un tema- la vieja relación poesía-rock que el grupo Los Jaivas llevó a la cúspide en el disco conceptual "Alturas de Macchu Picchu". Pirulonko musicalizó un poema de Elicura Chihuailaf (Meli Meli) y creó una atmósfera musical -ya alejada del punk- que fortalece el mensaje del poema que habla sobre el We Xi Pantu, el año nuevo mapuche. Otra canción destacada es el homenaje al último toqui, "Quilapán", en la que el vocalista Christian Collipil canta con una voz conmovedoramente sentida. Sin embargo, una de las letras más hermosas y que refleja certeramente la dimensión espiritual de la cosmovisión mapuche, es "Vuelan serpientes". Un fragmento de letra dice: "Vuelan serpientes que enmarañan la razón/ vuelan serpientes que envuelven el corazón/ ...Tu corazón no es bueno; tu corazón no es malo/ es una gran combinación". En estos versos el mundo no es contemplado desde la occidental y dual visión maniqueísta del bien y el mal, sino como un todo en el que ambos polos convergen y en donde pueden convivir en armonía.

Ultimamente la banda ha estado alejada de los escenarios a raíz de la permanencia en Dinamarca de su vocalista, quien además de hacer música desarrolla otras pasiones artísticas como la escultura y la pintura. Según Caniuqueo, la idea es retomar el proyecto cuando Christian Collipil regrese de Europa. "La idea es seguir la senda que ya hemos trazado porque nosotros concebimos el proyecto de la banda en fases; nuestra primera fase consistió en empezar a revalorar lo que es el mapudungun. Consideramos que la lengua es sumamente importante como soporte de una cultura. Lo primero, entonces, era plantearla y lograr que los chicos mapuches no se sintieran avergonzados de hablarla. En la segunda fase pensamos incorporar algunos instrumentos mapuches y seguir difundiendo elementos de nuestra cultura que le permitan a los mapuches urbanos -y a los no mapuches también- conocer más sobre nosotros".

Dentro de las influencias literarias que Pirulonko deja entrever en las letras de sus canciones, surgen nombres previsibles que constituyen algo así como el marco teórico que reafirma el sentir de cada integrante de la banda. Eduardo Galeano ("Las venas abiertas de América Latina"), Guillermo Bonfil Batalla ("México profundo") y Mariátegui ("Los siete ensayos de la realidad peruana") son algunos de los autores que nutren y reafirman la forma de concebir el mundo de los miembros de esta banda, la que también componen Gastón Pinto (guitarra), Paolo Castillo (guitarra), Edgardo Cisternas (batería) y Freddy Peña (chelo).

A pesar del paso de los siglos, aún continúa la negación del pueblo mapuche en sectores de la sociedad. Pero porque continúa la negación, sigue la resistencia. Ha cambiado el escenario y los medios de lucha son otros. Arauco resiste con música
 
 

YERKO BOCIC M.